domingo, 23 de octubre de 2011

Agresividad redirigida aplazada


Hippy es un perrito que me ha tenido descolocada todo el verano. Sabía que había algo en su comportamiento que se me escapaba, pero no conseguía entender el qué, hasta que el otro día por fin lo ví en vivo y en directo.

Hippy muerde. A la gente. Por la calle. Sin mediar palabra. "Porque sí".

Pasea ansioso, con la mirada perdida, como buscando algo con los ojos. Vive en un barrio céntrico, y por su calle pasea muchísima gente. Le rozan, le empujan, se le cruzan por delante, agitan bolsos... nada. Pero de vez en cuando, Hippy se lanza a morder. Fuerte, hace sangre. Menos mal que es un perrito pequeño, y aunque lo intente con todas sus ganas mucho daño no llega  a hacer. Un perro un poco más grande probablemente no habría tenido la suerte de ser tratado, habría acabado en la perrera.

Pero yo no conseguí ver ningún momento de agresividad en Hippy las dos primeras veces que le ví. Es un poco tímido con los extraños, pero en seguida se acerca a saludar, y al minuto puedes acariciarle por todas partes, sin que te haga un mal gesto.

Estaba empezando a buscar causas orgánicas (de tipo epiléptico, por ejemplo) cuando le volví a ver el otro día. Y entonces lo entendí. Íbamos paseando por la calle, cuando vimos a lo lejos a otro perro. Un labrador, sentado, de espaldas a nosotros. Para nada un perro amenazante. Pero Hippy se puso malo. Casi de ataque de ansiedad: pupilas dilatadas, temblores, gruñidos y ladridos, se abalanzó. Empezó a tirar como un poseso. No le dejamos acercarse, claro. Al minuto, se le cruzó una persona  por la calle y sin venir a cuento, se lanzó a por ella. Le agarramos a tiempo (menos mal que iba con su halti puesto).

Y entonces lo entendí. Hippy no tiene problemas con la gente. Puede que las multitudes le pongan nervioso, pero puede con ello. Su problema son los perros. Cuando ve a uno, se pone tan mal, que aunque ya  no esté viendo al perro no puede con tanta ansiedad, con toda esa agresividad acumulada. Y la suelta. Con el primero que pasa, sea quien sea.

Esto se llama agresividad redirigida. Se produce cuando un animal no puede actuar sobre el objeto de su enfado, y descarga su frustración con lo que sea que tiene delante en ese momento. Los gatos es bastante frecuente que lo hagan. Los perros lo hacen menos, aunque a veces hay problemas con perros que viven juntos en jardines, que se enfadan con los perros que pasan por la verja, pero se pelean entre ellos, animados por el "calentón". Pero la agresividad redirigida suele ser instantánea, es un ataque rápido que se produce en un momento de alta tensión.

Y es que la tensión y la agresividad son acumulativas. Puede que a un perro no le guste una persona, pero la tolere. Y que tampoco le guste el perro del vecino, pero lo tolera. Y que se ponga nervioso con los ruidos fuertes, pero se aguante. Pero si a ese perro le llevas a las fiestas del pueblo, dejas que le toque esa persona que no le gusta, y después se le acerca el perro del vecino, corriendo tras su pelota... puede que sea la gota que colme el vaso de su tensión, y ataque al otro perro. No es que odie a los perros, ni siquiera a ese perro en concreto, con el que nunca había tenido problemas antes. Es que no podía más con la tensión. Ningún perro muerde "porque sí". Si la buscas, siempre hay una causa, una amenaza, una voz de alarma.

Hippy acumula esa tensión, pero pueden pasar minutos desde que ve al perro que le enciende, y se descarga con una persona. El máximo problema de Hippy (aparte de que no soporta a otros perros) es que no sabe descargar esa tensión de otra forma que no sea atacando.

En fin, ahora que tenemos localizado el problema, será más fácil tratarlo, espero. Le enseñaremos a tolerar a los demás perros (no creo que consigamos que se lleve bien con ellos, pero lo intentaremos). Y le enseñaremos formas de relajarse, o de descargar la tensión en momentos difíciles. Mientras tanto, el halti puesto, por si acaso.

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