sábado, 13 de octubre de 2012

Desvelados

A la hora del desayuno, con ojeras, pero mira qué sonrisa
Y es que así llevamos más de un mes, desde que empezamos el cole, más o menos. Bueno, el que dice un mes dice casi tres años, pero... es que este mes se le ha vuelto a notar un bajón con eso del dormir.

Antes de empezar el cole, se iba más o menos contenta a la cama. Después de sus rutinas (cena, baño y a la cama) nos metíamos en su cuarto, cogíamos su linternita y leíamos dos cuentos, cantábamos dos nanas, le repetíamos nuestra frase de despedida cariñosa y a dormir con Felipe (su muñeco). Se solía despertar una o dos veces, pero le decíamos "a dormir, a dormir" desde nuestro cuarto, y se volvía a dormir sin rechistar. Lo de madrugar ya casi lo tenemos asumido, se despierta casi siempre a las 7:30-7:45, es como un reloj suizo.

Peeeerooo....
llevamos una temporada, que no hay manera de que se acueste. No se quiere meter en su cuarto, y juega a escaparse. Luego tiene que tener una lucecita piloto, que nunca había pedido antes. La rutina de la cama, a los dos cuentos y dos nanas, hemos añadido 10 besos gordos, un abrazo de oso, otro puñado de besos "de propina", el último beso de mamá... y así podríamos seguir hasta el infinito. Nuestros rituales han pasado de durar veinte minutos a una hora o más. Y durante todo el rato, en vez de estar tranquila, tumbada, disfrutando del momento de relajación, se lo pasa saltando en la cama, chillando, cantando o haciendo el pino, cada vez más nerviosa. Ayer le pregunté que por qué se ponía así, que mamá se ponía triste de que no se quisiera dormir. Ella me contestó que "ver a mamá enfadada es divertido", y yo en ese momento estuve a punto de perderlo.

En qué estará pensando...
Tampoco nos ha sabido decir si es que algo le da miedo, no parece que sea nada en concreto. Simplemente, parece que lo que no quiere es dormir. Quiere seguir con nosotros, jugando más. No le gusta dormir, y punto.

Y no conseguimos transmitirle la idea de que dormir es bueno, que ella lo necesita (y nosotros también). Total, que cada vez duerme menos horas, y encima sus despertares se han multiplicado. Ahora no se despierta y se vuelve a dormir, sino que llora, chilla, se baja de la cama... tenemos drama todas las noches. Pero sus gritos y lloros no son de miedo, que es lo que nos tiene descolocados. Ni monstruos, ni brujas (retiramos todos los cuentos y pelis que los tenían, por si acaso). Normalmente grita ¡no quiero dormir más! ¡quiero levantarme! y cosas así. Si se despierta antes de las 6 solemos poder volver a dormirla, pero ha tenido días de despertarse a las 6:30 y ya no volver a dormirse... Agotador.

¿Y esto para qué es? ¿una tlompeta?
Cada vez estamos más cansados, de peor humor... ya no sabemos qué hacer. Ya intentamos volver al colecho, y no hubo manera. Se despertaba incluso más, porque aprovechaba que nos tenía cerca para impedirnos volver a dormir (no se callaba, nos daba cabezazos y patadas... un desastre). Le hemos puesto una mariposa con circulitos. Si duerme bien, le ponemos una pegatina, y cada cuatro circulitos le damos un premio. Llevamos tres circulitos en diez días... no digo más, y eso que de esos dos no fueron noches "del tirón", sino sólo "mejores".

Pero lo de ayer ya nos terminó de descolocar. Se despertó gritando a pleno pulmón "¡¡NO QUIERO UN PUTO APERITIVO!!,¡¡NO QUIERO UN PUTO APERITIVO!! "

??????????????????????????????

Tardamos unos cinco minutos en salir del asombro y de la obnubilación, que a las cuatro de la mañana no es fácil de digerir una frase como ésa...

Guardabosques se levantó para intentar calmarla, e intentar enterarse de a qué cuento venía eso... Tras varios minutos, resolvimos que era "un punto negativo", y ya no sabíamos si reír o llorar. Ayer nos habíamos pasado la tarde en casa de un amigo con el que juega, al que dan "puntos positivos" cuando hace las cosas bien, y puntos negativos cuando se porta mal (rabietas, pegar, cosas así). Parece que se le quedó grabado. Guardabosques terminó de convencerla de que en esta casa no se ponen castigos, sólo pegatinas por dormir bien, y consiguió calmarla algo. Pero al rato estaba en nuestra cama. Y comenzó el "round". Dos horas de palmaditas, preguntas ("¿dónde está papá?" "pues lo estás tocando con un pie..."), saltos, trepados corporales...

Ayudando a papá a subir el sillín de su bici.
Ella dice que ha crecido porque "ha dormido mucho y comido mucho". Je,je...

Total, que uno se desvela; yo ya no me pude dormir hasta las siete, y así me ha cundido el día de hoy.

Estamos abiertos a sugerencias...

PD: este post lo escribí hace dos días. Me faltaban las fotos, y he tardado dos días en animarme a ponerlas (¿por qué habra sido???).

Preparada para ayudar a mamá a hacer tarta de manzana

PD2: Todas las fotos están hechas por la mañana. Ni pizca de sueño que tiene la tía...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 9 de octubre de 2012

Tengo un perro adolescente ¡¡socorro!!

Uno tiene un cachorrito monísimo y super bien socializado cuando de repente...


¿qué le ha pasado? ¿me lo han cambiado?

Se ha convertido en un perro grande, todo patas y cabeza, que tira de la correa y se lanza a ladrar y a saltar cada vez que ve a otro perro en la acera de enfrente.

?????

Pues las hormonas de la adolescencia, es lo que ha pasado. A partir de los 8 meses en los perros pequeños, y del año en los más grandes, las hormonas sexuales empiezan a secretarse, y el mundo cambia para el perro. Los antiguos compañeros de juegos de repente ahora se dividen entre posibles conquistas o posibles rivales. Y los desconocidos... bueno, esos suelen ser posibles rivales, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario (o resulten ser del sexo opuesto).

Total, que ese cachorrito que jugaba con todos los perros del parque, de repente empieza a dar y recibir revolcones. Empieza a medirse con los demás, y a gruñir. ¿Y qué es lo que hacemos? Le ponemos una correa, y nos lo llevamos. En vez de jugar con los otros perros, ahora pasea atado lejos de ellos. Cada vez tiene menos relación con los demás.

Entonces empieza lo peor. Nuestro perro tira de la correa como si le hubiera poseído un husky siberiano. Y va alerta cual agente de seguridad, patrullando el barrio en busca de otros perros. Y cuando ve uno... ¡a ladrar y a tirar como un poseso!

Entonces casi todo el mundo hace lo que ha leído en un libro, le han dicho en el parque, o ha visto en el desgraciadamente famoso programa de la tele. Y empiezan los tirones de correa. Las "correcciones". Y los collares de castigo, o de pinchos. Pero el perro, en vez de mejorar su conducta, como prometen todos, empeora... ¿por qué?

Pues muy simple, porque los castigos casi nunca funcionan, pero es que para esto, son muuuucho peor. Porque el perro no entiende el concepto "mi dueño me da un tirón de correa porque me estoy portando mal". El perro ni siquiera entiende que el tirón lo estamos dando nosotros. Él sólo entiende que cada vez que ve un perro, e intenta saludarlo, le duele el cuello. Lo que aprende es que los perros son muy peligrosos, porque su dueño ladra muchísimo (los dueños casi siempre gritamos a los perros que ladran para que se callen, ellos creen que estamos uniéndonos a su coro). Y además, los perros (o los extraños) producen dolor de cuello, así que, cuanto más lejos el perro, pues mejor. Y ¿cómo mantienen los perros alejados a otros perros? Pues ladrando. Y poniéndose echos unas fieras. Ataque preventivo, que se llama.


Pero lo peor ocurre cuando, con nuestro perro está en este estado de ánimo, tenso, nervioso y desconfiado, nos acercamos al otro perro. Entonces dos perros, nerviosos, con las hormonas disparadas y las correas tensas (luego, incapaces de huir o poner espacio de por medio) se alcanzan. Pero se alcanzan de verdad, porque entonces la probabilidad de que se enganchen es altísima. Y entonces se decide que el perro es peligroso, y que no podemos acercarnos a otros perros y.... seguimos con el círculo vicioso.

¿Cómo rompemos este círculo? ¿Cómo conseguimos que nuestro perro se acerque tranquilamente a otro?

El collar: 
fuera collares de castigo, pinchos, ahogo... (a los eléctricos ya ni los mento...). Ponle un collar normal. Si es un perro de mucho tirar, tienes otras opciones, más efectivas y que no duelen. Si el perro es de hasta 15-20kg, yo te recomiendo un arnés de los que se enganchan en el pecho en vez de por la espalda, tipo easywalk. Con los perros más grandes también funciona, pero un poco menos. Y si no, un collar de cabezada, tipo gentle leader o halti.

Que conste que nadie me paga por hacer publicidad, es que realmente funcionan. Los enlaces son orientativos, hay otras marcas que funcionan igual de bien. Con estos arneses y collares, el perro no puede tirar, porque los perros tiran con el pecho, y estos van enganchados por delante. Así no tienen músculos con los que tirar, así que no tiran. Y cuando lo intentan, se giran, y te miran a tí. Premio doble.


El espacio: 
acércate al otro perro/persona sólo hasta la distancia en la que tu perro lo mira, pero sin ponerse nervioso, tirar de la correa, o ladrar. Deja que le eche un buen vistazo, y que elija si se quiere acercar o no.
Si hace alguna señal de calma, prémiale por ser bien educado. Si rompe el contacto visual, también.
Y entonces aléjalo. Esto hace que el perro se tranquilice, y aprenda que, si no quiere, puede no acercarse al otro perro/persona si no quiere. Le da opciones. Que con la correa puesta, normalmente, un perro no las tiene.
Si el perro, una vez alejado, sigue mirando con curiosidad, vuelve a acercarte, despacio, hasta donde aguante sin ponerse a cien.
Repite el ejercicio.
Ya verás como poco a poco puedes acercarte más al perro, y que cuando llegas hasta su lado, en vez de un potro salvaje tienes a un perro tranquilo y curioso, dispuesto a hacer amigos. Esta es la base de los ejercicios B.A.T., de los que tengo que escribir una entrada.

El acercamiento: 
No te acerques de frente, en línea recta hacia el otro perro. Rodea un poco. Si no tienes espacio, cambia al perro de lado, para ponerte tú entre los dos perros. Así rompes su contacto visual. Acercarse de frente es de muy mala educación para un perro. Y muchos adolescentes no se acuerdan (¿desde cuándo los adolescentes siguen las reglas de urbanidad?). Acerca la cabeza de tu perro a los hombros del otro perro o incluso a su trasero, nunca a su cara.


El tiempo: 
Una vez estás al lado del perro al que vais a saludar, espera a que los perros empiecen a olerse, o se pongan el uno al lado del otro, cuenta 2 segundos. Entonces llama a tu perro por su nombre, distráelo, y aléjalo. Prémialo por alejarse, y por prestarte atención, a unos pasos del otro perro. Si quiere volver a saludar, deja que se vuelva a acercar, cuentas 4 segundos, y lo vuelves a alejar. Sigue así, aumentando el tiempo poco a poco, hasta que veas que hacen señales de juego, o que se alejan.

Si ves que hacen señales de juego, es el momento de soltarlos (si se puede, claro). Pero no te desentiendas, los perros jóvenes se emocionan fácilmente, se ponen nerviosos, y se "pasan". Si ves que el juego sube de tono, llama a tu perro, sepáralo, y cálmalo antes de volverlo a soltar a jugar.

Si después de un acercamiento, ves que tu perro no muestra más interés, llévatelo y no fuerces más el contacto. Pensamos que todos los perros quieren saludarse durante minutos, y llegar a ser amigos del alma, pero no es verdad. A veces con un  "Buenas, Buenas" tienen suficiente. Otras se conforman con un "¿qué tal? ¿y tú de quién eres?", y lo dejan ahí. Con los extraños, las charlas insustanciales de ascensor son incómodas, pero el forzar la relación entre adolescentes además, puede ser peligrosa.

Y por último, pero lo más importante.

La correa:
LA CORREA, SIEMPRE, SIEMPRE, FLOJA.
No creo que me canse nunca de decirlo. Un perro con la correa tensa se siente atrapado. No puede huir. Y los perros nerviosos y desconfiados, que no pueden huir, atacan. Además, la postura de un perro que tira de la correa es exactamente igual a la de un perro seguro de sí mismo que amenaza a otro perro que tiene delante. Lo que favorece las peleas todavía más.

Las correas flojas, en forma de J, los perros por fuera
Mantén la correa que haga una "J" entre tú y tu perro. Siempre.

Y por supuesto, si tu perro tira de la correa, enséñale a ir a tu lado. Si no sabes cómo, contrata a un adiestrador que trabaje en positivo, compra un libro de adiestramiento en positivo (en knsediciones encontrarás muchos buenos) o ponle un arnés o halti de los que he hablado antes.

  ¡¡Pero no le des tirones!!

O convertirás a un perro adolescente pero feliz en un adulto malhumorado y peleón. En tus manos está, y nunca mejor dicho.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 2 de octubre de 2012

Mi experiencia con la lactancia materna



Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y para celebrarlo os voy a contar mi experiencia. La verdad es que me asombra no haberla contado todavía, pero cuando empecé este blog ya estábamos en sus últimas fases y luego nunca encontré momento. Así que llegó la hora de contar mi "batallita de lactancia".

Porque esa es otra. Toda madre que ha amamantado tiene su "batallita" de lactancia. Y no es porque nos guste contar la historia, es que lo normal es que tengan bastante miga. Casi todas tuvimos problemas al principio, entre medias, al final... Lo que debería haber sido algo tan simple como "ponte el niño al pecho y que mame" acaba siendo una carrera de obstáculos y una oda a la cabezonería.

Yo nunca pensé que fuera a tener problemas de lactancia. Como veterinaria, he atendido muchos partos, naturales o por cesárea. Pero ¿problemas de lactancia? Déjame pensar.... ¿tres? Y eso que hice mis prácticas en una clínica que atiende a un montón de criadores... En fin, cachorritos huérfanos sí, cogidos de la calle abandonados. Alguna mastitis cuando los cachorros ya tienen dientes, algún cachorro algo "atontao", una retención de leche, una eclampsia... poco más. ¿Problemas de enganche? Casi cero. Y eso que cesáreas hacemos muchas, pero normalmente las perras salen de la cesárea en media hora, despiertas y con sus cachorros enganchados en las tetas. Sin más.

Así que yo pensé que sería algo parecido.

Je,je.

Y eso que dí a luz en un hospital "concienciado", que te ponían el bebé en el pecho nada más nacer. Y te lo dejaban contigo dos horas, antes de hacerle las pruebas (menos a la mía, que se la llevaron nada más salir, por prematura... otra batallita que tengo que contar).

Y sí, te lo dejaban contigo, y ¡ale! tú solita te apañas. Menos mal que teníamos el maravilloso libro de Carlos González, que si no...

Porque Pollito se adelantó un mes, y con 2,300kg, estuvieron a punto de llevársela a la incubadora. No se la llevaron, pero al ser tan pequeña, pues estaba algo débil, costaba muchísimo despertarla para que mamara. Como una vez al día, se enganchaba ella solita y mamaba bien. El resto... pellizcos, desnudarla, cosquillas en los pies para que se despertara... nada. Las enfermeras ofrecieron sus biberones, y dijimos que no. Con el cambio de turno, vino otra que trajo una jeringuillita con un poco de suero glucosado, le dio unas gotitas cuando estaba al pecho, por un ladito, y se animó algo más. Probamos con ese truco varias veces, e iba funcionando.


A las 48h nos dieron el alta. Yo estaba algo alucinada, porque pasar de casi llevarla a la incubadora, a que te den el alta en 48h, pues me pareció un poco fuerte. Total, a casa, con pesados diarios y una "ayudita" de biberón si perdía más de 200gr., y a mí me seguía sin bajar la leche. Los gramos los perdió, claro.

Como yo soy cabezona, le compré la leche de fórmula, pero en vez  de dársela en biberón se la dábamos entre la teta y sus labios, con una jeringuilla. Como mucho se tomaba entre 30 y 60 ml. Vamos, nada. Nos sentimos culpables, le dimos mil vueltas... pero la niña parecía estar bien. Al día siguiente me bajó la leche, y en un par de días la cosa se normalizó. Empezó a dormirse más tarde, a chupar más, y fue recuperando su peso. Pasamos de la leche de bote, y seguimos solas.

No tuve grietas, sólo los pechos algo escocidos, y el dolor de la hinchazón de los primeros días de la salida de la leche. Yo me untaba aceite de rosa de mosqueta entre tomas, y me fue muy bien.

A los tres meses, me detectaron que tenía un resto de placenta, y que había que quitarlo. Pero antes, tenía que tomarme una medicación, para ver si lo echaba yo por mí misma. Cuando pregunté si era compatible con la lactancia, me pregunto la ginecóloga "¿todavía?"... y yo flipé, claro. "Bueno, pues le das tres días biberones y ya está". Jodeeeeeerrrrrr..... lo dice como si fuera fácil....


Pollito no quería biberón ni en pintura, claro. A mí me rabiaba sacarme la leche y tirarla. Con lo que costaba... Y verla y oírla llorar, porque la pobre no entendía nada... me estaba rompiendo el alma. Así que me lancé a internet. Encontré la página del Hospital de Denia, que explica lo que se puede tomar mientras das el pecho, y lo que no.

Pues resulta que la medicación que yo tomaba no sólo no estaba contraindicada, sino que como efecto secundario disminuía ligeramente la producción de leche, y recomendaban dar de mamar más veces al día, para compensar. Toma ya. Hablé con un amigo pediatra, y al día y medio de empezar la medicación volví a poner a la teta a Pollito.

Y hasta que cumplió trece meses, ahí estuvimos, felices y contentas. Con sus picos de crecimiento, sus mordisquillos y sus cosas... pero felices. A los trece meses yo decidí hacerle el destete nocturno, a ver si así dormía más (ja, ja!). Y ella decidió hacer el destete diurno. En diez días acabamos con la lactancia, y casi no me volvió a pedir (el final de mi lactancia aquí).


Y yo lo suponía fácil...

Espero que con la segunda bebé todo vaya aún mejor, yo ya tengo experiencia, y más seguridad. Así que sí, claro que le daré el pecho. ¿Hasta cuando? Hasta que nos apetezca. ¿Por qué? Porque es lo más natural, lo más sano física y emocionalmente y además.... además es un placer por el que ninguna madre tendría que tener que luchar.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

sábado, 29 de septiembre de 2012

Receta de foie: a celebrar que baja el pan


Dentro de estos nubarrones (reales y metafóricos) en los que estamos inmersos, de repente un rayito de luz. Vale que el rayito es pequeñito, pero oye...

El pan para celíacos, el pan sin gluten, pasará de tributar el IVA al 10% a tributar al 4%, como ahora lo hace el pan de trigo "normal".

Vale, por ahora el cambio es sólo para el pan, y el resto de nuestra comida sigue estando al 10%, pero, pasito a pasito, pasito a pasito. Yo, con que se discuta en el Congreso una propuesta así, y hablen sobre nosotros, casi que me vale. Que se sepa que existimos, con eso casi me vale. Que salga en el periódico... todo eso ayuda a hacernos más visibles, y poco a poco conseguiremos más cosas.

Aquí tenéis el enlace a la nota de prensa oficial, vía "La Cocina de Storch".

Y a lo que iba. Que algo así hay que celebrarlo. ¿Cómo? Con comida de fiesta, y que lleve pan.

Y justo hace dos días paseaba yo por el Mercadona, y ví un paquete de hígado de pato, marca "Martiko" y etiquetado "sin gluten". Y me dio un antojo... y a las embarazadas los antojos no se nos pueden negar...

En las cenas de Navidad, la madrina de mis primos hace siempre un foie que está de escándalo. Ya me he cogido un par de empachos por su "culpa". Y es que nos ponen, a mí cuñado y a mí (el otro celíaco) en una esquinilla, con nuestro pan, y "nuestro" foie (para evitar la contaminación). Y el trozo suele ser generoso, y a mi cuñado no le apasiona el foie... así que acabo zampándomelo todo yo, no puedo evitarlo.

Así que llamé a mi tía, que me dio el teléfono de la madrina de mis primos, que me dio su receta "ultrasecreta". Porque a una embarazada no se le niega el antojo... Y queda tan rico, que no puedo dejar de compartirla. Se tarda un par de días, pero el tiempo que le dedicas es de unos 20 minutos en total, es muy fácil, y queda de morir. Del empacho que te da si te lo comes todo...

Receta de foie al Pedro Ximénez

Ingredientes:
1  hígado de pato, o como yo, una plancha de hígado de Martiko (150gr)
1 botella de vino dulce oloroso, tipo Málaga o Pedro Ximénez
1 vaso de leche, normal o de soja
Sal, azúcar, pimienta

Si compráis el hígado entero, tendréis que limpiarlo, quitarle las telillas... Yo eso me lo pude saltar. Entonces ponéis el hígado a blanquear en un recipiente, y lo cubrís con leche rebajada con agua. Y a la nevera, 24horas.

Pasado el tiempo, lo sacáis, ya blanqueado, y se pone a cocer a baja temperatura con el vino que haga falta para cubrirlo. Si es Pedro Ximénez lo rebajáis con agua. Hay que tenerlo 20 minutos a 65ºC. Se puede hacer de la manera tradicional, en un cazo vigilando todo el rato, con termómetro o con el dedo (que casi queme). Yo lo hice en la thermomix, con el cestillo y poniendo la temperatura en 60ºC, velocidad 1-2. A los 10 minutos de cocer le das la vuelta, que como flota, pues si no no se termina de hacer bien.

Al cabo de esos 20 minutos, lo sacas, y lo dejas enfriar. Le pones sal y pimienta al gusto, y un poco de azúcar (la misma cantidad de azúcar que de sal, más o menos). Y lo envuelves en papel de film,  haciendo como una salchicha, apretando bien. Como si fuera un caramelo. Pincha con una aguja las burbujas, y así además irá soltando un poco de aceite/grasa. Y a la nevera 8 horas.


Con el vino de la cocción, redúcelo y haces una salsita. Mucho cuidado, que yo me dejé la olla diez minutos, y ¡casi quemo la casa! Tiene muchísimo azúcar, y pasa en un plis de líquido a sólido, y de ahí a carbón... un desastre.

Cuando hayan pasado las 8 horas en la nevera, lo cortas en rodajitas a través del film, para que no se deshaga al cortarlo. Lo pones en unas tostaditas de ese pan que ahora saldrá más barato. Y chorrito de la salsita de vino dulce (en mi foto no sale porque claro, yo la carbonicé).

¡Y a disfrutar!

PD: yo lo puse en unas crackers de Schar, que están buenísimas. A esas creo que no las bajan el IVA. Nadie es perfecto...
Por cierto, no me diréis que no es fácil la receta... para las próximas navidades, repito fijo.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es