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viernes, 16 de diciembre de 2011

Señales de calma

Señales de Calma, dibujos de  Lily Chin
En los últimos días he estado trabajando con varios perros con problemas de ansiedad en la calle, y tras dar varias clases sobre cómo detectar y utilizar estas señales he decidido compartir la información.

¿Qué son las señales de calma?

Las señales de calma son expresiones corporales que emiten los perros cuando están delante de otro animal. En un principio son gestos que ayudan al propio perro a calmarse un poco. Los perros las emiten sobre todo hacia perros y personas desconocidas, que provocan más ansiedad que los individuos familiares (Mariti et al, 2010).

Estos gestos se han ido transformando, y los perros los utilizan también como señales visuales que avisan a otro perro (o persona) de que el perro que las emite no busca problemas. Los perros que perciben estas señales tienden a estar más tranquilos, y a rebajar su agresividad después de ver la señal (Gazzano et al, 2010).

Estas señales han tenido varios nombres, como señales de ansiedad, de deferencia... pero el nombre que más se utiliza hoy en día es el acuñado por Turid Rugaas en su libro "El lenguaje de los perros: las señales de calma".

Reconocerlas es fácil, sólo hay que fijarse un poco en  nuestros perros, y veremos que las lanzan "a troche y moche", a diario, en montones de situaciones distintas. Los perros bien socializados las utilizan casi todas, aunque todos tienen sus expresiones "preferidas", que usan más a menudo. Las más frecuentes son:

Desviar la mirada / Girar la cabeza
Gira la cabeza para evitar mirar de frente

En el mundo animal, mirar fijo es de muy "mala educación". Puede llegar a significar agresión. Parece extremo, pero hay que pensar en cómo  nos sentiríamos si alguien en el metro se nos quedara mirando fijo un rato. Glups.

Para evitar esto, los perro pueden guiñar los ojos despacio, o hacer el gesto mayor y uno de los dos perros (o los dos) girar la cabeza hacia un lado. Puede ser una señal pequeña y breve, o clara y larga. Si al perro no le funciona, puede exagerarlo todavía más, moviendo el cuerpo entero, para ponerse de lado o incluso darle la espalda al otro perro.

Este perro da la espalda, y se chupa
 Chuparse la nariz o los labios

Es otro de los gestos más frecuentes. Refleja que el perro tiene la mandíbula suelta, y prepara su nariz para olfatear, dos cosas que no haría si estuviera excesivamente nervioso, o preparándose para atacar.


Este perro guiña los ojos, mientras se chupa la nariz
Olfatear el suelo

Este gesto también es muy habitual, es muy claro para el otro perro, y ayuda a desviar la atención hacia otro asunto (que no es la confrontación). Es el típico gesto de "hacerse el distraído".
Perro intentando rebajar tensiones olfateando (observar las miradas fijas de los dos del fondo)
La próxima vez que llames a tu perro enfadado, y se ponga a oler el suelo, recapacita ¿te está intentando calmar antes de volver a tu lado?

Rascarse

A primera vista, puede parecer que los perros tienen picores en los momentos más inoportunos. Le estás regañando ¡y se sienta a rascarse! No es falta de atención, es que te está comunicando algo. Le pones  nervioso, y está intentando calmarse, y calmarte a tí, ya de paso.
Qué pesadito, cuánto más le tiro, más se rasca. A ver si va a ser por eso...
Sentarse o tumbarse, de frente, de lado o de espaldas

El perro de la derecha se sienta y mira de lado
Con este gesto los perros disminuyen su tamaño a ojos de otro perro, y parecen menos amenazante.

Postura de juego

Es un gesto hecho sólo con las patas delanteras, o con el cuerpo entero. El perro agacha los cuartos delanteros hasta poner los antebrazos en el suelo, pero dejando el culo en pompa.
¿quieres jugar?
¿Para qué nos valen a nosotros?

Por lo pronto, nos valen para entendernos mejor con nuestro perro. Para comprender cuándo está nervioso, cuándo quiere que le dejes en paz, o cuándo quiere interaccionar con otro perro (o no quiere). Para los perros asustadizos, o agresivos, nos ayuda a detectar qué personas o animales no les gustan, y así podremos evitar problemas. En terapia, yo enseño a los perros a utilizarlas con mayor eficacia, para que puedan ser más sociables con otros perros, o para que puedan "decirle" a su dueño cuándo  han tenido bastante. Son la base para trabajar con los protocolos de ajuste del comportamiento (en inglés B.A.T.) que llevo una temporada utilizando, que ya explicaré más adelante, y que funcionan de maravilla.

Ya veréis, a partir de ahora, miraréis a vuestros perros de otra forma ¿a que sí?

Bibliografía:

Gazzano, A., Mariti, C., Papi, F., Falaschi, C., Foti, S., & Ducci, M. 2010. Are domestic dogs able to calm conspecifics by using visual communication? Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 5, 28-29.
Mariti, C., Papi, F., Ducci, M., Sighieri, C., Martelli, F., & Gazzano, A. 2010. Domestic dogs display calming signals more frequently towards unfamiliar rather than familiar dogs. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 5, 62-63.
Rugaas, T. 2005. On talking terms with dogs: calming signals. Dogwise Publishing.

domingo, 23 de octubre de 2011

Agresividad redirigida aplazada


Hippy es un perrito que me ha tenido descolocada todo el verano. Sabía que había algo en su comportamiento que se me escapaba, pero no conseguía entender el qué, hasta que el otro día por fin lo ví en vivo y en directo.

Hippy muerde. A la gente. Por la calle. Sin mediar palabra. "Porque sí".

Pasea ansioso, con la mirada perdida, como buscando algo con los ojos. Vive en un barrio céntrico, y por su calle pasea muchísima gente. Le rozan, le empujan, se le cruzan por delante, agitan bolsos... nada. Pero de vez en cuando, Hippy se lanza a morder. Fuerte, hace sangre. Menos mal que es un perrito pequeño, y aunque lo intente con todas sus ganas mucho daño no llega  a hacer. Un perro un poco más grande probablemente no habría tenido la suerte de ser tratado, habría acabado en la perrera.

Pero yo no conseguí ver ningún momento de agresividad en Hippy las dos primeras veces que le ví. Es un poco tímido con los extraños, pero en seguida se acerca a saludar, y al minuto puedes acariciarle por todas partes, sin que te haga un mal gesto.

Estaba empezando a buscar causas orgánicas (de tipo epiléptico, por ejemplo) cuando le volví a ver el otro día. Y entonces lo entendí. Íbamos paseando por la calle, cuando vimos a lo lejos a otro perro. Un labrador, sentado, de espaldas a nosotros. Para nada un perro amenazante. Pero Hippy se puso malo. Casi de ataque de ansiedad: pupilas dilatadas, temblores, gruñidos y ladridos, se abalanzó. Empezó a tirar como un poseso. No le dejamos acercarse, claro. Al minuto, se le cruzó una persona  por la calle y sin venir a cuento, se lanzó a por ella. Le agarramos a tiempo (menos mal que iba con su halti puesto).

Y entonces lo entendí. Hippy no tiene problemas con la gente. Puede que las multitudes le pongan nervioso, pero puede con ello. Su problema son los perros. Cuando ve a uno, se pone tan mal, que aunque ya  no esté viendo al perro no puede con tanta ansiedad, con toda esa agresividad acumulada. Y la suelta. Con el primero que pasa, sea quien sea.

Esto se llama agresividad redirigida. Se produce cuando un animal no puede actuar sobre el objeto de su enfado, y descarga su frustración con lo que sea que tiene delante en ese momento. Los gatos es bastante frecuente que lo hagan. Los perros lo hacen menos, aunque a veces hay problemas con perros que viven juntos en jardines, que se enfadan con los perros que pasan por la verja, pero se pelean entre ellos, animados por el "calentón". Pero la agresividad redirigida suele ser instantánea, es un ataque rápido que se produce en un momento de alta tensión.

Y es que la tensión y la agresividad son acumulativas. Puede que a un perro no le guste una persona, pero la tolere. Y que tampoco le guste el perro del vecino, pero lo tolera. Y que se ponga nervioso con los ruidos fuertes, pero se aguante. Pero si a ese perro le llevas a las fiestas del pueblo, dejas que le toque esa persona que no le gusta, y después se le acerca el perro del vecino, corriendo tras su pelota... puede que sea la gota que colme el vaso de su tensión, y ataque al otro perro. No es que odie a los perros, ni siquiera a ese perro en concreto, con el que nunca había tenido problemas antes. Es que no podía más con la tensión. Ningún perro muerde "porque sí". Si la buscas, siempre hay una causa, una amenaza, una voz de alarma.

Hippy acumula esa tensión, pero pueden pasar minutos desde que ve al perro que le enciende, y se descarga con una persona. El máximo problema de Hippy (aparte de que no soporta a otros perros) es que no sabe descargar esa tensión de otra forma que no sea atacando.

En fin, ahora que tenemos localizado el problema, será más fácil tratarlo, espero. Le enseñaremos a tolerar a los demás perros (no creo que consigamos que se lleve bien con ellos, pero lo intentaremos). Y le enseñaremos formas de relajarse, o de descargar la tensión en momentos difíciles. Mientras tanto, el halti puesto, por si acaso.

martes, 22 de febrero de 2011

Difícil decisión


Hoy le he pasado consulta a un amigo.
Ha venido con su perrita de 11 años, su compañera desde hace tiempo, para que le ayude a tomar una decisión difícil. Es que la semana pasada le mordió.
Ya lo había hecho antes, varias veces, es una perra muy miedosa que a veces reacciona mal cuando la van a sacar de donde se haya escondido. Nunca había sido un problema terrible para ninguno, la perra no es muy grande, y no lo hace a menudo, nunca ha hecho mucho daño, tampoco.
Pero su mujer está embarazada. Y ahora la cosa cambia. Porque no es lo mismo un ataque de un perro a un adulto, que a un niño. Porque un ataque de un perro a un adulto puede no acabar bien, pero no es probable. Pero si un perro ataca a un niño... lo más probable es que acabe mal.
Porque esta perra nunca se ha llevado bien con los niños, siempre les ha atacado. Pero claro, antes los veía muy raramente, y se podía controlar el asunto. La encerraban en otro cuarto hasta que la visita se iba y ya está. Pero ahora, ¿qué van a hacer con ella?
Hemos hablado largo y tendido sobre las opciones.
Tenemos unos meses antes de que nazca el bebé, lo vamos a intentar. Vamos a cambiar la manera en que se relacionan los dueños con su perra, para que ella aprenda a confiar en ellos. Que empiece a conocer y a obedecer órdenes básicas, que se dé cuenta de que siguiendo unas reglas claras, la vida es más fácil y feliz. Trabajaremos en que la perrita se deje tocar, que aprenda a gustarle el contacto, que se relaje.  Intentaremos hacer acercamientos progresivos a niños (bajo supervisión y con todas las precauciones) para ver si podemos cambiar la forma en que la perra los ve (menos como amenaza, más como donantes de juego y golosinas).
Digo intentaremos. La perra tiene 11 años y lleva comportándose así desde pequeña.
Cuando nazca el bebé, tendremos que tomar una decisión difícil.
Les deseo mucha suerte

domingo, 20 de febrero de 2011

Falta de Comunicación, o cuando el Miedo se convierte en Agresividad

Imagen de internet, seguir enlace para ver original
Pati (llamémosla así) es una perrita pequeña, que siempre ha sido tímida con las personas, desde que era un cachorro. Su dueña, voluntariosa, primero siguió los consejos de los amigos: "no te preocupes, ya se le pasará", y con la perra en brazos, se la enseñaba a todo el mundo.
Pati miraba para otro lado, se chupaba la nariz, intentaba huir, temblaba, echaba las orejas para atrás... pero nadie la entendía, no le daban el espacio que ella necesitaba, así que echó mano de la siguiente herramienta de comunicación que tenía: comenzó a gruñir.
"Je, je, que graciosa la enana, como gruñe". Y seguían intentando, con toda la buena voluntad del mundo, tocarla, acariciarla y demostrarle amor. A la manera humana, claro. Y Pati tenía cada vez más miedo, pero no podía huir de la situación.
Entonces su dueña vió un programa de la tele. "Si el perro tiene miedo, hay que acercarlo a lo que le da miedo, para que se acostumbre, y si se porta mal, hay que corregirlo dando un tirón de la correa". De repente, para Pati todo el mundo era peligroso. No sólo sentía miedo cada vez que veía un extraño, sino que cada vez que se lo decía a su dueña (gruñendo, mirando para otro lado, intentando huir), recibía un golpetazo en el cuello. A su entender "gente = dolor". Y su miedo alimentó su agresividad. Si no puedes defenderte, ¡ataca!
Así que Pati ha pasado a la ofensiva. Ya no espera a que la otra persona le ponga la mano encima. Ya no ofrece señales de calma, de "por favor no me toques", ya no gruñe para pedirle a la gente que no se acerque más, que tiene miedo. Nunca le ha funcionado....
Ahora, cada vez que Pati ve a una persona, se tira a morder. Por si acaso.
Y entonces su dueña se preocupa de verdad, y busca ayuda por los canales adecuados: pregunta a su veterinario, que lo manda al etólogo, que para eso ha estudiado.
Y eso es lo que pasa cuando nuestro perro habla en idioma canino, nosotros en idioma humano, y no nos entendemos. Que un pequeño problema de timidez se convierte en un perro peligroso.
Otro día os cuento cómo estamos trabajando con Pati.

y en casa...


El Pollito "sólo" se ha despertado dos veces, a las tres y a las cinco, con un ataque de tos. Si me lo dicen hace diez días, no me lo creo. Que me lo ha contado Guardabosques, porque yo hoy he dormido en la cama del cuarto de la niña, para ver si durmiendo mejor se me pasaba el catarro y el dolor de espalda. Pues no. Se ve que soy mujer de "una sola cama", y me he pasado la noche dando más vueltas que un caballo de feria. Otro día será.
Pollito se ha despertado muy feliz, con sus velillas, pero contenta. Ya se queda de pie sola, unos segundos, mientras juega, sin darse ni cuenta. Se ha pasado toda la mañana abriendo los cajones de la cocina, sacándolo todo. Agotador. También hemos paseado por el jardín, que hacía una mañana estupenda.
Total, domingo de "descanso" y de tareas del hogar, que ya tocaba.

Mañana más...