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miércoles, 23 de enero de 2013

Cómo acercarse a saludar a otro perro (o persona) B.A.T. 2


En este otro post expliqué como acercarse hasta otro perro con nuestro perro reactivo, para no tener problemas. Pero nos quedamos a un metro de distancia. Así que hoy toca aprender "buenas maneras caninas" a la hora de saludar a otro perro. Ese minutito final, en el que muchos perros, que se acercan a los demás tan contentos, de repente se encuentran tiesos y al final acaban peleándose.

¿Por qué de repente un perro que parecía amigable se lanza al cuello de nuestro perro?

Pues puede ser por varias cosas:

- Uno de los dos perros no muestra señales de calma: los perros cuando se acercan a saludar a otro perro, siempre tienen un punto de inseguridad. Todos los perros tienen una gran cantidad de grandes dientes, y el acercarse siempre conlleva cierto riesgo. Para minimizarlo, los perros hacen gestos para calmar al otro perro, indicar que se acercan "en son de paz". Pero estas señales pueden no verse por muchas razones. El perro no sabe usarlas porque está mal socializado, o está demasiado nervioso para usarlas, o tiene impedimentos físicos que se lo impiden (mucho pelo, orejas o rabo cortado...), o a lo mejor es un "macarra" con ganas de pelear (que también existen). Si uno de los dos perros no muestra señales de calma, la probabilidad de que el encuentro acabe mal aumenta.

- La correa de uno de ellos se tensó: En los primeros encuentros, no sólo los perros están nerviosos. Los dueños también. Para un perro es importante saber que en cualquier momento puede huir de una situación comprometida. Cuando cualquier animal tiene miedo o inseguridad, puede elegir entre dos opciones: huir o luchar. Con la correa tensa, el perro siente que como huir no puede, sólo le queda una opción: luchar.

- El tiempo de saludar se prolongó en exceso: la mayor parte de los dueños pensamos que los perros necesitan mucho tiempo para saludarse. Nos quedamos de pie, a su lado, esperando. Los perros se acercan, se huelen, se vuelven a oler, empiezan a tensarse... nos hemos pasado de tiempo. El perro se siente obligado a socializar durante más rato del que quería. No todos los perros se "caen" bien. Con algunos, tu perro sólo querrá olfatearlo uno o dos segundos y alejarse, pero si no lo miras, o te quedas quieto a su lado, se va a sentir obligado a confraternizar más. Y aquí es cuando pueden empezar los problemas.

¿Cómo lo evitamos? Seguimos aplicando el B.A.T.

Nos acercaremos al otro perro muy despacio, y un poquito de lado, nunca de frente (señal de calma). Nos acercaremos al otro perro hacia su trasero, no hacia su cabeza.

Tenemos que fijarnos en nuestro perro, pero también en el otro perro. Si nuestro perro da señales de calma, y el otro también, seguimos acercándonos. Si cualquiera de los muestra alguno de estos signos: rigidez, contacto visual aumentado, cierra la boca que tenía abierta, gruñe, eriza el pelo... llamaremos la atención a nuestro perro, y lo alejaremos. Lo que normalmente se ve más claramente es el "momento estatua": los perros se mueven muy despacio, hasta que se quedan de puntillas, muy quietos. No esperes, aleja a tu perro rápidamente.



Si nuestro perro está algo nervioso, pero no rígido, premiaremos: cualquier señal de calma que haga, o el momento en el que rompa el contacto visual con el otro perro, o si nos mira a nosotros.


Si hemos conseguido acercarnos al otro perro hasta casi hacer contacto, nos quedaremos a su lado vigilando:

- Que la correa esté floja
- Que no se tensa ninguno de los dos

Si todo va bien, esperaremos a que nuestro perro se acerque por su cuenta al otro perro y le huela. No dejes que estén tan cerca más de 1 o 2 segundos (no, no es una errata, 1 o 2 segundos). Marcaremos el oler a otro perro (con el clicker o diciendo "muy bien") y nos alejaremos unos pasos. Mientras te alejas, vigila que la correa no se tense en el proceso, hay que llamar la atención de nuestro perro para que se aleje con nosotros porque quiere, no arrastrado. A unos pasos de distancia, premiaremos con comida o con juego.


Si vemos que nuestro perro sigue interesado en el otro perro, volvemos a acercarnos. Si vemos que ha perdido el interés, nos iremos sin forzar la situación.

Si nuestro perro quiere volver a acercarse, repetiremos el proceso. Esta vez, dejaremos que se huelan un poco más, y esperaremos a que nuestro perro de una señal de calma. Entonces marcaremos positivamente su elección y lo alejaremos, premiando con comida o juego una vez nos hayamos alejado.


Si los perros hacen señales de juego, podemos dejarles jugar a partir de este momento.
Si nuestro perro ha perdido interés por el otro perro, nos lo llevaremos a seguir el paseo.

Y recuerda:
No todos los perros son igual de sociables. Algunos perros "necesitan" jugar con todos los perros que se encuentran. Pero la mayoría no. La mayoría lo único que quiere es olfatear rápidamente al desconocido, saludar e irse. En cinco segundos o menos, la mayoría de los perros ha conseguido toda la información que quería, y está dispuesto a seguir paseo. No le fuerces a socializar si no quiere. En el momento en que te mire, te lo llevas.
Lo mismo el tuyo que el perro desconocido, por cierto. Fíjate si cualquiera de los dos se tensa mínimamente, y si es así, aleja a tu perro.

Y premia siempre que tu perro te mire o te preste atención habiendo otro perro delante. Merece la pena.

PD:
Si necesitas más ayuda con tu perro reactivo, o todo esto te parece un follón, contacta conmigo. Si te has quedado con ganas de más (y sabes inglés), puedes bajarte un protocolo básico:

http://functionalrewards.com/BAT-basics.pdf

o comprar el libro de B.A.T., en papel o en ebook:

http://ahimsadogtraining.com/store/proddetail.php?prod=MCH-0167&PARTNER=boogiebostie

Todas las imágenes son traducciones (o no, la primera no he tenido tiempo de hacerla) de las fantásticas ilustraciones de Lili Chin (con licencia creative commons), os animo a visitar su blog.


Edito: esta entrada la tenía programada, por si acaso. Pero aquí sigo, con contracciones molestas pero no de parto. Seguiremos informando...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 17 de enero de 2013

Cómo pasear con un perro reactivo: ejercicios B.A.T.


Pasear con un perro reactivo puede ser una pesadilla, como ya comentamos en este otro post. Si el perro se lanza sobre la correa, ladrando y gruñendo cada vez que ve una persona u otro perro, los paseos se convierten en carreras de obstáculos y cálculos de horarios, para intentar evitar cualquier cosa que pueda provocar a nuestro perro. Pero estos comportamientos son perfectamente corregibles, y no sólo obtendremos un perro mucho más educado, sino uno más seguro de sí mismo, con más libertad y menos miedo, que será capaz de tomar él solito las decisiones correctas.

Esta reactividad excesiva puede ser por varios motivos, como miedo (el ataque es la mejor defensa), frustración (¡préstame atención, he dicho que me prestes atención!) o ira (¡sujétame, que a ese me lo como!). Todos estos perros deben aprender a superar su ansiedad, y a acercarse a los sujetos de su problema de una forma tranquila y relajada, sin reaccionar de forma exagerada, y sobre todo, sin atacar.


Estos ejercicios funcionan porque le dan al perro lo que en el fondo quieren: alejarse del motivo de su estrés. Ya sea que tienen miedo, o ganas de pelea, el contacto produce ansiedad, y emociones negativas. Vamos a cambiar estas emociones negativas por la posibilidad de tomar el control, y por emociones tranquilas y positivas, usando el protocolo B.A.T. 


¿Qué es el B.A.T.?

Este protocolo, en inglés Behavior Adjustment Training, fue elaborado por Grisha Stewart, MA, CPDT-KA, en el año 2009, y yo he empezado a utilizarlo hace dos años, con resultados increíblemente positivos. Es un protocolo muy sencillo de utilizar, y que deja en manos del perro la toma de decisiones, por eso es tan efectivo. El perro asume el control de la situación, y puede decidir cuando empezar o acabar la relación con la otra persona o perro, disminuyendo así su ansiedad y su reactividad. 

¿Cómo empiezo?

Empieza sacando a pasear a tu perro, con una correa normal y un collar o arnés que no sean ni de ahogo ni de castigo. Si eliges un arnés de los que se atan por el pecho, o un halti, pues mejor. Y siempre, siempre, LLEVA LA CORREA FLOJA. Para más información, lee este otro post.

Empieza paseando por un lugar relativamente tranquilo. Se trata de que puedas acercarte a otro perro o persona a tu ritmo, en un espacio abierto. Conviene que sólo haya cada vez una persona/perro problema, para no agobiar desde el principio con demasiados estímulos.

Cuando veas a una persona/perro a lo lejos, fíjate como un águila en el cuerpo de tu perro. En el momento en el que tu perro pase de estar relajado a estar atento, te paras en seco. Si tu perro empieza a mostrar signos de ansiedad u obsesión, distráele y da varios pasos atrás antes de volver a empezar. Te pongo unos dibujos de mi admirada Lili Chin, para que lo entiendas mejor:




Una vez estéis los dos quietos en ese punto en el que tu perro está atento, pero no estresado, simplemente te paras a esperar. ¿A qué? A que tu perro te ofrezca, o le ofrezca al perro/persona que tiene delante, una señal de calma. Dependiendo del perro, esta señal puede ser chuparse la nariz, mirar para otro lado, girarse hacia tí y mirarte, sentarse, olfatear el suelo... cualquier señal de calma vale.



Entonces, marca este buen comportamiento para que el perro se entere de que lo ha hecho fenomenal. Haz click si usas clicker, o dile un efusivo "muy bien" en el tono más alegre que puedas poner. Y ALÉJALO. Sí, aléjalo por lo menos 5 pasos. Que tenga que darle la espalda al perro/persona y seguirte. Este es el punto más importante del protocolo, éste es el "premio gordo" para tu perro. Alejarse de lo que sea que le está causando un conflicto. 

A veces nos parece antiintuitivo, pues con algunos perros jóvenes parece que lo quieren es acercarse a saludar, aunque sea de forma ciertamente exagerada. Pero todos los perros sienten ansiedad cada vez que conocen a alguien nuevo (como nosotros...) y este alejamiento momentáneo les da un subidón de seguridad que es muy gratificante. Además, se sienten que con su propio comportamiento han controlado la situación, aprenden a comunicar a su dueño lo que quieren: no acercarse tan rápido, darse un tiempo para evaluar a la persona/perro y decidir si son un peligro o no.

Una vez te hayas alejado del "peligro", puedes darle a tu perro otro tipo de premio. Un trocito de comida, o algo de juego. Para los perros muy ansiosos o agresivos, yo utilizo en este punto un mordedor, para que descarguen la "necesidad" de morder con algo inofensivo (y no una rica pantorrilla). También puedes aprovechar para dejarle olfatear, que además de ser un premio potente, les relaja muchísimo.

Y volvemos a empezar: Nos volvemos a acercar a la persona/perro, hasta que veamos que nuestro puerro empieza a fijarse/tensarse. Probablemente nos podremos acercar un par de pasos más que la primera vez. Nos paramos, esperamos a la señal de calma, marcamos, nos alejamos, premiamos. 

Dibujito resumen del protocolo completo (viene con una señora pintada, pero con un perro sería exactamente igual) Pincha para verlo bien:




Al principio uno se siente torpe, tonto y cohibido. Pero al cabo de unos días, uno le coge el tranquillo, y el perro también. Nosotros aprendemos a leer el comportamiento de nuestro perro, y nuestro perro aprende cuál es su distancia de seguridad, y que si no se quiere acercar a algo que le da miedo, NO TIENE QUE ACERCARSE. 

Esto parece una tontería, pero si a nosotros nos ataran, y nos obligaran a saludar a cada persona o perro que nos encontráramos por la calle (abuelitas bondadosas, niños, gorilas de discoteca, borrachos, rottweilers...) nos daría un ataque de ansiedad al tercer día. Esto es algo que hay que aprender. 

Si tu perro, después de una mínima olfateadita, te mira, llévatelo. Él ya ha acabado. Le ha dicho al vecino del quinto "Buenas, buenas" y ya no tiene más conversación. Forzar la situación puede ser incómodo o incluso peligroso. Con este protocolo nosotros también aprendemos a ver las situaciones con los ojos de nuestro perro, y sabremos calibrar, mirando al perro de enfrente, si éste viene de buenas, o si casi mejor nos cruzamos de acera.

El próximo día que pueda, os enseño el siguiente paso: cómo saludar desde un metro de distancia o menos.

Si necesitas más ayuda con tu perro reactivo, o todo esto te parece un follón, contacta conmigo. Si te has quedado con ganas de más, y no quieres esperar (y sabes inglés), puedes bajarte uno protocolo básico:

http://functionalrewards.com/BAT-basics.pdf

en español, gracias a Laura Martín:

 http://www.cursoclicker.es/images/stories/pdf/BAT-basics_traducido_web.pdf

o comprar el libro de B.A.T., en papel o en ebook:

http://ahimsadogtraining.com/store/proddetail.php?prod=MCH-0167&PARTNER=boogiebostie

Todas las imágenes son traducciones (o no, la primera no he tenido tiempo de hacerla) de las fantásticas ilustraciones de Lili Chin (con licencia creative commons), os animo a visitar su blog.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ansiedad por separación (II): Diagnóstico y tratamiento

¿Volverá?


Como ya vimos en la entrada anterior, la ansiedad por separación aparece cuando un perro sufre un ataque de ansiedad cuando se queda solo en casa. También vimos que los síntomas más frecuentes eran la destructividad, el hacerse pis o caca, las vocalizaciones o el autolamido.

Pero todas estas cosas los perros las pueden hacer por múltiples razones. Por ejemplo:

Destrozar muebles: los perros pueden hacerlo debido a la ansiedad, o por puro aburrimiento. ¿Cómo lo distinguimos? El aburrimiento tiende a ir dirigido sobre objetos pequeños (zapatos, juguetes, patas de sillas) en vez de sobre objetos grandes (sofás) o superficies. La destructividad de un perro aburrido suele ser menor que la de un perro ansioso. Suelen realizarlo cachorros o perros jóvenes (la ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad), muy activos también cuando están sus dueños en casa.

Pues no, no había nada ahí dentro...
Orinar o defecar: Aquí debemos distinguir entre una falta de aprendizaje, el marcaje, o la ansiedad. El perro que no ha aprendido dónde debe hacer sus cosas, las hace en casa estando el dueño presente o no. Muchos las hacen también por la noche, mientras el dueño duerme, o en una habitación en donde no le ven. Los perros que marcan lo hacen sobre superficies verticales, levantando la pata. La orina suele ser un charco pequeño, no  grande, y las heces suelen estar bien formadas.

Vocalizaciones: Hay que distinguir entre el perro que ladra de forma territorial, cuando pasa alguien por la puerta, y los que lo hacen por ansiedad. Si es por territorialidad, suelen ser ladridos esporádicos, que coinciden con movimientos alrededor de la casa. El tono y la frecuencia suelen ser distintos, y no suelen aullar ni gemir.


Autolamido: En los perros que se lamen, hay que descartar problemas de alergia, y otros tipos de ansiedad. Hay que tener en cuenta que los perros pueden lamerse porque tienen alergia y ansiedad por separación y otras ansiedades, pueden ir todos juntos...

La ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad, o tras un cambio brusco de rutinas: mudanzas, divorcios, cambios de horarios de trabajo... Los síntomas aparecen sólo cuando los dueños no están presentes, aunque cuando están en casa pueden aparecer otros distintos. Cuando el dueño está con el perro suele notar que el perro le vigila y le sigue a todas partes, que reclama atención, y que en la calle tiende a no alejarse mucho.

En caso de duda, yo siempre aconsejo grabar al perro cuando nos vamos de casa. Suele bastar con grabar media hora o una hora, porque el pico máximo de manifestaciones suele darse al irse el dueño de casa, y poco antes de su hora de volver.

Una vez establecido que el perro tiene ansiedad por separación, comenzamos el tratamiento.

Hay que aprender a relajarse
- Reestructuramos el vínculo: Estos perros suelen tener problemas de dependencia excesiva de su dueño. Esto puede ser por problemas en la infancia (separación precoz de su madre, por ejemplo) o de abandono (los perros recogidos de albergue son muy propensos) o por dependencia fuerte durante la adolescencia del perro, si ha estado hospitalizado o recluído en casa. Para reestructurar el vínculo, limitamos y organizamos los "mimos" y el contacto físico y  en cambio fomentamos la atención durante otros periodos. Aumentamos las sesiones de juego y adiestramiento, y mantenemos el contacto físico como sesiones de masaje y relajación algo regulados.

- Establecemos rutinas: Programamos el horario, establecemos momentos separados para el paseo, la comida, la atención, el juego y el contacto físico. Al seguir unas rutinas el perro puede predecir lo que viene después, lo controla, y rebajamos sus niveles de ansiedad.

- Entradas y salidas de casa: Las mantendremos en "tono bajo". Nada de despedirse del perro, abrazarlo, besarlo... Hay que dejarle sus juguetes, mandarlo a su cama, y salir. Como mucho, podemos decirle "adiós" bajito. Y las entradas igual. Saluda a tu perro con unas palmaditas, dile "hola" y sigue a lo tuyo. Nada de fomentar los saltos y las carreras por el pasillo, de abrazarlo y besarlo como si nos hubiéramos ido un mes. Un mimo corto y bajito, y a otra cosa mariposa. Tampoco conviene ignorar al perro cuando volvamos. Es totalmente antinatural, los perros se saludan entre ellos cuando han estado un tiempo separados. Si lo ignoramos totalmente, se sentirá perdido y abandonado, y la ansiedad empeorará. Podemos saludar, pero corto, un saludo corto.

Así mejor no...
- Aumentamos los juegos y la obediencia: Un perro cansado es más difícil que esté ansioso. Para eso, aumentamos los ratos de juego, tanto físico como mental. Traer una pelota, juegos de olfato o ir a correr con el dueño, fomentan un vínculo positivo y cansan tanto cuerpo como mente. Las sesiones de adiestramiento en positivo refuerzan la unión con el perro sin fomentar la dependencia, rebajan la ansiedad y ayudan a cansar al perro mentalmente.

- Desensibilizamos las ausencias: Realizamos un adiestramiento específico para que el perro aprenda a quedarse solo tranquilo y feliz. Hacemos ejercicios de relajación que ayudan al perro a asociar los momentos de tranquilidad en "su sitio" con sensaciones de bienestar y no con ansiedad.

- Medicación: Siempre valoramos si incluimos medicación en el tratamiento, o si no hace falta. Valoramos las horas que debe el perro quedarse solo, y la gravedad de la ansiedad. Dependiendo de todo ésto, se eligen tratamientos a base de hierbas o fármacos que ayuden al perro a tolerar las ausencias mientras el resto del tratamiento surte efecto. Este tratamiento puede ser sólo en los momentos de ausencia (como cuando usamos benzodiacepinas) o prolongarse durante unos meses para ayudar al perro a rebajar sus niveles de ansiedad durante todo el día, si su comportamiento se ve afectado no sólo durante los periodos de ausencia (solemos usar entonces antidepresivos tricíclicos o ISRS). Por cierto, la medicación no cura, sólo aminora los síntomas mientras funciona la terapia de comportamiento. Sólo con una pastilla el perro no se va a curar.

Puedes multiplicar por dos el problema... o no
- ¿Otra compañía?: Muchos dueños me preguntan si conviene adquirir otro perro, para que haga compañía al primero. Y yo siempre contesto que.... DEPENDE. Sólo hay que añadir otro perro si el dueño de verdad quiere otro perro. Dos perros significan el doble de gastos, de comida, de veterinario... viajar con un perro es menos complicado que con dos. Y las sesiones de juego con el dueño tienen que ser dobles, y el adiestramiento también. Además, los perros pueden no hacerse amigos, acabar llevándose mal, y el problema lo hemos multiplicado por dos, en vez de arreglarlo. Pero si el vínculo entre los dos perros se establece, pueden hacerse compañía, jugar juntos y la ansiedad mitigarse. O pueden divertirse entre los dos sacando el relleno del sofá nuevo... Hay que pensarlo muy detenidamente.

- Otras cosas: Hay otras cosas que podemos probar, que a veces funcionan, y a veces no.

  • Dejar la radio: si solemos estar en casa con la radio puesta, y la apagamos al marchar, podemos probar a dejarla encendida, en la emisora habitual. Además eso mitiga los ruidos de fuera. Si nunca escuchas la radio en casa, olvídate. 
  • Reducir el espacio: hay perros que se sienten más seguros en espacios pequeños que en los grandes. Si el perro es de los que duermen debajo de una mesa, se puede probar. Pero en ningún caso conviene encerrarlo en un espacio reducido (tipo transportín) si el perro no ha aprendido antes a permanecer en él. Lo único que haremos será aumentar su ansiedad, y provocar accidentes.
  • Regañar al perro al volver: NUNCA. El perro no destroza por vengarse, lo hace por ansiedad. Como cuando nosotros nos mordemos las uñas, no nos damos ni cuenta. Al regañarle, lo único que hacemos  es crearle miedo. El perro se volverá neurótico, pues querrá que volvamos pero le dará miedo al mismo tiempo, y eso genera todavía más ansiedad (y más destrozos, y más cacas...).
  • Encontrar a alguien que le saque o le haga compañía: algún vecino o pariente que vaya un rato a casa, y haga compañía un rato al perro. Aunque sea simplemente sentarse a ver la tele o a estudiar, gratis o por un módico precio. Si el perro tiene que estar muchas horas solo, merece la pena.

Lo bueno de la ansiedad por separación es que tiene muy buen pronóstico, y el 80% de los perros evoluciona favorablemente. Así, podremos volver a casa, y en vez de encontrarnos esto:


encontrarnos esto:



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 30 de octubre de 2012

Ansiedad por separación (I): descripción y síntomas

  ¿Volverá pronto?
Photo © iStockphoto.com/Hedda Gjerpen
La ansiedad por separación es uno de los problemas de comportamiento más frecuentes en los perros. Es uno de los que veo más a menudo, porque sus efectos son plenamente visibles (aunque cuando ocurran el dueño no esté), y son de los más destructivos, y  que más problemas vecinales producen.

La ansiedad por separación se manifiesta cuando un perro se queda solo. Algunos perros no pueden aceptar la situación, y sufren distintos grados de ansiedad. Puede ser desde ligero nerviosismo a un ataque de ansiedad en toda regla.

Pero ¿por qué se produce?

Se produce porque los perros son animales sociables por naturaleza. Si por ellos fuera, no pasarían casi ningún tiempo a solas, o por lo menos fuera de la vista de otro miembro de su familia. Para un perro, quedarse solo 8 horas seguidas es antinatural, y por desgracia es de lo más frecuente.

Si el perro no aprendió de pequeño a quedarse solo, si tuvo problemas de vinculación de cachorro (si fue abandonado en un albergue, o separado de su madre demasiado pronto), o si de adolescente ha tenido una relación de dependencia fuerte con sus dueños (por enfermedad, por ejemplo) es más probable que desarrolle ansiedad por separación. También es más probable en perros que presentan miedos o fobias (a las tormentas o ruidos fuertes, por ejemplo) o que han tenido una socialización escasa. Todos estos perros tienen algo en común. Un vínculo muy fuerte con sus dueños, que ha derivado a una dependencia. Y cuando su objeto de apego, su dueño, se va... el perro sufre un ataque de ansiedad.

Lo que vemos nosotros, al volver a casa, son los efectos de las formas que tiene el perro de intentar mitigar esa ansiedad:

Pueden destrozar eso de una sentada
DogCentral.Info, By Karen Nazor Hill

- Muebles destrozados: la ansiedad puede mitigarse mordiendo o rascando. Nosotros nos mordemos las uñas o la punta de los lápices, o a veces nos rascamos la piel sin darnos cuenta. Los perros hacen lo mismo, solo que su capacidad destructiva es mucho mayor, dado que su mandíbula es mucho más poderosa. Suelen elegir las zonas de la casa en donde sus dueños pasan más tiempo (tienen más olor) como los reposabrazos del sofá, o las almohadas de la cama. Otros intentan esconderse para sentirse recogidos, y hacen agujeros en los cojines de los sofás, por ejemplo. Otros intentan salir de casa, y muerden y arañan los marcos de las puertas, y las paredes o las propias puertas. El morder descarga mucho, y suele ser el síntoma más frecuente y el que causa más problemas, ya que un perro de tamaño medio (15-20kg) puede acabar con un sofá en menos de una semana.

¿He sido yo?
- Orina o heces: los animales, cuando sufrimos estrés o ansiedad agudos, tenemos incontinencia. Los esfínteres se relajan, y nos hacemos pis o caca. Cuántas veces habré ido al baño justo antes de un examen.... montones. El perro no está ensuciando la casa para vengarse, simplemente es que no se puede contener. La orina suele ser un gran charco (los machos ni marcan en este momento) y las heces muchas veces son en forma de diarrea.

- Vocalizaciones: Esto no lo suelen notar los dueños, pero los vecinos suelen quejarse y aquí es donde se enteran. Los perros pueden aullar, gemir, ladrar... Hay algunos que lo hacen rítmicamente, todo el rato, durante horas. Otros tienen picos de ladridos, paran un rato, vuelven a ladrar... Lo que sea para intentar reunir a la "manada".

Algunos perros se chupan hasta el hueso
- Autolamido: Los perros también pueden lamerse o morderse para liberar la ansiedad. Muchas veces el dueño no lo ve, otras nota zona de pelaje húmedas o coloreadas de un tono rojizo (la saliva, al oxidarse, tiñe el pelo de rojo). Algunos llegan a hacerse heridas graves. El autolamido suele ser síntoma de ansiedad crónica, y es una de las manifestaciones más difíciles de eliminar, y que más problemas da al propio perro, pudiendo llegar a convertirse en un trastorno obsesivo-compulsivo. Tuve una vez una perrita que no se chupaba, pero babeaba tanto que cuando llegaban los dueños a casa estaba bañada en su propia saliva. Tenían que secarla con un secador.

- Deambulación: Muchos perros andan o trotan sin parar por casa, sin descansar en todo el día. Como si fueran leones encerrados en una jaula de zoo. Esto no suele notarse, a no ser que se trepen a las mesas y tiren cosas, o se les grabe en vídeo.

No parar quieto también es signo de ansiedad
Todas estas manifestaciones son los síntomas, no el problema en sí, y quiero que esto quede claro. El problema es la ansiedad al quedarse solo, y si no tratamos esa ansiedad, el síntoma no desaparecerá. Hay veces que podemos controlar alguna de las actividades más peligrosas, pero el perro elegirá otra forma de descargar la ansiedad, que a lo mejor es peor que la que tenía antes. Por ejemplo, he tenido algún cliente que puso un collar de descarga a un perro con ansiedad. El perro dejó de ladrar, pero comenzó a chuparse las patas. Un dueño decidió encerrar al perro en una jaulita, para evitar que le destrozara el sofá. Cuando volvió, se encontró la habitación llena de sangre, pues el perro se había arrancado dos uñas al intentar escapar de la jaula.

Hasta que no tratamos la ansiedad, los síntomas no desaparecerán. Lo que sí podemos es canalizar las manifestaciones hacia comportamientos menos destructivos o preocupantes. Esto lo hacemos normalmente dejando juguetes interactivos, tipo kong o similar, rellenos con comida. Así el perro se entretendrá destrozando o mordiendo cosas que no nos molesta que muerda, y descarga su ansiedad de forma no peligrosa. Aunque hay que tener en cuenta que algunos perros no son capaces de comer cuando sus dueños no están, debido a la ansiedad.

¿Cómo tratamos a estos perros? Una pinceladita, que está saliendo una entrada muy larga, dedicaré el próximo post a ello:

Aprender a relajarse junto al dueño es importante
- Reestructuramos el vínculo social con sus dueños. No rompemos el vínculo, lo que sería contraproducente, pero ayudamos a organizarlo y que el perro gane la suficiente confianza en sí mismo como para poder quedarse solo.

- Establecemos rutinas: para que el perro tenga sensación de control sobre su ambiente, sepa qué esperar.

- Aumentamos los juegos y la obediencia: para fomentar un vínculo positivo con su dueño, mientras cansamos física y psicológicamente al perro.

- Desensibilizamos las ausencias: enseñamos al perro a quedarse solo de una forma relajada y positiva.

- ¿Medicamos?: Dependiendo de la gravedad del caso, para evitar que el perro sufra durante el tiempo que dura el tratamiento. A veces no es necesario, a veces es imprescindible.

El tratamiento suele ser largo (de 3 meses a un año, dependiendo de la gravedad) pero el pronóstico es bueno. El 80% de los perros no vuelve a tener episodios de ansiedad, y el resto los tienen ante cambios en sus rutinas, y en todo caso mucho más manejables que al principio. Sí que hay algunos casos, sobre todo en perros mayores, que pueden requerir un tratamiento de mantenimiento casi de por vida, pero son los menos.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 24 de junio de 2012

Mi perro se siente culpable...


Muchos clientes (y amigos, y colegas...) están convencidos de que sus perros se sienten culpables cuando hacen algo mal. Creo que casi cualquier persona que ha tenido perro se ha encontrado, al volver a casa, con un perro que le miraba con carita de cordero degollado, al lado de un desastre.

Pero ¿de verdad que el perro se siente culpable?
Pues... va a ser que no. Para sentirse culpable, primero uno tiene que reconocer que ha hecho algo "mal". Así que primero uno tiene que saber la diferencia entre el "bien" y el "mal", y estos son conceptos abstractos que los perros no son capaces de entender.



Entonces ¿esa carita?
Si nos fijamos en las expresiones de estos perros, y las comparamos con las del post anterior, veremos que todas son o señales de calma, o señales de sumisión. Los perros no están expresando "he hecho mal, lo siento" sino "estás enfadado, no la tomes conmigo". Las orejas gachas, mirar "desde abajo", agachar la cabeza o el cuerpo entero, dar con la patita... son señales de sumisión. Evitar la mirada, chuparse la nariz, ponerse de lado, son señales de calma. Básicamente la traducción sería "por favor, no me pegues".

Vale, esto es fácil de entender cuando el desastre está delante, lo vemos y entramos enfadados. Los perros nos leen el lenguaje corporal de cabreo extremo, y se asustan. Pero ¿y cuando lo hacen cuando todavía no hemos visto el desaguisado?


Muchos perros muestran este comportamiento en el momento que entramos por la puerta, antes de que podamos expresar nuestro descontento. A veces es que ni siquiera salen a saludar... ¿cómo puede ser?

Pues se ha demostrado que este comportamiento es aprendido. Los perros a los que se les ha reñido al volver a casa, al ver un destrozo, asocian la vuelta a casa con la bronca. Así que muchas veces el dueño llega a casa, y el perro tiene cara de culpable, pero no ha hecho nada. El perro ha aprendido que a veces el dueño vuelve a casa y le riñe, y "por si acaso", intenta apaciguarnos primero. A veces es que nosotros entramos con la idea "a ver qué me ha hecho hoy" y ni nos damos cuenta...


Pero es verdad que algunos perros acaban aprendiendo a distinguir los destrozos de la bronca. Hay algunos que sólo ponen cara de culpables si de verdad han hecho algo. Pero ¿por qué siguen destrozando, entonces? Porque, cuando se castiga a un perro por algo que ha hecho hace un minuto, el perro no entiende que el castigo es por algo que ha hecho él. Entiende que si hay basura desparramada, su dueño le echa la bronca. No entiende que se le castiga por tirar la basura.

Otra cosa que hay que entender es que el perro cuando destroza, no lo hace "aposta", ni "por fastidiar". Que los perros sepan que nosotros tenemos pensamientos propios sigue en duda (ver temas de teoría de la mente), así que pensar que el perro "sabe" que lo que  hace "nos fastidia", es mucho pedirle a un perro.


Los perros destrozan básicamente por dos razones.

Porque se aburren y ¿y por qué no?
Los perros no saben que los objetos poseen valor, más allá de lo bien que saben, o del gusto que da morderlos. Entienden que la cercanía da la posesión, y si no hay nadie delante... pues todo es "suyo". El respetar los objetos de una casa, es algo que tienen que aprender, igual que el no hacerse pis. Y eso de tener comida perfectamente comestible (para un perro) metido en una caja de plástico, a la altura de la nariz, soltando aromas "deliciosos" y no poder tocarla... no creo que ningún perro entienda la prohibición de no comer basura. Además, los perros suelen quedarse solos unas seis-ocho horas diarias, sin tele, radio, libros, ni más entretenimiento que lo que puedan morder. Si no se les da algo para entretenerse, o se les cansa lo suficiente para que lo que quieran sea sestear... pues se buscarán el entretenimiento por su cuenta.


Por ansiedad por separación
Cuando un perro tiene ansiedad por separación, cada vez que su dueño sale de casa sufre una crisis de ansiedad. Su mente entra en "automático-descarga de ansiedad" y todo lo que hace es una forma de intentar sentirse un poquito mejor, o una consecuencia física directa de las hormonas del estrés. ¿Caca y pis? Durante una crisis de ansiedad, los esfínteres se relajan. No hay nada que el perro pueda hacer para evitarlo. Literalmente, se cagan de miedo (el que no haya ido al baño seis veces antes de un examen importante, que tire la primera piedra).
Los destrozos hechos con las patas suelen ser intentos de fuga. El perro intenta hacer un agujero para reunirse con su amo, y si tiene que atravesar una pared para hacerlo, lo hará. Si no puede, intentará descargar toda la ansiedad andando, corriendo o trepando, para buscar otros lugares por los que salir. Tirará cosas al suelo, deshará las camas... lo que sea con tal de conseguir salir.
Los destrozos hechos con la boca son formas de descargar la ansiedad. Igual que los bolis suelen acabar  con los culos destrozados por los alumnos que estudian para un exámen, o cuando nos mordemos las uñas antes de entrar al despacho del jefe (a veces hasta hacernos sangre...). Las patas de las mesas o los cercos de las puertas suelen sufrir cuando un perro intenta relajarse. Si añadimos que en donde el perro se siente más seguro, y con más ganas de morder, es en donde más rato pasa el dueño, y más olor tiene a él... almohadas, sillones y zapatillas pueden acabar deshechos.


Por eso, cuando llegues a casa, y tu perro ponga cara de culpable... no le regañes. Primero, porque no va a valer para nada. Sólo vas a conseguir que tu perro tenga miedo de que vuelvas a casa, y eso puede propiciar la ansiedad por separación.

Y segundo, porque, asúmelo, es TU responsabilidad. El perro no puede pensar en el futuro, no puede preveer, pero tú sí.
Si ha vaciado la basura ¿por qué no la habías sacado, o puesto fuera de su alcance?
Si se ha comido una silla ¿por qué no lo cansaste antes de irte a trabajar, o le dejaste un juguete interesante para morder?
Si se ha hecho pis ¿le has dejado muchas horas, o es que todavía no ha aprendido?
Y si tiene ansiedad por separación... contacta a un especialista. Tener un ataque de ansiedad diario no es agradable, y si encima te regañan por ello... eso es un infierno emocional.

Bibliografía:

Hecht, J., et al., Behavioral assessment and owner perceptions of behaviors associated with guilt in dogs. Appl. Anim. Behav. Sci. (2012), doi:10.1016/j.applanim.2012.02.015
Horowitz A (2009). Disambiguating the “guilty look”: salient prompts to a familiar dog behaviour. Behavioural processes, 81 (3), 447-52 PMID: 19520245



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 3 de mayo de 2012

Ejercicio y estrés en perros ¿qué relación tienen?


Últimamente (por esas extrañas coincidencias de la vida) he estado leyendo/oyendo hablar mucho sobre la relación entre el exceso de ejercicio físico y el estrés en los perros. He leído en algunos blogs, y he oído decir a algunos profesionales que ellos no recomendaban el ejercicio físico en perros (algunos hablaban de deportes como agility o canicross, pero otros incluso incluían aquí el tirarle la pelota al perro) porque aumenta la adrenalina, y con ello el nivel de estrés y la ansiedad en los perros.

Primero vamos a hablar del estrés en los perros, y qué lo produce.

El estrés es una reacción del cuerpo de los animales ante una situación que necesita de una activación corporal. Una activación corporal es cualquier situación que necesite del individuo una reacción. Puede ser buena (tipo "hay donuts para merendar, ¡yuju!"), neutra (darse una carrerita para llegar al autobús) o  negativa ("como no corra, me come el tigre").


Independientemente del tipo de reacción que lo provocó, existen dos tipos de estrés. El estrés "bueno" o Eustrés, que es una activación corporal momentánea y proporcionada al nivel de activación requerido. Luego está el estrés "malo" o Distrés, que es el que se produce cuando tenemos una situación de activación que se prolonga mucho en el tiempo, o que se repite durante un largo periodo.

El mayor problema que tiene el estrés, es que es acumulable. Cuando tenemos una activación, segregamos adrenalina inmediatamente, y esta hormona produce aceleración en la respiración y en el ritmo cardíaco, y el organismo se prepara para actuar. Pero también produce la segregación de la hormona cortisol. El cortisol permanece en la sangre unos veinte minutos, y luego, normalmente, vuelve a niveles basales. Eso quiere decir que después de una emoción, o un susto, tardamos (de media) unos 20 minutos en tranquilizarnos.

Pero eso sólo ocurre si PODEMOS tranquilizarnos. ¿Qué pasa si no nos dejan descansar?


Si poco después de esa activación corporal, necesitamos otra, el proceso vuelve a repetirse. Pero esta vez, el cortisol subirá más alto, y permanecerá más tiempo en sangre. Si tenemos una temporada con mucha necesidad de activación (exámenes, por ejemplo) los niveles de cortisol no pueden bajar, y permanecen elevados durante largo tiempo. Aquí es donde comienzan a aparecer los efectos negativos del estrés. Baja el sistema inmune, se ven signos de ansiedad, de incapacidad para relajarse (insomnio, conductas esterotipadas), los niveles de testosterona aumentan, aumentando así la irritabilidad/agresividad... un montón de efectos negativos.

¿Qué pasa con el ejercicio físico?

El ejercicio físico es un activador natural. Si se practica de forma predecible y moderada, no sólo no aumenta el cortisol, sino que lo disminuye. Si cualquiera de nosotros sale a correr por las tardes, sabe que antes de empezar a correr, nota ya la activación (porque anticipamos el ejercicio), y al principio a uno le suben las pulsaciones, aumenta el ritmo de la respiración y el cardíaco... todos los síntomas de la adrenalina. Si corremos al ritmo y la longitud a la que estamos acostumbrados, el cuerpo se estabiliza, y cuando acabamos nos notamos cansados, relajados y con sensación de bienestar.


Pero ¿qué pasa si este ejercicio físico no es regular? Si no estamos acostumbrados a correr, tendremos una subida de adrenalina más fuerte, que nos dejará agotados. Lo mismo si aumentamos el ritmo de la carrera, o la longitud, de forma brusca. El cuerpo no está acostumbrado a esa intensidad, y tirará de las reservas para seguir corriendo. Si lo hacemos así un día, acabaremos agotados y con agujetas. Si lo repetimos día tras día, o sólo corremos una vez por semana... pues todo esto se acumulará y nos producirá mucho estrés. Esto es lo que les pasa a los atletas profesionales, si no se tiene cuidado. Si se les pide máximo rendimiento todos los días, acaban quemados, lesionados y estresados.

Con los perros pasa lo mismo. Según los estudios, los perros tienen una tolerancia al ejercicio físico (correr) muy grande. Con entrenamiento, distancias de hasta 160 km no sólo no aumentaban los niveles de cortisol basal, sino que los disminuían.

Pero lo dicho: con entrenamiento. En otro estudio, se compararon los efectos de hacer ejercicio con el perro una o dos veces por semana, durante varias horas ("este finde lo saco al campo y lo agoto"), contra los efectos del mismo tipo de ejercicio, pero durante veinte minutos, a la misma hora, todos los días. Mientras que el primer grupo tuvo un aumento en los niveles de cortisol, el segundo los disminuyó.

Y no sólo afecta la cantidad de ejercicio, o si éste es continuado. Lo que más afecta, es cómo se comporte el dueño durante el ejercicio. Si el dueño considera el ejercicio como una sesión de adiestramiento, da órdenes y corrige al perro, los niveles de cortisol aumentarán. Si en cambio juega con el perro, sin hacer caso a que el perro obedezca, ni regañarle, el cortisol disminuirá. Y si está compitiendo, y pierde, el perro tendrá los niveles de cortisol más elevados si el dueño lo pasa mal y le regaña. Si pierde, pero su dueño "lo quiere igual", el cortisol disminuirá (igual que cuando ganan y el dueño premia al perro).


Si tu perro se emociona "demasiado" con el ejercicio, tienes dos alternativas. Puede que no sea "demasiado", sino que sea demasiado intermitente (por mucho que nos guste algo, todos nos cansamos si repetimos lo mismo 100 días seguidos), o es que tu perro tiene estrés por otras razones. Puede que el sitio donde hagas ejercicio le de miedo, los perros a su alrededor sean extraños o... ¿has pensado que a lo mejor eres tú el que lo pone nervioso?


Resumiendo: haz ejercicio con tu perro, juega con él. ¿Quieres hacer deporte? Hazlo. Entrena con tu perro, a diario un rato. No le des palizas de un día para luego pasar de él el resto de la semana. Y no le regañes si no llega "a nivel". Debe ser un juego para los dos. Si le ves estresado, no le hables, no le chilles. Acaríciale, deja que se apoye en tí.

Corre, salta, haz agility, tira la pelota, pelearos por un nudo... divertíos. Tu perro estará menos estresado.
Y tú también.


Bibliografía: 


Arokoski, J., Miettinen, P., Säämänen, A.-M., Haapanen, K., Parviainen, M., Tammi, M. & Helminen, H. 1993. Effects of aerobic long distance running training (up to 40 km · day<sup>−1</sup>) of 1-year duration on blood and endocrine parameters of female beagle dogs. European Journal of Applied Physiology and Occupational Physiology, 67, 321–329.
Beerda, B., Schilder, M. B. H., Hooff, V., A.r.a.m, J., Vries, D., W, H. & Mol, J. A. 1998. Behavioural, saliva cortisol and heart rate responses to different types of stimuli in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 58, 365–381.
Durocher, L. L., Hinchcliff, K. W., Williamson, K. K., McKenzie, E. C., Holbrook, T. C., Willard, M., Royer, C. M. & Davis, M. S. 2007. Effect of strenuous exercise on urine concentrations of homovanillic acid, cortisol, and vanillylmandelic acid in sled dogs. American Journal of Veterinary Research, 68, 107–111.
Effects of Exercise and Human Contact on Animal Welfare in a Dog Shelter. 2011. Veterinary Record, 169, 388–388.
Horváth, Z., Dóka, A. & Miklósi, Á. 2008. Affiliative and disciplinary behavior of human handlers during play with their dog affects cortisol concentrations in opposite directions. Hormones and Behavior, 54, 107–114.
Jones, A. C. & Josephs, R. A. 2006. Interspecies hormonal interactions between man and the domestic dog (Canis familiaris). Hormones and Behavior, 50, 393–400.
Lefebvre, D., Giffroy, J.-M. & Diederich, C. 2009. Cortisol and behavioral responses to enrichment in military working dogs. Journal of Ethology, 27, 255–265.
Mehta, P. H., Jones, A. C. & Josephs, R. A. 2008. The social endocrinology of dominance: Basal testosterone predicts cortisol changes and behavior following victory and defeat. Journal of Personality and Social Psychology, 94, 1078–1093.
Scholz, M. & Reinhardt, C. V. 2006. Stress in Dogs: Learn How Dogs Show Stress and What You Can Do to Help. Dogwise Publishing. 


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 23 de febrero de 2012

Los efectos de la separación


Hoy tenía pensada otra entrada, pero la dejaré para mañana. Un compañero de doctorado está trabajando con ratas, sobre los efectos que tienen las separaciones tempranas en la infancia, con respecto a las enfermedades mentales en la adolescencia, y su relación con las adicciones a las drogas. Por el facebook ha compartido una publicación de su grupo de trabajo, y me ha dejado alucinada. Tanto, que he tenido que seguir leyendo sobre este tema.

Todos percibimos que las separación de los bebés de sus madres les produce mucho estrés, que sufren, que lo pasan mal. Pero  la mayoría no nos paramos a pensar qué efectos puede tener este estrés en el niño, el adolescente o el adulto. Más bien pensamos que no habrá ningún efecto.

Bueno, pues en este grupo de trabajo estudian estos efectos. Que no sólo existen, sino que son sorprendentemente amplios y profundos.

Va por delante que los estudios se hacen con ratas. El tiempo en las ratas no pasa igual de rápido que en los humanos, y sus  "horas" o "días", mentalmente hablando, no son igual de largas. Son mucho más largas, probablemente.

Ratitas de 9 días de edad
Dicho ésto, las separaciones que se utilizan para los estudios son de 24 horas. Cogen a las crías de rata, de 9 días de edad (vamos, no recién-recién nacidas, ya algo grandecitas) y las separan de su madre, durante 24 horas. Nada más. Este es el "único" estrés que se les induce. Luego se compara el comportamiento de estas crías privadas de contacto materno con sus hermanas, no privadas. Se estudian sus procesos cerebrales, sus respuestas ante un suceso estresante, su estatus fisiológico y psíquico, su sistema inmune, y sus respuestas ante determinadas drogas.

Bueno,  pues tras una única separación de 24 horas pueden verse los siguientes efectos cuando las ratas llegan a la adolescencia, o a la edad adulta:

Depresión: de adolescentes, las ratas que habían sido separadas tenían una tendencia mucho mayor a la depresión que las ratas control.

Conductas sociales: las ratas privadas de contacto materno pasaban menos tiempo investigando a sus congéneres, presentaban una disminución de la conducta social.

Actividad general: presentan niveles menores de actividad.

Reacción ante estrés: estas ratas desisten antes en comportamientos de escape de la situación estresante. También son más impulsivas y tienen menos "paciencia" y menos tolerancia a la frustración, (menor autocontrol, vamos), sobre todo en los machos.

Sistema inmune: se encontraron variaciones en la capacidad de respuesta del sistema inmune en las ratas privadas de contacto materno. En las hembras, además, se encuentran niveles disminuidos de cortisol en sangre. Estos dos parámetros, los cambios inmunológicos y en los niveles de corticoides, son equivalentes a los cambios que se encuentran en los pacientes humanos que padecen trastornos de ansiedad, depresión y/o esquizofrenia. Tanto, que las ratas privadas de contacto materno durante 24h se están utilizando como modelo animal a la hora de estudiar la esquizofrenia.

Reacción a las drogas: existe una reacción distinta ante las drogas (ante el cannabis por lo menos), presentan mayor depresión tras el tratamiento que las ratas no privadas de contacto materno. Además, las ratas privadas tenían mayores alteraciones cerebrales a largo plazo por el consumo de cannabis que las ratas no privadas.

Vuelvo a repetir que los experimentos se han realizado en ratas, y que no son directamente extrapolables a los humanos, pero...

¿No da qué pensar? Los niños nacen, y se los llevan al nido, separándolos de sus madres durante horas, a veces días. En cuanto se ponen enfermos, lo primero que hacen es separarlos de la madre. Y por la noche, a su cuna, en un cuarto distinto, durante horas. ¿Y si lloran? Método Estivill, déjale que llore, que "aprenderá" a calmarse.

¿Seguro?

¿O estamos criando "modelos humanos" para el estudio de los problemas de ansiedad, depresión y esquizofrenia? ¿Será por eso que la depresión y la ansiedad son epidemia? ¿Que los fármacos más vendidos son los antidepresivos y los ansiolíticos?

Yo llevo toda la mañana pensando...

Bibliografía:


Ellenbroek, B. A. & Riva, M. A. 2003. Early maternal deprivation as an animal model for schizophrenia. Clinical Neuroscience Research, 3, 297–302.
Llorente, R., Villa, P., Marco, E. M. & Viveros, M. P. 2012. Analyzing the effects of a single episode of neonatal maternal deprivation on metabolite profiles in rat brain: a proton nuclear magnetic resonance spectroscopy study. Neuroscience, 201, 12–19.
Marco, E. M., Adriani, W., Canese, R., Podo, F., Viveros, M. P. & Laviola, G. 2007. Enhancement of endocannabinoid signalling during adolescence: Modulation of impulsivity and long-term consequences on metabolic brain parameters in early maternally deprived rats. Pharmacology Biochemistry and Behavior, 86, 334–345.
Marco, E. M., Adriani, W., Llorente, R., Laviola, G. & Viveros, M.-P. 2009. Detrimental psychophysiological effects of early maternal deprivation in adolescent and adult rodents: Altered responses to cannabinoid exposure. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 33, 498–507.




Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es