domingo, 14 de octubre de 2012

La mejor tarta de manzana del mundo y ¡sin gluten!


El otro día Hanna Sin, del blog "Sin gluten" nos lanzaba un reto: encontrar la tarta de manzana perfecta. Bueno, Nuria, no busques más, que ya está aquí.

Ya sé que las recetas de nuestras madres siempre son las mejores, pero es que ésta, de verdad, se lleva la palma. Es la combinación perfecta. Una masa que queda crujiente pero suave, con virutitas desmigadas y trozos esponjosos, sequita pero con la parte húmeda de las manzanas, dulce y mantequillosa pero con el puntito ácido de la manzana reineta.

Manzanas reinetas, feas pero riquísimas
Y además es fácil y rápida de hacer. ¿Se puede pedir más?
Yo lanzo otro reto: esperar a que se enfríe antes de probarla, y ¡no repetir!

Ingredientes:

250gr de harina sin gluten: yo puse 220g de Mix B repostería Schar y 30gr de trigo sarraceno, pero creo que podréis usar cualquier mezcla de repostería que os guste.

180gr de azúcar
1 cucharadita de levadura
1 cucharadita de sal
125gr de mantequilla fría
3 yemas
1,5 ó 2 kg de manzanas reinetas, según el tamaño de tu molde (con la variedad reineta es con la que mejor queda, pero siempre puedes probar con otras)

Harinas tamizadas con la levadura y el azúcar
Tamizar en un cuenco bien amplio las harinas con la levadura y el azúcar, para que se mezclen bien y se aireen.

La mantequilla en cuadraditos, fría de la nevera
Añadir la mantequilla bien fría y cortada en cuadraditos muy pequeños.

Mezclar bien, con las manos, pellizcando la mantequilla con los dedos para que se mezcle con la harina. Sólo hasta que se integre, no más, porque la mantequilla si no se calienta, y se engrasa la masa. Tiene que quedar como serrín fino.

Masa como serrín finito
Añadir las tres yemas de huevo, y volver a amasar a pellizquitos, hasta que el serrín fino amarillee, y se quede como serrín grueso y pegotitos pequeños.

Masa como serrín más grueso, como con pegotitos
Tapar con papel film y meter en la nevera. Poner a precalentar el horno, a 170ºC. Pelar y cortar las manzanas en gajos no muy finos.

En un molde redondo y de bordes altos, untar mantequilla y harina o poner un papel de horno. Echar la mitad de la masa en el fondo, y dar unos golpes al molde para que se distribuya bien por todo el fondo, sin apretar con las manos.

Echar las manzanas por encima, sin ordenar, todas las que te quepan, que queden a ras del molde, o incluso con un poco de copete. Golpear el molde contra la mesa, para que se asienten.

Echar lo que queda de la masa por encima de las manzanas, golpeando y sacudiendo el molde para que caigan los grumillos por entre la manzana, y se reparta todo por la superficie.

Todo repartido, y la masa asentada a golpecitos
Hornear a 170ºC, con el horno arriba y abajo, hasta que veas que la superficie está tostadita, unos 40-50 minutos.

Dejar enfriar y desmoldar. Y comer!!

¿Un trocito? 

PD: sabéis que mis recetas suelen ser sin gluten y sin lácteos. Pero hay recetas que simplemente  no puede ser. No merece la pena. La textura con margarina no queda igual (lo he probado) y sobre todo, no sabe igual de bien. Menos mal que a Guardabosques no le gusta la tarta de manzana... aprovecho los días que él no está para hacerla.

PD2: Esta tarta sabe mejor fría y tras haber reposado. Hace falta mucha falta de voluntad. De todas maneras, los restos aguantan fenomenal, hasta dos días en la nevera. Pierde un poco del crujiente, pero gana de sabor.

PD3: gracias Pikerita, Patricia Barreiro y Famalap por vuestros consejos para adaptar una receta con gluten al mundo sin, desde el grupo del Facebook de 500.000 recetas sin gluten. La adaptación ha quedado perfecta, nadie notó que no tenía gluten.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

sábado, 13 de octubre de 2012

Desvelados

A la hora del desayuno, con ojeras, pero mira qué sonrisa
Y es que así llevamos más de un mes, desde que empezamos el cole, más o menos. Bueno, el que dice un mes dice casi tres años, pero... es que este mes se le ha vuelto a notar un bajón con eso del dormir.

Antes de empezar el cole, se iba más o menos contenta a la cama. Después de sus rutinas (cena, baño y a la cama) nos metíamos en su cuarto, cogíamos su linternita y leíamos dos cuentos, cantábamos dos nanas, le repetíamos nuestra frase de despedida cariñosa y a dormir con Felipe (su muñeco). Se solía despertar una o dos veces, pero le decíamos "a dormir, a dormir" desde nuestro cuarto, y se volvía a dormir sin rechistar. Lo de madrugar ya casi lo tenemos asumido, se despierta casi siempre a las 7:30-7:45, es como un reloj suizo.

Peeeerooo....
llevamos una temporada, que no hay manera de que se acueste. No se quiere meter en su cuarto, y juega a escaparse. Luego tiene que tener una lucecita piloto, que nunca había pedido antes. La rutina de la cama, a los dos cuentos y dos nanas, hemos añadido 10 besos gordos, un abrazo de oso, otro puñado de besos "de propina", el último beso de mamá... y así podríamos seguir hasta el infinito. Nuestros rituales han pasado de durar veinte minutos a una hora o más. Y durante todo el rato, en vez de estar tranquila, tumbada, disfrutando del momento de relajación, se lo pasa saltando en la cama, chillando, cantando o haciendo el pino, cada vez más nerviosa. Ayer le pregunté que por qué se ponía así, que mamá se ponía triste de que no se quisiera dormir. Ella me contestó que "ver a mamá enfadada es divertido", y yo en ese momento estuve a punto de perderlo.

En qué estará pensando...
Tampoco nos ha sabido decir si es que algo le da miedo, no parece que sea nada en concreto. Simplemente, parece que lo que no quiere es dormir. Quiere seguir con nosotros, jugando más. No le gusta dormir, y punto.

Y no conseguimos transmitirle la idea de que dormir es bueno, que ella lo necesita (y nosotros también). Total, que cada vez duerme menos horas, y encima sus despertares se han multiplicado. Ahora no se despierta y se vuelve a dormir, sino que llora, chilla, se baja de la cama... tenemos drama todas las noches. Pero sus gritos y lloros no son de miedo, que es lo que nos tiene descolocados. Ni monstruos, ni brujas (retiramos todos los cuentos y pelis que los tenían, por si acaso). Normalmente grita ¡no quiero dormir más! ¡quiero levantarme! y cosas así. Si se despierta antes de las 6 solemos poder volver a dormirla, pero ha tenido días de despertarse a las 6:30 y ya no volver a dormirse... Agotador.

¿Y esto para qué es? ¿una tlompeta?
Cada vez estamos más cansados, de peor humor... ya no sabemos qué hacer. Ya intentamos volver al colecho, y no hubo manera. Se despertaba incluso más, porque aprovechaba que nos tenía cerca para impedirnos volver a dormir (no se callaba, nos daba cabezazos y patadas... un desastre). Le hemos puesto una mariposa con circulitos. Si duerme bien, le ponemos una pegatina, y cada cuatro circulitos le damos un premio. Llevamos tres circulitos en diez días... no digo más, y eso que de esos dos no fueron noches "del tirón", sino sólo "mejores".

Pero lo de ayer ya nos terminó de descolocar. Se despertó gritando a pleno pulmón "¡¡NO QUIERO UN PUTO APERITIVO!!,¡¡NO QUIERO UN PUTO APERITIVO!! "

??????????????????????????????

Tardamos unos cinco minutos en salir del asombro y de la obnubilación, que a las cuatro de la mañana no es fácil de digerir una frase como ésa...

Guardabosques se levantó para intentar calmarla, e intentar enterarse de a qué cuento venía eso... Tras varios minutos, resolvimos que era "un punto negativo", y ya no sabíamos si reír o llorar. Ayer nos habíamos pasado la tarde en casa de un amigo con el que juega, al que dan "puntos positivos" cuando hace las cosas bien, y puntos negativos cuando se porta mal (rabietas, pegar, cosas así). Parece que se le quedó grabado. Guardabosques terminó de convencerla de que en esta casa no se ponen castigos, sólo pegatinas por dormir bien, y consiguió calmarla algo. Pero al rato estaba en nuestra cama. Y comenzó el "round". Dos horas de palmaditas, preguntas ("¿dónde está papá?" "pues lo estás tocando con un pie..."), saltos, trepados corporales...

Ayudando a papá a subir el sillín de su bici.
Ella dice que ha crecido porque "ha dormido mucho y comido mucho". Je,je...

Total, que uno se desvela; yo ya no me pude dormir hasta las siete, y así me ha cundido el día de hoy.

Estamos abiertos a sugerencias...

PD: este post lo escribí hace dos días. Me faltaban las fotos, y he tardado dos días en animarme a ponerlas (¿por qué habra sido???).

Preparada para ayudar a mamá a hacer tarta de manzana

PD2: Todas las fotos están hechas por la mañana. Ni pizca de sueño que tiene la tía...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 9 de octubre de 2012

Tengo un perro adolescente ¡¡socorro!!

Uno tiene un cachorrito monísimo y super bien socializado cuando de repente...


¿qué le ha pasado? ¿me lo han cambiado?

Se ha convertido en un perro grande, todo patas y cabeza, que tira de la correa y se lanza a ladrar y a saltar cada vez que ve a otro perro en la acera de enfrente.

?????

Pues las hormonas de la adolescencia, es lo que ha pasado. A partir de los 8 meses en los perros pequeños, y del año en los más grandes, las hormonas sexuales empiezan a secretarse, y el mundo cambia para el perro. Los antiguos compañeros de juegos de repente ahora se dividen entre posibles conquistas o posibles rivales. Y los desconocidos... bueno, esos suelen ser posibles rivales, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario (o resulten ser del sexo opuesto).

Total, que ese cachorrito que jugaba con todos los perros del parque, de repente empieza a dar y recibir revolcones. Empieza a medirse con los demás, y a gruñir. ¿Y qué es lo que hacemos? Le ponemos una correa, y nos lo llevamos. En vez de jugar con los otros perros, ahora pasea atado lejos de ellos. Cada vez tiene menos relación con los demás.

Entonces empieza lo peor. Nuestro perro tira de la correa como si le hubiera poseído un husky siberiano. Y va alerta cual agente de seguridad, patrullando el barrio en busca de otros perros. Y cuando ve uno... ¡a ladrar y a tirar como un poseso!

Entonces casi todo el mundo hace lo que ha leído en un libro, le han dicho en el parque, o ha visto en el desgraciadamente famoso programa de la tele. Y empiezan los tirones de correa. Las "correcciones". Y los collares de castigo, o de pinchos. Pero el perro, en vez de mejorar su conducta, como prometen todos, empeora... ¿por qué?

Pues muy simple, porque los castigos casi nunca funcionan, pero es que para esto, son muuuucho peor. Porque el perro no entiende el concepto "mi dueño me da un tirón de correa porque me estoy portando mal". El perro ni siquiera entiende que el tirón lo estamos dando nosotros. Él sólo entiende que cada vez que ve un perro, e intenta saludarlo, le duele el cuello. Lo que aprende es que los perros son muy peligrosos, porque su dueño ladra muchísimo (los dueños casi siempre gritamos a los perros que ladran para que se callen, ellos creen que estamos uniéndonos a su coro). Y además, los perros (o los extraños) producen dolor de cuello, así que, cuanto más lejos el perro, pues mejor. Y ¿cómo mantienen los perros alejados a otros perros? Pues ladrando. Y poniéndose echos unas fieras. Ataque preventivo, que se llama.


Pero lo peor ocurre cuando, con nuestro perro está en este estado de ánimo, tenso, nervioso y desconfiado, nos acercamos al otro perro. Entonces dos perros, nerviosos, con las hormonas disparadas y las correas tensas (luego, incapaces de huir o poner espacio de por medio) se alcanzan. Pero se alcanzan de verdad, porque entonces la probabilidad de que se enganchen es altísima. Y entonces se decide que el perro es peligroso, y que no podemos acercarnos a otros perros y.... seguimos con el círculo vicioso.

¿Cómo rompemos este círculo? ¿Cómo conseguimos que nuestro perro se acerque tranquilamente a otro?

El collar: 
fuera collares de castigo, pinchos, ahogo... (a los eléctricos ya ni los mento...). Ponle un collar normal. Si es un perro de mucho tirar, tienes otras opciones, más efectivas y que no duelen. Si el perro es de hasta 15-20kg, yo te recomiendo un arnés de los que se enganchan en el pecho en vez de por la espalda, tipo easywalk. Con los perros más grandes también funciona, pero un poco menos. Y si no, un collar de cabezada, tipo gentle leader o halti.

Que conste que nadie me paga por hacer publicidad, es que realmente funcionan. Los enlaces son orientativos, hay otras marcas que funcionan igual de bien. Con estos arneses y collares, el perro no puede tirar, porque los perros tiran con el pecho, y estos van enganchados por delante. Así no tienen músculos con los que tirar, así que no tiran. Y cuando lo intentan, se giran, y te miran a tí. Premio doble.


El espacio: 
acércate al otro perro/persona sólo hasta la distancia en la que tu perro lo mira, pero sin ponerse nervioso, tirar de la correa, o ladrar. Deja que le eche un buen vistazo, y que elija si se quiere acercar o no.
Si hace alguna señal de calma, prémiale por ser bien educado. Si rompe el contacto visual, también.
Y entonces aléjalo. Esto hace que el perro se tranquilice, y aprenda que, si no quiere, puede no acercarse al otro perro/persona si no quiere. Le da opciones. Que con la correa puesta, normalmente, un perro no las tiene.
Si el perro, una vez alejado, sigue mirando con curiosidad, vuelve a acercarte, despacio, hasta donde aguante sin ponerse a cien.
Repite el ejercicio.
Ya verás como poco a poco puedes acercarte más al perro, y que cuando llegas hasta su lado, en vez de un potro salvaje tienes a un perro tranquilo y curioso, dispuesto a hacer amigos. Esta es la base de los ejercicios B.A.T., de los que tengo que escribir una entrada.

El acercamiento: 
No te acerques de frente, en línea recta hacia el otro perro. Rodea un poco. Si no tienes espacio, cambia al perro de lado, para ponerte tú entre los dos perros. Así rompes su contacto visual. Acercarse de frente es de muy mala educación para un perro. Y muchos adolescentes no se acuerdan (¿desde cuándo los adolescentes siguen las reglas de urbanidad?). Acerca la cabeza de tu perro a los hombros del otro perro o incluso a su trasero, nunca a su cara.


El tiempo: 
Una vez estás al lado del perro al que vais a saludar, espera a que los perros empiecen a olerse, o se pongan el uno al lado del otro, cuenta 2 segundos. Entonces llama a tu perro por su nombre, distráelo, y aléjalo. Prémialo por alejarse, y por prestarte atención, a unos pasos del otro perro. Si quiere volver a saludar, deja que se vuelva a acercar, cuentas 4 segundos, y lo vuelves a alejar. Sigue así, aumentando el tiempo poco a poco, hasta que veas que hacen señales de juego, o que se alejan.

Si ves que hacen señales de juego, es el momento de soltarlos (si se puede, claro). Pero no te desentiendas, los perros jóvenes se emocionan fácilmente, se ponen nerviosos, y se "pasan". Si ves que el juego sube de tono, llama a tu perro, sepáralo, y cálmalo antes de volverlo a soltar a jugar.

Si después de un acercamiento, ves que tu perro no muestra más interés, llévatelo y no fuerces más el contacto. Pensamos que todos los perros quieren saludarse durante minutos, y llegar a ser amigos del alma, pero no es verdad. A veces con un  "Buenas, Buenas" tienen suficiente. Otras se conforman con un "¿qué tal? ¿y tú de quién eres?", y lo dejan ahí. Con los extraños, las charlas insustanciales de ascensor son incómodas, pero el forzar la relación entre adolescentes además, puede ser peligrosa.

Y por último, pero lo más importante.

La correa:
LA CORREA, SIEMPRE, SIEMPRE, FLOJA.
No creo que me canse nunca de decirlo. Un perro con la correa tensa se siente atrapado. No puede huir. Y los perros nerviosos y desconfiados, que no pueden huir, atacan. Además, la postura de un perro que tira de la correa es exactamente igual a la de un perro seguro de sí mismo que amenaza a otro perro que tiene delante. Lo que favorece las peleas todavía más.

Las correas flojas, en forma de J, los perros por fuera
Mantén la correa que haga una "J" entre tú y tu perro. Siempre.

Y por supuesto, si tu perro tira de la correa, enséñale a ir a tu lado. Si no sabes cómo, contrata a un adiestrador que trabaje en positivo, compra un libro de adiestramiento en positivo (en knsediciones encontrarás muchos buenos) o ponle un arnés o halti de los que he hablado antes.

  ¡¡Pero no le des tirones!!

O convertirás a un perro adolescente pero feliz en un adulto malhumorado y peleón. En tus manos está, y nunca mejor dicho.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 2 de octubre de 2012

Mi experiencia con la lactancia materna



Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y para celebrarlo os voy a contar mi experiencia. La verdad es que me asombra no haberla contado todavía, pero cuando empecé este blog ya estábamos en sus últimas fases y luego nunca encontré momento. Así que llegó la hora de contar mi "batallita de lactancia".

Porque esa es otra. Toda madre que ha amamantado tiene su "batallita" de lactancia. Y no es porque nos guste contar la historia, es que lo normal es que tengan bastante miga. Casi todas tuvimos problemas al principio, entre medias, al final... Lo que debería haber sido algo tan simple como "ponte el niño al pecho y que mame" acaba siendo una carrera de obstáculos y una oda a la cabezonería.

Yo nunca pensé que fuera a tener problemas de lactancia. Como veterinaria, he atendido muchos partos, naturales o por cesárea. Pero ¿problemas de lactancia? Déjame pensar.... ¿tres? Y eso que hice mis prácticas en una clínica que atiende a un montón de criadores... En fin, cachorritos huérfanos sí, cogidos de la calle abandonados. Alguna mastitis cuando los cachorros ya tienen dientes, algún cachorro algo "atontao", una retención de leche, una eclampsia... poco más. ¿Problemas de enganche? Casi cero. Y eso que cesáreas hacemos muchas, pero normalmente las perras salen de la cesárea en media hora, despiertas y con sus cachorros enganchados en las tetas. Sin más.

Así que yo pensé que sería algo parecido.

Je,je.

Y eso que dí a luz en un hospital "concienciado", que te ponían el bebé en el pecho nada más nacer. Y te lo dejaban contigo dos horas, antes de hacerle las pruebas (menos a la mía, que se la llevaron nada más salir, por prematura... otra batallita que tengo que contar).

Y sí, te lo dejaban contigo, y ¡ale! tú solita te apañas. Menos mal que teníamos el maravilloso libro de Carlos González, que si no...

Porque Pollito se adelantó un mes, y con 2,300kg, estuvieron a punto de llevársela a la incubadora. No se la llevaron, pero al ser tan pequeña, pues estaba algo débil, costaba muchísimo despertarla para que mamara. Como una vez al día, se enganchaba ella solita y mamaba bien. El resto... pellizcos, desnudarla, cosquillas en los pies para que se despertara... nada. Las enfermeras ofrecieron sus biberones, y dijimos que no. Con el cambio de turno, vino otra que trajo una jeringuillita con un poco de suero glucosado, le dio unas gotitas cuando estaba al pecho, por un ladito, y se animó algo más. Probamos con ese truco varias veces, e iba funcionando.


A las 48h nos dieron el alta. Yo estaba algo alucinada, porque pasar de casi llevarla a la incubadora, a que te den el alta en 48h, pues me pareció un poco fuerte. Total, a casa, con pesados diarios y una "ayudita" de biberón si perdía más de 200gr., y a mí me seguía sin bajar la leche. Los gramos los perdió, claro.

Como yo soy cabezona, le compré la leche de fórmula, pero en vez  de dársela en biberón se la dábamos entre la teta y sus labios, con una jeringuilla. Como mucho se tomaba entre 30 y 60 ml. Vamos, nada. Nos sentimos culpables, le dimos mil vueltas... pero la niña parecía estar bien. Al día siguiente me bajó la leche, y en un par de días la cosa se normalizó. Empezó a dormirse más tarde, a chupar más, y fue recuperando su peso. Pasamos de la leche de bote, y seguimos solas.

No tuve grietas, sólo los pechos algo escocidos, y el dolor de la hinchazón de los primeros días de la salida de la leche. Yo me untaba aceite de rosa de mosqueta entre tomas, y me fue muy bien.

A los tres meses, me detectaron que tenía un resto de placenta, y que había que quitarlo. Pero antes, tenía que tomarme una medicación, para ver si lo echaba yo por mí misma. Cuando pregunté si era compatible con la lactancia, me pregunto la ginecóloga "¿todavía?"... y yo flipé, claro. "Bueno, pues le das tres días biberones y ya está". Jodeeeeeerrrrrr..... lo dice como si fuera fácil....


Pollito no quería biberón ni en pintura, claro. A mí me rabiaba sacarme la leche y tirarla. Con lo que costaba... Y verla y oírla llorar, porque la pobre no entendía nada... me estaba rompiendo el alma. Así que me lancé a internet. Encontré la página del Hospital de Denia, que explica lo que se puede tomar mientras das el pecho, y lo que no.

Pues resulta que la medicación que yo tomaba no sólo no estaba contraindicada, sino que como efecto secundario disminuía ligeramente la producción de leche, y recomendaban dar de mamar más veces al día, para compensar. Toma ya. Hablé con un amigo pediatra, y al día y medio de empezar la medicación volví a poner a la teta a Pollito.

Y hasta que cumplió trece meses, ahí estuvimos, felices y contentas. Con sus picos de crecimiento, sus mordisquillos y sus cosas... pero felices. A los trece meses yo decidí hacerle el destete nocturno, a ver si así dormía más (ja, ja!). Y ella decidió hacer el destete diurno. En diez días acabamos con la lactancia, y casi no me volvió a pedir (el final de mi lactancia aquí).


Y yo lo suponía fácil...

Espero que con la segunda bebé todo vaya aún mejor, yo ya tengo experiencia, y más seguridad. Así que sí, claro que le daré el pecho. ¿Hasta cuando? Hasta que nos apetezca. ¿Por qué? Porque es lo más natural, lo más sano física y emocionalmente y además.... además es un placer por el que ninguna madre tendría que tener que luchar.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es