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lunes, 28 de octubre de 2013

Amigos imaginarios

- ¿Ya estás trabajando en tu redacción? ¡No hay que entregarla hasta el jueves!
- Sí, ya lo sé, mamá dice que las pastillas deben estar funcionando
- Bueno, ya, pero está nevando fuera, y pensé que, podíamos...
- Perdona ¿qué?, no te estaba escuchando, de verdad que debería acabar ésto...
Calvin y Hobbes

Pollito tiene un amigo imaginario. Bueno, uno no, tiene cinco. Ella todo lo hace a lo grande...

Desde este verano, juega con "sus niños" los ratos que se queda sola. Al principio, la verdad, es que nos daba como repelús. Es un poco inquietante oir a tu hija hablar sola, y no con sus muñecos, no, sino a una "audiencia". Lo peor fue cuando nos quejamos de que estaba durmiendo peor, y nos explicó que es que sus niños la molestaban y no la dejaban dormir. Ay madre...

Pero en realidad esta niña es muy razonable, y cuando le preguntamos si eran de verdad o inventados, nos miró con cara de "estos no se enteran" y nos dijo que claro, que eran imaginados. ¿Y por qué no te imaginas unos niños buenos que no molesten? Mano de santo. Tiró a los "niños malos" por la ventana (o eso dijo ella) y se quedó con unos niños buenos, que son cinco, que juegan con ella. Tienen cuatro años, y no molestan. Tienen unos nombres raros que Pollito se va inventando sobre la marcha, y que yo creo que van cambiando según su humor.

Y ella es feliz, así que no deberíamos preocuparnos ¿no?
Pues no, claro, te preocupas. Tener amigos imaginarios ¿es normal?

Ale, pues como yo me tiro al trapo, todo el fin de semana llevo leyendo sobre el tema, a ver si es normal, o si significa que le falta algo. Y os lo cuento.

Los amigos imaginarios, según los psicólogos, pueden ser de dos clases. Totalmente imaginarios (o invisibles), o muñecos personificados. En ambos casos, no se ha podido comprobar que supusieran un problema para el niño, o que fueran consecuencia de problemas de relación con otro niños.

Aproximadamente la mitad de los niños tienen un amigo imaginario. La mayoría de estos niños son hijos únicos o primogénitos, lo que hace pensar que son niños que juegan a ratos solos. Y se imaginan compañeros de juegos, para que les hagan compañía, o para practicar el juego con otros niños. Lo que está claro es que cuando aparece un niño real, se olvidan del imaginario rápidamente.

Es más, parece que los niños con amigos imaginarios tienen mayores tendencias sociales. Son niños que se llevan bien con otros niños, y que cuando tienen otros niños alrededor son bien aceptados por ellos. No son más tímidos o más inseguros (o más mandones) que los otros niños, al contrario, en algunos casos parece que la práctica de las relaciones sociales con los amigos imaginarios les ayuda a mantener mejores relaciones con otros niños.

Sí que parece existir un perfil de personalidad de los niños con amigos imaginarios. Suelen ser  niños muy creativos y fantasiosos, con una gran sensibilidad con las emociones de los demás. Son niños que desarrollan antes la teoría de la mente, y que tienen una narrativa más desarrollada más precozmente. Es decir, su vocabulario es igual que el de los niños sin amigo imaginario, pero cuentan historias más hiladas y con más detalles. Tampoco son niños que no reconozcan la diferencia entre realidad o ficción. Saben perfectamente que sus amigos no son reales, sino inventados. Pero les da igual...

También se ha estudiado si estos niños tienen problemas de adaptación cuando crecen, y no lo parece. Y se ha estudiado el fenómeno en adultos, por si esto tiene efecto en relaciones sociales futuras, y tampoco lo parece. Sí que es verdad que los niños con amigos imaginarios de mayores siguen siendo personas emotivas, creativas y con empatía.

En resumen, que ni es bueno, ni es malo. Es el resultado de mucha imaginación, y grandes dosis de tiempo libre sin otros niños alrededor.

Y vuestros niños ¿tienen o tuvieron amigo imaginario?

Por si os apetece profundizar en el tema, os dejo la

Bibliografía:

Bouldin, P., & Pratt, C. (1999). Characteristics of Preschool and School-Age Children with Imaginary Companions. The Journal of Genetic Psychology, 160(4), 397-410. doi:10.1080/00221329909595553
Bouldin, P., & Pratt, C. (2002). A systematic assessment of the specific fears, anxiety level, and temperament of children with imaginary companions. Australian Journal of Psychology, 54(2), 79–85. doi:10.1080/00049530210001706533
Gleason, T. (2004). Imaginary companions and peer acceptance. International Journal of Behavioral Development, 28(3), 204-209. doi:10.1080/01650250344000415
Gleason, T. R., Jarudi, R. N., & Cheek, J. M. (2003). Imagination, Personality, and Imaginary Companions. Social Behavior and Personality: an international journal, 31(7), 721-737. doi:10.2224/sbp.2003.31.7.721
Gleason, T. R., Sebanc, A. M., & Hartup, W. W. (2000). Imaginary companions of preschool children. Developmental Psychology, 36(4), 419-428. doi:10.1037/0012-1649.36.4.419
Hoff, E. V. (2005). Imaginary Companions, Creativity, and Self-Image in Middle Childhood. Creativity Research Journal, 17(2-3), 167-180. doi:10.1080/10400419.2005.9651477
Pearson, D., Rouse, H., Doswell, S., Ainsworth, C., Dawson, O., Simms, K., … Faulconbridge, J. (2001). Prevalence of imaginary companions in a normal child population. Child: Care, Health and Development, 27(1), 13–22. doi:10.1046/j.1365-2214.2001.00167.x
Taylor, M., Carlson, S. M., Maring, B. L., Gerow, L., & Charley, C. M. (2004). The Characteristics and Correlates of Fantasy in School-Age Children: Imaginary Companions, Impersonation, and Social Understanding. Developmental Psychology, 40(6), 1173-1187. doi:10.1037/0012-1649.40.6.1173
Taylor, M., Cartwright, B. S., & Carlson, S. M. (1993). A developmental investigation of children’s imaginary companions. Developmental Psychology, 29(2), 276-285. doi:10.1037/0012-1649.29.2.276
Trionfi, G., & Reese, E. (2009). A Good Story: Children With Imaginary Companions Create Richer Narratives. Child Development, 80(4), 1301–1313. doi:10.1111/j.1467-8624.2009.01333.x


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 24 de junio de 2012

Mi perro se siente culpable...


Muchos clientes (y amigos, y colegas...) están convencidos de que sus perros se sienten culpables cuando hacen algo mal. Creo que casi cualquier persona que ha tenido perro se ha encontrado, al volver a casa, con un perro que le miraba con carita de cordero degollado, al lado de un desastre.

Pero ¿de verdad que el perro se siente culpable?
Pues... va a ser que no. Para sentirse culpable, primero uno tiene que reconocer que ha hecho algo "mal". Así que primero uno tiene que saber la diferencia entre el "bien" y el "mal", y estos son conceptos abstractos que los perros no son capaces de entender.



Entonces ¿esa carita?
Si nos fijamos en las expresiones de estos perros, y las comparamos con las del post anterior, veremos que todas son o señales de calma, o señales de sumisión. Los perros no están expresando "he hecho mal, lo siento" sino "estás enfadado, no la tomes conmigo". Las orejas gachas, mirar "desde abajo", agachar la cabeza o el cuerpo entero, dar con la patita... son señales de sumisión. Evitar la mirada, chuparse la nariz, ponerse de lado, son señales de calma. Básicamente la traducción sería "por favor, no me pegues".

Vale, esto es fácil de entender cuando el desastre está delante, lo vemos y entramos enfadados. Los perros nos leen el lenguaje corporal de cabreo extremo, y se asustan. Pero ¿y cuando lo hacen cuando todavía no hemos visto el desaguisado?


Muchos perros muestran este comportamiento en el momento que entramos por la puerta, antes de que podamos expresar nuestro descontento. A veces es que ni siquiera salen a saludar... ¿cómo puede ser?

Pues se ha demostrado que este comportamiento es aprendido. Los perros a los que se les ha reñido al volver a casa, al ver un destrozo, asocian la vuelta a casa con la bronca. Así que muchas veces el dueño llega a casa, y el perro tiene cara de culpable, pero no ha hecho nada. El perro ha aprendido que a veces el dueño vuelve a casa y le riñe, y "por si acaso", intenta apaciguarnos primero. A veces es que nosotros entramos con la idea "a ver qué me ha hecho hoy" y ni nos damos cuenta...


Pero es verdad que algunos perros acaban aprendiendo a distinguir los destrozos de la bronca. Hay algunos que sólo ponen cara de culpables si de verdad han hecho algo. Pero ¿por qué siguen destrozando, entonces? Porque, cuando se castiga a un perro por algo que ha hecho hace un minuto, el perro no entiende que el castigo es por algo que ha hecho él. Entiende que si hay basura desparramada, su dueño le echa la bronca. No entiende que se le castiga por tirar la basura.

Otra cosa que hay que entender es que el perro cuando destroza, no lo hace "aposta", ni "por fastidiar". Que los perros sepan que nosotros tenemos pensamientos propios sigue en duda (ver temas de teoría de la mente), así que pensar que el perro "sabe" que lo que  hace "nos fastidia", es mucho pedirle a un perro.


Los perros destrozan básicamente por dos razones.

Porque se aburren y ¿y por qué no?
Los perros no saben que los objetos poseen valor, más allá de lo bien que saben, o del gusto que da morderlos. Entienden que la cercanía da la posesión, y si no hay nadie delante... pues todo es "suyo". El respetar los objetos de una casa, es algo que tienen que aprender, igual que el no hacerse pis. Y eso de tener comida perfectamente comestible (para un perro) metido en una caja de plástico, a la altura de la nariz, soltando aromas "deliciosos" y no poder tocarla... no creo que ningún perro entienda la prohibición de no comer basura. Además, los perros suelen quedarse solos unas seis-ocho horas diarias, sin tele, radio, libros, ni más entretenimiento que lo que puedan morder. Si no se les da algo para entretenerse, o se les cansa lo suficiente para que lo que quieran sea sestear... pues se buscarán el entretenimiento por su cuenta.


Por ansiedad por separación
Cuando un perro tiene ansiedad por separación, cada vez que su dueño sale de casa sufre una crisis de ansiedad. Su mente entra en "automático-descarga de ansiedad" y todo lo que hace es una forma de intentar sentirse un poquito mejor, o una consecuencia física directa de las hormonas del estrés. ¿Caca y pis? Durante una crisis de ansiedad, los esfínteres se relajan. No hay nada que el perro pueda hacer para evitarlo. Literalmente, se cagan de miedo (el que no haya ido al baño seis veces antes de un examen importante, que tire la primera piedra).
Los destrozos hechos con las patas suelen ser intentos de fuga. El perro intenta hacer un agujero para reunirse con su amo, y si tiene que atravesar una pared para hacerlo, lo hará. Si no puede, intentará descargar toda la ansiedad andando, corriendo o trepando, para buscar otros lugares por los que salir. Tirará cosas al suelo, deshará las camas... lo que sea con tal de conseguir salir.
Los destrozos hechos con la boca son formas de descargar la ansiedad. Igual que los bolis suelen acabar  con los culos destrozados por los alumnos que estudian para un exámen, o cuando nos mordemos las uñas antes de entrar al despacho del jefe (a veces hasta hacernos sangre...). Las patas de las mesas o los cercos de las puertas suelen sufrir cuando un perro intenta relajarse. Si añadimos que en donde el perro se siente más seguro, y con más ganas de morder, es en donde más rato pasa el dueño, y más olor tiene a él... almohadas, sillones y zapatillas pueden acabar deshechos.


Por eso, cuando llegues a casa, y tu perro ponga cara de culpable... no le regañes. Primero, porque no va a valer para nada. Sólo vas a conseguir que tu perro tenga miedo de que vuelvas a casa, y eso puede propiciar la ansiedad por separación.

Y segundo, porque, asúmelo, es TU responsabilidad. El perro no puede pensar en el futuro, no puede preveer, pero tú sí.
Si ha vaciado la basura ¿por qué no la habías sacado, o puesto fuera de su alcance?
Si se ha comido una silla ¿por qué no lo cansaste antes de irte a trabajar, o le dejaste un juguete interesante para morder?
Si se ha hecho pis ¿le has dejado muchas horas, o es que todavía no ha aprendido?
Y si tiene ansiedad por separación... contacta a un especialista. Tener un ataque de ansiedad diario no es agradable, y si encima te regañan por ello... eso es un infierno emocional.

Bibliografía:

Hecht, J., et al., Behavioral assessment and owner perceptions of behaviors associated with guilt in dogs. Appl. Anim. Behav. Sci. (2012), doi:10.1016/j.applanim.2012.02.015
Horowitz A (2009). Disambiguating the “guilty look”: salient prompts to a familiar dog behaviour. Behavioural processes, 81 (3), 447-52 PMID: 19520245



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 21 de mayo de 2012

Bostezos contagiosos y Teoría de la Mente


¿Por qué bostezamos?

Bueno, yo bostezo porque hace más de dos años que no dormimos bien, y es que no puedo parar. En un principio, se creía que el bostezo sólo era una forma de refrigerar y oxigenar el cerebro. Cuando estás cansado, mueves menos la caja torácica, y la respiración es más superficial. Cuando se bosteza, gran cantidad de aire fresco llega a los pulmones, es un "chute" de aire momentáneo, que compensa ese rato en el que las respiraciones han sido menos eficaces, debido al cansancio físico.

Pero ¿por qué se contagian los bostezos?

Cuando vemos a otra persona, o animal, bostezar, muchas veces bostezamos unos segundos después. Lo mismo si sólo lo escuchamos, o lo vemos por tele. O leemos una descripción de un bostezo. O leemos la palabra "bostezar"(¿Has bostezado ya?). Hay algo en nuestro cerebro que se dispara, y no nos podemos contener.


Una teoría es que los bostezos (y otras conductas) se contagian para sincronizar las actividades de los individuos de un mismo grupo. Así, cuando uno tuviera sueño, bostezaría, los demás con él, y decidirían todos irse a echar la siesta. Pero parece que es algo más complicado.

Los estudios indican que el contagio del bostezo está relacionado con la habilidad de Teoría de la Mente. Las personas que tienen mejores resultados en los test que miden esta habilidad, también se contagian de los bostezos de los demás con mayor frecuencia. Al contrario que las personas con la Teoría de la Mente poco desarrollada (gente con autismo, por ejemplo), que se contagian muy poco. Así que la capacidad de contagiarse está relacionada con lo que llamamos empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir las emociones que está sintiendo otro individuo sólo con verle.

No sólo los humanos se contagian de los bostezos de otros. También lo hacen los chimpancés, los macacos y los babuínos. Y los perros.

Se cree que los perros, debido a su evolución conjunta junto con las personas, han podido desarrollar esta capacidad, y además responder no sólo a los bostezos de otros perros, sino también a los de los humanos.

Se han realizado varios experimentos con perros, a los que se les han puesto vídeos, grabaciones del sonido o gente bostezando en persona. No sólo los perros tenían tendencia a contagiarse de los bostezos (ya fueran en vivo y en directo o en grabaciones o imágenes de vídeo), sino que si el bostezo era fingido no se les pegaba. Sólo con oír el bostezo, ya tenían mayor tendencia a bostezar también. En los experimentos "en vivo", hasta un 70% de los perros se contagiaban.

Pero entonces se pensó que el contagio podía ser simplemente una conducta de imitación, igual que los corderos que saltan cuando otro cordero salta. Nada de empatía, simplemente tendencia a copiar gestos. Para distinguir este comportamiento, se ideó un experimento, en el que se ponía al perro una grabación de gente desconocida que bostezaba, y en otro momento a su dueño que bostezaba. Los perros bostezaron más cuando vieron a sus dueños bostezar, que cuando vieron a un extraño. Esto demuestra que no es sólo un reflejo de imitación, sino que es necesario la pertenencia al grupo social para que se despierte el contagio.


Por otra parte, se piensa que los perros, cuando oyen a su dueño bostezar, en su mente "ven" la imagen de su dueño bostezando. Ésta imagen sería la que "despertaría" el contagio, y no sólo el sonido. Cuando oyen a un desconocido bostezar, no podrían "verlo", puesto que desconocen cómo es, y no se les pegaría ese bostezo, que no habrían "visto".

Así que ¿pura imitación? ¿o verdadera empatía?

Y tú ¿eres empático? ¿cuántas veces has bostezado mientras leías esta entrada? (Y espero que no fuera de aburrimiento... ;) )


Y tu perro ¿bosteza si tú bostezas? Porque los míos no...

Vía "The Thoughtful Animal"

Bibliografía:



Joly-Mascheroni, R., Senju, A., & Shepherd, A. (2008). Dogs catch human yawns Biology Letters, 4 (5), 446-448. DOI:10.1098/rsbl.2008.0333

Matthew W. Campbell, & Frans B. M. de Waal (2011). Ingroup-Outgroup Bias in Contagious Yawning by Chimpanzees Supports Link to Empathy PLoS ONE, 6 (4) : 10.1371/journal.pone.0018283
Harr, A., Gilbert, V., & Phillips, K. (2009). Do dogs (Canis familiaris) show contagious yawning? Animal Cognition, 12 (6), 833-837 DOI:10.1007/s10071-009-0233-0
O’Hara, S., & Reeve, A. (2011). A test of the yawning contagion and emotional connectedness hypothesis in dogs, Canis familiaris Animal Behaviour, 81 (1), 335-340 DOI: 10.1016/j.anbehav.2010.11.005
Yoon, J., & Tennie, C. (2010). Contagious yawning: a reflection of empathy, mimicry, or contagion? Animal Behaviour, 79 (5) DOI:10.1016/j.anbehav.2010.02.011

Silva, K., Bessa, J., & de Sousa, L. (2012). Auditory contagious yawning in domestic dogs (Canis familiaris): first evidence for social modulationAnimal Cognition DOI: 10.1007/s10071-012-0473-2


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 12 de marzo de 2012

¿A qué edad desarrollan los niños la Teoría de la Mente?

Empecé hace tiempo a contaros cosas sobre la Teoría de la Mente en los niños, pero la verdad es que había dejado el tema algo aparcado. Hoy me han preguntado si pensaba volver a escribir algo sobre esto, así que me he animado a dejaros el "capítulo 3". Para entender mejor todo este tema, os recomiendo que os leáis las dos entradas anteriores: ¿Qué es la "Teoría de la Mente"?¿Cómo sabemos quién tiene Teoría de la Mente? El test de Sally-Ann.

Se llevan muchos años investigando la Teoría de la Mente, pero hasta ahora había sido imposible encontrar esta habilidad en en niños menores de 4 años. Recientemente, se han propuesto unas pruebas nuevas, en las que no se habla con los niños ni se les explica nada, simplemente se les "deja hacer", se observa cómo actúan ellos espontáneamente. En estas pruebas  de "Respuestas Espontáneas",  se presentan a los niños unos vídeos,  con unos dibujos animados, y se estudia hacia dónde dirigen ellos espontáneamente su mirada, hacia dónde miran.



Pruebas de Violación de la Expectativa:


La habituación es un descenso de la respuesta ante un estímulo que se repite. Una forma de detectarla consiste en presentar a un individuo con una situación, repetidamente, y registrar el tiempo durante el cual el sujeto presta atención a la escena. El individuo mira la escena durante menos tiempo una vez se ha habituado a ella, que al principio de la presentación. Se dice que el sujeto ha creado una expectativa. Al ver el comienzo de la situación, el individuo cree poder prever cómo acabará, y deja de prestar atención. Si a partir de ese momento, se presenta al sujeto con una escena parecida, pero no igual, el individuo se deshabitúa, y vuelve a mirar la situación otra vez durante más tiempo, más tiempo incluso que cuando le fue presentada la escena por primera vez. A este proceso se le llama violación de la expectativa, y es el resultado de una reacción de sorpresa frente a un desenlace de una situación distinto al esperado (Gergely et al. 1995).

En las investigaciones de Teoría de la Mente con el paradigma de "Violación de la Expectativa", se estudia si los niños miran durante más tiempo cuando los individuos actúan de una forma inconsistente con sus falsas creencias (Kovács et al. 2010; Onishi & Baillargeon 2005; Surian et al. 2007). Se coloca a los niños delante de una pantalla en la que se presenta un vídeo con escenas en las que un agente o un objeto observan (o no) el escondite o el cambio de lugar de una pelota u otro objeto. Se controla el tiempo que los niños pasan mirando al agente, a los objetos y a los escondites. Los niños desde los 7 meses de edad miran durante más tiempo (se "sorprenden") si el agente no encuentra la pelota escondida durante el test de falsa creencia, incluso si ellos habían observado el cambio de lugar (Kovács et al. 2010).


Pruebas de Mirada de Anticipación:


Este paradigma es parecido al anterior, pero en vez de registrar el tiempo durante el cual el sujeto mira una escena, se investiga hacia dónde dirige su mirada en cada momento. Cuando un individuo mira una escena repetidas veces, y se  habitúa a ella, su mirada sigue los movimientos de los elementos móviles de la situación. El individuo puede prever hacia donde se dirigirán esos elementos, y su mirada va hacia ese lugar antes de que lo haga el elemento móvil (Clements & Perner 1994).

En las investigaciones de ToM realizadas bajo el paradigma de la "Mirada de Anticipación" se investiga si los niños anticipan con la mirada dónde el agente, con su falsa creencia sobre un objeto escondido, buscará ese objeto (Southgate et al. 2007; Clements & Perner 1994; Garnham & Ruffman 2001). Por ejemplo, en uno de los estudios se coloca al niño delante de una pantalla en la que un actor observa un juguete que se esconde en una de las dos cajas presentes. Cuando el actor no está mirando, entra otro agente (un osito de peluche) y se lleva el juguete. Entonces el actor se acerca a una de las dos cajas e intenta coger el juguete. Para enseñar a los niños el momento en el que "tienen" que mirar, en las pruebas preparatorias se incluye una pista sonora y visual, que señala el momento en el que el actor abre una ventana para acceder a una de las cajas. Los niños a partir de los 25 meses de edad miran hacia la caja en la que el actor cree que está el objeto escondido y no a la otra.

Parece ser que los niños tienen, ya a los 7 meses de edad, la capacidad para retener las falsas creencias de los demás en su memoria, y comportarse de acuerdo con ellas (Kovács et al. 2010). Es decir, los niños tienen Teoría de la Mente a partir de los 7 meses. Comparado con la fecha que teníamos hasta este momento, hemos adelantado tres años enteros el origen de esta habilidad.


¿Y en animales?

Este tipo de pruebas todavía no se han presentado en animales. Por ahora se está comprobando si ven la televisión, y calibrando el aparato para el seguimiento de la mirada. Si se hacen, y las pasan,  juro que os lo cuento.

Bibliografía:

Clements, W. A. & Perner, J. 1994. Implicit understanding of belief. Cognitive Development, 9, 377–395.
Garnham, W. A. & Ruffman, T. 2001. Doesn’t see, doesn’t know: is anticipatory looking rehabilidadally related to understanding or belief? Developmental Science, 4, 94–100.
Gergely, G., Nádasdy, Z., Csibra, G. & Bíró, S. 1995. Taking the intentional stance at 12 months of age. Cognition, 56, 165–193.
Kovács, Á. M., Téglás, E. & Endress, A. D. 2010. The Social Sense: Susceptibility to Others’ Beliefs in Human Infants and Adults. Science, 330, 1830 –1834.
Onishi, K. H. & Baillargeon, R. 2005. Do 15-Month-Old Infants Understand False Beliefs? Science, 308, 255 –258.
Scott, R. M. & Baillargeon, R. 2009. Which Penguin Is This? Attributing False Beliefs About Object Identity at 18 Months. Child Development, 80, 1172–1196.
Song, H. & Baillargeon, R. 2008. Infants’ reasoning about others’ false perceptions. Developmental Psychology, 44, 1789–1795.
Song, H., Onishi, K. H., Baillargeon, R. & Fisher, C. 2008. Can an agent’s false belief be corrected by an appropriate communication? Psychological reasoning in 18-month-old infants. Cognition, 109, 295–315.
Southgate, V., Senju, A. & Csibra, G. 2007. Action Anticipation Through Attribution of False Belief by 2-Year-Olds. Psychological Science, 18, 587 –592.
Surian, L., Caldi, S. & Sperber, D. 2007. Attribution of Beliefs by 13-Month-Old Infants. Psychological Science, 18, 580 –586.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 23 de mayo de 2011

¿Cómo sabemos quién tiene Teoría de la Mente? El test de Sally-Ann

Después de un año y pico adiestrando perros para ver si pasan un test de Teoría de la Mente, se me ha ocurrido pensar que "a lo mejor es mejor probar primero este test en niños que seguro que la tengan ¿no?"
Y es que si paso el test a los perros, y no me lo pasan, ¿es porque los perros no tienen Teoría de la Mente, o es que el test que hemos diseñado está mal hecho?

Pues dicho y hecho, y aquí estoy, repasando la literatura para adaptar el test a niños, primero a niños de cinco años (que deberían pasar el test sin problemas), luego a niños más pequeños (entre 18 y 30 meses, que ya veremos si lo pasan o no). Y luego en perros. Que son la gran incógnita, claro.

Pero ¿por qué digo que los niños de 5 años seguro que lo pasan y los más pequeñitos no? Bueno, porque el test clásico de Teoría de la Mente, que se lleva realizando más de 30 años, sólo lo pasan niños mayores de 4 años. El test ligeramente modificado lo pasan los niños de entre 3 y 4 años, pero los niños más pequeñitos no pasan este test.

El test Sally-Ann

Este test, desarrollado por Wimmer y Perner en 1983, es el más utilizado en la literatura. En él se cogen dos muñecas, Sally y Ann, y se representa una historia delante de un niño.

La muñeca Sally tiene una canica, una caja, y una cesta con tapa. Coge la canica, la mete en la cesta, y sale de la habitación. Entonces Ann saca la canica de la cesta, y la introduce en la caja. Sally vuelve a entrar, y el experimentador le pregunta al niño ¿Dónde buscará Sally la canica?

Si el niño tiene la Teoría de la Mente ya desarrollada, deberá decir que Sally buscará la canica en la cesta (donde ella la guardó), si no la tiene desarrollada, indicará que la muñeca buscará la canica en la caja (donde realmente está). Los niños pasan esta prueba a partir de los cuatro años, pero no antes.
El test de Sally-Ann

Parece simple, ¿no? pues no.

En un experimento posterior, Siegal y Beattie, en 1989, cambiaron sólo un elemento del test. En vez de preguntar al  niño ¿Dónde buscará Sally la canica? se le preguntaba ¿Dónde buscará Sally la canica primero? Parece un cambio insustancial, pero resultó que los niños de tres años pasaron la prueba, mientras que el test original no lo pasaban. Resulta que con éste pequeño cambio, se ayudaba al niño a "superar" sus ganas de decir en dónde ellos sabían que estaba la canica, en vez de ponerse en el lugar de Sally.

Los niños menores de tres años no han superado ninguna de estas pruebas, que requieren una comprensión del lenguaje muy desarrollada, y por supuesto ningún animal tampoco. Por eso se han desarrollado otros test, menos verbales, para comprobar si niños menores de esta edad poseen una Teoría de la Mente desarrollada. Y parece que sí, y lo contaré más adelante, que hoy ya ocupo mucho, y es lunes.

lunes, 21 de febrero de 2011

¿Qué es la "Teoría de la Mente"?

Mi trabajo de investigación para el D.E.A. (Diploma de Estudios Avanzados, la "suficiencia investigadora" o antiguamente la "tesina", es el paso previo a realizar la tesis y sacarse un doctorado) estudia de la posibilidad de que los perros tengan Teoría de la Mente. Aprovechando la redacción del trabajo, y toda la investigación que he llevado a cabo previamente, iré explicando brevemente conceptos de etología, de la forma más sencilla posible. No voy a poner la bibliografía completa, sólo las referencias. Si alguien quiere los artículos, que me los pida.

¿Qué es la "Teoría de la Mente"?
Es la habilidad para comprender y predecir la conducta de otros individuos, sus conocimientos, intenciones o creencias. Es decir, que el animal percibe que el otro tiene pensamientos propios, sentimientos y/o creencias independientes de los suyos.

El origen de este concepto se encuentra en los trabajos de Premack y Woodruf (1978), que se preguntaron si un chimpancé podría tener esta habilidad cognitiva, si podría comprender la mente humana. Para demostrarlo, mostraron a Sarah, (una chimpancé de 14 años a la que habían enseñado un lenguaje visual simplificado) cuatro vídeos en los que se mostraba a una persona intentado coger un plátano, pero no puede porque 1) está colgado del techo y no llega, 2)el plátano está en el suelo, al otro lado de la reja, pero no alcanza, 3) lo mismo pero no llega porque hay una caja en medio, y 4) esa misma caja está lastrada con bloques de cemento. Tras enseñarle el vídeo, le daban a elegir dos fotos, con dos posibles soluciones al problema de la persona. Sarah eligió la foto con la solución correcta en 21 de las 24 ocasiones. Los investigadores concluyeron que la chimpancé podía atribuir a actores humanos estados mentales como la intención y el conocimiento (o el desconocimiento), luego poseería una "Teoría de la Mente". Era la primera vez que esta habilidad se atribuía a un animal no humano.

¿Por qué decimos que es una "Teoría"?
Porque los estados mentales de los individuos, lo que piensan, no puede ser observado, sino que debe inferirse de su manera de comportarse. Mientras que a las personas podemos preguntarles sobre sus reflexiones, a los animales no, así que debemos estudiar esta capacidad de manera indirecta, comprobando si de verdad les sirve para predecir el comportamiento de otros individuos.

Esta Teoría de la mente se ha dividido en varias habilidades distintas, con diferente grado de dificultad cada una, para poder estudiarla con tests experimentales. Según Horowitz (2002) las especies mostrarían cierto grado de Teoría de la Mente cada una, y sugiere una jerarquía, desde una "Teoría del comportamiento", en donde los animales se guían por aprendizaje asociativo, hasta una "Teoría de la mente completa". Como el mecanismo por el que los animales llegan a sus conclusiones no es visible, Povinelli y Vonk (2003) sugieren que podrían poseer una "Teoría de la mente funcional", es decir, que su mente funciona como si tuviera una "Teoría de la mente", aunque esto no quiera decir que los mecansimos que la gobiernan sean los mismos que los de la teoría de la mente humana. 

y en casa...

"Pollito" ha dormido ¡7 horas seguidas! de 20h a 3h, y luego de 3h a 7h también del tirón. Esto del destete nocturno parece que funciona. Pero ahora la que no duerme soy yo. Con la tormenta de viento, una puerta metálica golpeaba cada pocos minutos y armaba un estruendo... Todos roncando en casa menos yo. Qué desastre...

Me voy corriendo a una charla del grupo de trabajo de Etología, sobre la cooperación en primates. Resumen otro día. Siempre llegando tarde...