miércoles, 13 de febrero de 2013

Salir de cuentas, sueños recurrentes y pan rallado

No, no soy yo
Éste es el raro resumen de mi vida en este momento.

Ya estoy en mitad de la semana 39 de gestación, y si no lo veo no lo creo. Después de un mes y pico en reposo, nerviosos y esperando minuto a minuto a la próxima contracción... pues pasamos de la semana 37, y aquí seguimos esperando. Se me está haciendo eterno. Nos habíamos hecho a la idea del embarazo corto, y que va a ser que no. Y yo estoy tremeeeenda. Claro, con la otra no pasé de la semana 35, y un mes más se nota, y mucho. El volumen de mi tripa, descomunal. Hay que tener en cuenta que mido 1,50m, soy estrecha de cadera, y casi no he cogido peso en el resto del cuerpo. Sólo TRIPA. Cada vez que me miro en el espejo, no entiendo cómo no basculo y me caigo hacia adelante.

Ayer tuve cita con la gine, y me dijo que algo he avanzado. Tengo el cuello del útero blando, y dilatado de 2cm "holgados", y ya bastante más bajo. Según ella, no llego al fin de semana. Claro, que llevo así mes y medio... Aunque por otro lado, en algún momento tendrá que acertar, porque la peque salir, algún día tiene que salir. Dado mi (escaso) tamaño, también me ha dicho que si para la próxima revisión de la semana que viene no he dado a luz, me provocaría el parto para finales de semana. Que mejor eso que cesárea de urgencia una semana más tarde porque la niña no cabe para salir. Me preocupa un poco, yo quería un parto menos medicalizado que el anterior y... lo mismo lo es todavía más. En fin, cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él. Si llegamos, claro.

Por lo demás, estoy bien. Quitando los achaques de casi todos los embarazos, claro. Dolor de riñones, pies hinchados, incapacidad para agacharse (vale, agacharme puedo, lo que no puedo es levantarme luego del suelo). El otro día, en la fiesta de carnaval de Pollito me tuve que subir a una grada. Je,je, puse un pie en el primer escalón, y ni pa'lante ni pa'trás. Tuvieron que auparme.

Sigo con contracciones como cada hora, o media hora. Empiezan a ser más molestas, como de dolor de regla. Y noto la cabeza de la niña haciendo presión en el sacro, así que a ver si es verdad que esto está evolucionando. ¿Estaré en preparto, y esta vez de verdad?

Las noches son lo peor, y que me perdone Suu por la comparación. Entre la acidez que no me deja acostarme pronto (con pastilla y todo y necesito casi 4 horas sin tumbarme después de cenar), y que las contracciones son cada hora, y me dan ganas de hacer pis... pues me paso la noche de paseo. Eso sí, la última contracción de la que me doy cuenta es como a las 3:30, y luego me duermo a plomo hasta las 7:30 o así. No sé si es que en ese período no tengo contracciones, o estoy tan muerta que ni me entero. Menos mal que Pollito lleva un par de semanas durmiendo mucho mejor, y ese rato lo puedo aprovechar completo.

http://oidoenlacocina.com/tag/pan/

Eso sí, con sueños raros. Uno de los últimos, uno mío ya recurrente. Me encuentro delante de una mesa llena de platos con bocadillos. No sabéis la pintaza que tienen. Cojo uno, lo muerdo. Es de chorizo, crujiente, blandito, grasosito...mmmmhhh... riquísimo. Entonces me acuerdo de que soy celíaca (y este pan, sin gluten, desde luego no es). Me entra un cargo de conciencia, y un mal cuerpo de espanto. Pero me lo como. ¡¡ME LO COMO!!

Me recuerda a los sketchs de Faemino y Cansado, cuando uno de ellos escuchaba balar a los corderos, salvaba a uno y ¡¡se lo comía!! Y claro, se sentía super culpable... pues yo igual.


(Merece la pena verlo entero, pero lo de los corderos, a partir del minuto 2:40).

Y si juntas éste sueño, con las hormonas aceleradas, y mi síndrome de nido (que nunca he dejado de tener, sólo que el reposo absoluto tenía amordazado)... pues llevo una semana amasando pan. Me lo planteé como reto para este año: un pan sin gluten rico, crujiente y esponjoso, sin harinas comerciales ni "raras". Vamos, que cualquier recién diagnosticado pueda ir al súper, comprar cuatro cosas, y tener un pan (relativamente) barato que le haga la vida un poco menos difícil.

No sé si lo conseguiré, por ahora tengo pan rallado para unos dos millones de croquetas. Menos mal que a ésas sí que les he pillado el truco. Guardabosques me mira, pone los ojos en blanco, y me deja. Si me mira más rato, le digo "bocadillo de chorizo", y me deja en paz. No sé si lo entiende, pero por lo menos me deja a mi aire.

Ya os contaré, si doy a luz a una niña, o a un bocadillo de chorizo...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 12 de febrero de 2013

Perrito nuevo (I): los primeros días en casa, estableciendo vínculos



Te has comprado un perrito, o te lo han regalado, o lo has adoptado. Le has comprado una cuna, unos platitos muy monos, unos juguetes, lo dejas en el suelo y... ¿ahora qué?

Lo primero es preparar para el cachorro un “sitio seguro” y confortable.

Un rincón del salón, del dormitorio o de la cocina, donde tenga su cuna, sus juguetes... donde pueda meterse para jugar, dormir, o simplemente estar tranquilo. Para los primeros días, lo mejor es preparar un rincón separado del resto de la habitación por puertas de bebés, un enrejado, o una jaula grande. Que no tenga nada peligroso para el cachorro (cables, enchufes, cosas que se pueden caer o que son peligrosas si se muerden). Allí dejaremos, en un rincón, la cuna del cachorro, su comedero, el agua y sus juguetes. Al otro extremo pondremos una bandeja para gatos con arena, o papel de periódico (más sobre cómo enseñarle a ser limpio más adelante).


Hay que decidir con el resto de la familia los horarios de comida, paseos y juego. Al principio debería
comer unas tres veces al día, cuanto más estricto sea con los horarios, mejor. El agua debe tenerla siempre puesta, aunque se la puedes retirar por las noches. También hay que decidir qué es lo que el cachorro va a poder hacer, y qué es lo que no (dormir en el dormitorio, subirse a los sofás...) y mantener siempre las reglas iguales, para no marear al perro. Para más sobre dormir con tu perro, pincha aquí. Para un cachorro, lo mejor es dormir en una habitación acompañado, pero en su cuna (atado con una correa cortita para que no se vaya de paseo nocturno y se haga pis por ahí) o metidito en una caja. Así llorará mucho menos, y si se pone muy nervioso podemos llevarle a otro lugar a hacer pis, o acariciarlo para que se tranquilice.


Estableciendo un buen vínculo:

Hoy vamos a explicar cómo comenzar la relación con nuestro cachorro con buen pie. Tenemos que tener en cuenta, que el cachorro (o perro adulto) que llega a nuestra casa, es sociable, pero no nos conoce de nada. No tiene un vínculo afectivo con nosotros, en definitiva "no nos quiere". Los cachorros piden atención y mimos desde el primer día (hay que preocuparse si no lo hacen...) pero eso no quiere decir que nos tengan afecto, es que los cachorros son así. Ahora tenemos que ganarnos su confianza, amor y lealtad, para que en el futuro confíen en nosotros y deseen seguirnos.

Lo más importante: no regañar nunca al cachorro.

Los cachorros se meten en todo tipo de líos, en sus ganas de jugar y conocer el mundo. Si comenzamos nuestra relación con el perro regañándolo, pegándolo o metiéndole miedo, nunca conseguiremos tener una relación equilibrada con él. Siempre desconfiará un poco de nosotros, y el problema surgirá en la adolescencia: no le gustará el contacto físico, no se dejará agarrar, se asustará o no se fiará de las personas...

Hay que EVITAR las situaciones en las que tendríamos que regañar al perro. Los cachorros se meten por todas partes, se suben a todos los sitios que pueden, muerden cosas para saber si saben bien... está en su naturaleza, es su forma de reconocer los nuevos objetos, de aprender cosas nuevas y de investigar. Pero que sea un comportamiento normal no quiere decir que no pueda ser desagradable para nosotros ni peligroso para el perrito.

Nosotros somos el animal con el cerebro más grande de la casa, usémoslo para PREVENIR lo que sabemos que va a ocurrir: hay que poner los objetos tentadores (zapatillas, calcetines, mandos, teléfonos móviles, juguetes de los niños...) fuera del alcance del cachorro (en alto). El cubo de basura, lo pondremos fuera de su alcance, lo guardaremos en un armario, o pondremos peso encima, para que no lo pueda abrir. Las patas de las mesas y los cables, podemos protegerlos untándolos de aceite de limón (en herbolarios lo venden, es de uso alimentario).

Cuando el cachorro esté suelto por la casa, lo mantendremos VIGILADO en todo momento. Para que ésto sea más fácil, y el cachorro no se escape en un momento de distracción, podemos hacer dos cosas. O cerrar la puerta de la habitación para que esté con nosotros y no se vaya, o nos lo atamos a la cintura con una correita ligera. Prefiero esta segunda opción, porque: así comienza a aprender a andar con correa, establecemos un vínculo fuerte con él al "obligarlo" a estar con nosotros todo el rato, el cachorro aprende los ritmos de la casa, y es imposible que se meta en líos.

Y así nosotros también estaremos "obligados" a hacerle caso al cachorro, el rato que estemos en casa (que puede no ser mucho). No hace falta que lo lleve siempre la misma persona, os podéis turnar entre todos para que el perro establezca vínculo con cada uno, y todos se responsabilicen en algún momento de él. Tampoco  hay que estar haciéndole caso todo el rato, aunque esté unido a nosotros. Si nos sentamos a trabajar o a ver la tele, tiene que comprender que es un rato de estar descansando a nuestro lado. Tenemos que seguir con nuestras rutinas diarias, sólo que ahora lo haremos acompañados. Podemos aprovechar los momentos de tranquilidad para irle enseñando a sentarse, tumbarse, y estarse quieto.

Premia todo lo que puedas:

Métete la mitad de la ración diaria del cachorro en el bolsillo. Así puedes premiar cada vez que veas al perro haciendo algo que te gusta. ¿Está tumbadito tan tranquilo? Premio. ¿Está mordiendo uno de sus juguetes, en vez del cojín de la abuela? Premio. ¿Le has llevado a su sitio y ha hecho pis? Premio. ¿Te levantas, echas a andar y te sigue? Premio. ¿Se te han acabado los premios? Pues ¡a jugar! Y así todo el rato que estemos con el perro. Cuantas más cosas premiemos, con comida, juego o caricias, más nos querrá nuestro perro, más vínculo afectivo tendremos con él. Y más rápido aprenderá a hacer las cosas bien, en vez de hacerlas mal.

Si en algún momento no podemos vigilarle, le dejaremos en el "sitio seguro" del que hablábamos en el anterior post. Pero hay que intentar evitar esto lo máximo posible. Los perros son animales sociales, y no les gusta quedarse solos. Probablemente ya pase suficientes horas solo, cuando la familia está en el colegio o trabajando, para tener que quedarse solo también cuando estamos en casa.


Las correcciones:

Como ya hemos dicho, si queremos evitar que el cachorro haga algo, lo mejor es evitar que pueda hacerlo. Pero seamos realistas, mantener a un inquieto cachorro vigilado el 100% del tiempo es imposible, en algún momento escapará la vigilancia y... seguro que se meten en un lío. Si ya es demasiado tarde para prevenir, lo mejor es interrumpir su acción en el momento en que está empezando: cuando el perro pone una pata encima del sofá, o se acerca demasiado a un cable de la luz... (no cuando está dormido encima, o lleva cinco minutos mascando la silla). En ese momento, lo mejor es hacer un ruido no muy fuerte (una palmada, un chistido) para atraer su atención, y cogerle en brazos, todo esto unido a un “NO”, “MAL” o cualquier otra palabra, dicha en voz grave y cortante, pero sin gritar.

Queremos interrumpir el comportamiento, no asustar al cachorro.

Una vez ha parado lo que estaba haciendo, hay que darle algo enseguida con lo que sí pueda jugar, uno de sus juguetes, por ejemplo. Entonces le premiaremos por jugar con su juguete, en vez del zapato nuevo.

El castigo nunca debe ser físico, tiene que ser inmediato y siempre debe ser lo más rápido y por sorpresa posible. Y siempre debe de ir seguido de una conducta aceptable que podamos premiar.

Repito: interrumpir, redirigir, premiar. En ese orden, y muy rápido.

Si nos encontramos un mueble mordisqueado, un pis en el salón o el papel higiénico por toda la casa, pero el perro no está cometiendo el acto en ese momento, no haremos nada. Guardaremos al cachorro en otra habitación hasta que hayamos limpiado el desastre, para que no nos vea arreglar los desperfectos.

Pero NO LE REÑIREMOS NI LE CASTIGAREMOS. Tenga en cuenta que en el momento en el que el cachorro termina la acción ya no puede relacionar causa-efecto y no sabrá por qué le regañamos, y el castigo será inútil. Lo único que conseguiríamos sería que nuestro cachorro nos cogiera miedo, y eso estropearía nuestro vínculo con él.

Y recuerda este "mantra":

Cuanto más se premien las buenas conductas, menos se tendrán que corregir las malas.

Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.

Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 10 de febrero de 2013

Harinas sin gluten (II): composición y comparación


Cuando uno pasa del mundo con gluten al mundo "sin", lo primero que te choca es una cosa. En las recetas normales, la harina es harina. Y punto. Como mucho, se usan dos. Harina normal (para repostería y rebozados) y de fuerza (para panes y masas panificables). Pero en el mundo sin gluten... ¡¡hay como mil!!

Para un repaso de las harinas que tenemos disponibles, puedes pasarte por la entrada de harinas sin gluten (I). Hoy me voy a centrar en el por qué de tanta harina, y las diferencias entre ellas.

Pero ¿de qué se compone la harina?

Todos los alimentos, básicamente, se componen de 4 cosas: proteínas, hidratos de carbono, fibra y grasa. Las harinas salen de los cereales y las legumbres, vamos, de semillas, que tienen una gran cantidad de hidratos de carbono, la energía que necesita la futura planta para crecer. La mayor parte de estos hidratos de carbono están en forma de almidón, aunque también hay algunos azúcares. Dependiendo de qué planta proceda la harina, tendrá más o menos proteínas. Las legumbres son ricas en proteínas, las harinas no refinadas de cereales tienen algo menos, y los almidones (harinas refinadas) se hacen retirando las proteínas, la grasa y la fibra, así que casi no tienen.

En el mundo con gluten, usamos dos harinas: la normal y la de fuerza.

La diferencia entre estas dos es que la de fuerza tiene más proteínas: la normal tiene en torno a un 10%, y la de fuerza en torno al 13%. La diferencia es que, como el 80% de esta proteína de la harina de trigo es gluten, pues la de fuerza tiene más gluten que la normal. El gluten es lo que hace que la miga esté cohesionada, que sea elástica, aunque también da gomosidad.

Las harinas sin gluten en general, tienen un problema para panificar. Y es que claro, no tienen gluten. Para emular el comportamiento del gluten, tenemos dos opciones: encontrar un hidrato de carbono (almidón) que sea viscoso (maizena, yuca) o aumentar la cantidad de proteína en la masa. El problema con el almidón viscoso es que hace masas que no disgregan pero que se quedan "mazacote", así que no podemos abusar. Además, el almidón da energía, pero poco más, muy nutritivo, no es. Así que lo mejor es aumentar la proteína en la masa.

Para aumentar la proteína en la masa, tenemos dos opciones: incorporar proteína "pura" (huevos, leche) o harinas con mayor contenido en proteína (de legumbres, o harinas no refinadas). La tercera opción es la que usan los fabricantes: el almidón es caro, la proteína cara. Así que añaden sustancias químicas para emular el comportamiento del gluten, pero que no añaden valor nutritivo (espesantes, gomas, gasificantes...). Estos componentes químicos, además, son los que dan a nuestros panes ese sabor a "sin gluten" tan característico.

A día de hoy, no existe una única harina de características comparables a la de trigo, pero que no tenga gluten. Así que, para intentar que nos quede el pan lo más parecido posible al glutenero, debemos mezclar. Y experimentar. Y es complicado, porque casi todos los panes con gluten se hacen con harina de fuerza, agua, levadura y sal. Y con eso, tenemos decenas de panes distintos, con distinta miga, distinto sabor, distinta corteza... Pues ahora imaginad que en vez de cuatro ingredientes, tenéis ocho. Las posibilidades son casi infinitas, pero por eso el que salga un pan comestible también es difícil de conseguir.


¿Cómo se hacen las combinaciones de harinas?

Pues hay que intentar que la composición final sea equilibrada, y lo más parecida en composición a la harina de fuerza de trigo, que es la que estamos intentando imitar. Os pongo una tabla de la composición de las harinas más utilizadas, para que podáis comparar y diseñar vuestra mezcla.

Harina % Proteina % Hidratos Carbono% Fibra % Grasa
H. Trigo repostería 10 70,5 4,5 1,2
H. Trigo fuerza (pan) 13 70,5 4,5 1,3
H. Garbanzo 22,5 58 11 6,7
H. Quinoa 14 66 4 4
H. Trigo sarraceno 12 71 4 2
H. Maíz amarilla 8,3 66 9,5 3
H. Arroz blanca 7,5 79 0,2 0,6
Almidón maiz (Maizena) 0,4 88 0,6 0,08
Almidón yuca 0,4 84 0,2 0,4
Almidón patata 0,1 80 0,1 0,2


Como podéis ver, las mezclas más habituales que usamos, a base de maizena y harina de arroz, van muy pobres de proteínas. Por eso las masas mejoran mucho cuando añadimos harinas más proteicas, como el garbanzo, el trigo sarraceno y la quinoa. Cuando añadimos yuca, que es gelificante, mejora la manejabilidad de la masa, pero a veces la masa queda demasiado mazacote, y endurece pronto. Lo mismo pasa con la maizena. La harina de arroz es algo intermedio, tiene más proteína, pero su almidón no es viscoso, y se deshace, desmiga y no es elástica. El almidón de patata, igual que el arroz, desmiga, pero a cambio absorbe más agua, y las masas quedan menos secas.

Lo que también hay que tener en cuenta, es que el sabor y el aroma lo da básicamente la proteína. Lo que nos gusta es el sabor del gluten de trigo, por eso el pan es tan difícil de imitar. Si hacemos pan sólo con almidón, queda soso. Si le ponemos demasiada harina rica en proteínas, nos sabrá demasiado fuerte (y también quedará demasiado mazacote).

Así que tenemos que buscar el equilibrio, mezclando harinas de distintas características, y otros elementos que aumenten la cantidad de proteína, como leche o huevo. El problema del huevo es que da bastante sabor (aunque se podrían usar sólo las claras) y da bastantes alergias. El de la leche es que hay muchos celíacos que no la toleran, así que estoy intentando evitar estos dos ingredientes, y usar sólo harina, y en todo caso, leche de soja (normal o en polvo).

Cuando hacemos bizcochos, ponemos leche y huevos, que tienen mucha proteína. Por eso podemos usar sólo almidones y harina de arroz y quedan bien. Si no pusiéramos nada más, probablemente quedaría muy soso, pero como ponemos frutas, chocolate, vainilla... pues no se nota. Pero para el pan... no hay forma de disimular.

Algún día lo conseguiremos...

Voy a empezar a experimentar con distintas mezclas, intentando evitar las harinas comerciales, y ¡ya os contaré!


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 8 de febrero de 2013

Más que amigos


Me parece increíble que hace seis meses estuviéramos preocupados por las dificultades que tenía Pollito con los otros niños. Se pasó varios meses que no quería ir a la guarde, porque los niños la "pegaban"... bueno, la pegó un niño una vez, pero se le quedó muy marcado, y lo arrastró mucho tiempo.

Tuvimos una temporada difícil, con ataques de vergüenza y "papitis" con los adultos, y desconfianza total con los otros niños. No quería jugar con nadie que no fuéramos nosotros. Sólo jugaba con su amiga C., y eso sólo de vez en cuando. Con su amigo H., con el que lleva jugando desde que nació (y antes, que yo iba a gimnasia para embarazadas con su madre), también jugaba, pero a su lado, no con él.

Con esa inseguridad de padres primerizos (y tímidos), nos preocupamos, le dimos vueltas a cómo hacer que se sintiera mejor... pero al final no hicimos "nada". Decidimos apoyarla, no insistir en el tema, y jugar con ella cuando no quería estar con otros niños, achucharla cuando nos pedía mimos delante de otras personas, e intentar no forzar las situaciones ni darle más importancia al asunto.

Tres meses después comenzó el colegio. Pensamos que lo iba a pasar fatal. Los "niños grandes" todavía le daban miedo, y eso que en la guarde las clases las agrupan de seis meses en seis meses de edad. En la guarde era la más peque de su clase, pero los mayores tenían seis meses más que ella, como mucho. En el cole, la diferencia sería de un año entero. Por lo menos, cuatro de sus compañeros iban con ella a la guarde, y por lo menos no le eran del todo desconocidos.

En el cole les hicieron un periodo de adaptación estupendo. Poquito a poco, les fueron presentando a sus nuevos compañeros, de cinco en cinco cada vez. Al tercer día, nos pidió quedarse a comer en el comedor del colegio, con sus nuevos amigos. Y empezamos a flipar. Y la dejamos, claro, si ella quería...

Con lo que tampoco contábamos fue con la ayuda de su amiga C. A C. la conocimos cuando Pollito tenía menos de un año. Es vecina, hija de los amigos de unos amigos, y tiene justo un año más que mi niña. Es una niña muy dulce y cariñosa, y se llevaron bien desde el principio. C. va al mismo cole que Pollito, sólo que a otra clase, claro, porque tiene un año más. No comparten clase, pero comparten patio.

Desde casi el primer día de cole, C. empezó a buscarla en el patio para jugar con ella. Pollito se unió a su grupo de amigos de 4 años, y bajo esa "protección" de los mayores, ha ido perdiendo el miedo a los niños grandes, y ha hecho un montón de amigos.

Como los niños de 4 años ya quieren celebrar su cumple, comenzaron a invitar a Pollito a sus fiestas. Y ella encantada con el jolgorio, claro. En Octubre empezó a planear su cumple, a decidir a qué amigos invitar. La lista cada vez se hacía más grande...

Pero con las amistades y los amores ¡ay!, llegan los desamores. Después de varios meses de "idilio", su amiga C. ha tenido una etapa complicada, y ha vuelto de las vacaciones un poco rara. No quería salir al patio, ni jugar con otros niños. Y Pollito ha estado desolada durante días. Pasaba las tardes muy triste, e incluso algún día ha vuelto del cole llorando. A mí se me partía el alma, que te rompan el corazón a esta edad...

Intentamos explicarle que podía jugar con otros niños en el patio, no sólo con su amiga C., y que su otra amiga CC. seguro que quería jugar con ella. Le preguntábamos los nombres de sus otros amigos, y le explicábamos que si C. no quería jugar, pues tenía a todos los demás para elegir.

Ahora C. está mejor, ya quiere jugar más,  y a Pollito se le está pasando la tristeza. Y eso que ha llovido varios días, y como no están saliendo a jugar al patio, casi no se han visto. Parecía que Pollito había conseguido ampliar el círculo de amistades otra vez.

Hasta ayer. Os transcribo la conversación a la salida del cole.
- ¿Qué tal ha ido hoy?¿Habéis salido al patio? (A ver si hoy está contenta porque ha visto a C. o no...)
- No... (mi niña no suelta prenda por sí sola, hay que  hacerle el tercer grado)
- ¿Con quién has jugado hoy?
- Con CC no, ya no es mi amiga... (¡Ostrás! ¿dos roturas de corazón en dos semanas?)
- ¿Y eso, os habéis enfadado?
- No, es que ahora soy la novia de E (Ataque de risa de su madre, alivio total, intriga absoluta)
- Bueno Pollito, pero por ser la novia de E no tienes que dejar de ser amiga de CC, puedes hacer las dos cosas a la vez
- Pero es que ahora soy la novia de E, CC ya no es mi novia... (me parece que tenemos un lío con los términos...)
- Pollito, un novio es el niño que más te gusta de todos.
- Entonces mi novio es I.
- ¿Pero tu novio no era E.?
- Bueno, pues los dos (tendrá morro, la tía)
- Pollito, novio es mejor tener sólo uno, que los demás se enfadan...

Qué tía, en seis meses hemos pasado de ser una ermitaña a una rompecorazones... cómo cambian los niños en nada de tiempo.

¿Y yo?
Pues aquí sigo, esperando. Pero hasta el día 20 no salgo de cuentas, así que todavía hay tiempo. Parece que una vez he pasado la racha de las contracciones, la niña está mucho más cómoda y ha decidido quedarse otro poquito. Si no fuera por la acidez y el dolor de espalda... por mí se podía quedar hasta la semana 42. Claro, que ya me han dicho que si la peque llega a pesar más de 3,5 kg me provocan el parto, que tienen miedo de que si no no pueda salir. Pero vamos, estamos ahora en 2,900 kg, así que tenemos tiempo.
¡Seguiremos informando!

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es