lunes, 4 de noviembre de 2013

Curso de cocina de arroces en Kitchen Club ¡sin gluten!


El sábado tuve un día muy divertido, y muy especial. Mi hermana me regaló por mi cumple una clase de cocina en Kitchen Club, y hasta ahora no había podido acudir. Al principio me daba cosa. No tienen ningún curso de cocina sin gluten, y no parecían nada puestos en el tema.

Pero decidí que lo tenía que aprovechar al máximo, y que algo tenía que hacer. Lo primero, elegir bien el curso. Le dí vueltas a los temas que me ofrecían (tienen como dos o tres cursos distintos todas las semanas, de todo tipo de cocina), y descarté los que por fecha no me venían bien. Con las dos niñas, el trabajo... hay que tirar de agenda. Luego descarté los que podían ser totalmente imposibles. Los de panadería y repostería, por ejemplo. Que sí, que podía haber ido, y luego no comerme el resultado pero no me apetecía pasarme cuatro horas cocinando para después pasar hambre.

También descarté los de comida oriental. Demasiada salsa de soja y salsas con botes en idioma asiático. ¿Quién puede saber si eso tiene gluten o no?

Y al final me decidí por el de arroces. Un curso muy práctico, fácilmente adaptable al sin gluten, y que puedo luego practicar en casa sin tener que hacer pedidos de ingredientes imposibles por internet. Y que en casa del celíaco el arroz cae fijo mínimo una vez por semana... pues mejor aprender a hacerlo bien ¿no?


Un par de días antes de la cita les llamé, y les expliqué la "problemática". Una chica muy maja me dictó la lista de los ingredientes de todos los platos, con sus marcas y sus alternativas. Sólo había problema en un par de especias y en el caldo de brick, que tuvieron que cambiar de Knorr a Gallina Blanca. Vamos, complicadísimo. El comino lo llevé yo y lo picamos allí mismo. Y no le echamos ni colorante ni cúrcuma a ninguno de los arroces. Y no se notó, por cierto.

La cocinera habló también conmigo, y cada ingrediente "sospechoso" que iba a echar me lo enseñaba primero. Y si había dudas, no lo ponía. El trato, como digo, fenomenal.

¿Y la clase? Pues espectacular. Éramos unos diez, alrededor de una isla con tres cocinas, cada una con tres fogones. Tres paellas, dos risottos, un arroz caldoso. A cual más bueno. Las recetas, sencillas y resultonas. Y muchos trucos y detalles para garantizar el éxito en casa. Y quitarle hierro al asunto, que el arroz da mucho miedo, pero al final... si lo haces con buenos ingredientes, queda rico casi siempre.

Arroz del señoret
Entre todos (con la dirección estupenda de Lorena, la profe) preparamos todos los ingredientes, los caldos, los sofritos... Muy divertido y bien organizado. Aprendimos todas las recetas y los trucos. Y un ¡ole! a esa profesora, que es capaz de explicar, preparar ingredientes, y vigilar nueve fogones y dos hornos a la vez y sin despeinarse. Yo si preparo dos platos a la vez, quemo uno los dos, fijo.

Os dejo los trucos fundamentales, las recetas completas, cuando las haga yo en casita.

Para el risotto:

- Usar arroz arborio. Ellos tenían de la marca Nomen, pero puede ser de otra marca. Voy a tener que comprar...
- Poner en una olla de bordes altos una cebollita bien pochadita en mitad de aceite mitad de mantequilla
- Un caldo de carne caliente al ladito (ellos usaban de carne de Gallina Blanca)
- Rehogar un poquito el arroz con la cebolla, echar un cacito de vino blanco, remover
- Cuando haya absorbido el vino, antes de que empiece a pegarse, echar un cacito de caldo, dar otra vueltita
- No hace falta dar vueltas tooodooo el rato. De verdad, yo lo ví. Sólo cada vez que echas un cacito de caldo al arroz
- Los ingredientes que dan sabor (uno era de setas y otro de calabaza) pueden saltearse en sartén primero o cocinarse en el horno. Así tendrán más sabor. El arroz de setas tenía champis (en sartén) y boletus (que como eran congelados, tostamos al horno, para que no soltaran el agua y se cocieran en vez de tostarse). La calabaza, al horno con comino hasta que esté tostada y blandita.

Preparando la calabaza

- A los 10 minutos de cocción del arroz, incorporar los ingredientes (setas, calabaza, otras verduras...)
- Seguir echando cacitos de caldo y removiendo un poco cada vez que el arroz empiece a secarse, hasta que el arroz esté en su punto, al dente.
- Una vez acabada la cocción, echar una cucharada sopera grande de parmesano rallado
- El risotto debe desparramar en el plato, no hacer "montaña". Si está muy seco, se puede echar un poco más de caldo en el último momento.
- Si se nos ha quedado un poco entero, tapar la olla y dejar reposar dos minutitos.

Para los arroces:

Machacando cabezas de gambas, para el sofrito

- Lo fundamental: UN BUEN FUMET. Para hacerlo, sofreír primero marisco (barato y pequeño o cabezas y colas), una vez tostado, añadir vino para levantar todo lo pegado. Cuando se evapore, añadir verduras (zanahoria, puerro, apio) y tostar un poco también. Cubrir con agua y dejar hervir todo lo que puedas, unas tres horas. También puedes añadir unos mejillones baratitos. Cuando queden 45 minutos, echar raspas de pescado o morralla.
- El caldo puede hacerse el día anterior, y dejar con todos "los bichos" dentro, en la nevera. Al día siguiente, colar, calentar y usar en el arroz.
- El sofrito: Primero sofreír las cabezas y las colas de las gambas, que se pegue un poco. Luego le añadimos cebolla, ajo, pimiento rojo y verde en la misma proporción. Cuando esté pochadito, echamos calamar y sepia cortados en cuadraditos y rehogamos. Cuando esté listo, hacemos un hueco en el centro, echamos aceite y ponemos una cucharadita de pimentón, removemos, una de carne de pimiento choricero, removemos, y tres o cuatro cucharadas soperas de tomate triturado. Ahora removemos todo bien y lo dejamos que se una. En este momento podemos echar el arroz, o guardar el sofrito para el día siguiente. Si vamos a hacer arroz caldoso o meloso, triturar el sofrito.
- Si echamos el arroz (arroz BOMBA, mejor de calasparra, pero el de mercadona vale), rehogar con el sofrito hasta que transparente:  nacarar, se llama (qué bonito).
- Incorporar el caldo que necesite según la receta y el tipo de arroz. Para el arroz negro, incorporar la tinta diluida en el caldo

El arroz negro, casi a punto
- En la paella, nunca debe quedar el agua y el arroz por encima de los clavitos de las asas.
- Poner 10 minutos a fuego fuerte, y luego bajar la intensidad según veamos que se va absorbiendo el caldo. Si está muy líquido, dejar el fuego más fuerte. Si está quedándose seco, bajar el fuego. Aquí incorporar el marisco "bueno": las gambas, los mejillones, las almejas, las cigalas... lo que vayamos a echarle.
- Si ves que se está quedando seco, y no se ha terminado de cocer, puedes echar un poco más de caldo caliente
- Intentar no remover mucho, en todo caso, agitar la cazuela entera para despegar el fondo, pero sin meter cuchara
- En total son unos 18 minutos al fuego, luego lo tapamos (ellos lo taparon con papel de horno) y dejamos reposar otros 2-5 minutos para que se acabe de absorber el caldo y separar el grano.

Acompañar de alioli, si gusta.

El día que me anime a hacer paella de la de verdad, os pondré la receta. Lleva más trabajo, sobre todo porque hay que pelar alcachofas. Y caracoles no le pongo ni de broma (algún día os contaré por qué tengo trauma con los caracoles).

Paella valenciana

En fin, que aprendí un montón, y que ¡hay que animarse!
Si nosotros no le enseñamos a la gente que se puede cocinar sin gluten, y que no es tan difícil ¿quién lo va a hacer?

PD: siento mucho la calidad de las fotos, pero estaba ocupada cocinando y/o comiendo. Han quedado en mandarme más...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

miércoles, 30 de octubre de 2013

Adiestramiento tradicional e indefensión aprendida

Muchas veces me han preguntado por qué utilizo el adiestramiento en positivo, cuando el adiestramiento "tradicional", o por la fuerza, "también funciona, y más rápido" (que conste que yo no digo ni que funcione ni que sea más rápido, eso es lo que me dice a mí la gente).

Para mí, la respuesta está clara. Por un lado, está mi ética como persona. No hago daño a un perro si puedo evitarlo, y si puedo ayudar a un perro sin darle un tirón de correa, lo haré. Los tirones de correa no sólo "corrigen" al perro, le meten miedo, le coartan. Cuando trabajas en terapia de comportamiento, no buscas sólo corregir la conducta, sino modificar la motivación, la emoción, que provoca la conducta.

Una conducta es una reacción a algo que ocurre en el entorno. El cerebro recibe una señal (un perro ve a otro perro), y en ese momento reúne dos cosas en la mente: emoción y experiencias anteriores (ese perro desconocido me da miedo porque...). Entonces el perro exhibe una conducta acorde con la emoción que está sintiendo, y su experiencia (como tiene miedo, entra en modo lucha-o-huye, va de la correa, no puede huir, entra en modo lucha). Y ya tenemos un perro agresivo con otros perros mientras pasea de la correa.

Antes de entrar a valorar cómo funciona el método "tradicional" de adiestramiento, voy a explicar qué es la depresión por indefensión aprendida. 

La indefensión aprendida aparece cuando un animal (desde las moscas hasta los humanos) se encuentra en una situación de estrés sobre la que no tiene ningún control. No puede escapar de esta situación, lo que le produce miedo y situación de indefensión. La primera reacción es luchar contra la situación, o huir de ella (la reacción huye-o-lucha de la que hablábamos antes). Pero según pasa el tiempo, y el animal ve que no puede escapar de la situación, la cosa cambia. El animal deja de moverse, deja de luchar, y se deja hacer. Se ha instaurado la depresión por indefensión aprendida. El estado de ánimo cambia, el animal asume que no puede hacer nada para mejorar y se rinde. Lo interesante (y triste) de esta indefensión, es que este comportamiento permanece en el tiempo, y aunque la situación cambie, y el animal pueda volver a controlar el estímulo negativo, no lo hace.

El experimento que originó esta teoría es de los años 60, y se realizó con perros.
En una primera fase del experimento, se disponía a un grupo de perros sujetos con un arnés. Se les administraba una descarga eléctrica, pero mientras que los perros del grupo 1 podían detener el shock presionando una palanca, los del grupo 2 no podían hacer nada por evitar la descarga. El shock, para ese segundo grupo, paraba aleatoriamente (en realidad paraba cuando el perro del grupo 1 apretaba la palanca, pero eso el perro 2 no lo sabía).

En una segunda fase, se colocaba a un perro en un recinto cerrado, del que no podía salir. Se ponía una pequeña verja (saltable) en el medio. El suelo de uno de los lados estaba electrificado, el otro no. Los perros que habían estado en el grupo 1 aprendían rápidamente a saltar la pequeña verja para escapar de la descarga. Los perros del grupo 2 ni lo intentaban, y simplemente yacían tumbados en un rincón del recinto, gimiendo. No evitaban el shock, porque ni siquiera se les ocurría que pudieran hacerlo. Habían generalizado la respuesta de indefensión, habían entrado en depresión.

Os pongo un vídeo de ejemplo, en personas, sobre la rapidez de instauración de esta depresión por indefensión. Está en inglés con subtítulos en español, no he encontrado traducción.

En este vídeo una profesora de psicología entrega un problema a un grupo de alumnos. A todos les da unas letras y les pide que hagan una palabra que contenga todas las letras que están en la tarjeta. La mitad del grupo tiene un conjunto de letras fácilmente ordenables en varias palabras, mientras que la otra mitad tiene unas letras que son imposibles de juntar para formar una palabra. Tras dos intentos de esta forma, la tercera tarjeta, en los dos grupos, tiene un problema de fácil solución. Los alumnos del grupo dos son incapaces de formar palabras con esas letras, a pesar de que el problema tenía fácil solución.



En menos de cinco minutos, y con una tarea bastante poco traumática, unos universitarios se convierten en personas inseguras, dóciles, que no encuentran fuerzas ni para resolver un sencillísimo problema.

Así que ¿qué pasa con nuestros perros durante un adiestramiento "tradicional"?

Pues esto mismo es lo que pasa. El adiestrador llega, coge al perro, le pone una correa. El perro ya no puede huir. El perro empieza a pelear. El adiestrador no afloja, no le deja ir, le cuelga, le da tirones... hasta que el perro entra en indefensión aprendida. Recordemos que se tarda menos de 5 minutos en provocarla, y eso en humanos...

Resultado: un perro que nos sigue, dócil, que  no reacciona a estímulos externos. Lo sacamos de paseo y "se porta fenomenal". ¿Ha aprendido algo? No. ¿Han cambiado sus emociones? No, o  por lo menos no a mejor. ¿Ha funcionado la "terapia"? Pues aparentemente, sí.

Os dejo un vídeo de César Millán. Lo he elegido porque es el programa sobre perros que la gente ve. Y por desgracia, pone en práctica. Y no he buscado mucho, es uno de los primeros que salen cuando metes en youtube "cesar millan pasear perro". Pero es un ejemplo perfecto de lo que os he contado. Hay que fijarse en el lenguaje corporal del perro. No saca en ningún momento el rabo de entre las patas, está totalmente acojonado, y perdonad mi expresión. César se enfrenta a él mirándole fijo (amenaza), le pone una correa (ya no puede huir), se pelea con él un par de minutos (y gana, claro, el collar en la garganta es muy doloroso, y el perro no es nada agresivo) y voilá! tiene al perro paseando por su barrio sin atacar a nadie ni tirar de la correa. Fijaros en el cuerpo del perro. Va mirando al frente sin atender a nada, echando señales de calma a diestro y siniestro, con el rabo entre las patas. ¿Es un perro curado? No, es un perro deprimido.



Pero ¿cuál es el problema? preguntaréis. El perro se porta bien en la calle, que es lo que yo quiero...

Pues el "problema" (aparte de la ética de todo el asunto) es que la indefensión no dura para siempre. Al cabo de unas 48 horas, el efecto empieza a pasarse. Así que entonces tienes que seguir torturando al animal, para que siga en ese estado de depresión, que siga "portándose bien". Cosa que casi ningún dueño hace... no sé si por gracia o por desgracia...

Total, que como no hemos cambiado el origen del problema, el problema vuelve a resurgir. Si teníamos un perro que tenía miedo de otros perros, y se comportaba agresivamente con ellos, les seguirá teniendo miedo. Y ahora viene lo peor. Porque tu perro antes no te tenía miedo a tí, pero ahora sí. Y antes confiaba en tí, pero ahora no. No sólo eso, sino que has intensificado el miedo del perro, así que cuando reaccione, reaccionará más intensamente que antes. Si sólo ladraba, gruñirá, si gruñía, morderá, y si mordía... pues se saltará todos los pasos intermedios (que claramente no funcionaban para mantener alejado el peligro) y pasará del punto 1, ver a un perro, al punto 5, morder al perro, sin dar ni un aviso.

Y hay más consecuencias a la depresión, aparte de las obvias. Los perros generalizan esa ansiedad, y la presentan en más situaciones. Generalizan el miedo, y empiezan a tener miedo de cosas que antes toleraban. Sufren problemas de estómago y enfermedades relacionadas con el estrés. Sus circuitos cerebrales cambian, y les dejan de gustar cosas que antes les gustaban.

Que ¿cuál es la solución?

Pues trabajar con el problema real, que no es que el perro tire de la correa, o que se pelee. El problema normalmente es que el perro tiene miedo (o ansiedad). Y si no eliminamos el miedo, no hacemos nada. Hay que desensibilizar al perro, hacer un contracondicionamiento, o practicar el B.A.T. 

Lo que sea, menos torturar al perro, que ya tiene suficiente.

PD: no quiero hablar de los adiestradores que (por desgracia) salen en la tele, sean extranjeros o nacionales. He elegido este vídeo, pero como éste hay unos mil, de César Millán y de otros adiestradores. Que hacen burradas tremendas a diario delante de millones de personas. Os invito a quitarle el sonido a los programas y a observar a los perros. Sus posturas, sus señales de calma. Y las de ellos. A ver si podéis mirarlos más de diez minutos... sin cabrearos. Yo  no.

Inspiración (y cabreo) vía un vídeo de denuncia que subió mi amigo Richard, de Dogsenjoy. Id a ved el vídeo, pero os advierto que es muy, muy duro.


Bibliografía:


1.
Enkel, T., Spanagel, R., Vollmayr, B. & Schneider, M. Stress triggers anhedonia in rats bred for learned helplessness. Behavioural Brain Research 209, 183–186 (2010).

2.
Overmier, J. Bruce & Seligman, Martin E. Effects of Inescapable Shock Upon Subsequent Escape and Avoidance Responding. Journal of Comparative and Physiological Psychology 63, 28–33 (1967).


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 28 de octubre de 2013

Amigos imaginarios

- ¿Ya estás trabajando en tu redacción? ¡No hay que entregarla hasta el jueves!
- Sí, ya lo sé, mamá dice que las pastillas deben estar funcionando
- Bueno, ya, pero está nevando fuera, y pensé que, podíamos...
- Perdona ¿qué?, no te estaba escuchando, de verdad que debería acabar ésto...
Calvin y Hobbes

Pollito tiene un amigo imaginario. Bueno, uno no, tiene cinco. Ella todo lo hace a lo grande...

Desde este verano, juega con "sus niños" los ratos que se queda sola. Al principio, la verdad, es que nos daba como repelús. Es un poco inquietante oir a tu hija hablar sola, y no con sus muñecos, no, sino a una "audiencia". Lo peor fue cuando nos quejamos de que estaba durmiendo peor, y nos explicó que es que sus niños la molestaban y no la dejaban dormir. Ay madre...

Pero en realidad esta niña es muy razonable, y cuando le preguntamos si eran de verdad o inventados, nos miró con cara de "estos no se enteran" y nos dijo que claro, que eran imaginados. ¿Y por qué no te imaginas unos niños buenos que no molesten? Mano de santo. Tiró a los "niños malos" por la ventana (o eso dijo ella) y se quedó con unos niños buenos, que son cinco, que juegan con ella. Tienen cuatro años, y no molestan. Tienen unos nombres raros que Pollito se va inventando sobre la marcha, y que yo creo que van cambiando según su humor.

Y ella es feliz, así que no deberíamos preocuparnos ¿no?
Pues no, claro, te preocupas. Tener amigos imaginarios ¿es normal?

Ale, pues como yo me tiro al trapo, todo el fin de semana llevo leyendo sobre el tema, a ver si es normal, o si significa que le falta algo. Y os lo cuento.

Los amigos imaginarios, según los psicólogos, pueden ser de dos clases. Totalmente imaginarios (o invisibles), o muñecos personificados. En ambos casos, no se ha podido comprobar que supusieran un problema para el niño, o que fueran consecuencia de problemas de relación con otro niños.

Aproximadamente la mitad de los niños tienen un amigo imaginario. La mayoría de estos niños son hijos únicos o primogénitos, lo que hace pensar que son niños que juegan a ratos solos. Y se imaginan compañeros de juegos, para que les hagan compañía, o para practicar el juego con otros niños. Lo que está claro es que cuando aparece un niño real, se olvidan del imaginario rápidamente.

Es más, parece que los niños con amigos imaginarios tienen mayores tendencias sociales. Son niños que se llevan bien con otros niños, y que cuando tienen otros niños alrededor son bien aceptados por ellos. No son más tímidos o más inseguros (o más mandones) que los otros niños, al contrario, en algunos casos parece que la práctica de las relaciones sociales con los amigos imaginarios les ayuda a mantener mejores relaciones con otros niños.

Sí que parece existir un perfil de personalidad de los niños con amigos imaginarios. Suelen ser  niños muy creativos y fantasiosos, con una gran sensibilidad con las emociones de los demás. Son niños que desarrollan antes la teoría de la mente, y que tienen una narrativa más desarrollada más precozmente. Es decir, su vocabulario es igual que el de los niños sin amigo imaginario, pero cuentan historias más hiladas y con más detalles. Tampoco son niños que no reconozcan la diferencia entre realidad o ficción. Saben perfectamente que sus amigos no son reales, sino inventados. Pero les da igual...

También se ha estudiado si estos niños tienen problemas de adaptación cuando crecen, y no lo parece. Y se ha estudiado el fenómeno en adultos, por si esto tiene efecto en relaciones sociales futuras, y tampoco lo parece. Sí que es verdad que los niños con amigos imaginarios de mayores siguen siendo personas emotivas, creativas y con empatía.

En resumen, que ni es bueno, ni es malo. Es el resultado de mucha imaginación, y grandes dosis de tiempo libre sin otros niños alrededor.

Y vuestros niños ¿tienen o tuvieron amigo imaginario?

Por si os apetece profundizar en el tema, os dejo la

Bibliografía:

Bouldin, P., & Pratt, C. (1999). Characteristics of Preschool and School-Age Children with Imaginary Companions. The Journal of Genetic Psychology, 160(4), 397-410. doi:10.1080/00221329909595553
Bouldin, P., & Pratt, C. (2002). A systematic assessment of the specific fears, anxiety level, and temperament of children with imaginary companions. Australian Journal of Psychology, 54(2), 79–85. doi:10.1080/00049530210001706533
Gleason, T. (2004). Imaginary companions and peer acceptance. International Journal of Behavioral Development, 28(3), 204-209. doi:10.1080/01650250344000415
Gleason, T. R., Jarudi, R. N., & Cheek, J. M. (2003). Imagination, Personality, and Imaginary Companions. Social Behavior and Personality: an international journal, 31(7), 721-737. doi:10.2224/sbp.2003.31.7.721
Gleason, T. R., Sebanc, A. M., & Hartup, W. W. (2000). Imaginary companions of preschool children. Developmental Psychology, 36(4), 419-428. doi:10.1037/0012-1649.36.4.419
Hoff, E. V. (2005). Imaginary Companions, Creativity, and Self-Image in Middle Childhood. Creativity Research Journal, 17(2-3), 167-180. doi:10.1080/10400419.2005.9651477
Pearson, D., Rouse, H., Doswell, S., Ainsworth, C., Dawson, O., Simms, K., … Faulconbridge, J. (2001). Prevalence of imaginary companions in a normal child population. Child: Care, Health and Development, 27(1), 13–22. doi:10.1046/j.1365-2214.2001.00167.x
Taylor, M., Carlson, S. M., Maring, B. L., Gerow, L., & Charley, C. M. (2004). The Characteristics and Correlates of Fantasy in School-Age Children: Imaginary Companions, Impersonation, and Social Understanding. Developmental Psychology, 40(6), 1173-1187. doi:10.1037/0012-1649.40.6.1173
Taylor, M., Cartwright, B. S., & Carlson, S. M. (1993). A developmental investigation of children’s imaginary companions. Developmental Psychology, 29(2), 276-285. doi:10.1037/0012-1649.29.2.276
Trionfi, G., & Reese, E. (2009). A Good Story: Children With Imaginary Companions Create Richer Narratives. Child Development, 80(4), 1301–1313. doi:10.1111/j.1467-8624.2009.01333.x


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 25 de octubre de 2013

Tarta fría de melocotón, sin gluten



Ésta es una de esas recetas de aprovechamiento, pero de las buenas. La hice en la playa, con dos cazos y un molde, sin horno ni ingredientes raros, con lo que había por los armarios (nos íbamos al día siguiente y había que dejar vacía la nevera), y dos tonterías que compré en el Mercadona. Lo bueno de veranear en Alicante, oye, tienes un Mercadona siempre cerca.

La parte del melocotón en almíbar la tomé de una receta de Martha Stewart, pero con bastante manga ancha. Puedes cambiar la fruta por la que quieras, cualquiera de ésas que compras a kilos en el mercadillo porque es de temporada y está muy barata, y al llegar a casa te das cuenta de que ya está muy madura, y tu familia no es capaz de zamparse dos kilos de melocotones (o de albaricoques, de manzanas, peras, ciruelas, fresas, cerezas...) en dos días.

La parte de la crema, igual. Yo la hice con un bote de leche ideal, que habíamos abierto y se iba a estropear. Pero puedes ponerle cualquier lácteo (cuanta más materia grasa, más rico estará, con nata, o queso filadelfia queda riquísima) o incluso sustitutos de soja o arroz.

Y con la base, lo mismo digo. Puedes usar cualquier paquete de galletas que esté aburrido por ahí. O ese que te regaló un amigo con todo su amor, porque vio que era sin gluten y lo compró para tí, pero que, seamos sinceros, no hay quien se las coma. Yo usé un paquete de galletas maría de gullón, que me traje de Madrid y que llegó totalmente hecho miguitas.

Esta receta, además, se hace sin horno. Que en invierno no pasa nada, pero en verano, qué pereza da encenderlo. También viene bien para hacer en casa ajena, cuando tienes miedo de contaminarla, puesto que sólo necesitas un par de cazos.

Bueno, al lío.

Para los melocotones:



1 kg de melocotones (yo puse melocotones y albaricoques) muy maduros, pelados, partidos por la mitad y sin el hueso
1 botella de vino dulce (yo tenía media de vino blanco, y le añadí un poco de moscatel)
750 ml de agua
100 gr de azúcar
1 vaina de vainilla, abierta y sacadas las semillas (o 2 cucharadas de azúcar avainillado)
Especias: la receta original es con cardamomo y anís estrellado. Yo no tenía, así que miré por la cocina, y puse 1 puñadito de clavos de olor, una rama de canela, y la piel de 1 naranja.

Pon todos los ingredientes en una olla grande y remueve para que se disuelva el azúcar. Pon a fuego fuerte hasta que hierva. Cubre con un papel vegetal (así los melocotones no flotan, y no salpica, truco Martha Stewart total) y baja el fuego hasta que hierva lento. Deja de 8 a 25 minutos, dependiendo del tamaño de los trozos y el tipo de fruta, hasta que se ablanden. Yo saqué los albaricoques a los 10 y los melocotones a los 20. Vuelve a subir el fuego, quita el papel vegetal, y deja que todo hierva a fuego fuerte hasta que almíbar haya reducido, y te quede como un vaso (unos 20 minutos más, o media hora). Reserva el almíbar.

Para la crema:

1 bote de leche ideal, o 250 ml del lácteo que te apetezca: nata, queso filadelfia, yogur griego... o incluso sustitutos de soja o arroz
El vaso de almíbar, menos tres cucharadas.
8 hojas de gelatina (cola de pescado).

Saca las hojas y ponlas en un bol con agua unos 10 minutos, para que se hidraten. Mientras tanto, pon en la olla el almíbar y la leche, y calienta hasta que hierva. Apaga el fuego, y echa dentro las hojas de gelatina, remueve hasta que se disuelvan.

Para la base:

1 paquete de galletas (yo maría de gullón)
125 gr de mantequilla o margarina

Mete las galletas en una bolsa de plástico, y pasa el rodillo por encima hasta que sean todo miguitas. Añade la mantequilla en trocitos pequeños y mezcla hasta que quede como una masa.

Para decorar:

1 lámina de gelatina neutra
3 cucharadas del almíbar de melocotón

Remoja la lámina para  que se hidrate (10 minutos), calienta el almíbar y mezcla con la gelatina hasta que se disuelva.

Montaje de la tarta:



En un molde desmontable, pon una base de la masa de galleta triturada. Aplástalo bien, para que quede firme y homogénea.

Vierte la crema por encima y métela en el frigo un par de horas, hasta que se endurezca y gelatinice.

Corta los melocotones en rodajas, y colócalos por encima de la capa de crema. Vierte las tres cucharadas de almíbar con la gelatina por encima, para que brille todo y quede más bonito. A la nevera media hora y
¡listo para comer!


No me digáis que no queda preciosa. Pues además es fácil de hacer, está buenísima, y el toque de especias da un toque muy original. Dejaréis a la familia alucinada.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es