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domingo, 3 de marzo de 2013

Perrito nuevo (III): Enseñando su nombre y capturando comportamientos básicos


Todos los animales venimos "de serie" con dos tipos de comportamientos: los instintivos, y los que se aprenden. Los comportamientos instintivos, o innatos, son los que elegimos para enfrentarnos a las nuevas situaciones, por defecto. Si el comportamiento instintivo "funciona", seguiremos usándolo, mejorándolo y perfeccionándolo. Si no funciona, lo modificaremos en lo que haga falta, convirtiéndolo en un comportamiento aprendido.

Con esto quiero decir que todo comportamiento, innato o aprendido, puede ser modificado, aunque el instintivo siempre será más fuerte que el aprendido, y en los momentos de fuerte carga emocional, puede volver a resurgir en su forma original. Además, los comportamientos instintivos pueden ser modificados y aminorados, pero son casi imposibles de eliminar, hay que redirigirlos.

Los cachorros vienen "de serie" con un catálogo de comportamientos, algunos muy positivos para ellos y para nosotros, otros que hay que reconducir, y otros que conviene mantener bajo control. Por ejemplo, todos los cachorros investigan las cosas con la boca (claro, manos no tienen). Así que tendremos que redirigir ese comportamiento hacia objetos que no nos moleste que muerda: sus juguetes.  En las entradas anteriores ya vimos cómo redirigir este tipo de comportamientos hacia otros más positivos. Hoy nos centraremos en poner bajo nuestro control conductas que el cachorro ya sabe realizar.

Los perros (y todos los los animales, nosotros incluidos) aprenden todo más rápido mediante reforzamiento positivo, es decir, premiando las conductas que queremos que el perrito repita. Estos premios pueden ser juegos, mimos o comida, cualquier cosa que al perro le guste.

Para empezar a trabajar con un cachorro, lo mejor es empezar de forma informal, capturando las conductas que queramos que aprenda. Porque la mayoría de estas conductas son innatas, no hay que enseñarle al perro a realizarlas, sino sólo enseñarle que cuando nosotros decimos una palabra, significa que el perro debe asumir cierta postura corporal. Todos los perros del mundo saben sentarse. Lo que no saben es que cuando nosotros decimos "sienta", lo que significa es que queremos que pongan el culo en el suelo.

Todos los perros del mundo "saben" sentarse
Así que, de forma general, podemos enseñarle al perro a obedecer simplemente observándolo. Cuando el perro adopte una postura que queramos que aprenda (sentarse, en este ejemplo) nos pondremos delante de él para comprobar que nos está atendiendo, diremos la palabra elegida como orden ("sienta", por ejemplo), le diremos una palabra refuerzo ("bien") o usaremos el clicker y premiaremos.

Enseñar su nombre al cachorro

Como ejemplo, lo primero que vamos a enseñarle es su nombre. Es muy importante que el nombre de nuestro perro tenga una connotación positiva, y que para él signifique "mírame, atiéndeme". La mayoría de los perros lo aprenden sobre la marcha, intuitivamente, y parece que no hace falta "enseñarlo". Pero a mí me parece conveniente trabajarlo bien en positivo, dado que a los cachorros acabamos regañándolos muchas veces después de decir su nombre, y acaban dando por sentado que se llaman "Tobi-no", o que decir su nombre significa "corre y escóndete bajo el sofá que te la has cargado".

El esquema para enseñarle a un cachorro su nombre es igual al que ya he comentado. Esperaremos a que el perrito nos mire a la cara, diremos su  nombre claramente ("Tobi"), entonces decimos nuestra palabra refuerzo ("bien") y premiamos inmediatamente.

Esquema: 

Vemos al perro que nos mira.
Decimos su nombre claramente "Tobi"
Decimos "bien" con el tono más alegre del mundo (o hacemos click)
Premiamos rápidamente
Busca tu mirada, intenta hipnotizarte
¡lo ha pillado!

Una vez el perro comience a entender el asunto (en dos o tres días) verás que cada vez busca más tu mirada. Es el momento de repetir su nombre, y darle un premio gordo. Esto quiere decir que ha aprendido que mirarnos a los ojos y prestarnos atención es positivo, y que puede ser recompensado por ello.

Ahora es cuando de verdad ponemos la acción bajo control. Esperamos a que deje de mirarnos, y repetimos su nombre en voz un poco alta: "TOBI". Si el perro nos mira, decimos "bien" y premiamos.

Esquema:

Decimos su nombre claramente "Tobi"
El perro nos mira o se acerca
Decimos "bien" (o hacemos click)
Premiamos rápidamente

Una vez lo ha pillado, repetiremos este esquema el mayor número de veces posible, para que al perro se le quede su nombre asociado con la atención y el premio grabado a fuego.

Con estos dos esquemas podemos poner bajo control de una palabra cualquier comportamiento que queramos. Funciona estupendo para enseñar al perro conductas normales, que ya realice el perro por propia iniciativa. Tienen que ser frecuentes, porque así las repetirá lo suficientemente a menudo como para que podamos premiarle por repetirlas varias veces al día. Por ejemplo: mirarnos a los ojos, sentarse, tumbarse, hacer pis o caca, ponerse de pie, venir...

Además, podemos enseñarle todas estas cosas "a la vez", sin tener una sesión formal de adiestramiento. Lo divertido y eficaz de este sistema es que podemos elegir dos o tres conductas, y nombrarlas y premiarlas cada vez que el cachorro las realice. Así tenemos "sesiones" de adiestramiento muy cortas pero muy frecuentes, que es como los cachorros (que se distraen con muchísima facilidad) aprenden mejor. Y al cabo de una semana, obedecerá dos o tres señales nuevas, sin haberse ni enterado de que estaba "en clase".

Aprenderemos a realizar una sesión de adiestramiento "formal" otro día, para cuando el cachorro lleve ya con nosotros una temporadita (como un mes o así), ya se sepa su nombre y su lugar en casa, y queramos enseñarle conductas más específicas.

Los premios:

Lo más cómodo, más rápido y más comprensible para el perro son los premios de comida. Éstos deben ser muy pequeños (como del tamaño de una bola de pienso), para que no se harte de ellos, y luego se coma bien su pienso, que es lo que le da la alimentación equilibrada. Yo para empezar a enseñar los comportamientos más básicos, en casa, recomiendo colocar la ración diaria de pienso del cachorro en un vaso, y premiar de ahí. Así controlamos la cantidad de comida del cachorro, y lo que sobre se lo podemos poner en la ración de la noche.
Pienso de gato: pequeño, blando, equilibrado y sabroso
Para comportamientos más difíciles, o para premiar en la calle, conviene elegir premios más sabrosos, y a poder ser blanditgos. Lo del sabor dependerá de lo que le guste a su perro: bolitas de pienso de gato, galletas pequeñas para perros, premios blandos para perro, trocitos de queso o salchicha… Lo que al cachorro le guste más. Pero los limitaremos a unos pocos trocitos, y siempre para conductas nuevas o fuera de casa.


Y como en las entradas anteriores, me repito. De lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 12 de febrero de 2013

Perrito nuevo (I): los primeros días en casa, estableciendo vínculos



Te has comprado un perrito, o te lo han regalado, o lo has adoptado. Le has comprado una cuna, unos platitos muy monos, unos juguetes, lo dejas en el suelo y... ¿ahora qué?

Lo primero es preparar para el cachorro un “sitio seguro” y confortable.

Un rincón del salón, del dormitorio o de la cocina, donde tenga su cuna, sus juguetes... donde pueda meterse para jugar, dormir, o simplemente estar tranquilo. Para los primeros días, lo mejor es preparar un rincón separado del resto de la habitación por puertas de bebés, un enrejado, o una jaula grande. Que no tenga nada peligroso para el cachorro (cables, enchufes, cosas que se pueden caer o que son peligrosas si se muerden). Allí dejaremos, en un rincón, la cuna del cachorro, su comedero, el agua y sus juguetes. Al otro extremo pondremos una bandeja para gatos con arena, o papel de periódico (más sobre cómo enseñarle a ser limpio más adelante).


Hay que decidir con el resto de la familia los horarios de comida, paseos y juego. Al principio debería
comer unas tres veces al día, cuanto más estricto sea con los horarios, mejor. El agua debe tenerla siempre puesta, aunque se la puedes retirar por las noches. También hay que decidir qué es lo que el cachorro va a poder hacer, y qué es lo que no (dormir en el dormitorio, subirse a los sofás...) y mantener siempre las reglas iguales, para no marear al perro. Para más sobre dormir con tu perro, pincha aquí. Para un cachorro, lo mejor es dormir en una habitación acompañado, pero en su cuna (atado con una correa cortita para que no se vaya de paseo nocturno y se haga pis por ahí) o metidito en una caja. Así llorará mucho menos, y si se pone muy nervioso podemos llevarle a otro lugar a hacer pis, o acariciarlo para que se tranquilice.


Estableciendo un buen vínculo:

Hoy vamos a explicar cómo comenzar la relación con nuestro cachorro con buen pie. Tenemos que tener en cuenta, que el cachorro (o perro adulto) que llega a nuestra casa, es sociable, pero no nos conoce de nada. No tiene un vínculo afectivo con nosotros, en definitiva "no nos quiere". Los cachorros piden atención y mimos desde el primer día (hay que preocuparse si no lo hacen...) pero eso no quiere decir que nos tengan afecto, es que los cachorros son así. Ahora tenemos que ganarnos su confianza, amor y lealtad, para que en el futuro confíen en nosotros y deseen seguirnos.

Lo más importante: no regañar nunca al cachorro.

Los cachorros se meten en todo tipo de líos, en sus ganas de jugar y conocer el mundo. Si comenzamos nuestra relación con el perro regañándolo, pegándolo o metiéndole miedo, nunca conseguiremos tener una relación equilibrada con él. Siempre desconfiará un poco de nosotros, y el problema surgirá en la adolescencia: no le gustará el contacto físico, no se dejará agarrar, se asustará o no se fiará de las personas...

Hay que EVITAR las situaciones en las que tendríamos que regañar al perro. Los cachorros se meten por todas partes, se suben a todos los sitios que pueden, muerden cosas para saber si saben bien... está en su naturaleza, es su forma de reconocer los nuevos objetos, de aprender cosas nuevas y de investigar. Pero que sea un comportamiento normal no quiere decir que no pueda ser desagradable para nosotros ni peligroso para el perrito.

Nosotros somos el animal con el cerebro más grande de la casa, usémoslo para PREVENIR lo que sabemos que va a ocurrir: hay que poner los objetos tentadores (zapatillas, calcetines, mandos, teléfonos móviles, juguetes de los niños...) fuera del alcance del cachorro (en alto). El cubo de basura, lo pondremos fuera de su alcance, lo guardaremos en un armario, o pondremos peso encima, para que no lo pueda abrir. Las patas de las mesas y los cables, podemos protegerlos untándolos de aceite de limón (en herbolarios lo venden, es de uso alimentario).

Cuando el cachorro esté suelto por la casa, lo mantendremos VIGILADO en todo momento. Para que ésto sea más fácil, y el cachorro no se escape en un momento de distracción, podemos hacer dos cosas. O cerrar la puerta de la habitación para que esté con nosotros y no se vaya, o nos lo atamos a la cintura con una correita ligera. Prefiero esta segunda opción, porque: así comienza a aprender a andar con correa, establecemos un vínculo fuerte con él al "obligarlo" a estar con nosotros todo el rato, el cachorro aprende los ritmos de la casa, y es imposible que se meta en líos.

Y así nosotros también estaremos "obligados" a hacerle caso al cachorro, el rato que estemos en casa (que puede no ser mucho). No hace falta que lo lleve siempre la misma persona, os podéis turnar entre todos para que el perro establezca vínculo con cada uno, y todos se responsabilicen en algún momento de él. Tampoco  hay que estar haciéndole caso todo el rato, aunque esté unido a nosotros. Si nos sentamos a trabajar o a ver la tele, tiene que comprender que es un rato de estar descansando a nuestro lado. Tenemos que seguir con nuestras rutinas diarias, sólo que ahora lo haremos acompañados. Podemos aprovechar los momentos de tranquilidad para irle enseñando a sentarse, tumbarse, y estarse quieto.

Premia todo lo que puedas:

Métete la mitad de la ración diaria del cachorro en el bolsillo. Así puedes premiar cada vez que veas al perro haciendo algo que te gusta. ¿Está tumbadito tan tranquilo? Premio. ¿Está mordiendo uno de sus juguetes, en vez del cojín de la abuela? Premio. ¿Le has llevado a su sitio y ha hecho pis? Premio. ¿Te levantas, echas a andar y te sigue? Premio. ¿Se te han acabado los premios? Pues ¡a jugar! Y así todo el rato que estemos con el perro. Cuantas más cosas premiemos, con comida, juego o caricias, más nos querrá nuestro perro, más vínculo afectivo tendremos con él. Y más rápido aprenderá a hacer las cosas bien, en vez de hacerlas mal.

Si en algún momento no podemos vigilarle, le dejaremos en el "sitio seguro" del que hablábamos en el anterior post. Pero hay que intentar evitar esto lo máximo posible. Los perros son animales sociales, y no les gusta quedarse solos. Probablemente ya pase suficientes horas solo, cuando la familia está en el colegio o trabajando, para tener que quedarse solo también cuando estamos en casa.


Las correcciones:

Como ya hemos dicho, si queremos evitar que el cachorro haga algo, lo mejor es evitar que pueda hacerlo. Pero seamos realistas, mantener a un inquieto cachorro vigilado el 100% del tiempo es imposible, en algún momento escapará la vigilancia y... seguro que se meten en un lío. Si ya es demasiado tarde para prevenir, lo mejor es interrumpir su acción en el momento en que está empezando: cuando el perro pone una pata encima del sofá, o se acerca demasiado a un cable de la luz... (no cuando está dormido encima, o lleva cinco minutos mascando la silla). En ese momento, lo mejor es hacer un ruido no muy fuerte (una palmada, un chistido) para atraer su atención, y cogerle en brazos, todo esto unido a un “NO”, “MAL” o cualquier otra palabra, dicha en voz grave y cortante, pero sin gritar.

Queremos interrumpir el comportamiento, no asustar al cachorro.

Una vez ha parado lo que estaba haciendo, hay que darle algo enseguida con lo que sí pueda jugar, uno de sus juguetes, por ejemplo. Entonces le premiaremos por jugar con su juguete, en vez del zapato nuevo.

El castigo nunca debe ser físico, tiene que ser inmediato y siempre debe ser lo más rápido y por sorpresa posible. Y siempre debe de ir seguido de una conducta aceptable que podamos premiar.

Repito: interrumpir, redirigir, premiar. En ese orden, y muy rápido.

Si nos encontramos un mueble mordisqueado, un pis en el salón o el papel higiénico por toda la casa, pero el perro no está cometiendo el acto en ese momento, no haremos nada. Guardaremos al cachorro en otra habitación hasta que hayamos limpiado el desastre, para que no nos vea arreglar los desperfectos.

Pero NO LE REÑIREMOS NI LE CASTIGAREMOS. Tenga en cuenta que en el momento en el que el cachorro termina la acción ya no puede relacionar causa-efecto y no sabrá por qué le regañamos, y el castigo será inútil. Lo único que conseguiríamos sería que nuestro cachorro nos cogiera miedo, y eso estropearía nuestro vínculo con él.

Y recuerda este "mantra":

Cuanto más se premien las buenas conductas, menos se tendrán que corregir las malas.

Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.

Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 30 de octubre de 2012

Ansiedad por separación (I): descripción y síntomas

  ¿Volverá pronto?
Photo © iStockphoto.com/Hedda Gjerpen
La ansiedad por separación es uno de los problemas de comportamiento más frecuentes en los perros. Es uno de los que veo más a menudo, porque sus efectos son plenamente visibles (aunque cuando ocurran el dueño no esté), y son de los más destructivos, y  que más problemas vecinales producen.

La ansiedad por separación se manifiesta cuando un perro se queda solo. Algunos perros no pueden aceptar la situación, y sufren distintos grados de ansiedad. Puede ser desde ligero nerviosismo a un ataque de ansiedad en toda regla.

Pero ¿por qué se produce?

Se produce porque los perros son animales sociables por naturaleza. Si por ellos fuera, no pasarían casi ningún tiempo a solas, o por lo menos fuera de la vista de otro miembro de su familia. Para un perro, quedarse solo 8 horas seguidas es antinatural, y por desgracia es de lo más frecuente.

Si el perro no aprendió de pequeño a quedarse solo, si tuvo problemas de vinculación de cachorro (si fue abandonado en un albergue, o separado de su madre demasiado pronto), o si de adolescente ha tenido una relación de dependencia fuerte con sus dueños (por enfermedad, por ejemplo) es más probable que desarrolle ansiedad por separación. También es más probable en perros que presentan miedos o fobias (a las tormentas o ruidos fuertes, por ejemplo) o que han tenido una socialización escasa. Todos estos perros tienen algo en común. Un vínculo muy fuerte con sus dueños, que ha derivado a una dependencia. Y cuando su objeto de apego, su dueño, se va... el perro sufre un ataque de ansiedad.

Lo que vemos nosotros, al volver a casa, son los efectos de las formas que tiene el perro de intentar mitigar esa ansiedad:

Pueden destrozar eso de una sentada
DogCentral.Info, By Karen Nazor Hill

- Muebles destrozados: la ansiedad puede mitigarse mordiendo o rascando. Nosotros nos mordemos las uñas o la punta de los lápices, o a veces nos rascamos la piel sin darnos cuenta. Los perros hacen lo mismo, solo que su capacidad destructiva es mucho mayor, dado que su mandíbula es mucho más poderosa. Suelen elegir las zonas de la casa en donde sus dueños pasan más tiempo (tienen más olor) como los reposabrazos del sofá, o las almohadas de la cama. Otros intentan esconderse para sentirse recogidos, y hacen agujeros en los cojines de los sofás, por ejemplo. Otros intentan salir de casa, y muerden y arañan los marcos de las puertas, y las paredes o las propias puertas. El morder descarga mucho, y suele ser el síntoma más frecuente y el que causa más problemas, ya que un perro de tamaño medio (15-20kg) puede acabar con un sofá en menos de una semana.

¿He sido yo?
- Orina o heces: los animales, cuando sufrimos estrés o ansiedad agudos, tenemos incontinencia. Los esfínteres se relajan, y nos hacemos pis o caca. Cuántas veces habré ido al baño justo antes de un examen.... montones. El perro no está ensuciando la casa para vengarse, simplemente es que no se puede contener. La orina suele ser un gran charco (los machos ni marcan en este momento) y las heces muchas veces son en forma de diarrea.

- Vocalizaciones: Esto no lo suelen notar los dueños, pero los vecinos suelen quejarse y aquí es donde se enteran. Los perros pueden aullar, gemir, ladrar... Hay algunos que lo hacen rítmicamente, todo el rato, durante horas. Otros tienen picos de ladridos, paran un rato, vuelven a ladrar... Lo que sea para intentar reunir a la "manada".

Algunos perros se chupan hasta el hueso
- Autolamido: Los perros también pueden lamerse o morderse para liberar la ansiedad. Muchas veces el dueño no lo ve, otras nota zona de pelaje húmedas o coloreadas de un tono rojizo (la saliva, al oxidarse, tiñe el pelo de rojo). Algunos llegan a hacerse heridas graves. El autolamido suele ser síntoma de ansiedad crónica, y es una de las manifestaciones más difíciles de eliminar, y que más problemas da al propio perro, pudiendo llegar a convertirse en un trastorno obsesivo-compulsivo. Tuve una vez una perrita que no se chupaba, pero babeaba tanto que cuando llegaban los dueños a casa estaba bañada en su propia saliva. Tenían que secarla con un secador.

- Deambulación: Muchos perros andan o trotan sin parar por casa, sin descansar en todo el día. Como si fueran leones encerrados en una jaula de zoo. Esto no suele notarse, a no ser que se trepen a las mesas y tiren cosas, o se les grabe en vídeo.

No parar quieto también es signo de ansiedad
Todas estas manifestaciones son los síntomas, no el problema en sí, y quiero que esto quede claro. El problema es la ansiedad al quedarse solo, y si no tratamos esa ansiedad, el síntoma no desaparecerá. Hay veces que podemos controlar alguna de las actividades más peligrosas, pero el perro elegirá otra forma de descargar la ansiedad, que a lo mejor es peor que la que tenía antes. Por ejemplo, he tenido algún cliente que puso un collar de descarga a un perro con ansiedad. El perro dejó de ladrar, pero comenzó a chuparse las patas. Un dueño decidió encerrar al perro en una jaulita, para evitar que le destrozara el sofá. Cuando volvió, se encontró la habitación llena de sangre, pues el perro se había arrancado dos uñas al intentar escapar de la jaula.

Hasta que no tratamos la ansiedad, los síntomas no desaparecerán. Lo que sí podemos es canalizar las manifestaciones hacia comportamientos menos destructivos o preocupantes. Esto lo hacemos normalmente dejando juguetes interactivos, tipo kong o similar, rellenos con comida. Así el perro se entretendrá destrozando o mordiendo cosas que no nos molesta que muerda, y descarga su ansiedad de forma no peligrosa. Aunque hay que tener en cuenta que algunos perros no son capaces de comer cuando sus dueños no están, debido a la ansiedad.

¿Cómo tratamos a estos perros? Una pinceladita, que está saliendo una entrada muy larga, dedicaré el próximo post a ello:

Aprender a relajarse junto al dueño es importante
- Reestructuramos el vínculo social con sus dueños. No rompemos el vínculo, lo que sería contraproducente, pero ayudamos a organizarlo y que el perro gane la suficiente confianza en sí mismo como para poder quedarse solo.

- Establecemos rutinas: para que el perro tenga sensación de control sobre su ambiente, sepa qué esperar.

- Aumentamos los juegos y la obediencia: para fomentar un vínculo positivo con su dueño, mientras cansamos física y psicológicamente al perro.

- Desensibilizamos las ausencias: enseñamos al perro a quedarse solo de una forma relajada y positiva.

- ¿Medicamos?: Dependiendo de la gravedad del caso, para evitar que el perro sufra durante el tiempo que dura el tratamiento. A veces no es necesario, a veces es imprescindible.

El tratamiento suele ser largo (de 3 meses a un año, dependiendo de la gravedad) pero el pronóstico es bueno. El 80% de los perros no vuelve a tener episodios de ansiedad, y el resto los tienen ante cambios en sus rutinas, y en todo caso mucho más manejables que al principio. Sí que hay algunos casos, sobre todo en perros mayores, que pueden requerir un tratamiento de mantenimiento casi de por vida, pero son los menos.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 9 de octubre de 2012

Tengo un perro adolescente ¡¡socorro!!

Uno tiene un cachorrito monísimo y super bien socializado cuando de repente...


¿qué le ha pasado? ¿me lo han cambiado?

Se ha convertido en un perro grande, todo patas y cabeza, que tira de la correa y se lanza a ladrar y a saltar cada vez que ve a otro perro en la acera de enfrente.

?????

Pues las hormonas de la adolescencia, es lo que ha pasado. A partir de los 8 meses en los perros pequeños, y del año en los más grandes, las hormonas sexuales empiezan a secretarse, y el mundo cambia para el perro. Los antiguos compañeros de juegos de repente ahora se dividen entre posibles conquistas o posibles rivales. Y los desconocidos... bueno, esos suelen ser posibles rivales, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario (o resulten ser del sexo opuesto).

Total, que ese cachorrito que jugaba con todos los perros del parque, de repente empieza a dar y recibir revolcones. Empieza a medirse con los demás, y a gruñir. ¿Y qué es lo que hacemos? Le ponemos una correa, y nos lo llevamos. En vez de jugar con los otros perros, ahora pasea atado lejos de ellos. Cada vez tiene menos relación con los demás.

Entonces empieza lo peor. Nuestro perro tira de la correa como si le hubiera poseído un husky siberiano. Y va alerta cual agente de seguridad, patrullando el barrio en busca de otros perros. Y cuando ve uno... ¡a ladrar y a tirar como un poseso!

Entonces casi todo el mundo hace lo que ha leído en un libro, le han dicho en el parque, o ha visto en el desgraciadamente famoso programa de la tele. Y empiezan los tirones de correa. Las "correcciones". Y los collares de castigo, o de pinchos. Pero el perro, en vez de mejorar su conducta, como prometen todos, empeora... ¿por qué?

Pues muy simple, porque los castigos casi nunca funcionan, pero es que para esto, son muuuucho peor. Porque el perro no entiende el concepto "mi dueño me da un tirón de correa porque me estoy portando mal". El perro ni siquiera entiende que el tirón lo estamos dando nosotros. Él sólo entiende que cada vez que ve un perro, e intenta saludarlo, le duele el cuello. Lo que aprende es que los perros son muy peligrosos, porque su dueño ladra muchísimo (los dueños casi siempre gritamos a los perros que ladran para que se callen, ellos creen que estamos uniéndonos a su coro). Y además, los perros (o los extraños) producen dolor de cuello, así que, cuanto más lejos el perro, pues mejor. Y ¿cómo mantienen los perros alejados a otros perros? Pues ladrando. Y poniéndose echos unas fieras. Ataque preventivo, que se llama.


Pero lo peor ocurre cuando, con nuestro perro está en este estado de ánimo, tenso, nervioso y desconfiado, nos acercamos al otro perro. Entonces dos perros, nerviosos, con las hormonas disparadas y las correas tensas (luego, incapaces de huir o poner espacio de por medio) se alcanzan. Pero se alcanzan de verdad, porque entonces la probabilidad de que se enganchen es altísima. Y entonces se decide que el perro es peligroso, y que no podemos acercarnos a otros perros y.... seguimos con el círculo vicioso.

¿Cómo rompemos este círculo? ¿Cómo conseguimos que nuestro perro se acerque tranquilamente a otro?

El collar: 
fuera collares de castigo, pinchos, ahogo... (a los eléctricos ya ni los mento...). Ponle un collar normal. Si es un perro de mucho tirar, tienes otras opciones, más efectivas y que no duelen. Si el perro es de hasta 15-20kg, yo te recomiendo un arnés de los que se enganchan en el pecho en vez de por la espalda, tipo easywalk. Con los perros más grandes también funciona, pero un poco menos. Y si no, un collar de cabezada, tipo gentle leader o halti.

Que conste que nadie me paga por hacer publicidad, es que realmente funcionan. Los enlaces son orientativos, hay otras marcas que funcionan igual de bien. Con estos arneses y collares, el perro no puede tirar, porque los perros tiran con el pecho, y estos van enganchados por delante. Así no tienen músculos con los que tirar, así que no tiran. Y cuando lo intentan, se giran, y te miran a tí. Premio doble.


El espacio: 
acércate al otro perro/persona sólo hasta la distancia en la que tu perro lo mira, pero sin ponerse nervioso, tirar de la correa, o ladrar. Deja que le eche un buen vistazo, y que elija si se quiere acercar o no.
Si hace alguna señal de calma, prémiale por ser bien educado. Si rompe el contacto visual, también.
Y entonces aléjalo. Esto hace que el perro se tranquilice, y aprenda que, si no quiere, puede no acercarse al otro perro/persona si no quiere. Le da opciones. Que con la correa puesta, normalmente, un perro no las tiene.
Si el perro, una vez alejado, sigue mirando con curiosidad, vuelve a acercarte, despacio, hasta donde aguante sin ponerse a cien.
Repite el ejercicio.
Ya verás como poco a poco puedes acercarte más al perro, y que cuando llegas hasta su lado, en vez de un potro salvaje tienes a un perro tranquilo y curioso, dispuesto a hacer amigos. Esta es la base de los ejercicios B.A.T., de los que tengo que escribir una entrada.

El acercamiento: 
No te acerques de frente, en línea recta hacia el otro perro. Rodea un poco. Si no tienes espacio, cambia al perro de lado, para ponerte tú entre los dos perros. Así rompes su contacto visual. Acercarse de frente es de muy mala educación para un perro. Y muchos adolescentes no se acuerdan (¿desde cuándo los adolescentes siguen las reglas de urbanidad?). Acerca la cabeza de tu perro a los hombros del otro perro o incluso a su trasero, nunca a su cara.


El tiempo: 
Una vez estás al lado del perro al que vais a saludar, espera a que los perros empiecen a olerse, o se pongan el uno al lado del otro, cuenta 2 segundos. Entonces llama a tu perro por su nombre, distráelo, y aléjalo. Prémialo por alejarse, y por prestarte atención, a unos pasos del otro perro. Si quiere volver a saludar, deja que se vuelva a acercar, cuentas 4 segundos, y lo vuelves a alejar. Sigue así, aumentando el tiempo poco a poco, hasta que veas que hacen señales de juego, o que se alejan.

Si ves que hacen señales de juego, es el momento de soltarlos (si se puede, claro). Pero no te desentiendas, los perros jóvenes se emocionan fácilmente, se ponen nerviosos, y se "pasan". Si ves que el juego sube de tono, llama a tu perro, sepáralo, y cálmalo antes de volverlo a soltar a jugar.

Si después de un acercamiento, ves que tu perro no muestra más interés, llévatelo y no fuerces más el contacto. Pensamos que todos los perros quieren saludarse durante minutos, y llegar a ser amigos del alma, pero no es verdad. A veces con un  "Buenas, Buenas" tienen suficiente. Otras se conforman con un "¿qué tal? ¿y tú de quién eres?", y lo dejan ahí. Con los extraños, las charlas insustanciales de ascensor son incómodas, pero el forzar la relación entre adolescentes además, puede ser peligrosa.

Y por último, pero lo más importante.

La correa:
LA CORREA, SIEMPRE, SIEMPRE, FLOJA.
No creo que me canse nunca de decirlo. Un perro con la correa tensa se siente atrapado. No puede huir. Y los perros nerviosos y desconfiados, que no pueden huir, atacan. Además, la postura de un perro que tira de la correa es exactamente igual a la de un perro seguro de sí mismo que amenaza a otro perro que tiene delante. Lo que favorece las peleas todavía más.

Las correas flojas, en forma de J, los perros por fuera
Mantén la correa que haga una "J" entre tú y tu perro. Siempre.

Y por supuesto, si tu perro tira de la correa, enséñale a ir a tu lado. Si no sabes cómo, contrata a un adiestrador que trabaje en positivo, compra un libro de adiestramiento en positivo (en knsediciones encontrarás muchos buenos) o ponle un arnés o halti de los que he hablado antes.

  ¡¡Pero no le des tirones!!

O convertirás a un perro adolescente pero feliz en un adulto malhumorado y peleón. En tus manos está, y nunca mejor dicho.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 20 de junio de 2011

18 meses y corte de pelo


Esta semana mi niña ha cumplido los 18 meses (año y medio, para los todavía no padres). La verdad es que esto cada vez cambia más rápido, y el Pollito no se parece en nada a la niña que era hace ni dos meses, que ni andaba todavía. Ahí van sus "hitos" de crecimiento:

Psicomotricidad:
Ya anda por todas partes, a buena velocidad, y con bastante buen equilibrio. Trepa por cualquier sitio, sube y baja escaleras agarrada de la manita o de la barandilla. Se sube solita al tobogán "de los mayores" y se tira desde arriba, tan contenta. Las manos ya las va manejando mejor. Hace torres de como tres cubos, y comienza a interesarse por las formas de los objetos, de ver como un objeto encaja en otro. Le encantan los puzzles, y ya gira la pieza, para ver cómo tiene que encajar. Pintar también le gusta, sobre todo las mesas y el suelo. Al papel le atina poco.

Comer:
La verdad es que el Pollito come trozos desde los seis meses, pero ahora se lo coge ella sola con su tenedor, o con su cuchara. Casi todo acaba en su boca. Casi siempre. A veces te deja que se lo des tú, si tiene mucha hambre, o si la comida se pincha mal, pero si no, no. Le gusta todo, excepto la tortilla francesa. Anchoas, boquerones en vinagre, aceitunas, chocolate negro... cuanto más fuerte sepa, más le gusta. Cuando tiene hambre, te llama y te pide lo que quiera, o señala la nevera o el frutero, se intenta trepar a la trona, y pide el babero. ¡El babero! hace dos meses, no podíamos ponérselo, de lo que lloraba. También bebe con su vasito, y luego lo vuelve a dejar en la mesa, casi sin desparramar. Casi. A no ser que lo haga aposta, claro.

Comprensión verbal:
Ya entiende todo lo que le pides, y muchísimas cosas que decimos. "Obedece" órdenes sencillas, más o menos cuando quiere, si en ese momento no se distrae con otra cosa, o se hace un poco la sueca. Ya distingue los colores bastante, y te trae la pelota roja, y no la amarilla. Se sabe un montón de animales, le preguntas ¿cuál es la cebra? y te la enseña con su dedito, en un libro, o en la cortina de la ducha, o en la pared de su cuarto... vale, tenemos bichos por todas partes... Le sigue encantando traerte los libros y señalarte cada cosa, para que le digas lo que es.

Vocabulario:
Ya va aprendiendo palabras nuevas, debe decir unas 10-15, más o menos "entendibles". Luego tiene "acercamientos" para varias cosas. "Cá-ca" puede ser, caca, dicho del tirón, o si hace una pausita en medio, es "Tosca" (la perra), o en general cualquier perro que vea.  "Á-to" es gato, "ta-ta" es pelota... Cuando le dices una palabra, intenta imitar el sonido, y si le ha gustado, la practica un rato. Cada semana tiene una "palabra estrella", que la practica hasta que le sale bien. Luego la "olvida", deja de usarla casi del todo, y pasa a otra.

Ruidos y gestos varios:
Esta semana anda encantada con los ruidos de los animales, y algunos gestos para describirlos. Se "sabe" el perro, la gallina, el mono, la vaca, la moto... (ruiditos típicos). Pero también hace gestos con otros (esto se lo enseñan en la guarde). Mueve un brazo para arriba y para abajo como la trompa del elefante, se tapa la nariz (por el olor?) para el cerdo, mueve los bracitos como alitas para el pájaro... se me cae la baba... Todas estas cosas las hace si se las preguntas, pero también si oye ladrar a un perro, piar a un pájaro, o ve una moto por la calle o por la tele (le encantan las motos).

Vida social:
Ya conoce por su nombre a los tres abuelos, a varios de sus tíos, a la bisabuela... con los adultos interacciona bastante. Reacciona los primeros minutos con timidez, pero en seguida se suelta, le encanta que le hagan caso. Con los otros niños, mucho menos. Si se encuentra a algún niño que conoce de la guarde, se pone contenta, pero en seguida pasa de ellos. Tiene un amiguito de su edad, y si le decimos ¿vamos a casa de Héctor? también sonríe, pero luego llega, y pasa bastante de él. Le gusta mirar a los niños mayores, eso sí, y jugar al lado de otros niños, pero no "con" ellos. Tampoco se pelea, ni pega, ni muerde. Si se enfada, chilla para llamar la atención, o para que el otro niño se aleje, pero nada más. Si no consigue lo que quiere, normalmente se va a jugar con otra cosa.

Crecimiento en general:
Pues la peque sigue justo por debajo del último percentil. Que quien a los suyos parece... pero la pediatra nos mandará al Endocrino si no ha pegado algo de estirón después de las vacaciones, por si acaso. De peso está bien, se la ve rellenita y saludable.

Y corte de pelo...
Que es que tenía ya unas greñas, y una cresta... Le sigue creciendo mucho más el pelo de la coronilla que de los lados, y como tiene el pelo crespo, y le gusta enmarañárselo, pues siempre lo llevaba de punta. Hoy he pelado a Guardabosques, y aprovechando que tenía la peladora en la mano... ¡corte veraniego! A lo mejor me he pasado un poco, pero yo la veo muy mona. Eso sí, va a tener que ir de rosa o llena de flores, que si no todo el mundo va a pensar que es un niño.

viernes, 6 de mayo de 2011

Clicker training! (¿Eso qué es lo que es???)

El clicker
Hace ya bastantes años que comencé a adiestrar, y supongo que empecé como casi todo el mundo. Mi perro, un libro con el "método tradicional" y una correa. En aquél momento mi perrita actual, Tosca, acababa de llegar a casa. Con el método "tradicional" aprendimos las dos un montón de cosas, pero había algo que no me encajaba. Tosca obedecía, pero sólo después de mucha presión, y siempre a regañadientes (siempre ha sido bastante cabezota). Se notaba que respondía a lo que le mandabas, pero por obligación y sin ningún interés. Entonces me apunté a un curso, en la escuela Bocalán (deBocalán en aquel entonces), sobre métodos de adiestramiento. 
En este curso se explicaban varios tipos de adiestramiento, el tradicional de "te-coloco-tiro-de-la-correa-digo-buen perro", el adiestramiento de perros de trabajo policial "durante-cinco-minutos-todo-es-juego-intenso", de defensa "la-manga-es-tu-presa-ve-y-cázala". Pero la mayor parte del curso consistía en aprender una técnica "nueva", que se estaba empezando a utilizar con los perros de asistencia: el adiestramiento con clicker.  Los ojos se me abrieron, la técnica era fácil, y tenía sentido tanto científicamente como "emocionalmente". Mi perra empezó a obedecer rápido, con alegría, disfrutaba del entrenamiento y "pedía más". En quince días su carácter cambió, se hizo más alegre, mejoró nuestro vínculo, y la perra se emocionaba cada vez que  hacíamos una sesión.
Y hasta hoy. 
He utilizado el adiestramiento en positivo, el clicker, con muchísimos perros, tanto adiestrados previamente con el método "tradicional" como sin ningún tipo de educación. Los resultados son maravillosos, en algunos casos espectaculares. Es como si una bombilla dentro del cerebro del perro se encendiera, el perro comenzara a comprender lo que le pedimos, y de ahí empezara a "flipar" con todo lo que puede hacer (¡y recibir un premio a cambio!). Os lo recomiendo a todos. 


Pero ¿qué diablos es el clicker?
El clicker es una cajita de plástico con una lámina metálica en el interior, que al presionarla con un dedo hace “click-click”. Es la típica ranita que usan los niños para jugar. Produce un sonido distintivo, neutro, que es difícil que el perro escuche en otro contexto que no sea en nuestro adiestramiento. Este sonido en sí no tiene significado alguno para el perro, por eso la respuesta positiva ha de ser condicionada.

¿Cómo funciona?
Para que funcione, debemos "cargar el clicker" mediante condicionamiento clásico. Lo que hacemos es seguir el mismo método que usaba Pavlov: Pavlov tocaba una campanita, y daba de comer a un perro. Al cabo de cierto número de repeticiones, al oír la campanita el perro salivaba: es decir, el perro había aprendido que el sonido de la campana predecía la llegada de la comida. Esto mismo es lo que hacemos con el clicker, mediante repeticiones conseguimos que el perro asocie el sonido “click-click” con la comida que le ofrecemos, y que adquiera un significado positivo, para el perro querrá decir “muy bien, premio”.
Cargar el clicker, mediante condicionamiento clásico

¿Y por qué no usamos la voz?
Mucha gente piensa que el uso de la voz, como decirle al perro “muy bien” o algo por el estilo, significa lo mismo para el perro que el clicker. Pero esto no es cierto. Cada vez que decimos “muy bien”, lo decimos con un tono de voz distinto. A veces estamos afónicos, o estamos algo enfadado y no nos sale una voz alegre, o lo decimos más rápido o más despacio. El resto de las personas del entorno pueden adiestrar al perro y darle órdenes, y su “muy bien” no sonará exactamente igual. Además, cada “muy bien” no va seguido de premio. A veces decimos esas palabras y nada más, a veces damos una caricia, o damos comida. Para el perro no tiene un significado claro. Además, son dos palabras de uso muy corriente, que utilizamos en el habla diaria entre las personas. El perro puede escucharla sin estar apareada con ninguna acción dirigida a él, y pierde su significado. En cambio, el clicker es siempre igual. Siempre hace el mismo sonido, que es perfectamente reconocible, y que es muy improbable que el perro escuche en otro contexto. Además, SIEMPRE va seguido de un premio de comida, así que es un predictor perfecto del premio. Así es una señal clara e inconfundible de que el perro ha hecho algo bien y va a ser premiado por ello.

¿Y ahora qué?
Ya tenemos a un perro que sabe que en el momento que escuche un click, va a tener un premio. Ahora podemos utilizarlo para premiar aquellas conductas que nos gusten de nuestro perro, o que queramos enseñarle. Cuantas más veces premiemos una conducta de nuestro perro, más veces la realizará, porque así es como funciona el aprendizaje.


Y éste es el principio del principio del aprendizaje con clicker. ¿Hasta dónde podemos llegar?