jueves, 7 de marzo de 2013

Gofres en donete, o donete de gofre, sin gluten (opcional sin lácteos)


Hace unos meses me compré una donutera. Antojo.

Probé varias recetas de donuts con ella, pero nada, salían densos, como piedras, no me gustaron nada. Y pensé ¿y si me busco una receta de gofre francés, que salen tan blanditos, y pruebo?

Al fin y al cabo, una donutera es una plancha con agujeritos, y la gofrera igual... Probablemente también servirá la sandwichera para hacer gofres, todo es intentarlo...

La receta es la que viene en la web de Schar, con la harina Mix Dolci. Pero vamos, es una receta de repostería con levadura química, así que puedes elegir la harina sin gluten de repostería que tengas en casa, o mezcla de harina de arroz y maizena. Yo he probado de las tres formas que cuento, y salen ricos.

Ingredientes:

125 gr de harina Mix C Dolci de Schar (o 75 gr de harina de arroz y 50 de maizena), yo puse 100 gr de mix C y 25 gr de harina de garbanzo
70 gr de mantequilla o margarina, o de aceite, que quedan muy esponjosos
2 huevos
100 ml de buttermilk o de leche (puede ser normal, de soja o de arroz) con un chorrito de limón
100 gr de azúcar
pizca de sal
1 cucharada de azúcar avainillado
1 sobre de levadura química o 2 de gasificantes

Así saben a gofre francés. Si quieres que sepan a donut de los de Panrico, añade ralladura de naranja (o unas gotas de esencia) y dos semillas de cardamomo.


Mezclar todo bien, hasta que se haga una pasta bastante líquida. A mano se bate fenomenal, pero con cualquier batidora o con la termomix quedan bien. Es parecida a la masa de tortitas en consistencia. Deja reposar unos minutos, y verás como cambia la masa, se espesa y se llena de agujeros, se esponja.

Poner a calentar la donutera (o gofrera, si tenéis, o sandwichera si os atrevéis a probar), y echar la masa hasta rellenar el pocillo cuando la máquina diga que está caliente (la mía tiene una luz). Dejar unos 7-9 minutos, hasta que estén doraditos y se despeguen bien de la máquina.

Ahora puedes espolvorear azúcar, o sirope de arce, o untarlos con nocilla, o mermelada.... ummmm. Como los hice un domingo, me puse a experimentar con los glaseados, os pongo unos ejemplos:


Glaseado de fresa: Dos cucharadas de azúcar glass, una de sirope de fresa (el del mercadona es apto)
Glaseado blanco (tipo donut clásico): dos cucharadas de azúcar glass, un poquito de agua (hasta formar una pasta). Si tienes una clara de huevo, bátela a punto de nieve y mezcla con el azúcar, quedará más firme.
Glaseado de nocilla: una cucharada de nocilla, otra de azúcar glass, hasta que se unte pero no gotee.
Glaseado de canela: añadir al glaseado blanco una cucharadita de café de canela. Es el que más le gusta a Guardabosques
Chocolate negro: derrite unos trozos de chocolate para fundir (Nestlé postres o hacendado son aptos). Añade un par de cucharaditas de aceite (para que brille) y mezcla bien.

Quedan unos donetes super blanditos, esponjosos, muy ricos. No sé si saben más a donete o a gofre, depende de los aromas que le pongas, pero calman el ansia de bollo que da gusto. Y se hacen en un plis.


Salen unas tres tandas de donetes (unos 20, más o menos), que son un montón, así que yo los congelo, y con 30 segundos de microondas, tengo desayuno para el resto de la semana.

¡Que los disfrutéis!

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 4 de marzo de 2013

Inicio de lactancia y postparto


Hay que ver qué diferencia entre el primer niño y el segundo. En todo. Lo que con Pollito fue una lucha, con Gatito está saliendo rodado. Y vale que Pollito era prematura, y que había que estar todo el rato encima de ella para que comiera, pero a eso había que añadirle muchos nervios, mucha inseguridad, mucho miedo y mucho mal cuerpo.

Con Gatito está siendo otra cosa.

Empezando porque la experiencia es un grado, y cosas que con Pollito habrían sido una preocupación, ahora con Gatito sabemos que es cuestión de esperar, insistir y volver a intentar, pero sin agobios. Con la primera, todo tenía que arreglarse, pero YA. Con la segunda, si no se arregla hoy se arreglará mañana. Y si llora un poco, pues es que los bebés de vez en cuando tienen retortijones. Y ni es nuestra culpa, ni está enferma, ni es el pecho... es lo normal, y ya se pasará.

Pero es que la diferencia también ha sido grande desde el primer minuto. Nada más llegar a la habitación, Gatito empezó a cabecear y buscar el pecho. La ayudé a encontrarlo y enseguida comenzó a mamar. Y desde entonces, se engancha bastante bien ella casi sola, y mama mucho rato seguido. Pollito daba dos traguines, y se dormía. Y había que despertarla, pellizcarla, ponerla de pie... diez minutos después conseguías que abriera la boca, daba dos traguines... y se volvía a dormir. Y otra vez volver a empezar. Y sacarle los gases era dificilísimo, supongo que porque tenía pocos, de lo poco que comía, pero... nos angustiaba.

Gatito se engancha, gruñendo frustrada si no lo consigue a la primera. Mama todo seguido, tragando con gusto durante unos diez o quince minutos. Incluso cuando se duerme, sigue mamando a buen ritmo. Cuando acaba, se desengancha, y llora. Fuerte. La cambias de pecho, y repite operación. Y cuando acaba, se desengancha, llora, la pones en vertical, eructa y se cuaja.

Claro, estas ansias por comer vienen con su lado malo, y es que hemos empezado antes con los dolores de tripa. No los llamo cólicos porque (por ahora) son poquito rato, coincidiendo con las últimas tomas de la tarde y la última de la noche. La pobre tiene muchos retortijones, y llora y se retuerce. Pero con ella ya no nos agobiamos tanto. Nos la vamos cambiando, la cambiamos de postura, le doblamos las piernecitas... hasta que suelta los gases o una caca enorme. Y entonces se tranquiliza y se duerme. Lo que sí que intentamos es que en ese rato no se lo pase mamando sin parar, porque sospechamos que parte es el ansia de quitarse el dolor de tripa tragando lo que hace que tenga más gases. Así que yo intento darle una toma más o menos normal, haciéndola eructar cada vez que se desengancha y llora, y cuando parece que ya ha vaciado el pecho, no le vuelvo a dar de mamar hasta que no se le ha pasado el dolor, y así mama un poquito más para calmarse y dormir, pero no se embucha hasta rebosar.

Y es que a mí a los tres días me subió la leche de golpe. Eso que dicen que cuanto más maman menos se nota la subida... FALSO. Parecía la Pamela Anderson de los vigilantes de la playa, pasé de una 85 a una 100 en 24horas. Dos días más tarde y un bote de crema Trofolastín después, volvimos a la normalidad, pero entre tanto la pobre Gatito no daba abasto con tanta leche, me salía a chorro.

Y eso con Pollito, me preocupó muchísimo, que si no se agarraba bien por la hinchazón, que si el dolor cuando mamaba (o peor, cuando se saltaba una toma y yo creía que iba a reventar...), mil cosas que se me pasaban por la cabeza. Con Gatito... pues si se saltaba una toma (lógico, en una toma se tomaba lo que antes salía en dos) pues me sacaba un poco de leche con el sacaleches. Y más Trofolastín, a ver si esta vez no me salen estrías en el pecho.

Pero nada, ya hemos vuelto a la normalidad. Gatito empieza a mamar más de seguido, un pecho y luego el otro, mama más deprisa, y aguanta un poco más entre las tomas. De noche, mama cada dos horas más o menos. Al principio de la noche duerme en su cuna sidecar, y así yo puedo dormir un rato boca abajo, que me duele menos la espalda. A mitad de la noche, yo ya me duermo durante la toma, así que conmigo que se queda. Con Pollito, con lo pequeña que era, no me atrevía a dejarla en la cama, por si la espachurraba. Así que las tomas eran sentada, para evitar dormirme, y claro, no descansaba ni la mitad, y encima ella tardaba casi 40 minutos en mamar, con tanto tener que despertarla. Gatito desde el primer día mama estando las dos tumbadas (aunque así le cuesta un poquito más), y a partir de cierta hora, se queda conmigo en la cama. El tener una cama grande de verdad también ayuda a no tener miedo de aplastarla, que ahora cabemos bien todos.


Yo también recupero la normalidad. Iba a poner poco a poco, pero la verdad es que la estoy recuperando mucho más deprisa que la primera vez. Ya puedo ponerme mis pantalones normales, eso sí, con una extensión que es un trocito de cinturón, que amplía la cintura un poco. El rollito de barriguita cervecera todavía lo tengo, pero del resto he recuperado la figura.

El "culito mandril" que lo llama Guardabosques ya está casi recuperado también, a base de duchas frías una o dos veces diarias. Que también me han venido muy bien para la hinchazón de pies y para la celulitis de los muslos. Pero qué frío que paso.

Lo único que todavía no se me ha quitado es el dolor de espalda. Me duele todavía mucho la zona lumbar, el sacro y el coxis. Pero claro, lo primero es que es ahí donde tengo la artritis. Y cuando nació Pollito ella ya me desplazó el coxis al salir, con la cabeza, y eso que pesaba medio kilo menos que su hermana. El fisio me lo corrigió, pero a saber cómo se me ha quedado el coxis en este parto... tengo que llamar al fisio de nuevo.

Bueno, también me queda el cansancio. Eso de dormir de dos en dos horas, pasa factura. Y lo que me queda. Como le digo a Guardabosques, mi cáscara no está mal, pero por dentro, en vez de cerebro tengo gelatina. Me olvido de todo, me hablan y ni me doy cuenta. Y a partir de las seis de la tarde... ni cáscara queda. Soy gelatina enterita. Física y anímicamente. Tengo tristeza postparto, pero sólo a partir de las seis de la tarde. Vamos, que a esas horas se me junta el hambre con las ganas de comer, y el hacer la cena, y el cansancio, y Pollito que sí que no tiene hambre y sí muchas ganas de llamar la atención, y Gatito que tiene detector de "comida en la mesa" y entonces quiere su toma a la de YA... vamos, que son las horas a las que se junta todo, y yo salto y me cabreo y lloro a la mínima. Con Gatito, que es la hora en la que decide "unirse al coro" de llantos desconsolados. Un cuadro.

Como veis, aguantamos la familia hasta las 8 de la tarde. A partir de ahí, nos descomponemos y nos convertimos en The Walking Dead. No nos llaméis a partir de esas horas. Que a las 10, que es incluso antes que la Cenicienta, estamos todos en la cama. Durmiendo no (ojalá), pero en la cama, intentándolo.  Que la esperanza es lo último que se pierde.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 3 de marzo de 2013

Perrito nuevo (III): Enseñando su nombre y capturando comportamientos básicos


Todos los animales venimos "de serie" con dos tipos de comportamientos: los instintivos, y los que se aprenden. Los comportamientos instintivos, o innatos, son los que elegimos para enfrentarnos a las nuevas situaciones, por defecto. Si el comportamiento instintivo "funciona", seguiremos usándolo, mejorándolo y perfeccionándolo. Si no funciona, lo modificaremos en lo que haga falta, convirtiéndolo en un comportamiento aprendido.

Con esto quiero decir que todo comportamiento, innato o aprendido, puede ser modificado, aunque el instintivo siempre será más fuerte que el aprendido, y en los momentos de fuerte carga emocional, puede volver a resurgir en su forma original. Además, los comportamientos instintivos pueden ser modificados y aminorados, pero son casi imposibles de eliminar, hay que redirigirlos.

Los cachorros vienen "de serie" con un catálogo de comportamientos, algunos muy positivos para ellos y para nosotros, otros que hay que reconducir, y otros que conviene mantener bajo control. Por ejemplo, todos los cachorros investigan las cosas con la boca (claro, manos no tienen). Así que tendremos que redirigir ese comportamiento hacia objetos que no nos moleste que muerda: sus juguetes.  En las entradas anteriores ya vimos cómo redirigir este tipo de comportamientos hacia otros más positivos. Hoy nos centraremos en poner bajo nuestro control conductas que el cachorro ya sabe realizar.

Los perros (y todos los los animales, nosotros incluidos) aprenden todo más rápido mediante reforzamiento positivo, es decir, premiando las conductas que queremos que el perrito repita. Estos premios pueden ser juegos, mimos o comida, cualquier cosa que al perro le guste.

Para empezar a trabajar con un cachorro, lo mejor es empezar de forma informal, capturando las conductas que queramos que aprenda. Porque la mayoría de estas conductas son innatas, no hay que enseñarle al perro a realizarlas, sino sólo enseñarle que cuando nosotros decimos una palabra, significa que el perro debe asumir cierta postura corporal. Todos los perros del mundo saben sentarse. Lo que no saben es que cuando nosotros decimos "sienta", lo que significa es que queremos que pongan el culo en el suelo.

Todos los perros del mundo "saben" sentarse
Así que, de forma general, podemos enseñarle al perro a obedecer simplemente observándolo. Cuando el perro adopte una postura que queramos que aprenda (sentarse, en este ejemplo) nos pondremos delante de él para comprobar que nos está atendiendo, diremos la palabra elegida como orden ("sienta", por ejemplo), le diremos una palabra refuerzo ("bien") o usaremos el clicker y premiaremos.

Enseñar su nombre al cachorro

Como ejemplo, lo primero que vamos a enseñarle es su nombre. Es muy importante que el nombre de nuestro perro tenga una connotación positiva, y que para él signifique "mírame, atiéndeme". La mayoría de los perros lo aprenden sobre la marcha, intuitivamente, y parece que no hace falta "enseñarlo". Pero a mí me parece conveniente trabajarlo bien en positivo, dado que a los cachorros acabamos regañándolos muchas veces después de decir su nombre, y acaban dando por sentado que se llaman "Tobi-no", o que decir su nombre significa "corre y escóndete bajo el sofá que te la has cargado".

El esquema para enseñarle a un cachorro su nombre es igual al que ya he comentado. Esperaremos a que el perrito nos mire a la cara, diremos su  nombre claramente ("Tobi"), entonces decimos nuestra palabra refuerzo ("bien") y premiamos inmediatamente.

Esquema: 

Vemos al perro que nos mira.
Decimos su nombre claramente "Tobi"
Decimos "bien" con el tono más alegre del mundo (o hacemos click)
Premiamos rápidamente
Busca tu mirada, intenta hipnotizarte
¡lo ha pillado!

Una vez el perro comience a entender el asunto (en dos o tres días) verás que cada vez busca más tu mirada. Es el momento de repetir su nombre, y darle un premio gordo. Esto quiere decir que ha aprendido que mirarnos a los ojos y prestarnos atención es positivo, y que puede ser recompensado por ello.

Ahora es cuando de verdad ponemos la acción bajo control. Esperamos a que deje de mirarnos, y repetimos su nombre en voz un poco alta: "TOBI". Si el perro nos mira, decimos "bien" y premiamos.

Esquema:

Decimos su nombre claramente "Tobi"
El perro nos mira o se acerca
Decimos "bien" (o hacemos click)
Premiamos rápidamente

Una vez lo ha pillado, repetiremos este esquema el mayor número de veces posible, para que al perro se le quede su nombre asociado con la atención y el premio grabado a fuego.

Con estos dos esquemas podemos poner bajo control de una palabra cualquier comportamiento que queramos. Funciona estupendo para enseñar al perro conductas normales, que ya realice el perro por propia iniciativa. Tienen que ser frecuentes, porque así las repetirá lo suficientemente a menudo como para que podamos premiarle por repetirlas varias veces al día. Por ejemplo: mirarnos a los ojos, sentarse, tumbarse, hacer pis o caca, ponerse de pie, venir...

Además, podemos enseñarle todas estas cosas "a la vez", sin tener una sesión formal de adiestramiento. Lo divertido y eficaz de este sistema es que podemos elegir dos o tres conductas, y nombrarlas y premiarlas cada vez que el cachorro las realice. Así tenemos "sesiones" de adiestramiento muy cortas pero muy frecuentes, que es como los cachorros (que se distraen con muchísima facilidad) aprenden mejor. Y al cabo de una semana, obedecerá dos o tres señales nuevas, sin haberse ni enterado de que estaba "en clase".

Aprenderemos a realizar una sesión de adiestramiento "formal" otro día, para cuando el cachorro lleve ya con nosotros una temporadita (como un mes o así), ya se sepa su nombre y su lugar en casa, y queramos enseñarle conductas más específicas.

Los premios:

Lo más cómodo, más rápido y más comprensible para el perro son los premios de comida. Éstos deben ser muy pequeños (como del tamaño de una bola de pienso), para que no se harte de ellos, y luego se coma bien su pienso, que es lo que le da la alimentación equilibrada. Yo para empezar a enseñar los comportamientos más básicos, en casa, recomiendo colocar la ración diaria de pienso del cachorro en un vaso, y premiar de ahí. Así controlamos la cantidad de comida del cachorro, y lo que sobre se lo podemos poner en la ración de la noche.
Pienso de gato: pequeño, blando, equilibrado y sabroso
Para comportamientos más difíciles, o para premiar en la calle, conviene elegir premios más sabrosos, y a poder ser blanditgos. Lo del sabor dependerá de lo que le guste a su perro: bolitas de pienso de gato, galletas pequeñas para perros, premios blandos para perro, trocitos de queso o salchicha… Lo que al cachorro le guste más. Pero los limitaremos a unos pocos trocitos, y siempre para conductas nuevas o fuera de casa.


Y como en las entradas anteriores, me repito. De lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 28 de febrero de 2013

El parto, al final provocado (pero menos mal)


Sigo aprovechando los ratitos libres para contaros mi vida. Intentaré responder vuestros comentarios lo más rápido posible, pero posiblemente, no sea muy rápido. Pero los responderé, lo prometo.

Al final no me puse de parto antes del jueves, la fecha límite que me marcó mi gine. Gatito ya pesaba 3kg según la ecografía, que resultó ser acertadísima, y la gine temía que al final fuera demasiado grande para salir por las buenas.

Así que nos mentalizamos, y el jueves después de dejar a Pollito en el cole nos fuimos al hospital. Lo bueno de la provocación es que la intendencia es infinitamente más sencilla, y puedes organizarlo todo sin tener que despertar a la familia o los vecinos a las tantas de la madrugada.

Después de tanto mirar hospitales, al final nos quedamos en el de Torrelodones con mi ginecóloga. Se trataba de tener un parto lo más natural posible, pero total, si ya no lo iba a ser de ninguna manera... pues mejor me quedaba con mi gine, con la que tengo total confianza, y la que lleva viéndome la cara (y como dice Guardabosques, lo que no es la cara) todas las semanas desde hace mes y medio.

Me ingresaron como a las 10 de la mañana, y antes de las 11 vino la matrona. Me pusieron la vía, y la matrona, que era simpatiquísima, me exploró y me explicó el protocolo. Lo habitual es que te pongan una esponja con prostaglandinas, para ablandar el cuello y comenzar la dilatación, pero yo ya llegué dilatada de más de 3cm, así que no hizo falta. Me puso los monitores externos, para ver si tenía contracciones o no (que era que no) y para ver como iba Gatito. Luego me rompió la bolsa, cosa que ni sentí (sólo se nota el líquido saliendo),  porque eso estimula las contracciones y provoca el parto. Al poquísimo tiempo (en un par de minutos) empecé con contracciones cada cinco minutos, así que me puso un gotero con oxitocina, muy lentito. Todo me lo fue explicando antes de hacerlo.

Me dijo que cuando me doliera, que llamara y me llevarían a poner la epidural, que ya estaban avisados en anestesia y sería rápido. Aguanté creo que cuatro contracciones más, quizá hasta cinco. Las contracciones de bolsa rota y oxitocina son horribles. Un hurra para todas las mujeres que paren con dolor. Yo no.

Me llevaron a quirófano, y me pusieron la epidural. Primero te duermen la zona con anestesia local, y luego te pinchan en la columna. Se nota la presión, pero doler no duele. Lo peor es aguantar quieta con las contracciones horrorosas. Pero enseguida hace efecto, tres o cuatro contracciones más tarde ya casi no las notaba. Esta epidural fue más fuerte que la del anterior parto, la verdad es que no me enteré de casi nada, ni siquiera al final.

Me devolvieron al cuarto, y nos dejaron tranquilos. Cada hora, más o menos, pasaba la matrona para ver cómo me iba. A las dos horas ya estaba dilatada de 7cm, y como tenían una cesárea, me bajaron la oxitocina, para que fuera un poco más lento, y no llegara al expulsivo justo en medio.

Al cabo como de una hora, empezaron a bajarle las pulsaciones a Gatito. De 130 a 90, y se preocuparon. Me pusieron la mascarilla de oxígeno, y le volvieron a subir. Ya estaba de 8cm. A la media hora, le volvieron a bajar. La matrona volvió, muy nerviosa, llamó a la gine, y me dijo que me bajaban a quirófano sin más tardar, que estaba ya muy encajada y que por eso le bajaban las pulsaciones pero que había que darse prisa, que quería salir YA. Yo también me puse nerviosa, claro, se veía que estaban preocupados. Y nos llevaron a quirófano, no a la carrera por los pasillos, pero casi casi.

Dejaron a Guardabosques fuera. La política del hospital es dejar al padre fuera hasta que el niño corona, supongo que para que si el parto tiene que ser instrumentalizado, que no le de un patatús. A mí me pusieron en la camilla de parto (qué tirria le tengo a esos estribos) y me mandaron empujar con todas mis ganas. Yo sólo notaba presión en la parte alta del útero con las contracciones, de ahí para abajo, nada. Ni ganas de empujar, ni presión ni nada. Al cuarto pujo, la gine dijo que la niña estaba muy encajada, que no avanzaba. Lo intentaron con el típico "codito", pero nada. Encajada. A ver, a Pollito ya le costó salir, y pesaba medio kilo menos... Yo estaba cada vez más nerviosa, me tranquilizaron un poco, y la gine me dijo que iba a tener que usar la ventosa.

Y entonces sacó la ventosa. Y en ese momento, con todo el estrés, los pujos, todo... me entró la risa. Quince días bromeando con que a esta niña iba a haber que sacarla con desatascador... Eso me pasa por lo que me pasa.
Ventosa obstétrica
Desatascador

Pero vamos, puso la ventosa, y ¡flop! en menos de un minuto había pasado la cabeza, dejaron pasar a Guardabosques, y la niña salió enterita, llorando como una magdalena. La matrona me dijo que se llevarían a la peque un momentito para hacerle el apgar en la habitación contigua (por lo visto normalmente ya lo hacen encima de la madre, excepto en prematuros y partos instrumentalizados, o sea, los míos). Por lo menos me avisaron, y antes de llevársela ya me la habían dejado en el pecho, y yo ví que estaba bien. Y no tardaron ni tres minutos, y me la pusieron encima, y nos envolvieron a las dos en una toalla calentita.

Mientras tanto, mi gine me dio un puntito interno. Yo cuando la ví con la ventosa pensé que me iba a tener que hacer episiotomía, pero ni con esas. Esta gine es un encanto, y se preocupa de proteger bien la zona para evitar cortar en todo lo posible. Luego me hizo un masaje para sacar la placenta sin tirar, porque en el anterior parto se me quedó un resto, que luego me tuvieron que legrar, y no quería que pasara lo mismo.

Pero a mí ya me daba todo igual, con mi Gatito en brazos. Antes de salir del paritorio echó el meconio (así que sí que lo había pasado un poco mal, pobrecilla). Y a los cinco minutos de llegar a la habitación estaba enganchada a mi pecho, mamando. Como el protocolo es piel con piel durante dos horas, al pobre Guardabosques no le dejaron ni tocarla en ese tiempo. Al cabo de esas dos horas, trajeron un peso a la habitación, y allí mismo la pesaron, midieron y le pusieron la ropita, delante de nosotros.


Me alegro muchísimo de haber decidido provocar el parto. La pobre lo pasó mal, y si hubiéramos esperado unos días más, lo podría haber pasado mucho peor. Así que al final creo que hicimos bien en poner por delante el bien de la niña, por encima del querer tener un parto más natural, pero que lo más probable es que hubiera acabado siendo mucho más complicado.

¿Cómo se siente una cuando por fin tiene a su bebé en brazos? No sé describir la sensación. Es alucinante. Primero ver cómo baja la tripa cuando sale la niña, de gordota a fofa en un segundo, y entonces ver a tu bebé. Que te lo pongan en el pecho, sentir sus manitas, su movimientos, ver su carita. Quieres reír, llorar, achuchar y que no te separen nunca. Es enamorarse a primera vista, de flechazo absoluto.

Es la felicidad. O la oxitocina corriendo por las venas, no sé. Sólo sé que es alucinante.

Otro día os cuento más.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es