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| Belyaev con sus zorros domesticados |
Para comprobar esta hipótesis, diseñó un experimento a largo plazo, con un animal que hasta entonces no había sido domesticado, el zorro (Vulpes vulpes). Compró 130 ejemplares a una granja peletera, y generación tras generación, seleccionó a aquellos zorros que eran menos agresivos con sus cuidadores.
Estos primeros animales, no eran del todo salvajes. Provenían de una granja, así que estaban acostumbrados a vivir en una jaula, pero no se dejaban tocar, y reaccionaban agresivamente hacia los trabajadores del centro.
En 10 generaciones, Belyaev consiguió zorros que se acercaban a sus cuidadores, les lamían, gemían reclamando atención, y se dejaban acariciar. En 35 generaciones, éstos zorros domésticos son el 80% de la población de zorros del estudio.
Pero ésto no es todo. No sólo consiguieron, en estas pocas generaciones, un comportamiento doméstico similar al que pueda tener un perro. Es que la biología de los zorros cambió, igual que su morfología.
Las hembras pasaron de tener un ciclo estral al año (como los lobos), a tener dos (como los perros).
Y los zorros cambiaron de aspecto. Aparecieron individuos de otros colores, blancos, con manchas... su cola se irguió y se volvió curvada, en algunas ocasiones. Las orejas dejaron de ser tiesas, y cayeron... Todas las características físicas de los animales domésticos.
Pero Belyaev nunca seleccionó a sus zorros por su color. Ni por su forma. Ni porque se pudieran reproducir dos veces al año, en vez de solamente una. Belyaev sólo los seleccionó por su capacidad de estar tranquilos en presencia humana. El resto de los caracteres... simplemente acompañaron. Fueron un efecto secundario.
De este experimento se sacan varias conclusiones importantes en cuanto a la domesticación.
La primera, es que es un proceso relativamente rápido. Veinte generaciones pueden parecer muchas, pero evolutivamente hablando, es un abrir y cerrar de ojos.
La segunda, es que es un proceso en una sola fase. No hace falta seleccionar para la docilidad, y luego para las orejas caídas, y luego para las manchas en la piel... no. Tan sólo con seleccionar para la docilidad, lo demás viene solito.
La tercera, es que cuando seleccionamos para un carácter, no seleccionamos para ese carácter, "limpio". Sin darnos cuenta, seleccionamos para un montón de otras características, que van ligadas a éste carácter principal. Esto puede ser bueno, y darnos un amplio abanico de características "chulas" sobre las que podamos escoger, como diferentes colores, pero también puede ser malo. Por ejemplo, puede producir malformaciones en la mandíbula, prognatismo (cara chata, como los bulldog) o enognatismo (la mandíbula inferior más corta que la superior, frecuente en los yorkies).
Y la última es que ¡¡¡pero si son como perros!!! su conducta es muy similar, a mí me parece alucinante...
¡Y son monísimos!
Bibliografía:
Belyaev, D. K. 1979. Destabilizing selection as a factor in domestication. Journal of Heredity, 70, 301 –308.
Byrne, R. W. 2005. Animal Evolution: Foxy Friends. Current biology, 15, R86–R87.
Trut, L. N. 1999. Early Canid Domestication: The Farm-Fox Experiment. American Scientist, 87, 160–169.
Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es




