miércoles, 30 de octubre de 2013

Adiestramiento tradicional e indefensión aprendida

Muchas veces me han preguntado por qué utilizo el adiestramiento en positivo, cuando el adiestramiento "tradicional", o por la fuerza, "también funciona, y más rápido" (que conste que yo no digo ni que funcione ni que sea más rápido, eso es lo que me dice a mí la gente).

Para mí, la respuesta está clara. Por un lado, está mi ética como persona. No hago daño a un perro si puedo evitarlo, y si puedo ayudar a un perro sin darle un tirón de correa, lo haré. Los tirones de correa no sólo "corrigen" al perro, le meten miedo, le coartan. Cuando trabajas en terapia de comportamiento, no buscas sólo corregir la conducta, sino modificar la motivación, la emoción, que provoca la conducta.

Una conducta es una reacción a algo que ocurre en el entorno. El cerebro recibe una señal (un perro ve a otro perro), y en ese momento reúne dos cosas en la mente: emoción y experiencias anteriores (ese perro desconocido me da miedo porque...). Entonces el perro exhibe una conducta acorde con la emoción que está sintiendo, y su experiencia (como tiene miedo, entra en modo lucha-o-huye, va de la correa, no puede huir, entra en modo lucha). Y ya tenemos un perro agresivo con otros perros mientras pasea de la correa.

Antes de entrar a valorar cómo funciona el método "tradicional" de adiestramiento, voy a explicar qué es la depresión por indefensión aprendida. 

La indefensión aprendida aparece cuando un animal (desde las moscas hasta los humanos) se encuentra en una situación de estrés sobre la que no tiene ningún control. No puede escapar de esta situación, lo que le produce miedo y situación de indefensión. La primera reacción es luchar contra la situación, o huir de ella (la reacción huye-o-lucha de la que hablábamos antes). Pero según pasa el tiempo, y el animal ve que no puede escapar de la situación, la cosa cambia. El animal deja de moverse, deja de luchar, y se deja hacer. Se ha instaurado la depresión por indefensión aprendida. El estado de ánimo cambia, el animal asume que no puede hacer nada para mejorar y se rinde. Lo interesante (y triste) de esta indefensión, es que este comportamiento permanece en el tiempo, y aunque la situación cambie, y el animal pueda volver a controlar el estímulo negativo, no lo hace.

El experimento que originó esta teoría es de los años 60, y se realizó con perros.
En una primera fase del experimento, se disponía a un grupo de perros sujetos con un arnés. Se les administraba una descarga eléctrica, pero mientras que los perros del grupo 1 podían detener el shock presionando una palanca, los del grupo 2 no podían hacer nada por evitar la descarga. El shock, para ese segundo grupo, paraba aleatoriamente (en realidad paraba cuando el perro del grupo 1 apretaba la palanca, pero eso el perro 2 no lo sabía).

En una segunda fase, se colocaba a un perro en un recinto cerrado, del que no podía salir. Se ponía una pequeña verja (saltable) en el medio. El suelo de uno de los lados estaba electrificado, el otro no. Los perros que habían estado en el grupo 1 aprendían rápidamente a saltar la pequeña verja para escapar de la descarga. Los perros del grupo 2 ni lo intentaban, y simplemente yacían tumbados en un rincón del recinto, gimiendo. No evitaban el shock, porque ni siquiera se les ocurría que pudieran hacerlo. Habían generalizado la respuesta de indefensión, habían entrado en depresión.

Os pongo un vídeo de ejemplo, en personas, sobre la rapidez de instauración de esta depresión por indefensión. Está en inglés con subtítulos en español, no he encontrado traducción.

En este vídeo una profesora de psicología entrega un problema a un grupo de alumnos. A todos les da unas letras y les pide que hagan una palabra que contenga todas las letras que están en la tarjeta. La mitad del grupo tiene un conjunto de letras fácilmente ordenables en varias palabras, mientras que la otra mitad tiene unas letras que son imposibles de juntar para formar una palabra. Tras dos intentos de esta forma, la tercera tarjeta, en los dos grupos, tiene un problema de fácil solución. Los alumnos del grupo dos son incapaces de formar palabras con esas letras, a pesar de que el problema tenía fácil solución.



En menos de cinco minutos, y con una tarea bastante poco traumática, unos universitarios se convierten en personas inseguras, dóciles, que no encuentran fuerzas ni para resolver un sencillísimo problema.

Así que ¿qué pasa con nuestros perros durante un adiestramiento "tradicional"?

Pues esto mismo es lo que pasa. El adiestrador llega, coge al perro, le pone una correa. El perro ya no puede huir. El perro empieza a pelear. El adiestrador no afloja, no le deja ir, le cuelga, le da tirones... hasta que el perro entra en indefensión aprendida. Recordemos que se tarda menos de 5 minutos en provocarla, y eso en humanos...

Resultado: un perro que nos sigue, dócil, que  no reacciona a estímulos externos. Lo sacamos de paseo y "se porta fenomenal". ¿Ha aprendido algo? No. ¿Han cambiado sus emociones? No, o  por lo menos no a mejor. ¿Ha funcionado la "terapia"? Pues aparentemente, sí.

Os dejo un vídeo de César Millán. Lo he elegido porque es el programa sobre perros que la gente ve. Y por desgracia, pone en práctica. Y no he buscado mucho, es uno de los primeros que salen cuando metes en youtube "cesar millan pasear perro". Pero es un ejemplo perfecto de lo que os he contado. Hay que fijarse en el lenguaje corporal del perro. No saca en ningún momento el rabo de entre las patas, está totalmente acojonado, y perdonad mi expresión. César se enfrenta a él mirándole fijo (amenaza), le pone una correa (ya no puede huir), se pelea con él un par de minutos (y gana, claro, el collar en la garganta es muy doloroso, y el perro no es nada agresivo) y voilá! tiene al perro paseando por su barrio sin atacar a nadie ni tirar de la correa. Fijaros en el cuerpo del perro. Va mirando al frente sin atender a nada, echando señales de calma a diestro y siniestro, con el rabo entre las patas. ¿Es un perro curado? No, es un perro deprimido.



Pero ¿cuál es el problema? preguntaréis. El perro se porta bien en la calle, que es lo que yo quiero...

Pues el "problema" (aparte de la ética de todo el asunto) es que la indefensión no dura para siempre. Al cabo de unas 48 horas, el efecto empieza a pasarse. Así que entonces tienes que seguir torturando al animal, para que siga en ese estado de depresión, que siga "portándose bien". Cosa que casi ningún dueño hace... no sé si por gracia o por desgracia...

Total, que como no hemos cambiado el origen del problema, el problema vuelve a resurgir. Si teníamos un perro que tenía miedo de otros perros, y se comportaba agresivamente con ellos, les seguirá teniendo miedo. Y ahora viene lo peor. Porque tu perro antes no te tenía miedo a tí, pero ahora sí. Y antes confiaba en tí, pero ahora no. No sólo eso, sino que has intensificado el miedo del perro, así que cuando reaccione, reaccionará más intensamente que antes. Si sólo ladraba, gruñirá, si gruñía, morderá, y si mordía... pues se saltará todos los pasos intermedios (que claramente no funcionaban para mantener alejado el peligro) y pasará del punto 1, ver a un perro, al punto 5, morder al perro, sin dar ni un aviso.

Y hay más consecuencias a la depresión, aparte de las obvias. Los perros generalizan esa ansiedad, y la presentan en más situaciones. Generalizan el miedo, y empiezan a tener miedo de cosas que antes toleraban. Sufren problemas de estómago y enfermedades relacionadas con el estrés. Sus circuitos cerebrales cambian, y les dejan de gustar cosas que antes les gustaban.

Que ¿cuál es la solución?

Pues trabajar con el problema real, que no es que el perro tire de la correa, o que se pelee. El problema normalmente es que el perro tiene miedo (o ansiedad). Y si no eliminamos el miedo, no hacemos nada. Hay que desensibilizar al perro, hacer un contracondicionamiento, o practicar el B.A.T. 

Lo que sea, menos torturar al perro, que ya tiene suficiente.

PD: no quiero hablar de los adiestradores que (por desgracia) salen en la tele, sean extranjeros o nacionales. He elegido este vídeo, pero como éste hay unos mil, de César Millán y de otros adiestradores. Que hacen burradas tremendas a diario delante de millones de personas. Os invito a quitarle el sonido a los programas y a observar a los perros. Sus posturas, sus señales de calma. Y las de ellos. A ver si podéis mirarlos más de diez minutos... sin cabrearos. Yo  no.

Inspiración (y cabreo) vía un vídeo de denuncia que subió mi amigo Richard, de Dogsenjoy. Id a ved el vídeo, pero os advierto que es muy, muy duro.


Bibliografía:


1.
Enkel, T., Spanagel, R., Vollmayr, B. & Schneider, M. Stress triggers anhedonia in rats bred for learned helplessness. Behavioural Brain Research 209, 183–186 (2010).

2.
Overmier, J. Bruce & Seligman, Martin E. Effects of Inescapable Shock Upon Subsequent Escape and Avoidance Responding. Journal of Comparative and Physiological Psychology 63, 28–33 (1967).


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 28 de octubre de 2013

Amigos imaginarios

- ¿Ya estás trabajando en tu redacción? ¡No hay que entregarla hasta el jueves!
- Sí, ya lo sé, mamá dice que las pastillas deben estar funcionando
- Bueno, ya, pero está nevando fuera, y pensé que, podíamos...
- Perdona ¿qué?, no te estaba escuchando, de verdad que debería acabar ésto...
Calvin y Hobbes

Pollito tiene un amigo imaginario. Bueno, uno no, tiene cinco. Ella todo lo hace a lo grande...

Desde este verano, juega con "sus niños" los ratos que se queda sola. Al principio, la verdad, es que nos daba como repelús. Es un poco inquietante oir a tu hija hablar sola, y no con sus muñecos, no, sino a una "audiencia". Lo peor fue cuando nos quejamos de que estaba durmiendo peor, y nos explicó que es que sus niños la molestaban y no la dejaban dormir. Ay madre...

Pero en realidad esta niña es muy razonable, y cuando le preguntamos si eran de verdad o inventados, nos miró con cara de "estos no se enteran" y nos dijo que claro, que eran imaginados. ¿Y por qué no te imaginas unos niños buenos que no molesten? Mano de santo. Tiró a los "niños malos" por la ventana (o eso dijo ella) y se quedó con unos niños buenos, que son cinco, que juegan con ella. Tienen cuatro años, y no molestan. Tienen unos nombres raros que Pollito se va inventando sobre la marcha, y que yo creo que van cambiando según su humor.

Y ella es feliz, así que no deberíamos preocuparnos ¿no?
Pues no, claro, te preocupas. Tener amigos imaginarios ¿es normal?

Ale, pues como yo me tiro al trapo, todo el fin de semana llevo leyendo sobre el tema, a ver si es normal, o si significa que le falta algo. Y os lo cuento.

Los amigos imaginarios, según los psicólogos, pueden ser de dos clases. Totalmente imaginarios (o invisibles), o muñecos personificados. En ambos casos, no se ha podido comprobar que supusieran un problema para el niño, o que fueran consecuencia de problemas de relación con otro niños.

Aproximadamente la mitad de los niños tienen un amigo imaginario. La mayoría de estos niños son hijos únicos o primogénitos, lo que hace pensar que son niños que juegan a ratos solos. Y se imaginan compañeros de juegos, para que les hagan compañía, o para practicar el juego con otros niños. Lo que está claro es que cuando aparece un niño real, se olvidan del imaginario rápidamente.

Es más, parece que los niños con amigos imaginarios tienen mayores tendencias sociales. Son niños que se llevan bien con otros niños, y que cuando tienen otros niños alrededor son bien aceptados por ellos. No son más tímidos o más inseguros (o más mandones) que los otros niños, al contrario, en algunos casos parece que la práctica de las relaciones sociales con los amigos imaginarios les ayuda a mantener mejores relaciones con otros niños.

Sí que parece existir un perfil de personalidad de los niños con amigos imaginarios. Suelen ser  niños muy creativos y fantasiosos, con una gran sensibilidad con las emociones de los demás. Son niños que desarrollan antes la teoría de la mente, y que tienen una narrativa más desarrollada más precozmente. Es decir, su vocabulario es igual que el de los niños sin amigo imaginario, pero cuentan historias más hiladas y con más detalles. Tampoco son niños que no reconozcan la diferencia entre realidad o ficción. Saben perfectamente que sus amigos no son reales, sino inventados. Pero les da igual...

También se ha estudiado si estos niños tienen problemas de adaptación cuando crecen, y no lo parece. Y se ha estudiado el fenómeno en adultos, por si esto tiene efecto en relaciones sociales futuras, y tampoco lo parece. Sí que es verdad que los niños con amigos imaginarios de mayores siguen siendo personas emotivas, creativas y con empatía.

En resumen, que ni es bueno, ni es malo. Es el resultado de mucha imaginación, y grandes dosis de tiempo libre sin otros niños alrededor.

Y vuestros niños ¿tienen o tuvieron amigo imaginario?

Por si os apetece profundizar en el tema, os dejo la

Bibliografía:

Bouldin, P., & Pratt, C. (1999). Characteristics of Preschool and School-Age Children with Imaginary Companions. The Journal of Genetic Psychology, 160(4), 397-410. doi:10.1080/00221329909595553
Bouldin, P., & Pratt, C. (2002). A systematic assessment of the specific fears, anxiety level, and temperament of children with imaginary companions. Australian Journal of Psychology, 54(2), 79–85. doi:10.1080/00049530210001706533
Gleason, T. (2004). Imaginary companions and peer acceptance. International Journal of Behavioral Development, 28(3), 204-209. doi:10.1080/01650250344000415
Gleason, T. R., Jarudi, R. N., & Cheek, J. M. (2003). Imagination, Personality, and Imaginary Companions. Social Behavior and Personality: an international journal, 31(7), 721-737. doi:10.2224/sbp.2003.31.7.721
Gleason, T. R., Sebanc, A. M., & Hartup, W. W. (2000). Imaginary companions of preschool children. Developmental Psychology, 36(4), 419-428. doi:10.1037/0012-1649.36.4.419
Hoff, E. V. (2005). Imaginary Companions, Creativity, and Self-Image in Middle Childhood. Creativity Research Journal, 17(2-3), 167-180. doi:10.1080/10400419.2005.9651477
Pearson, D., Rouse, H., Doswell, S., Ainsworth, C., Dawson, O., Simms, K., … Faulconbridge, J. (2001). Prevalence of imaginary companions in a normal child population. Child: Care, Health and Development, 27(1), 13–22. doi:10.1046/j.1365-2214.2001.00167.x
Taylor, M., Carlson, S. M., Maring, B. L., Gerow, L., & Charley, C. M. (2004). The Characteristics and Correlates of Fantasy in School-Age Children: Imaginary Companions, Impersonation, and Social Understanding. Developmental Psychology, 40(6), 1173-1187. doi:10.1037/0012-1649.40.6.1173
Taylor, M., Cartwright, B. S., & Carlson, S. M. (1993). A developmental investigation of children’s imaginary companions. Developmental Psychology, 29(2), 276-285. doi:10.1037/0012-1649.29.2.276
Trionfi, G., & Reese, E. (2009). A Good Story: Children With Imaginary Companions Create Richer Narratives. Child Development, 80(4), 1301–1313. doi:10.1111/j.1467-8624.2009.01333.x


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 25 de octubre de 2013

Tarta fría de melocotón, sin gluten



Ésta es una de esas recetas de aprovechamiento, pero de las buenas. La hice en la playa, con dos cazos y un molde, sin horno ni ingredientes raros, con lo que había por los armarios (nos íbamos al día siguiente y había que dejar vacía la nevera), y dos tonterías que compré en el Mercadona. Lo bueno de veranear en Alicante, oye, tienes un Mercadona siempre cerca.

La parte del melocotón en almíbar la tomé de una receta de Martha Stewart, pero con bastante manga ancha. Puedes cambiar la fruta por la que quieras, cualquiera de ésas que compras a kilos en el mercadillo porque es de temporada y está muy barata, y al llegar a casa te das cuenta de que ya está muy madura, y tu familia no es capaz de zamparse dos kilos de melocotones (o de albaricoques, de manzanas, peras, ciruelas, fresas, cerezas...) en dos días.

La parte de la crema, igual. Yo la hice con un bote de leche ideal, que habíamos abierto y se iba a estropear. Pero puedes ponerle cualquier lácteo (cuanta más materia grasa, más rico estará, con nata, o queso filadelfia queda riquísima) o incluso sustitutos de soja o arroz.

Y con la base, lo mismo digo. Puedes usar cualquier paquete de galletas que esté aburrido por ahí. O ese que te regaló un amigo con todo su amor, porque vio que era sin gluten y lo compró para tí, pero que, seamos sinceros, no hay quien se las coma. Yo usé un paquete de galletas maría de gullón, que me traje de Madrid y que llegó totalmente hecho miguitas.

Esta receta, además, se hace sin horno. Que en invierno no pasa nada, pero en verano, qué pereza da encenderlo. También viene bien para hacer en casa ajena, cuando tienes miedo de contaminarla, puesto que sólo necesitas un par de cazos.

Bueno, al lío.

Para los melocotones:



1 kg de melocotones (yo puse melocotones y albaricoques) muy maduros, pelados, partidos por la mitad y sin el hueso
1 botella de vino dulce (yo tenía media de vino blanco, y le añadí un poco de moscatel)
750 ml de agua
100 gr de azúcar
1 vaina de vainilla, abierta y sacadas las semillas (o 2 cucharadas de azúcar avainillado)
Especias: la receta original es con cardamomo y anís estrellado. Yo no tenía, así que miré por la cocina, y puse 1 puñadito de clavos de olor, una rama de canela, y la piel de 1 naranja.

Pon todos los ingredientes en una olla grande y remueve para que se disuelva el azúcar. Pon a fuego fuerte hasta que hierva. Cubre con un papel vegetal (así los melocotones no flotan, y no salpica, truco Martha Stewart total) y baja el fuego hasta que hierva lento. Deja de 8 a 25 minutos, dependiendo del tamaño de los trozos y el tipo de fruta, hasta que se ablanden. Yo saqué los albaricoques a los 10 y los melocotones a los 20. Vuelve a subir el fuego, quita el papel vegetal, y deja que todo hierva a fuego fuerte hasta que almíbar haya reducido, y te quede como un vaso (unos 20 minutos más, o media hora). Reserva el almíbar.

Para la crema:

1 bote de leche ideal, o 250 ml del lácteo que te apetezca: nata, queso filadelfia, yogur griego... o incluso sustitutos de soja o arroz
El vaso de almíbar, menos tres cucharadas.
8 hojas de gelatina (cola de pescado).

Saca las hojas y ponlas en un bol con agua unos 10 minutos, para que se hidraten. Mientras tanto, pon en la olla el almíbar y la leche, y calienta hasta que hierva. Apaga el fuego, y echa dentro las hojas de gelatina, remueve hasta que se disuelvan.

Para la base:

1 paquete de galletas (yo maría de gullón)
125 gr de mantequilla o margarina

Mete las galletas en una bolsa de plástico, y pasa el rodillo por encima hasta que sean todo miguitas. Añade la mantequilla en trocitos pequeños y mezcla hasta que quede como una masa.

Para decorar:

1 lámina de gelatina neutra
3 cucharadas del almíbar de melocotón

Remoja la lámina para  que se hidrate (10 minutos), calienta el almíbar y mezcla con la gelatina hasta que se disuelva.

Montaje de la tarta:



En un molde desmontable, pon una base de la masa de galleta triturada. Aplástalo bien, para que quede firme y homogénea.

Vierte la crema por encima y métela en el frigo un par de horas, hasta que se endurezca y gelatinice.

Corta los melocotones en rodajas, y colócalos por encima de la capa de crema. Vierte las tres cucharadas de almíbar con la gelatina por encima, para que brille todo y quede más bonito. A la nevera media hora y
¡listo para comer!


No me digáis que no queda preciosa. Pues además es fácil de hacer, está buenísima, y el toque de especias da un toque muy original. Dejaréis a la familia alucinada.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

miércoles, 23 de octubre de 2013

Saber cuando decir adiós


Sabéis que este verano lo hemos pasado mal, con la pobre Tosca. Y es que es muy difícil tomar la decisión de ayudar a un perro a morir. ¿Cómo sabes cuando es el momento de decir adiós?

He pensado que escribir este post ayudaría a otras personas en mi situación, a aclarar su mente y tomar una decisión con menos angustia.

Lo primero es la razón que  nos lleva a ello. Normalmente se eutanasia a un perro por alguna de estas razones: enfermedad terminal, estado crítico, falta extrema de calidad de vida, enfermedad irreversible por razones de salud o económicas del dueño, o por problemas de comportamiento. Los problemas de comportamiento los voy a dejar para otro post, que ya suficientemente complicado va a ser éste.


Cuando tenemos un perrito que está muy mal, y está sufriendo, muchas veces es casi fácil tomar la decisión. Tras un atropello, o una cirugía complicada, estados epilépticos... Pero ¿y cuando el perro lleva una vida limitada pero más o menos normal?

Bueno, a veces simplemente "lo sabes". Tu intuición y tu empatía te dicen que hasta aquí, que el perro ya no quiere vivir, o no tiene calidad de vida. Pero algunos necesitamos datos más objetivos para decidirnos. Dicen que si es así, viene bien hacer una lista de las cinco cosas que más le gustaban hacer a tu perro, y valorar cuántas puede seguir haciendo. Comer, saltar, salir de paseo, olfatear... pueden ser éstas cosas, o alguna otra. Para mí, cuando Tosca, en un mismo día, no quiso salir de su cama, no quiso comer, y no salió a recibirme cuando volví de salir a hacer un recado... fueron mi "señal de alarma".


Un perro viejo puede pasarse casi todo el día tumbado, pero aun así tiene pequeños picos de actividad que le "alegran el día". Y si ya no tiene ninguno de ellos, me parece que es hora de tomar decisiones.

Yo tengo la suerte (o no) de ser veterinaria, y poder encargarme del hecho yo misma. Pusimos a la perrita en una colchoneta en el jardín, y lo hicimos allí mismo, con ella entre los brazos. Para los que no tengáis esta opción, os cuento cómo se suele hacer.


Lo primero es hablar con el veterinario. Supongo que para cuando llegue el momento, el veterinario ya habrá tratado a tu perro anteriormente y también puede ayudarte a tomar la decisión. Antes de nada, te hará firmar un papel de autorización de eutanasia, y de la decisión para la recogida del cuerpo.

Puedes pedirle que lo haga en tu domicilio, o si en esa clínica no hacen visitas domiciliarias, pedir que te remita a alguien que sí que lo haga, si lo preferís así. Si lo haces en la clínica, también tienes la opción de quedarte mientras se hace, o salir de la habitación. Esta decisión es sumamente personal, y nadie la puede tomar por tí.


También ten en cuenta que a veces no hay que tomar la decisión y hacerlo en el mismo día. Puedes pedir la cita para unos días después, para despedirte con calma. Dar un paseo largo, alimentar a base de caprichos insanos unos días, aprovechar para pasar una tarde de masaje en un sofá... solo tú puedes saber si eso va ayudarte a asumir la pérdida, o si va a ser mejor hacerlo rápidamente una vez la decisión está tomada. Yo me pasé una semana dando caprichos de comida especiales y haciendo fotos a Tosca, pasando mucho rato en el sofá junto a ella. Cada uno se despide a su manera.

Una vez estás con el veterinario, lo más habitual es ponerle a un perro un sedante suave, pinchado intramuscular. Cuando el perro está tranquilo, medio dormido, se le pone una vía en una de las patas delanteras. La vía no duele. Entonces normalmente te dejan un ratito con el perro, y luego se le pone, por la vía, un anestésico potente. Es un barbitúrico, que se usaba habitualmente en las anestesias. El perro no sufre ningún tipo de dolor, sino que se va quedando dormido hasta que pierde la consciencia. Entonces se sube la dosis de ese mismo anestésico, que a dosis elevada para el corazón.


En el perro no se suele ver ningún tipo de reacción, nada más que una relajación progresiva, hasta que deja de respirar y de moverse. Entonces el veterinario lo auscultará, o le conectará a un monitor cardíaco, para verificar la muerte. Y ya está.

Nosotros elegimos enterrar a Tosca en un rincón del jardín, pero eso (aparte de no muy legal, en realidad) no es una opción para todo el mundo. Lo más frecuente es que la clínica se haga cargo del cuerpo. Se llama a una empresa especializada, y se puede elegir si se prefiere que lo entierren o que lo incineren, de forma colectiva o individual. Hay cementerios para perros, sí, aunque son muy caros. Si no puedes hacer ese desembolso, pero te da cosa "abandonar" el cuerpo de esa forma, la incineración individual es una buena opción. Al cabo de unos días te devuelven las cenizas en una cajita, y así puedes enterrarlas en algún sitio que tenga especial significado para vosotros.


Llora lo que tengas que llorar, y deja que tus familiares y tus niños lloren. Es un perro, pero ha formado parte de tu familia, algunos muchísimos años, para tus hijos probablemente toda su vida. No te cortes en llorar en el veterinario. Lo comprenden perfectamente. (Si el veterinario sale de la habitación, muchas veces es por no llorar delante de tí. Sí, les cogemos mucho cariño a nuestros pacientes, y siempre es duro decirles adiós.)

Si tienes niños, ofréceles despedirse, y no les cortes cuando lloren. Pero tampoco les fuerces. Responde a sus preguntas lo más sencillamente que puedas, según tus creencias o las de tu familia. Y respóndelas todas las veces que haga falta, que los niños muchas veces necesitan un tiempo para procesar la información, y más para procesar la pérdida.


Y date tiempo. Aunque sea un perro, y te parezca una tontería. Haz tu duelo como lo necesites. Espera para coger otro perro, si así lo habéis decidido. Si coges otro perro demasiado seguido, la sombra del primero le perseguirá toda su vida. Espera un mes o dos, y luego decide con la cabeza fría.

Y sí, aunque pase el tiempo, no te sorprendas cuando de repente te pongas triste porque...
¿Qué hago yo ahora con el fondo del yogur?
¿Por qué tengo los pies fríos en el sofá?
¿Qué hago yo ahora a las 9 de la noche, la hora de salir a pasear?
¿Quién limpia los restos de debajo de la trona?
Pero sobre todo...
... ese vacío cuando abres la puerta de casa, y nadie sale tembloroso a saludarte como si hiciera un mes que faltas de su vida...

... seguimos en proceso, y menos mal que tengo a Marco y a Mí...


Las maravillosas fotos no son mías, son de Nancy Levine, de su trabajo "Senior dogs across America". Pinchad y disfrutad.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es