Una de las cosas que ya hago casi inconscientemente cuando empiezo una consulta con un paciente nuevo, es determinar el grado de peligro que presenta el perro (vale, o gato).
Desde que entro por la puerta, observo sus reacciones, la forma de saludar, su lenguaje corporal... y casi igual de importante, el de sus dueños. Después me estudio su cuestionario (que rellenan los propietarios) para ver cómo reacciona en su día a día, en situaciones que no voy a ser capaz de ver por mí misma en la consulta. Con todos estos datos, intento establecer un diagnóstico del problema, pero sobre todo intento hacer una predicción. Bueno, dos.
Este perro ¿Va a morder? (o a volver a morder...)
Y si muerde ¿cuáles serán las consecuencias?
Como digo, es algo que yo ya hago de forma casi inconsciente, sobre todo con los perros que en principio no presentan problemas de agresividad. Con los perros con una historia de agresividad, o los que no tienen todavía historia, pero presentan indicios de que pueden empezar a escribirla, hago un estudio más detallado.
Para ello, hay que fijarse en varios factores, del perro y de sus dueños:
Del perro:
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No, no es lo mismo |
El carácter del perro: Esto lo valoro teniendo en cuenta la raza del perro, y el carácter descrito por los dueños, junto con lo que veo yo en la consulta. Hay que valorar la tenacidad del perro, si responde rápidamente a ligeras amenazas... Sobre todo, la tolerancia a la frustración y el grado de reactividad al contacto físico. Cuanta menos paciencia tenga el perro y menos le guste el contacto físico, mayor probabilidad de que vuelva a morder.
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No a todos los perros les gusta el contacto físico |
El tipo de agresividad: si el perro muestra una agresividad defensiva, porque tiene miedo de determinadas situaciones, y su respuesta es morder. O por el contrario, es un perro seguro de sí mismo que amenaza o ataca como forma de controlar su medio ambiente. También hay que tener en cuenta el tipo de mordisco, si es uno o múltiple, si sólo roza, si hace morados, si rompe la piel... y la historia, cuántas veces ha mordido y en cuanto tiempo.
El número de desencadenantes: si el perro se muestra agresivo sólo en situaciones muy concretas, tipo "es que al cartero no lo puede ver" o "podemos hacerle de todo menos mirarle las orejas". O al contrario, al preguntar te encuentras con una lista interminable tipo "no, si es muy bueno, sólo que si le tocas las patas, le bajas del sofá, intentas bañarle, o ponerle la correa, pues intenta morder. Y ya ha mordido a tres vecinos, pero es que le miraron mal" ... Estos casos son más difíciles de tratar ...
De los dueños:
Edad, estado de salud y número: cuantos menos propietarios, más jóvenes y de mejor salud, más tratable será el perro. Los dueños jóvenes pueden reaccionar más rápido y quitarse del peligro, y las heridas, si las llega a haber, cicatrizan mejor y más rápido. Si hay gente enferma en casa, o anciana, las consecuencias de un ataque pueden ser mucho más graves. Cuantos más dueños, más difícil es cumplir con los objetivos de las terapias, con las reglas de conducta en casa, y más complicado es el tratamiento. También hay que tener en cuenta el tamaño o fuerza del perro en comparación con la del dueño o dueños.
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Muy buen perro hay que ser para aguantar esto |
Disposición: lo que el propietario está dispuesto a hacer por el perro. Seguir unas normas, una educación, la terapia, si es necesario dar medicación dársela... Hay dueños que llegarían al fin del mundo por su perro, pero otros no tienen tiempo, o capacidad o ganas, y esto hay que tenerlo en cuenta.
Capacidad de control: si el dueño puede controlar al perro en situaciones problemáticas. Si el perro sólo es agresivo con determinadas visitas, y ese ratito puede estar tranquilo en el jardín, o en una habitación, pues es una agresividad controlable. Si el dueño puede ponerle un bozal, a usar un collar de cabezada o está dispuesto a no soltarlo de la correa porque el perro ya ha mordido a otros perros.
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Collar de cabezada, o halti |
Pero a veces los dueños no se dan cuenta del peligro que tienen conviviendo con ellos, en su propia casa. Entonces les explico esta lista, y les cuento qué características de su perro, de su casa, de su familia, son las que me preocupan más. Los farolillos rojos. Porque yo, acaba la sesión, y me voy a mi casa. El riesgo de vivir con un perro agresivo es algo a lo que yo no me voy a enfrentar. La decisión final siempre tiene que tomarla la familia, que es la que se arriesga.
Porque los perros muerden.
Y la agresividad se controla, pero no se cura.
Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es
Una entrada genial Teresa, muchísimas gracias, he aprendido muchas cosas. Gracias, un besazo
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
EliminarSiempre me ha parecido un tema de lo más peliagudo, y estoy de acuerdo contigo, si hay niños pequeños en casa, hay riesgos que más vale no correr. A veces estoy pasando consulta por una otitis y me doy cuenta de la bomba de relojería que tiene el dueño en su casa...Un besote.
ResponderEliminarDesde la clínica general es complicadísimo, porque a veces sienten que te estás metiendo "donde no te llaman". A mí a veces me pasa que me llaman porque el perro ladra, y para mí esa es la más pequeña de mis preocupaciones... Pero yo se lo explico, y por mí que no quede.
EliminarTema complicado, pero me encantan toda la información que tus post nos enseñan. Gracias
ResponderEliminarSí, muy complicado para mí, pero más difícil para los dueños, que lo viven "en sus carnes" (y nunca mejor dicho).
EliminarGracias ! Veo muy interesante tu forma de exponer esta cuestión, tratando los distintos puntos de vista y por ello, las consecuencias de cada versión. Un abrazo
ResponderEliminarEs que las decisiones así de complicadas, mejor tomarlas con las ideas claras, para poder valorar todos los riesgos, y todas las oportunidades también. Un abrazo
EliminarQue maravilla de post.. parece todo muy lógico pero realmente no nos paramos a pensarlo nunca. Y al final es como el hombre... ¿no?... Yo creo que el violento no se cura.
ResponderEliminarNo, no se cura. Una vez el perro ha aprendido que morder funciona (porque siempre funciona, claro), es mucho más probable que vuelva a morder. Aunque muchas veces lo hacen por miedo, o ansiedad, y entonces las terapias sí que funcionan fenomenal.
EliminarDe momento no hemso tenido ningún problema con la peduguilla, ni siquiera cuando mi sobri le mete los dedos en la trufa, o le tira de las cejas o del rabo (último descubrimiento). Ella se deja hacer porque sabe que luego hay recompensa; el nano le tira la pelota y ella se la devuelve una y mil veces, o el peque me pide "pan para Nuna" (o sea, las chuches que rpocuro llevar cuando vamos a estar con el peque), o simplemente se tumba con ella.... Y cuando Iuna se agobia simplemente se levanta y me mira pidiendo ayuda. Entonces la dejamos meterse en un rinoncito y tan feliz.
ResponderEliminarUn tema muy interesante, el de la mordida. Espero que me lo siga pareciendo así, desde la distancia, y que no tenga que hacer uso de la información nunca.
Un beso.
Si es que tu perra es una santa, no me extraña que nunca te lo hayas planteado... Enhorabuena por la peduga, que además de mona es un encanto.
Eliminar!Gracias! (leer imaginando mi sonrisa de enoooorme satisfacción).
EliminarMe ha gustado mucho tu post, yo tengo niño y perra en casa, ella llegó primero.
ResponderEliminarEs bueno para mí recordar estos detalles, a veces me han preguntado por temas "perrunos". Con esta claridad que lo planteas es una manera en que una también puede ayudar a otros.
Saludos.