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miércoles, 30 de octubre de 2013

Adiestramiento tradicional e indefensión aprendida

Muchas veces me han preguntado por qué utilizo el adiestramiento en positivo, cuando el adiestramiento "tradicional", o por la fuerza, "también funciona, y más rápido" (que conste que yo no digo ni que funcione ni que sea más rápido, eso es lo que me dice a mí la gente).

Para mí, la respuesta está clara. Por un lado, está mi ética como persona. No hago daño a un perro si puedo evitarlo, y si puedo ayudar a un perro sin darle un tirón de correa, lo haré. Los tirones de correa no sólo "corrigen" al perro, le meten miedo, le coartan. Cuando trabajas en terapia de comportamiento, no buscas sólo corregir la conducta, sino modificar la motivación, la emoción, que provoca la conducta.

Una conducta es una reacción a algo que ocurre en el entorno. El cerebro recibe una señal (un perro ve a otro perro), y en ese momento reúne dos cosas en la mente: emoción y experiencias anteriores (ese perro desconocido me da miedo porque...). Entonces el perro exhibe una conducta acorde con la emoción que está sintiendo, y su experiencia (como tiene miedo, entra en modo lucha-o-huye, va de la correa, no puede huir, entra en modo lucha). Y ya tenemos un perro agresivo con otros perros mientras pasea de la correa.

Antes de entrar a valorar cómo funciona el método "tradicional" de adiestramiento, voy a explicar qué es la depresión por indefensión aprendida. 

La indefensión aprendida aparece cuando un animal (desde las moscas hasta los humanos) se encuentra en una situación de estrés sobre la que no tiene ningún control. No puede escapar de esta situación, lo que le produce miedo y situación de indefensión. La primera reacción es luchar contra la situación, o huir de ella (la reacción huye-o-lucha de la que hablábamos antes). Pero según pasa el tiempo, y el animal ve que no puede escapar de la situación, la cosa cambia. El animal deja de moverse, deja de luchar, y se deja hacer. Se ha instaurado la depresión por indefensión aprendida. El estado de ánimo cambia, el animal asume que no puede hacer nada para mejorar y se rinde. Lo interesante (y triste) de esta indefensión, es que este comportamiento permanece en el tiempo, y aunque la situación cambie, y el animal pueda volver a controlar el estímulo negativo, no lo hace.

El experimento que originó esta teoría es de los años 60, y se realizó con perros.
En una primera fase del experimento, se disponía a un grupo de perros sujetos con un arnés. Se les administraba una descarga eléctrica, pero mientras que los perros del grupo 1 podían detener el shock presionando una palanca, los del grupo 2 no podían hacer nada por evitar la descarga. El shock, para ese segundo grupo, paraba aleatoriamente (en realidad paraba cuando el perro del grupo 1 apretaba la palanca, pero eso el perro 2 no lo sabía).

En una segunda fase, se colocaba a un perro en un recinto cerrado, del que no podía salir. Se ponía una pequeña verja (saltable) en el medio. El suelo de uno de los lados estaba electrificado, el otro no. Los perros que habían estado en el grupo 1 aprendían rápidamente a saltar la pequeña verja para escapar de la descarga. Los perros del grupo 2 ni lo intentaban, y simplemente yacían tumbados en un rincón del recinto, gimiendo. No evitaban el shock, porque ni siquiera se les ocurría que pudieran hacerlo. Habían generalizado la respuesta de indefensión, habían entrado en depresión.

Os pongo un vídeo de ejemplo, en personas, sobre la rapidez de instauración de esta depresión por indefensión. Está en inglés con subtítulos en español, no he encontrado traducción.

En este vídeo una profesora de psicología entrega un problema a un grupo de alumnos. A todos les da unas letras y les pide que hagan una palabra que contenga todas las letras que están en la tarjeta. La mitad del grupo tiene un conjunto de letras fácilmente ordenables en varias palabras, mientras que la otra mitad tiene unas letras que son imposibles de juntar para formar una palabra. Tras dos intentos de esta forma, la tercera tarjeta, en los dos grupos, tiene un problema de fácil solución. Los alumnos del grupo dos son incapaces de formar palabras con esas letras, a pesar de que el problema tenía fácil solución.



En menos de cinco minutos, y con una tarea bastante poco traumática, unos universitarios se convierten en personas inseguras, dóciles, que no encuentran fuerzas ni para resolver un sencillísimo problema.

Así que ¿qué pasa con nuestros perros durante un adiestramiento "tradicional"?

Pues esto mismo es lo que pasa. El adiestrador llega, coge al perro, le pone una correa. El perro ya no puede huir. El perro empieza a pelear. El adiestrador no afloja, no le deja ir, le cuelga, le da tirones... hasta que el perro entra en indefensión aprendida. Recordemos que se tarda menos de 5 minutos en provocarla, y eso en humanos...

Resultado: un perro que nos sigue, dócil, que  no reacciona a estímulos externos. Lo sacamos de paseo y "se porta fenomenal". ¿Ha aprendido algo? No. ¿Han cambiado sus emociones? No, o  por lo menos no a mejor. ¿Ha funcionado la "terapia"? Pues aparentemente, sí.

Os dejo un vídeo de César Millán. Lo he elegido porque es el programa sobre perros que la gente ve. Y por desgracia, pone en práctica. Y no he buscado mucho, es uno de los primeros que salen cuando metes en youtube "cesar millan pasear perro". Pero es un ejemplo perfecto de lo que os he contado. Hay que fijarse en el lenguaje corporal del perro. No saca en ningún momento el rabo de entre las patas, está totalmente acojonado, y perdonad mi expresión. César se enfrenta a él mirándole fijo (amenaza), le pone una correa (ya no puede huir), se pelea con él un par de minutos (y gana, claro, el collar en la garganta es muy doloroso, y el perro no es nada agresivo) y voilá! tiene al perro paseando por su barrio sin atacar a nadie ni tirar de la correa. Fijaros en el cuerpo del perro. Va mirando al frente sin atender a nada, echando señales de calma a diestro y siniestro, con el rabo entre las patas. ¿Es un perro curado? No, es un perro deprimido.



Pero ¿cuál es el problema? preguntaréis. El perro se porta bien en la calle, que es lo que yo quiero...

Pues el "problema" (aparte de la ética de todo el asunto) es que la indefensión no dura para siempre. Al cabo de unas 48 horas, el efecto empieza a pasarse. Así que entonces tienes que seguir torturando al animal, para que siga en ese estado de depresión, que siga "portándose bien". Cosa que casi ningún dueño hace... no sé si por gracia o por desgracia...

Total, que como no hemos cambiado el origen del problema, el problema vuelve a resurgir. Si teníamos un perro que tenía miedo de otros perros, y se comportaba agresivamente con ellos, les seguirá teniendo miedo. Y ahora viene lo peor. Porque tu perro antes no te tenía miedo a tí, pero ahora sí. Y antes confiaba en tí, pero ahora no. No sólo eso, sino que has intensificado el miedo del perro, así que cuando reaccione, reaccionará más intensamente que antes. Si sólo ladraba, gruñirá, si gruñía, morderá, y si mordía... pues se saltará todos los pasos intermedios (que claramente no funcionaban para mantener alejado el peligro) y pasará del punto 1, ver a un perro, al punto 5, morder al perro, sin dar ni un aviso.

Y hay más consecuencias a la depresión, aparte de las obvias. Los perros generalizan esa ansiedad, y la presentan en más situaciones. Generalizan el miedo, y empiezan a tener miedo de cosas que antes toleraban. Sufren problemas de estómago y enfermedades relacionadas con el estrés. Sus circuitos cerebrales cambian, y les dejan de gustar cosas que antes les gustaban.

Que ¿cuál es la solución?

Pues trabajar con el problema real, que no es que el perro tire de la correa, o que se pelee. El problema normalmente es que el perro tiene miedo (o ansiedad). Y si no eliminamos el miedo, no hacemos nada. Hay que desensibilizar al perro, hacer un contracondicionamiento, o practicar el B.A.T. 

Lo que sea, menos torturar al perro, que ya tiene suficiente.

PD: no quiero hablar de los adiestradores que (por desgracia) salen en la tele, sean extranjeros o nacionales. He elegido este vídeo, pero como éste hay unos mil, de César Millán y de otros adiestradores. Que hacen burradas tremendas a diario delante de millones de personas. Os invito a quitarle el sonido a los programas y a observar a los perros. Sus posturas, sus señales de calma. Y las de ellos. A ver si podéis mirarlos más de diez minutos... sin cabrearos. Yo  no.

Inspiración (y cabreo) vía un vídeo de denuncia que subió mi amigo Richard, de Dogsenjoy. Id a ved el vídeo, pero os advierto que es muy, muy duro.


Bibliografía:


1.
Enkel, T., Spanagel, R., Vollmayr, B. & Schneider, M. Stress triggers anhedonia in rats bred for learned helplessness. Behavioural Brain Research 209, 183–186 (2010).

2.
Overmier, J. Bruce & Seligman, Martin E. Effects of Inescapable Shock Upon Subsequent Escape and Avoidance Responding. Journal of Comparative and Physiological Psychology 63, 28–33 (1967).


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 6 de mayo de 2013

Principios básicos para el adiestramiento

Estamos todos bien, Pollito crece y monta en bici como una campeona, y Gatito crece y evoluciona estupendamente. Y duerme, que me tiene alucinada. Prometo contaros más cosas, pero como he comentado en los  posts anteriores, no me dan las horas del día.

Pero el otro día me llegó via facebook una ilustración de mi adorada Lily Chin, explicando los principios básicos para adiestrar. En positivo, claro, pero es que para mí, adiestrar siempre debe ser en positivo...

¡Os dejo con ella!


Pincha sobre la imagen para verla bien

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 3 de marzo de 2013

Perrito nuevo (III): Enseñando su nombre y capturando comportamientos básicos


Todos los animales venimos "de serie" con dos tipos de comportamientos: los instintivos, y los que se aprenden. Los comportamientos instintivos, o innatos, son los que elegimos para enfrentarnos a las nuevas situaciones, por defecto. Si el comportamiento instintivo "funciona", seguiremos usándolo, mejorándolo y perfeccionándolo. Si no funciona, lo modificaremos en lo que haga falta, convirtiéndolo en un comportamiento aprendido.

Con esto quiero decir que todo comportamiento, innato o aprendido, puede ser modificado, aunque el instintivo siempre será más fuerte que el aprendido, y en los momentos de fuerte carga emocional, puede volver a resurgir en su forma original. Además, los comportamientos instintivos pueden ser modificados y aminorados, pero son casi imposibles de eliminar, hay que redirigirlos.

Los cachorros vienen "de serie" con un catálogo de comportamientos, algunos muy positivos para ellos y para nosotros, otros que hay que reconducir, y otros que conviene mantener bajo control. Por ejemplo, todos los cachorros investigan las cosas con la boca (claro, manos no tienen). Así que tendremos que redirigir ese comportamiento hacia objetos que no nos moleste que muerda: sus juguetes.  En las entradas anteriores ya vimos cómo redirigir este tipo de comportamientos hacia otros más positivos. Hoy nos centraremos en poner bajo nuestro control conductas que el cachorro ya sabe realizar.

Los perros (y todos los los animales, nosotros incluidos) aprenden todo más rápido mediante reforzamiento positivo, es decir, premiando las conductas que queremos que el perrito repita. Estos premios pueden ser juegos, mimos o comida, cualquier cosa que al perro le guste.

Para empezar a trabajar con un cachorro, lo mejor es empezar de forma informal, capturando las conductas que queramos que aprenda. Porque la mayoría de estas conductas son innatas, no hay que enseñarle al perro a realizarlas, sino sólo enseñarle que cuando nosotros decimos una palabra, significa que el perro debe asumir cierta postura corporal. Todos los perros del mundo saben sentarse. Lo que no saben es que cuando nosotros decimos "sienta", lo que significa es que queremos que pongan el culo en el suelo.

Todos los perros del mundo "saben" sentarse
Así que, de forma general, podemos enseñarle al perro a obedecer simplemente observándolo. Cuando el perro adopte una postura que queramos que aprenda (sentarse, en este ejemplo) nos pondremos delante de él para comprobar que nos está atendiendo, diremos la palabra elegida como orden ("sienta", por ejemplo), le diremos una palabra refuerzo ("bien") o usaremos el clicker y premiaremos.

Enseñar su nombre al cachorro

Como ejemplo, lo primero que vamos a enseñarle es su nombre. Es muy importante que el nombre de nuestro perro tenga una connotación positiva, y que para él signifique "mírame, atiéndeme". La mayoría de los perros lo aprenden sobre la marcha, intuitivamente, y parece que no hace falta "enseñarlo". Pero a mí me parece conveniente trabajarlo bien en positivo, dado que a los cachorros acabamos regañándolos muchas veces después de decir su nombre, y acaban dando por sentado que se llaman "Tobi-no", o que decir su nombre significa "corre y escóndete bajo el sofá que te la has cargado".

El esquema para enseñarle a un cachorro su nombre es igual al que ya he comentado. Esperaremos a que el perrito nos mire a la cara, diremos su  nombre claramente ("Tobi"), entonces decimos nuestra palabra refuerzo ("bien") y premiamos inmediatamente.

Esquema: 

Vemos al perro que nos mira.
Decimos su nombre claramente "Tobi"
Decimos "bien" con el tono más alegre del mundo (o hacemos click)
Premiamos rápidamente
Busca tu mirada, intenta hipnotizarte
¡lo ha pillado!

Una vez el perro comience a entender el asunto (en dos o tres días) verás que cada vez busca más tu mirada. Es el momento de repetir su nombre, y darle un premio gordo. Esto quiere decir que ha aprendido que mirarnos a los ojos y prestarnos atención es positivo, y que puede ser recompensado por ello.

Ahora es cuando de verdad ponemos la acción bajo control. Esperamos a que deje de mirarnos, y repetimos su nombre en voz un poco alta: "TOBI". Si el perro nos mira, decimos "bien" y premiamos.

Esquema:

Decimos su nombre claramente "Tobi"
El perro nos mira o se acerca
Decimos "bien" (o hacemos click)
Premiamos rápidamente

Una vez lo ha pillado, repetiremos este esquema el mayor número de veces posible, para que al perro se le quede su nombre asociado con la atención y el premio grabado a fuego.

Con estos dos esquemas podemos poner bajo control de una palabra cualquier comportamiento que queramos. Funciona estupendo para enseñar al perro conductas normales, que ya realice el perro por propia iniciativa. Tienen que ser frecuentes, porque así las repetirá lo suficientemente a menudo como para que podamos premiarle por repetirlas varias veces al día. Por ejemplo: mirarnos a los ojos, sentarse, tumbarse, hacer pis o caca, ponerse de pie, venir...

Además, podemos enseñarle todas estas cosas "a la vez", sin tener una sesión formal de adiestramiento. Lo divertido y eficaz de este sistema es que podemos elegir dos o tres conductas, y nombrarlas y premiarlas cada vez que el cachorro las realice. Así tenemos "sesiones" de adiestramiento muy cortas pero muy frecuentes, que es como los cachorros (que se distraen con muchísima facilidad) aprenden mejor. Y al cabo de una semana, obedecerá dos o tres señales nuevas, sin haberse ni enterado de que estaba "en clase".

Aprenderemos a realizar una sesión de adiestramiento "formal" otro día, para cuando el cachorro lleve ya con nosotros una temporadita (como un mes o así), ya se sepa su nombre y su lugar en casa, y queramos enseñarle conductas más específicas.

Los premios:

Lo más cómodo, más rápido y más comprensible para el perro son los premios de comida. Éstos deben ser muy pequeños (como del tamaño de una bola de pienso), para que no se harte de ellos, y luego se coma bien su pienso, que es lo que le da la alimentación equilibrada. Yo para empezar a enseñar los comportamientos más básicos, en casa, recomiendo colocar la ración diaria de pienso del cachorro en un vaso, y premiar de ahí. Así controlamos la cantidad de comida del cachorro, y lo que sobre se lo podemos poner en la ración de la noche.
Pienso de gato: pequeño, blando, equilibrado y sabroso
Para comportamientos más difíciles, o para premiar en la calle, conviene elegir premios más sabrosos, y a poder ser blanditgos. Lo del sabor dependerá de lo que le guste a su perro: bolitas de pienso de gato, galletas pequeñas para perros, premios blandos para perro, trocitos de queso o salchicha… Lo que al cachorro le guste más. Pero los limitaremos a unos pocos trocitos, y siempre para conductas nuevas o fuera de casa.


Y como en las entradas anteriores, me repito. De lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

miércoles, 23 de enero de 2013

Cómo acercarse a saludar a otro perro (o persona) B.A.T. 2


En este otro post expliqué como acercarse hasta otro perro con nuestro perro reactivo, para no tener problemas. Pero nos quedamos a un metro de distancia. Así que hoy toca aprender "buenas maneras caninas" a la hora de saludar a otro perro. Ese minutito final, en el que muchos perros, que se acercan a los demás tan contentos, de repente se encuentran tiesos y al final acaban peleándose.

¿Por qué de repente un perro que parecía amigable se lanza al cuello de nuestro perro?

Pues puede ser por varias cosas:

- Uno de los dos perros no muestra señales de calma: los perros cuando se acercan a saludar a otro perro, siempre tienen un punto de inseguridad. Todos los perros tienen una gran cantidad de grandes dientes, y el acercarse siempre conlleva cierto riesgo. Para minimizarlo, los perros hacen gestos para calmar al otro perro, indicar que se acercan "en son de paz". Pero estas señales pueden no verse por muchas razones. El perro no sabe usarlas porque está mal socializado, o está demasiado nervioso para usarlas, o tiene impedimentos físicos que se lo impiden (mucho pelo, orejas o rabo cortado...), o a lo mejor es un "macarra" con ganas de pelear (que también existen). Si uno de los dos perros no muestra señales de calma, la probabilidad de que el encuentro acabe mal aumenta.

- La correa de uno de ellos se tensó: En los primeros encuentros, no sólo los perros están nerviosos. Los dueños también. Para un perro es importante saber que en cualquier momento puede huir de una situación comprometida. Cuando cualquier animal tiene miedo o inseguridad, puede elegir entre dos opciones: huir o luchar. Con la correa tensa, el perro siente que como huir no puede, sólo le queda una opción: luchar.

- El tiempo de saludar se prolongó en exceso: la mayor parte de los dueños pensamos que los perros necesitan mucho tiempo para saludarse. Nos quedamos de pie, a su lado, esperando. Los perros se acercan, se huelen, se vuelven a oler, empiezan a tensarse... nos hemos pasado de tiempo. El perro se siente obligado a socializar durante más rato del que quería. No todos los perros se "caen" bien. Con algunos, tu perro sólo querrá olfatearlo uno o dos segundos y alejarse, pero si no lo miras, o te quedas quieto a su lado, se va a sentir obligado a confraternizar más. Y aquí es cuando pueden empezar los problemas.

¿Cómo lo evitamos? Seguimos aplicando el B.A.T.

Nos acercaremos al otro perro muy despacio, y un poquito de lado, nunca de frente (señal de calma). Nos acercaremos al otro perro hacia su trasero, no hacia su cabeza.

Tenemos que fijarnos en nuestro perro, pero también en el otro perro. Si nuestro perro da señales de calma, y el otro también, seguimos acercándonos. Si cualquiera de los muestra alguno de estos signos: rigidez, contacto visual aumentado, cierra la boca que tenía abierta, gruñe, eriza el pelo... llamaremos la atención a nuestro perro, y lo alejaremos. Lo que normalmente se ve más claramente es el "momento estatua": los perros se mueven muy despacio, hasta que se quedan de puntillas, muy quietos. No esperes, aleja a tu perro rápidamente.



Si nuestro perro está algo nervioso, pero no rígido, premiaremos: cualquier señal de calma que haga, o el momento en el que rompa el contacto visual con el otro perro, o si nos mira a nosotros.


Si hemos conseguido acercarnos al otro perro hasta casi hacer contacto, nos quedaremos a su lado vigilando:

- Que la correa esté floja
- Que no se tensa ninguno de los dos

Si todo va bien, esperaremos a que nuestro perro se acerque por su cuenta al otro perro y le huela. No dejes que estén tan cerca más de 1 o 2 segundos (no, no es una errata, 1 o 2 segundos). Marcaremos el oler a otro perro (con el clicker o diciendo "muy bien") y nos alejaremos unos pasos. Mientras te alejas, vigila que la correa no se tense en el proceso, hay que llamar la atención de nuestro perro para que se aleje con nosotros porque quiere, no arrastrado. A unos pasos de distancia, premiaremos con comida o con juego.


Si vemos que nuestro perro sigue interesado en el otro perro, volvemos a acercarnos. Si vemos que ha perdido el interés, nos iremos sin forzar la situación.

Si nuestro perro quiere volver a acercarse, repetiremos el proceso. Esta vez, dejaremos que se huelan un poco más, y esperaremos a que nuestro perro de una señal de calma. Entonces marcaremos positivamente su elección y lo alejaremos, premiando con comida o juego una vez nos hayamos alejado.


Si los perros hacen señales de juego, podemos dejarles jugar a partir de este momento.
Si nuestro perro ha perdido interés por el otro perro, nos lo llevaremos a seguir el paseo.

Y recuerda:
No todos los perros son igual de sociables. Algunos perros "necesitan" jugar con todos los perros que se encuentran. Pero la mayoría no. La mayoría lo único que quiere es olfatear rápidamente al desconocido, saludar e irse. En cinco segundos o menos, la mayoría de los perros ha conseguido toda la información que quería, y está dispuesto a seguir paseo. No le fuerces a socializar si no quiere. En el momento en que te mire, te lo llevas.
Lo mismo el tuyo que el perro desconocido, por cierto. Fíjate si cualquiera de los dos se tensa mínimamente, y si es así, aleja a tu perro.

Y premia siempre que tu perro te mire o te preste atención habiendo otro perro delante. Merece la pena.

PD:
Si necesitas más ayuda con tu perro reactivo, o todo esto te parece un follón, contacta conmigo. Si te has quedado con ganas de más (y sabes inglés), puedes bajarte un protocolo básico:

http://functionalrewards.com/BAT-basics.pdf

o comprar el libro de B.A.T., en papel o en ebook:

http://ahimsadogtraining.com/store/proddetail.php?prod=MCH-0167&PARTNER=boogiebostie

Todas las imágenes son traducciones (o no, la primera no he tenido tiempo de hacerla) de las fantásticas ilustraciones de Lili Chin (con licencia creative commons), os animo a visitar su blog.


Edito: esta entrada la tenía programada, por si acaso. Pero aquí sigo, con contracciones molestas pero no de parto. Seguiremos informando...

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 17 de enero de 2013

Cómo pasear con un perro reactivo: ejercicios B.A.T.


Pasear con un perro reactivo puede ser una pesadilla, como ya comentamos en este otro post. Si el perro se lanza sobre la correa, ladrando y gruñendo cada vez que ve una persona u otro perro, los paseos se convierten en carreras de obstáculos y cálculos de horarios, para intentar evitar cualquier cosa que pueda provocar a nuestro perro. Pero estos comportamientos son perfectamente corregibles, y no sólo obtendremos un perro mucho más educado, sino uno más seguro de sí mismo, con más libertad y menos miedo, que será capaz de tomar él solito las decisiones correctas.

Esta reactividad excesiva puede ser por varios motivos, como miedo (el ataque es la mejor defensa), frustración (¡préstame atención, he dicho que me prestes atención!) o ira (¡sujétame, que a ese me lo como!). Todos estos perros deben aprender a superar su ansiedad, y a acercarse a los sujetos de su problema de una forma tranquila y relajada, sin reaccionar de forma exagerada, y sobre todo, sin atacar.


Estos ejercicios funcionan porque le dan al perro lo que en el fondo quieren: alejarse del motivo de su estrés. Ya sea que tienen miedo, o ganas de pelea, el contacto produce ansiedad, y emociones negativas. Vamos a cambiar estas emociones negativas por la posibilidad de tomar el control, y por emociones tranquilas y positivas, usando el protocolo B.A.T. 


¿Qué es el B.A.T.?

Este protocolo, en inglés Behavior Adjustment Training, fue elaborado por Grisha Stewart, MA, CPDT-KA, en el año 2009, y yo he empezado a utilizarlo hace dos años, con resultados increíblemente positivos. Es un protocolo muy sencillo de utilizar, y que deja en manos del perro la toma de decisiones, por eso es tan efectivo. El perro asume el control de la situación, y puede decidir cuando empezar o acabar la relación con la otra persona o perro, disminuyendo así su ansiedad y su reactividad. 

¿Cómo empiezo?

Empieza sacando a pasear a tu perro, con una correa normal y un collar o arnés que no sean ni de ahogo ni de castigo. Si eliges un arnés de los que se atan por el pecho, o un halti, pues mejor. Y siempre, siempre, LLEVA LA CORREA FLOJA. Para más información, lee este otro post.

Empieza paseando por un lugar relativamente tranquilo. Se trata de que puedas acercarte a otro perro o persona a tu ritmo, en un espacio abierto. Conviene que sólo haya cada vez una persona/perro problema, para no agobiar desde el principio con demasiados estímulos.

Cuando veas a una persona/perro a lo lejos, fíjate como un águila en el cuerpo de tu perro. En el momento en el que tu perro pase de estar relajado a estar atento, te paras en seco. Si tu perro empieza a mostrar signos de ansiedad u obsesión, distráele y da varios pasos atrás antes de volver a empezar. Te pongo unos dibujos de mi admirada Lili Chin, para que lo entiendas mejor:




Una vez estéis los dos quietos en ese punto en el que tu perro está atento, pero no estresado, simplemente te paras a esperar. ¿A qué? A que tu perro te ofrezca, o le ofrezca al perro/persona que tiene delante, una señal de calma. Dependiendo del perro, esta señal puede ser chuparse la nariz, mirar para otro lado, girarse hacia tí y mirarte, sentarse, olfatear el suelo... cualquier señal de calma vale.



Entonces, marca este buen comportamiento para que el perro se entere de que lo ha hecho fenomenal. Haz click si usas clicker, o dile un efusivo "muy bien" en el tono más alegre que puedas poner. Y ALÉJALO. Sí, aléjalo por lo menos 5 pasos. Que tenga que darle la espalda al perro/persona y seguirte. Este es el punto más importante del protocolo, éste es el "premio gordo" para tu perro. Alejarse de lo que sea que le está causando un conflicto. 

A veces nos parece antiintuitivo, pues con algunos perros jóvenes parece que lo quieren es acercarse a saludar, aunque sea de forma ciertamente exagerada. Pero todos los perros sienten ansiedad cada vez que conocen a alguien nuevo (como nosotros...) y este alejamiento momentáneo les da un subidón de seguridad que es muy gratificante. Además, se sienten que con su propio comportamiento han controlado la situación, aprenden a comunicar a su dueño lo que quieren: no acercarse tan rápido, darse un tiempo para evaluar a la persona/perro y decidir si son un peligro o no.

Una vez te hayas alejado del "peligro", puedes darle a tu perro otro tipo de premio. Un trocito de comida, o algo de juego. Para los perros muy ansiosos o agresivos, yo utilizo en este punto un mordedor, para que descarguen la "necesidad" de morder con algo inofensivo (y no una rica pantorrilla). También puedes aprovechar para dejarle olfatear, que además de ser un premio potente, les relaja muchísimo.

Y volvemos a empezar: Nos volvemos a acercar a la persona/perro, hasta que veamos que nuestro puerro empieza a fijarse/tensarse. Probablemente nos podremos acercar un par de pasos más que la primera vez. Nos paramos, esperamos a la señal de calma, marcamos, nos alejamos, premiamos. 

Dibujito resumen del protocolo completo (viene con una señora pintada, pero con un perro sería exactamente igual) Pincha para verlo bien:




Al principio uno se siente torpe, tonto y cohibido. Pero al cabo de unos días, uno le coge el tranquillo, y el perro también. Nosotros aprendemos a leer el comportamiento de nuestro perro, y nuestro perro aprende cuál es su distancia de seguridad, y que si no se quiere acercar a algo que le da miedo, NO TIENE QUE ACERCARSE. 

Esto parece una tontería, pero si a nosotros nos ataran, y nos obligaran a saludar a cada persona o perro que nos encontráramos por la calle (abuelitas bondadosas, niños, gorilas de discoteca, borrachos, rottweilers...) nos daría un ataque de ansiedad al tercer día. Esto es algo que hay que aprender. 

Si tu perro, después de una mínima olfateadita, te mira, llévatelo. Él ya ha acabado. Le ha dicho al vecino del quinto "Buenas, buenas" y ya no tiene más conversación. Forzar la situación puede ser incómodo o incluso peligroso. Con este protocolo nosotros también aprendemos a ver las situaciones con los ojos de nuestro perro, y sabremos calibrar, mirando al perro de enfrente, si éste viene de buenas, o si casi mejor nos cruzamos de acera.

El próximo día que pueda, os enseño el siguiente paso: cómo saludar desde un metro de distancia o menos.

Si necesitas más ayuda con tu perro reactivo, o todo esto te parece un follón, contacta conmigo. Si te has quedado con ganas de más, y no quieres esperar (y sabes inglés), puedes bajarte uno protocolo básico:

http://functionalrewards.com/BAT-basics.pdf

en español, gracias a Laura Martín:

 http://www.cursoclicker.es/images/stories/pdf/BAT-basics_traducido_web.pdf

o comprar el libro de B.A.T., en papel o en ebook:

http://ahimsadogtraining.com/store/proddetail.php?prod=MCH-0167&PARTNER=boogiebostie

Todas las imágenes son traducciones (o no, la primera no he tenido tiempo de hacerla) de las fantásticas ilustraciones de Lili Chin (con licencia creative commons), os animo a visitar su blog.

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ansiedad por separación (II): Diagnóstico y tratamiento

¿Volverá?


Como ya vimos en la entrada anterior, la ansiedad por separación aparece cuando un perro sufre un ataque de ansiedad cuando se queda solo en casa. También vimos que los síntomas más frecuentes eran la destructividad, el hacerse pis o caca, las vocalizaciones o el autolamido.

Pero todas estas cosas los perros las pueden hacer por múltiples razones. Por ejemplo:

Destrozar muebles: los perros pueden hacerlo debido a la ansiedad, o por puro aburrimiento. ¿Cómo lo distinguimos? El aburrimiento tiende a ir dirigido sobre objetos pequeños (zapatos, juguetes, patas de sillas) en vez de sobre objetos grandes (sofás) o superficies. La destructividad de un perro aburrido suele ser menor que la de un perro ansioso. Suelen realizarlo cachorros o perros jóvenes (la ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad), muy activos también cuando están sus dueños en casa.

Pues no, no había nada ahí dentro...
Orinar o defecar: Aquí debemos distinguir entre una falta de aprendizaje, el marcaje, o la ansiedad. El perro que no ha aprendido dónde debe hacer sus cosas, las hace en casa estando el dueño presente o no. Muchos las hacen también por la noche, mientras el dueño duerme, o en una habitación en donde no le ven. Los perros que marcan lo hacen sobre superficies verticales, levantando la pata. La orina suele ser un charco pequeño, no  grande, y las heces suelen estar bien formadas.

Vocalizaciones: Hay que distinguir entre el perro que ladra de forma territorial, cuando pasa alguien por la puerta, y los que lo hacen por ansiedad. Si es por territorialidad, suelen ser ladridos esporádicos, que coinciden con movimientos alrededor de la casa. El tono y la frecuencia suelen ser distintos, y no suelen aullar ni gemir.


Autolamido: En los perros que se lamen, hay que descartar problemas de alergia, y otros tipos de ansiedad. Hay que tener en cuenta que los perros pueden lamerse porque tienen alergia y ansiedad por separación y otras ansiedades, pueden ir todos juntos...

La ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad, o tras un cambio brusco de rutinas: mudanzas, divorcios, cambios de horarios de trabajo... Los síntomas aparecen sólo cuando los dueños no están presentes, aunque cuando están en casa pueden aparecer otros distintos. Cuando el dueño está con el perro suele notar que el perro le vigila y le sigue a todas partes, que reclama atención, y que en la calle tiende a no alejarse mucho.

En caso de duda, yo siempre aconsejo grabar al perro cuando nos vamos de casa. Suele bastar con grabar media hora o una hora, porque el pico máximo de manifestaciones suele darse al irse el dueño de casa, y poco antes de su hora de volver.

Una vez establecido que el perro tiene ansiedad por separación, comenzamos el tratamiento.

Hay que aprender a relajarse
- Reestructuramos el vínculo: Estos perros suelen tener problemas de dependencia excesiva de su dueño. Esto puede ser por problemas en la infancia (separación precoz de su madre, por ejemplo) o de abandono (los perros recogidos de albergue son muy propensos) o por dependencia fuerte durante la adolescencia del perro, si ha estado hospitalizado o recluído en casa. Para reestructurar el vínculo, limitamos y organizamos los "mimos" y el contacto físico y  en cambio fomentamos la atención durante otros periodos. Aumentamos las sesiones de juego y adiestramiento, y mantenemos el contacto físico como sesiones de masaje y relajación algo regulados.

- Establecemos rutinas: Programamos el horario, establecemos momentos separados para el paseo, la comida, la atención, el juego y el contacto físico. Al seguir unas rutinas el perro puede predecir lo que viene después, lo controla, y rebajamos sus niveles de ansiedad.

- Entradas y salidas de casa: Las mantendremos en "tono bajo". Nada de despedirse del perro, abrazarlo, besarlo... Hay que dejarle sus juguetes, mandarlo a su cama, y salir. Como mucho, podemos decirle "adiós" bajito. Y las entradas igual. Saluda a tu perro con unas palmaditas, dile "hola" y sigue a lo tuyo. Nada de fomentar los saltos y las carreras por el pasillo, de abrazarlo y besarlo como si nos hubiéramos ido un mes. Un mimo corto y bajito, y a otra cosa mariposa. Tampoco conviene ignorar al perro cuando volvamos. Es totalmente antinatural, los perros se saludan entre ellos cuando han estado un tiempo separados. Si lo ignoramos totalmente, se sentirá perdido y abandonado, y la ansiedad empeorará. Podemos saludar, pero corto, un saludo corto.

Así mejor no...
- Aumentamos los juegos y la obediencia: Un perro cansado es más difícil que esté ansioso. Para eso, aumentamos los ratos de juego, tanto físico como mental. Traer una pelota, juegos de olfato o ir a correr con el dueño, fomentan un vínculo positivo y cansan tanto cuerpo como mente. Las sesiones de adiestramiento en positivo refuerzan la unión con el perro sin fomentar la dependencia, rebajan la ansiedad y ayudan a cansar al perro mentalmente.

- Desensibilizamos las ausencias: Realizamos un adiestramiento específico para que el perro aprenda a quedarse solo tranquilo y feliz. Hacemos ejercicios de relajación que ayudan al perro a asociar los momentos de tranquilidad en "su sitio" con sensaciones de bienestar y no con ansiedad.

- Medicación: Siempre valoramos si incluimos medicación en el tratamiento, o si no hace falta. Valoramos las horas que debe el perro quedarse solo, y la gravedad de la ansiedad. Dependiendo de todo ésto, se eligen tratamientos a base de hierbas o fármacos que ayuden al perro a tolerar las ausencias mientras el resto del tratamiento surte efecto. Este tratamiento puede ser sólo en los momentos de ausencia (como cuando usamos benzodiacepinas) o prolongarse durante unos meses para ayudar al perro a rebajar sus niveles de ansiedad durante todo el día, si su comportamiento se ve afectado no sólo durante los periodos de ausencia (solemos usar entonces antidepresivos tricíclicos o ISRS). Por cierto, la medicación no cura, sólo aminora los síntomas mientras funciona la terapia de comportamiento. Sólo con una pastilla el perro no se va a curar.

Puedes multiplicar por dos el problema... o no
- ¿Otra compañía?: Muchos dueños me preguntan si conviene adquirir otro perro, para que haga compañía al primero. Y yo siempre contesto que.... DEPENDE. Sólo hay que añadir otro perro si el dueño de verdad quiere otro perro. Dos perros significan el doble de gastos, de comida, de veterinario... viajar con un perro es menos complicado que con dos. Y las sesiones de juego con el dueño tienen que ser dobles, y el adiestramiento también. Además, los perros pueden no hacerse amigos, acabar llevándose mal, y el problema lo hemos multiplicado por dos, en vez de arreglarlo. Pero si el vínculo entre los dos perros se establece, pueden hacerse compañía, jugar juntos y la ansiedad mitigarse. O pueden divertirse entre los dos sacando el relleno del sofá nuevo... Hay que pensarlo muy detenidamente.

- Otras cosas: Hay otras cosas que podemos probar, que a veces funcionan, y a veces no.

  • Dejar la radio: si solemos estar en casa con la radio puesta, y la apagamos al marchar, podemos probar a dejarla encendida, en la emisora habitual. Además eso mitiga los ruidos de fuera. Si nunca escuchas la radio en casa, olvídate. 
  • Reducir el espacio: hay perros que se sienten más seguros en espacios pequeños que en los grandes. Si el perro es de los que duermen debajo de una mesa, se puede probar. Pero en ningún caso conviene encerrarlo en un espacio reducido (tipo transportín) si el perro no ha aprendido antes a permanecer en él. Lo único que haremos será aumentar su ansiedad, y provocar accidentes.
  • Regañar al perro al volver: NUNCA. El perro no destroza por vengarse, lo hace por ansiedad. Como cuando nosotros nos mordemos las uñas, no nos damos ni cuenta. Al regañarle, lo único que hacemos  es crearle miedo. El perro se volverá neurótico, pues querrá que volvamos pero le dará miedo al mismo tiempo, y eso genera todavía más ansiedad (y más destrozos, y más cacas...).
  • Encontrar a alguien que le saque o le haga compañía: algún vecino o pariente que vaya un rato a casa, y haga compañía un rato al perro. Aunque sea simplemente sentarse a ver la tele o a estudiar, gratis o por un módico precio. Si el perro tiene que estar muchas horas solo, merece la pena.

Lo bueno de la ansiedad por separación es que tiene muy buen pronóstico, y el 80% de los perros evoluciona favorablemente. Así, podremos volver a casa, y en vez de encontrarnos esto:


encontrarnos esto:



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 30 de octubre de 2012

Ansiedad por separación (I): descripción y síntomas

  ¿Volverá pronto?
Photo © iStockphoto.com/Hedda Gjerpen
La ansiedad por separación es uno de los problemas de comportamiento más frecuentes en los perros. Es uno de los que veo más a menudo, porque sus efectos son plenamente visibles (aunque cuando ocurran el dueño no esté), y son de los más destructivos, y  que más problemas vecinales producen.

La ansiedad por separación se manifiesta cuando un perro se queda solo. Algunos perros no pueden aceptar la situación, y sufren distintos grados de ansiedad. Puede ser desde ligero nerviosismo a un ataque de ansiedad en toda regla.

Pero ¿por qué se produce?

Se produce porque los perros son animales sociables por naturaleza. Si por ellos fuera, no pasarían casi ningún tiempo a solas, o por lo menos fuera de la vista de otro miembro de su familia. Para un perro, quedarse solo 8 horas seguidas es antinatural, y por desgracia es de lo más frecuente.

Si el perro no aprendió de pequeño a quedarse solo, si tuvo problemas de vinculación de cachorro (si fue abandonado en un albergue, o separado de su madre demasiado pronto), o si de adolescente ha tenido una relación de dependencia fuerte con sus dueños (por enfermedad, por ejemplo) es más probable que desarrolle ansiedad por separación. También es más probable en perros que presentan miedos o fobias (a las tormentas o ruidos fuertes, por ejemplo) o que han tenido una socialización escasa. Todos estos perros tienen algo en común. Un vínculo muy fuerte con sus dueños, que ha derivado a una dependencia. Y cuando su objeto de apego, su dueño, se va... el perro sufre un ataque de ansiedad.

Lo que vemos nosotros, al volver a casa, son los efectos de las formas que tiene el perro de intentar mitigar esa ansiedad:

Pueden destrozar eso de una sentada
DogCentral.Info, By Karen Nazor Hill

- Muebles destrozados: la ansiedad puede mitigarse mordiendo o rascando. Nosotros nos mordemos las uñas o la punta de los lápices, o a veces nos rascamos la piel sin darnos cuenta. Los perros hacen lo mismo, solo que su capacidad destructiva es mucho mayor, dado que su mandíbula es mucho más poderosa. Suelen elegir las zonas de la casa en donde sus dueños pasan más tiempo (tienen más olor) como los reposabrazos del sofá, o las almohadas de la cama. Otros intentan esconderse para sentirse recogidos, y hacen agujeros en los cojines de los sofás, por ejemplo. Otros intentan salir de casa, y muerden y arañan los marcos de las puertas, y las paredes o las propias puertas. El morder descarga mucho, y suele ser el síntoma más frecuente y el que causa más problemas, ya que un perro de tamaño medio (15-20kg) puede acabar con un sofá en menos de una semana.

¿He sido yo?
- Orina o heces: los animales, cuando sufrimos estrés o ansiedad agudos, tenemos incontinencia. Los esfínteres se relajan, y nos hacemos pis o caca. Cuántas veces habré ido al baño justo antes de un examen.... montones. El perro no está ensuciando la casa para vengarse, simplemente es que no se puede contener. La orina suele ser un gran charco (los machos ni marcan en este momento) y las heces muchas veces son en forma de diarrea.

- Vocalizaciones: Esto no lo suelen notar los dueños, pero los vecinos suelen quejarse y aquí es donde se enteran. Los perros pueden aullar, gemir, ladrar... Hay algunos que lo hacen rítmicamente, todo el rato, durante horas. Otros tienen picos de ladridos, paran un rato, vuelven a ladrar... Lo que sea para intentar reunir a la "manada".

Algunos perros se chupan hasta el hueso
- Autolamido: Los perros también pueden lamerse o morderse para liberar la ansiedad. Muchas veces el dueño no lo ve, otras nota zona de pelaje húmedas o coloreadas de un tono rojizo (la saliva, al oxidarse, tiñe el pelo de rojo). Algunos llegan a hacerse heridas graves. El autolamido suele ser síntoma de ansiedad crónica, y es una de las manifestaciones más difíciles de eliminar, y que más problemas da al propio perro, pudiendo llegar a convertirse en un trastorno obsesivo-compulsivo. Tuve una vez una perrita que no se chupaba, pero babeaba tanto que cuando llegaban los dueños a casa estaba bañada en su propia saliva. Tenían que secarla con un secador.

- Deambulación: Muchos perros andan o trotan sin parar por casa, sin descansar en todo el día. Como si fueran leones encerrados en una jaula de zoo. Esto no suele notarse, a no ser que se trepen a las mesas y tiren cosas, o se les grabe en vídeo.

No parar quieto también es signo de ansiedad
Todas estas manifestaciones son los síntomas, no el problema en sí, y quiero que esto quede claro. El problema es la ansiedad al quedarse solo, y si no tratamos esa ansiedad, el síntoma no desaparecerá. Hay veces que podemos controlar alguna de las actividades más peligrosas, pero el perro elegirá otra forma de descargar la ansiedad, que a lo mejor es peor que la que tenía antes. Por ejemplo, he tenido algún cliente que puso un collar de descarga a un perro con ansiedad. El perro dejó de ladrar, pero comenzó a chuparse las patas. Un dueño decidió encerrar al perro en una jaulita, para evitar que le destrozara el sofá. Cuando volvió, se encontró la habitación llena de sangre, pues el perro se había arrancado dos uñas al intentar escapar de la jaula.

Hasta que no tratamos la ansiedad, los síntomas no desaparecerán. Lo que sí podemos es canalizar las manifestaciones hacia comportamientos menos destructivos o preocupantes. Esto lo hacemos normalmente dejando juguetes interactivos, tipo kong o similar, rellenos con comida. Así el perro se entretendrá destrozando o mordiendo cosas que no nos molesta que muerda, y descarga su ansiedad de forma no peligrosa. Aunque hay que tener en cuenta que algunos perros no son capaces de comer cuando sus dueños no están, debido a la ansiedad.

¿Cómo tratamos a estos perros? Una pinceladita, que está saliendo una entrada muy larga, dedicaré el próximo post a ello:

Aprender a relajarse junto al dueño es importante
- Reestructuramos el vínculo social con sus dueños. No rompemos el vínculo, lo que sería contraproducente, pero ayudamos a organizarlo y que el perro gane la suficiente confianza en sí mismo como para poder quedarse solo.

- Establecemos rutinas: para que el perro tenga sensación de control sobre su ambiente, sepa qué esperar.

- Aumentamos los juegos y la obediencia: para fomentar un vínculo positivo con su dueño, mientras cansamos física y psicológicamente al perro.

- Desensibilizamos las ausencias: enseñamos al perro a quedarse solo de una forma relajada y positiva.

- ¿Medicamos?: Dependiendo de la gravedad del caso, para evitar que el perro sufra durante el tiempo que dura el tratamiento. A veces no es necesario, a veces es imprescindible.

El tratamiento suele ser largo (de 3 meses a un año, dependiendo de la gravedad) pero el pronóstico es bueno. El 80% de los perros no vuelve a tener episodios de ansiedad, y el resto los tienen ante cambios en sus rutinas, y en todo caso mucho más manejables que al principio. Sí que hay algunos casos, sobre todo en perros mayores, que pueden requerir un tratamiento de mantenimiento casi de por vida, pero son los menos.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 9 de octubre de 2012

Tengo un perro adolescente ¡¡socorro!!

Uno tiene un cachorrito monísimo y super bien socializado cuando de repente...


¿qué le ha pasado? ¿me lo han cambiado?

Se ha convertido en un perro grande, todo patas y cabeza, que tira de la correa y se lanza a ladrar y a saltar cada vez que ve a otro perro en la acera de enfrente.

?????

Pues las hormonas de la adolescencia, es lo que ha pasado. A partir de los 8 meses en los perros pequeños, y del año en los más grandes, las hormonas sexuales empiezan a secretarse, y el mundo cambia para el perro. Los antiguos compañeros de juegos de repente ahora se dividen entre posibles conquistas o posibles rivales. Y los desconocidos... bueno, esos suelen ser posibles rivales, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario (o resulten ser del sexo opuesto).

Total, que ese cachorrito que jugaba con todos los perros del parque, de repente empieza a dar y recibir revolcones. Empieza a medirse con los demás, y a gruñir. ¿Y qué es lo que hacemos? Le ponemos una correa, y nos lo llevamos. En vez de jugar con los otros perros, ahora pasea atado lejos de ellos. Cada vez tiene menos relación con los demás.

Entonces empieza lo peor. Nuestro perro tira de la correa como si le hubiera poseído un husky siberiano. Y va alerta cual agente de seguridad, patrullando el barrio en busca de otros perros. Y cuando ve uno... ¡a ladrar y a tirar como un poseso!

Entonces casi todo el mundo hace lo que ha leído en un libro, le han dicho en el parque, o ha visto en el desgraciadamente famoso programa de la tele. Y empiezan los tirones de correa. Las "correcciones". Y los collares de castigo, o de pinchos. Pero el perro, en vez de mejorar su conducta, como prometen todos, empeora... ¿por qué?

Pues muy simple, porque los castigos casi nunca funcionan, pero es que para esto, son muuuucho peor. Porque el perro no entiende el concepto "mi dueño me da un tirón de correa porque me estoy portando mal". El perro ni siquiera entiende que el tirón lo estamos dando nosotros. Él sólo entiende que cada vez que ve un perro, e intenta saludarlo, le duele el cuello. Lo que aprende es que los perros son muy peligrosos, porque su dueño ladra muchísimo (los dueños casi siempre gritamos a los perros que ladran para que se callen, ellos creen que estamos uniéndonos a su coro). Y además, los perros (o los extraños) producen dolor de cuello, así que, cuanto más lejos el perro, pues mejor. Y ¿cómo mantienen los perros alejados a otros perros? Pues ladrando. Y poniéndose echos unas fieras. Ataque preventivo, que se llama.


Pero lo peor ocurre cuando, con nuestro perro está en este estado de ánimo, tenso, nervioso y desconfiado, nos acercamos al otro perro. Entonces dos perros, nerviosos, con las hormonas disparadas y las correas tensas (luego, incapaces de huir o poner espacio de por medio) se alcanzan. Pero se alcanzan de verdad, porque entonces la probabilidad de que se enganchen es altísima. Y entonces se decide que el perro es peligroso, y que no podemos acercarnos a otros perros y.... seguimos con el círculo vicioso.

¿Cómo rompemos este círculo? ¿Cómo conseguimos que nuestro perro se acerque tranquilamente a otro?

El collar: 
fuera collares de castigo, pinchos, ahogo... (a los eléctricos ya ni los mento...). Ponle un collar normal. Si es un perro de mucho tirar, tienes otras opciones, más efectivas y que no duelen. Si el perro es de hasta 15-20kg, yo te recomiendo un arnés de los que se enganchan en el pecho en vez de por la espalda, tipo easywalk. Con los perros más grandes también funciona, pero un poco menos. Y si no, un collar de cabezada, tipo gentle leader o halti.

Que conste que nadie me paga por hacer publicidad, es que realmente funcionan. Los enlaces son orientativos, hay otras marcas que funcionan igual de bien. Con estos arneses y collares, el perro no puede tirar, porque los perros tiran con el pecho, y estos van enganchados por delante. Así no tienen músculos con los que tirar, así que no tiran. Y cuando lo intentan, se giran, y te miran a tí. Premio doble.


El espacio: 
acércate al otro perro/persona sólo hasta la distancia en la que tu perro lo mira, pero sin ponerse nervioso, tirar de la correa, o ladrar. Deja que le eche un buen vistazo, y que elija si se quiere acercar o no.
Si hace alguna señal de calma, prémiale por ser bien educado. Si rompe el contacto visual, también.
Y entonces aléjalo. Esto hace que el perro se tranquilice, y aprenda que, si no quiere, puede no acercarse al otro perro/persona si no quiere. Le da opciones. Que con la correa puesta, normalmente, un perro no las tiene.
Si el perro, una vez alejado, sigue mirando con curiosidad, vuelve a acercarte, despacio, hasta donde aguante sin ponerse a cien.
Repite el ejercicio.
Ya verás como poco a poco puedes acercarte más al perro, y que cuando llegas hasta su lado, en vez de un potro salvaje tienes a un perro tranquilo y curioso, dispuesto a hacer amigos. Esta es la base de los ejercicios B.A.T., de los que tengo que escribir una entrada.

El acercamiento: 
No te acerques de frente, en línea recta hacia el otro perro. Rodea un poco. Si no tienes espacio, cambia al perro de lado, para ponerte tú entre los dos perros. Así rompes su contacto visual. Acercarse de frente es de muy mala educación para un perro. Y muchos adolescentes no se acuerdan (¿desde cuándo los adolescentes siguen las reglas de urbanidad?). Acerca la cabeza de tu perro a los hombros del otro perro o incluso a su trasero, nunca a su cara.


El tiempo: 
Una vez estás al lado del perro al que vais a saludar, espera a que los perros empiecen a olerse, o se pongan el uno al lado del otro, cuenta 2 segundos. Entonces llama a tu perro por su nombre, distráelo, y aléjalo. Prémialo por alejarse, y por prestarte atención, a unos pasos del otro perro. Si quiere volver a saludar, deja que se vuelva a acercar, cuentas 4 segundos, y lo vuelves a alejar. Sigue así, aumentando el tiempo poco a poco, hasta que veas que hacen señales de juego, o que se alejan.

Si ves que hacen señales de juego, es el momento de soltarlos (si se puede, claro). Pero no te desentiendas, los perros jóvenes se emocionan fácilmente, se ponen nerviosos, y se "pasan". Si ves que el juego sube de tono, llama a tu perro, sepáralo, y cálmalo antes de volverlo a soltar a jugar.

Si después de un acercamiento, ves que tu perro no muestra más interés, llévatelo y no fuerces más el contacto. Pensamos que todos los perros quieren saludarse durante minutos, y llegar a ser amigos del alma, pero no es verdad. A veces con un  "Buenas, Buenas" tienen suficiente. Otras se conforman con un "¿qué tal? ¿y tú de quién eres?", y lo dejan ahí. Con los extraños, las charlas insustanciales de ascensor son incómodas, pero el forzar la relación entre adolescentes además, puede ser peligrosa.

Y por último, pero lo más importante.

La correa:
LA CORREA, SIEMPRE, SIEMPRE, FLOJA.
No creo que me canse nunca de decirlo. Un perro con la correa tensa se siente atrapado. No puede huir. Y los perros nerviosos y desconfiados, que no pueden huir, atacan. Además, la postura de un perro que tira de la correa es exactamente igual a la de un perro seguro de sí mismo que amenaza a otro perro que tiene delante. Lo que favorece las peleas todavía más.

Las correas flojas, en forma de J, los perros por fuera
Mantén la correa que haga una "J" entre tú y tu perro. Siempre.

Y por supuesto, si tu perro tira de la correa, enséñale a ir a tu lado. Si no sabes cómo, contrata a un adiestrador que trabaje en positivo, compra un libro de adiestramiento en positivo (en knsediciones encontrarás muchos buenos) o ponle un arnés o halti de los que he hablado antes.

  ¡¡Pero no le des tirones!!

O convertirás a un perro adolescente pero feliz en un adulto malhumorado y peleón. En tus manos está, y nunca mejor dicho.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 16 de diciembre de 2011

Señales de calma

Señales de Calma, dibujos de  Lily Chin
En los últimos días he estado trabajando con varios perros con problemas de ansiedad en la calle, y tras dar varias clases sobre cómo detectar y utilizar estas señales he decidido compartir la información.

¿Qué son las señales de calma?

Las señales de calma son expresiones corporales que emiten los perros cuando están delante de otro animal. En un principio son gestos que ayudan al propio perro a calmarse un poco. Los perros las emiten sobre todo hacia perros y personas desconocidas, que provocan más ansiedad que los individuos familiares (Mariti et al, 2010).

Estos gestos se han ido transformando, y los perros los utilizan también como señales visuales que avisan a otro perro (o persona) de que el perro que las emite no busca problemas. Los perros que perciben estas señales tienden a estar más tranquilos, y a rebajar su agresividad después de ver la señal (Gazzano et al, 2010).

Estas señales han tenido varios nombres, como señales de ansiedad, de deferencia... pero el nombre que más se utiliza hoy en día es el acuñado por Turid Rugaas en su libro "El lenguaje de los perros: las señales de calma".

Reconocerlas es fácil, sólo hay que fijarse un poco en  nuestros perros, y veremos que las lanzan "a troche y moche", a diario, en montones de situaciones distintas. Los perros bien socializados las utilizan casi todas, aunque todos tienen sus expresiones "preferidas", que usan más a menudo. Las más frecuentes son:

Desviar la mirada / Girar la cabeza
Gira la cabeza para evitar mirar de frente

En el mundo animal, mirar fijo es de muy "mala educación". Puede llegar a significar agresión. Parece extremo, pero hay que pensar en cómo  nos sentiríamos si alguien en el metro se nos quedara mirando fijo un rato. Glups.

Para evitar esto, los perro pueden guiñar los ojos despacio, o hacer el gesto mayor y uno de los dos perros (o los dos) girar la cabeza hacia un lado. Puede ser una señal pequeña y breve, o clara y larga. Si al perro no le funciona, puede exagerarlo todavía más, moviendo el cuerpo entero, para ponerse de lado o incluso darle la espalda al otro perro.

Este perro da la espalda, y se chupa
 Chuparse la nariz o los labios

Es otro de los gestos más frecuentes. Refleja que el perro tiene la mandíbula suelta, y prepara su nariz para olfatear, dos cosas que no haría si estuviera excesivamente nervioso, o preparándose para atacar.


Este perro guiña los ojos, mientras se chupa la nariz
Olfatear el suelo

Este gesto también es muy habitual, es muy claro para el otro perro, y ayuda a desviar la atención hacia otro asunto (que no es la confrontación). Es el típico gesto de "hacerse el distraído".
Perro intentando rebajar tensiones olfateando (observar las miradas fijas de los dos del fondo)
La próxima vez que llames a tu perro enfadado, y se ponga a oler el suelo, recapacita ¿te está intentando calmar antes de volver a tu lado?

Rascarse

A primera vista, puede parecer que los perros tienen picores en los momentos más inoportunos. Le estás regañando ¡y se sienta a rascarse! No es falta de atención, es que te está comunicando algo. Le pones  nervioso, y está intentando calmarse, y calmarte a tí, ya de paso.
Qué pesadito, cuánto más le tiro, más se rasca. A ver si va a ser por eso...
Sentarse o tumbarse, de frente, de lado o de espaldas

El perro de la derecha se sienta y mira de lado
Con este gesto los perros disminuyen su tamaño a ojos de otro perro, y parecen menos amenazante.

Postura de juego

Es un gesto hecho sólo con las patas delanteras, o con el cuerpo entero. El perro agacha los cuartos delanteros hasta poner los antebrazos en el suelo, pero dejando el culo en pompa.
¿quieres jugar?
¿Para qué nos valen a nosotros?

Por lo pronto, nos valen para entendernos mejor con nuestro perro. Para comprender cuándo está nervioso, cuándo quiere que le dejes en paz, o cuándo quiere interaccionar con otro perro (o no quiere). Para los perros asustadizos, o agresivos, nos ayuda a detectar qué personas o animales no les gustan, y así podremos evitar problemas. En terapia, yo enseño a los perros a utilizarlas con mayor eficacia, para que puedan ser más sociables con otros perros, o para que puedan "decirle" a su dueño cuándo  han tenido bastante. Son la base para trabajar con los protocolos de ajuste del comportamiento (en inglés B.A.T.) que llevo una temporada utilizando, que ya explicaré más adelante, y que funcionan de maravilla.

Ya veréis, a partir de ahora, miraréis a vuestros perros de otra forma ¿a que sí?

Bibliografía:

Gazzano, A., Mariti, C., Papi, F., Falaschi, C., Foti, S., & Ducci, M. 2010. Are domestic dogs able to calm conspecifics by using visual communication? Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 5, 28-29.
Mariti, C., Papi, F., Ducci, M., Sighieri, C., Martelli, F., & Gazzano, A. 2010. Domestic dogs display calming signals more frequently towards unfamiliar rather than familiar dogs. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 5, 62-63.
Rugaas, T. 2005. On talking terms with dogs: calming signals. Dogwise Publishing.