sábado, 14 de enero de 2012

Restaurante Persa Teherán


El restaurante Teherán lo descubrieron mis padres hace ya como diez años (lleva abierto 27, por lo visto), y nosotros vamos, ya sea solos, con ellos o con mi suegra, por lo menos una vez al año. Mi suegra va bastante más, porque también le encanta.

Es un restaurante pequeño, familiar, que llevan una familia que vino de Irán huyendo de la revolución y de Jomeini. Todo el personal es encantador, y super atento. Les puedes preguntar cualquier cosa, y te lo investigan, van a la cocina las veces que haga falta... fenomenal. No tienen menú especial para celíacos, pero en realidad la harina sólo la usan para el pan y los postres, los demás platos los podemos comer casi todos (preguntar primero, te atienden encantados).

La comida persa a mí me encanta. Es muy sencilla, y se basa sobre todo en el arroz, tipo basmati, ya sea blanco o condimentado con frutos secos y especias. Tienen como cinco variedades, todos buenísimos. A mí el que más me gusta es el "Arroz dulce con naranja". En principio lo sirven con el "Sirin Polo" o brocheta de pollo, pero te lo ponen con lo que quieras.
Dolmeh, hojas de parra rellenas de arroz al limón
Los entrantes se parecen a los de la cocina griega. Dolmeh (hojas de parra rellenas de arroz) que son mi vicio. Albóndigas persas, rellenas de arroz y con salsita de tomate, que no llevan harinas y que están super ricas. Al Pollito le encantan, y a Guardabosques también. La crema de berenjena está riquísima, pero como yo ya no puedo mojar pan...

Los segundos son brochetas de pollo, cordero o ternera al horno, con acompañamiento de arroz y tomate asado. Creo que los he probado todos, y todos me gustan. Yo suelo pedir el de cordero con el arroz dulce de naranja.
Brocheta de pollo con arroz de pasas
También tienen guisos típicos, como el de berenjena y tomate con carne, sobre arroz blanco, y el de verduras con ralladura de limón. El primero está riquísimo, el segundo es como comer dolmeh a cucharadas.

Los postres no son aptos para celíacos, así que yo me tomo un té. Mi marido y el pollito se hinchan a Zulbia, unos dulces de miel que están buenísimos, y a mi suegra le encantan los baklava (los típicos dulces de hojaldre árabes).
Zulbia, dulce crujiente de miel
El restaurante Teherán está en la calle Ayala 140, de Madrid.
Tlf reservas: 91 401 20 96

jueves, 12 de enero de 2012

Perrito bolso


Este es Titín (según le rebautizó el Pollito nada más llegar). Titín ha vivido con nosotros tres días, para ser evaluado (y en lo posible tratado) antes de volver a su casa. Antes lo hacía bastante, eso de tener perros en residencia, tanto para tratamiento como sólo de "hotel". Ahora que la niña es más grande, me vuelvo a atrever.

Titín es el perrito de la hija de un amigo. Esta chica es modelo y actriz, y decidió que quería un perrito hace unos meses. Su padre le dijo que él no quería perros en casa, que él no tenía tiempo de hacerse cargo de un perrito. Al mes apareció Titín, como regalo de cumpleaños, y se quedó.


Su dueña le adora. Duerme con él, se lo lleva a todas partes si puede... claro, si puede. Porque es modelo, y actriz. Y viaja. Y sale. ¿Y Titín? Se queda encerrado en su habitación. Durante horas,  a veces hasta días. Porque el padre de su dueña no sabe cuándo su hija se va, ni cuándo vuelve. Y él no puede (ni quiere) amoldar sus horarios, su vida, al ritmo de las necesidades del perrito.
Y su dueña tampoco lo hace.

Y Titín nunca sabe cuándo va a volver su dueña a casa. Ni si le va a dar de comer, ni si le va a sacar a pasear. Hace sus necesidades en el cuarto, donde le place. Y llora. Y llora. Y llora. El padre, desesperado, me lo ha traído a casa, a ver si les puedo ayudar.
A los tres.


Titín tiene siete meses, y un gran problema de ansiedad. Sobre todo tiene ansiedad por separación. Una ansiedad que no es suya, es impuesta caprichosamente. Un perro no habla, y no puede saber cuándo va a volver su dueño. Sólo lo sabe por sus hechos. Si todos los días su dueño sale, y vuelve a la misma hora, al cabo de unos días el perro se acostumbra, asimila el horario, y se tranquiliza.
Mi dueño siempre vuelve.

Pero ¿y si no vuelve?

Imagínate recién enamorado, después de pasar tres días de lujo con tu pareja, todo amor y abrazos. Entonces la pareja se va, y te deja encerrado en el piso, con el baño cerrado, la nevera vacía y nada que hacer. Pasan las horas. Y los días. Tienes hambre, ganas de ir al baño. Te sientes solo y abandonado. Después de hacerte pasar por el infierno, vuelve. Te abraza, te besa, no te deja solo ni un momento. Te lleva de marcha a la ciudad, te presenta a todos sus amigos. Vuelve el amor. A la semana te vuelve a dejar encerrado. Y así una y otra vez. Montaña rusa emocional. Hay que darse cuenta de que nuestros perros dependen de nosotros. Son nuestros prisioneros, y nosotros somos sus carceleros. Tenemos la llave de la puerta, de la comida, del afecto. Podemos convertir su vida en un paraíso, pero también en un infierno de inseguridades.
Y así vive Titín.


En mi casa, ha tardado dos días en integrarse al ritmo de la vida. Los primeros días no podía dormir (no dormía si no era en brazos). Antes de quedarse dormido, se muerde un muslo hasta hacerse llorar a sí mismo (una conducta obsesivo compulsiva fruto de la ansiedad). Al segundo día encontró apoyo en Marco, y con él pudo descansar.


Aprendió a estarse quieto, porque no sabía. Durante el día, no podía parar. Corría, lloraba, temblaba, saltaba, se ponía de pie. No sabía relacionarse con la gente si no estaba en brazos.

Le hemos enseñado a jugar en el suelo. Con los perros, con la niña. El pollito le daba de comer y lo paseaba por casa, contenta de por fin tener un perrito de su tamaño (Titín= chiquitín). Hemos empezado con la educación para la limpieza, muy difícil en un perro ya de siete meses, que nunca ha tenido la oportunidad de aprender.

Pero, sobre todo, le enseñamos a quedarse quieto, tranquilo, en su colchón. A relajarse. A dormir.


Así le he devuelto a sus dueños. Bueno, al padre de la dueña, porque la dueña no me quiso ver. Titín pasó la mañana sesteando a nuestros pies. Su dueño no se lo podía creer.

Pobre Titín. Es un fashion victim. Literalmente.

domingo, 8 de enero de 2012

Roscón de Reyes (sin gluten y sin lactosa) a la de una... ¿a la de 4??


Que el roscón de reyes es una de las recetas más dífíciles de hacer, ya lo sabía yo. La versión glutenera es difícil, con que la sin gluten... ¡es un sinvivir!

Eso sí, si queda rico, hmmmm. Queda muy rico. Y de los errores se aprende. Vaya si se aprende. Me ha costado 4 versiones llegar a un roscón mínimamente comestible.

Los dos primeros fueron directamente a la basura, no crecieron nada, y  no había quien les hincara el diente. Eso sí, la pinta era estupenda. ¿Por qué no me crecieron? Dos razones fundamentales (que a toro pasado, resultan obvias). En mi cocina hace frío, y no le dí el suficiente tiempo. Estas dos versiones tenían un amasado tipo pan, dejando como una hora de reposo, ya con la masa hecha rosco, y luego al horno. Bueno, pues resulta que el roscón, para subir de verdad, necesita como mínimo unas tres horitas, en ambiente adecuado. Además, la gracia del roscón es que es un rosco. Y con la masa sin gluten, plastosa y pegajosa... pues es complicado amasar. Así que lo eché encima de harina de arroz, y le dí forma echándole harina de arroz por encima. Pues eso tampoco funciona. La masa toma demasiada harina. Total, que falta de levado, más demasiada harina... Piedra con sabor a roscón. Preciosa, eso sí.
Roscón "de piedra". Mecachis, con lo bonito que había quedado
 La versión 3 fue algo mejor, pero me quedó muy líquida, y sólo subió a lo ancho, y no a lo largo. La saqué de la receta del blog de celiaquines, y me dio muchísima rabia que no subiera. Creo que lo hice todo bien, excepto que en la receta original  usan harina Proceli y Beiker, que a mí personalmente no me suelen gustar, yo en casa tengo la de Manacel. El problema de las recetas sin gluten es que hay que seguirlas totalmente al pie de la letra. Si cambias de marca de harina el resultado puede ser totalmente diferente. Así que a mí se me quedó muy líquida, y se me desparramó. Y no subió como es debido.
De este roscón no tengo ni foto, porque ni siquiera tenía buena pinta. Eso sí, hice un bizcocho de aprovechamiento de chocolate que quedó riquísimo, para mis sobris.


La versión 4 la saqué del blog de Pikerita (Pike, que haría yo sin tí). Vale, no tiene muy buena pinta. Tanto es así, que en la desesperación no le hice ni foto. Y es que me pasó lo mismo que con el primero, que le tendría que haber echado un poco más de harina, porque quedó algo demasiado líquido, y sólo creció en horizontal, y no en vertical. Pero le hincamos el diente ¡y estaba riquísimo! ¡Y superblandito! ¡y eso que estaba frío! Os pongo foto del corte para que lo veáis.


En fin, al final, un éxito. Os animo a pasaros por el blog de Pikerita y copiarle la receta.
Sale.
Creo que con una receta sin gluten, no se puede hacer mayor halago.
No os dejo mi receta, que con el lío de pruebas, he perdido el folio (soy un desastre). En realidad, es igual sólo que la leche es sin lactosa, y la mantequilla es margarina. Y claramente, con su mezcla de harinas queda mejor que con la mía, así que...

De todas formas, volveré a intentar la receta de celiaquines, porque se me ha quedado como espinita clavada, y lo tengo que conseguir, que tiene una pinta estupenda. Y es que en el mundo sin gluten, si no tienes paciencia y perseverancia... ¡no comes!

Yal final... salió.





jueves, 5 de enero de 2012

Jugando a las casitas con los perros


Los perros (y el gato) forman parte de nuestra vida. Siempre están ahí. Muchas tardes incluso parecen un mueble más. El Pollito se ha interesado por ellos desde casi el principio. Los miraba moverse, les intentaba tirar de los pelos (cogiéndole la mano y acariciándolos mientras decíamos "suave, suave" le quitamos la manía). Cuando empezó a andar, los usaba de punto de apoyo, a veces de andador. A Marco lo ha intentado usar un par de veces de caballito, aunque como tiene las caderas mal el pobrecillo, no la dejamos. Como ya he contado antes, Tosca duerme con ella desde que se fue a dormir a su propia habitación (bueno, siempre ha dormido con ella, antes dormíamos todos juntos en el mismo cuarto).

Ahora que el Pollito ha empezado con el juego simbólico, comienza a introducirlos en sus juegos. Para sus conversaciones, los animales son uno más. Les cuenta sus logros, les enseña sus juguetes... Les da los buenos días por la mañana, con sus besos correspondientes.

También hemos intentado introducirla en la rutina de los perros desde el principio. En cuanto empezó a andar, nos ayuda todos los días a darles de comer y de cenar, y ya lo hace casi todo sola. Les manda tumbarse, mamá repite la orden si hace falta (los perros todavía no hablan pollités). Mamá abre el armario de la comida y coge el vaso medidor. Pollito lo rellena con el pienso, y con la ayuda de mamá le deja un poquito a Tosca, y el resto, ya ella solita, va para Marco. Pollito da un pasito atrás, y juntas les decimos "a comer" y los dos se abalanzan. Mientras tanto, Pollito mete el vaso medidor de vuelta al armario, y cierra la puerta. Aplaudimos, y a otra cosa.
Marco y Tosca, esperando educadamente su ración
El otro día alguien se dejó la puerta del armario abierta. Y nos encontramos a Pollito jugando a las casitas. Cogió unos moldes de magalenas de silicona (que son míos, pero ya nunca más), e iba poniéndoles una bolita, se lo ponía delante al perro, y le decía "a comer". Los perros, muy educados, esperaban a la orden para comerse la bolita. Repitieron el proceso hasta terminar el vaso. Ahora es su juego preferido.


El siguiente juego fue igual, pero dándoles la comida de la mano. Las carcajadas cuando Marco o Tosca la chupan para cogerle la bolita son de morir.


Me encanta que pueda jugar así con los perros. La confianza que tienen los tres es increíble. Marco a mí me pilla de los dedos, con la niña sólo saca la lengua. Así no me extraña que la quieran...

Me parece muy importante el involucrar a los niños en el cuidado de los animales. Desde el principio. Darles de comer, pasear con ellos, ayudar a bañarlos o cepillarlos... Todo contribuye a que se consigan unos lazos de afecto y de buena relación que de otra forma no se obtienen. Además, el niño comprende que tener animales conlleva responsabilidades y tareas, y no sólo diversión.
Con las primas, paseando la los perros
Los perros tratados de esta forma introducen rápidamente al niño en su "manada" y lo respetarán como un miembro más al que hay que tratar con afecto. Cuando un niño ha dado de comer al perro a diario, incluso de la mano, no habrá peligro en que el perro se vuelva posesivo, puesto que ha aprendido que el niño da, no quita. Si enseñamos a los niños a respetar los espacios de los perros, sus juguetes, su comida, conseguiremos un hogar tranquilo y feliz.

 Si además involucramos al niño en ejercicios sencillos de obediencia, y en las rutinas diarias, los perros entenderán que el niño es de los que ponen las reglas. De esta forma le respetarán y obedecerán como a un adulto, y no intentarán competir con él, lo que a veces lleva a problemas de agresividad. Prevenir, mucho más divertido que curar. Que se lo digan a Pollito.

06/01/2012: Editado: cambio los vídeos, que no se oían bien, ahora sí.