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jueves, 28 de noviembre de 2013

Comer o no comer, esa es la cuestión


Mi relación con la comida durante mi infancia fue complicada.
Sobre todo para mi madre.
A mí me gustaba casi todo, pero no comía de nada. Dos trocitos, y ya estaba llena. Sólo me entraban la carne y los lácteos, con lo demás me llenaba de gases y me dolía la tripa a la tercera cucharada. Y así hasta los doce años, en los que algo cambió y empecé a comer bien. No toneladas, pero ya cantidades más o menos normales. Y empecé a disfrutar la comida, a saborearla, a pensar en ella con ilusión y no con pavor.

Toda mi infancia, pasaba las mañanas angustiada, por qué había metido mi madre en mi maletín, y si sería mucho. Un horror.

Juré que nunca le haría eso a mi hija, que nunca la obligaría a comer.

Peeerooooo....
Karma is a bitch, como dicen los americanos (el karma, qué cabrón)

Pollito no me come. No ha comido nunca, la verdad. La teta, eso sí. Pero el resto... uff. Tuvo un comienzo de comida sólida y papillas muy bueno, pero antes del año ya empezó a comer cada vez menos y ahora cada comida es un esfuerzo.

Y te compras los libros, y lees a Carlos González, que te dice que no te agobies, que no obligues, y que mires la báscula, que si no pierde peso, no pasa nada.


Vale, Pollito no pierde peso. Pero tampoco lo gana... ha sido una niña "percentil 3" casi desde que nació. De vez en cuando, sorprende y salta al percentil 5 (de altura, que de peso no). Pero la última vez que la pesamos, no estaba ya en percentiles, sino "colgada" de la última raya. Percentil 0. Glups.

Así que empezamos con las tonterías, a dibujar caritas con el jamón de york, a disminuir las raciones "para que no se agobie", a plantear menús infantiles (para que coma algo, aunque no sea muy equilibrado). Pero ni aún así. Ni pizza, ni hamburguesa, ni patatas fritas, ni palitos de pescado.

En el cole come bastante, no todo, pero bastante. Eso sí, tarda más de una hora, ella y uno de sus amigos se quedan hasta un rato del segundo turno, para que puedan terminar.

Pero en casa, nada. Algo merienda, somos felices si se toma una mandarina  y una loncha de jamón york o queso. Nada de pan o galletas, un trocito y lo deja. Nada de bollos, nada de sándwich. Fruta, es lo único que la ves comer contenta, y queso. Y de eso, poco.

Cada vez estamos más angustiados, y ella cada vez más enfadada.

El otro día, dimos palmada en la mesa, y decidimos que "hasta aquí". Lleva una temporada comprobando límites, llevando la contraria a todo a ver qué pasa. Y esta semana tocaba probar sus límites con la comida, supongo. Así que, después de una tarde de ésas de aúpa, se puso a escupir y tirar la comida al suelo, con cara de "a ver qué pasa". No había probado ni una cucharada, miró el plato (patata con zanahoria y 2 trocitos de judía verde que le cayeron por casualidad casi, es lo más "verde" que comemos en casa) y dijo que no quería eso, que quería jamón.

Después de la tarde que había apretado a su padre (yo estaba trabajando), los dos cansados... Decidimos que o empezaba a comer, o uno de sus juguetes se iba "castigado" al garaje. Dos trozos después, y cinco juguetes menos, se fue a la cama sin cenar.


Y así llevamos una semana. En teoría, si come sin problemas y toda la ración (que puede ser de unos 50gr en total, un vaso de yogur no lleno...) recupera el juguete que quiera. Si come, pero dando la lata y dejando algo, ni pierde ni recupera. Y si monta un cirio, y no come, pierde juguetes.

En casa sólo queda la caja de lápices y Felipe, su muñeco de dormir. Son los objetos que más aprecia, y que no van a ir al garaje bajo ningún concepto, prometido. No le queda ni un cuento.

Hemos aprovechado para hacer limpieza general de su cuarto y del salón.

Por las noches, le leemos un capítulo de un cuento "de mayores", sin dibujos. Olga da Polga, hemos empezado, que a mí me encantaba de pequeña.


No sabemos qué más hacer.
La semana que viene nos dan los análisis de endocrino y de digestivo. En digestivo ya nos han dicho que si todo da negativo, le harán la biopsia. Tiene la genética de la celiaquía positiva, y síntomas varios, no de los típicos pero sí bastantes de los atípicos. Los anticuerpos nunca le han dado positivos, pero claro, a mí tampoco...
No sé si prefiero que den cosas positivas o todo negativo, la verdad.

Lo que sí que sé es que menos mal que su cumple se acerca, porque como sigamos así, va a estar sin juguetes hasta esa fecha. Y en la calle hace mucho frío, y las tardes son muy largas.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

miércoles, 9 de octubre de 2013

Perrito nuevo (V): la comida

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Hace ya tiempo empezamos con la serie de entradas de "perrito nuevo": socialización, los primeros días y establecer el vínculo, jugar y acostumbrar al contacto, su nombre y la educación básica, y la higiene. Hoy pasamos al último capítulo (por ahora), sobre la alimentación, tanto desde el punto de vista del educador, como del veterinario (que para eso veo yo el mundo desde ambas perspectivas).

El pienso:

La mejor comida que le puedes dar a tu perro, que sea fácil de dar y equilibrada, es un buen pienso. Hincapié en lo de "BUEN". Elige un pienso específico para su edad y tamaño, de una buena marca. Que la proteína sea de origen animal, de buena calidad y que ponga que sea "carne" y no "subproductos".

Casi cualquier pienso que se venda en una clínica veterinaria o tienda de animales es de buena calidad. Pregunta a tu veterinario, al vendedor si quieres que te recomienden alguno. También puedes investigar por internet un poco, porque hay miles de gamas y de piensos específicos diferentes. Te aconsejo que elijas marcas fáciles de encontrar habitualmente, de gama alta. Es mejor acostumbrarle por lo menos a dos marcas, por si en un momento dado no encontramos la que come habitualmente, saber que el otro le va a gustar y a sentar bien.
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Lo mejor es que tu perro se acostumbre al pienso desde el principio. Sigue los primeros días con la marca que te dieron en casa de su madre, en el albergue, en el criador o en la tienda, pero a partir de la primera semana podrás cambiarlo a otro si quieres. Los cambios no deben ser nunca bruscos, lo mejor es írselo mezclando unos días con el antiguo: al principio casi todo del antiguo y un poco del nuevo, y vas aumentando el nuevo y quitando el antiguo hasta hacerle el cambio total.

Las latas que se venden en la clínica, o en las tiendas especializadas también son un alimento completo. Puedes ponerlas si algún día quieres darle un capricho a tu perro. Las de supermercado no son recomendables, porque llevan toneladas de sal y azúcar, y la carne que llevan no es de buena calidad.

La comida casera :

No es recomendable alimentarle con comida casera, pero no porque no sea buena, sino porque es muy difícil darle una comida realmente equilibrada de este modo. Si quieres darle comida casera de forma habitual, consulta a un veterinario especialista en nutrición para que te haga un menú.

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Una buena alternativa entre el pienso y la comida casera es la comida fresca preparada. La venden en algunas tiendas especializadas, y es equilibrada y de buena calidad, pero es muy cara.

Caprichos sanos:

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Si algún día quiere darle un capricho, puede darle el tipo de alimentos que nosotros llamamos “dieta blanda”: arroz o pasta cocida, pollo, pavo o ternera cocida, queso de Burgos, zanahorias cocidas… con un poco de sal y aceite, pero sin más grasas o especias, que es lo que peor les sienta. Haz ésto como mucho un día por semana o como premio, y no lo hagas habitual. Otros caprichos "sanos" pueden ser: zanahoria o calabaza, cocidas o crudas (a algunos perros les gusta roerlas).
Fruta, entera o aprovechando para darle el corazón o las peladuras... el yogur les suele sentar bien, y no creo que nadie se resista a darle el fondillo del postre a su perro. Algunos perros tienen intolerancia a la lactosa, y la leche les da diarrea, pero otros no. Yo caliento la leche en un cazo, y si calculo mal y sobra... pues mis perros son alegres voluntarios para acabársela y no tirarla.

Si tu perro es de los difíciles, y no quiere su pienso, hay dos normas útiles para conseguirlo: 

Ponle su comida, llama al cachorro, espera 10 o 15 minutos, y si no se ha terminado la ración, llama al cachorro y retira el plato. Dependiendo de la edad del cachorro, habrá que ponerle cuatro, tres o dos veces al día de comer. De adulto, con dos veces es suficiente. No le dejes el plato lleno puesto todo el día, porque el perro se aburre y pierde el interés.

No añadas "extras" encima del pienso si tu perro es melindroso, o se acostumbrará a no comer sin extras. Cuanto más pequeño es el perrito de tamaño, menos come. Mira en el saco de pienso cuanta cantidad hay que darle al día, porque será sorprendentemente pequeña. La mayoría de mis clientes dueños de perro pequeño se quejan de lo poco que comen, pero cuando mides la cantidad diaria, suelen comer más de lo que deberían. Solemos pensar en proporción humana, y un perro de cinco kilos, con media salchicha tiene energía para todo el día. No le des extras o ¡no se comerá ni una bola!

Y por último:
 no hace falta que el perro coma de un plato:


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Puedes poner su ración de comida diaria en un vaso, e irle dando las bolitas a lo largo del día como premio. También puedes usarla para rellenar uno o varios kongs y dejárselos cuando vayas a trabajar, y se quede solito. Así se entretendrá. También puedes jugar a esconderle las bolillas por la casa, y enseñarle a rastrear. ¡La comida puede ser muy divertida!

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 1 de octubre de 2013

Perrito nuevo (IV): Baño y cepillado

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Hace ya tiempo empezamos con la serie de entradas de "perrito nuevo": socialización, los primeros días y establecer el vínculo, jugar y acostumbrar al contacto, y su nombre y la educación básica. Hoy pasamos al siguiente capítulo, sobre la "higiene personal" tanto desde el punto de vista del educador, como del veterinario (que para eso veo yo el mundo desde ambas perspectivas).

El baño:
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Es muy importante tener una buena higiene. Con un champú especial para perros puedes bañar a tu cachorro hasta una vez por semana si éste lo necesita, y desde el primer día. El mito de que no se puede lavar a un perro hasta que no está correctamente vacunado está muy extendido, pero es completamente falso. Lo que no debe hacer el cachorro es coger frío, por eso debemos tomar algunas precauciones, pero nada más.

Lávale con agua calentita, en un baño con calefacción, y luego sécale bien por todas partes, con el secador. Nunca le dejes salir húmedo, porque podría coger frío. Pon una manta de goma en el sueño de la bañera para que no se escurra, y un fondo de agua calentita. Deja la cabeza para el final, puedes evitar lavarle la cara las primeras veces si parece que el molesta. Lleva sus premios o su ración de comida al baño. Premia cada vez que se tranquilice, mientras le das masaje por todo el cuerpo con el champú. Lo habitual es lavar a los perros como una vez al mes, y si se ensucia en cualquier momento. Si es alérgico, tiene problemas de piel, o tiene faldones o cualquier cosa que le haga ensuciarse más frecuentemente, se les puede bañar hasta una o dos veces por semana, con champús especiales para pieles delicadas o alérgicas.

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Es muy importante dejar al perro bien seco, para que no se enfríe (y no huela a perro mojado, uff). Si no le gusta el secador, acércaselo poco a poco, de detrás hacia delante, y premia con comida cuando le veas tranquilo. Todos los secadores tienen intensidades de ventilador y de calor. Empieza desde el más frío y más suave, y ve subiendo el calor y la velocidad poquito a poco. Así, premiando cada pasito, podrás enseñarle a aceptar el secador fácilmente.

El cepillado y arreglo del pelo:

Cepillarlo es igual de importante. Dependiendo de la raza del perro y el tipo de pelo, se hará con distinto cepillo, pregunta en tu clínica o peluquería cuál es el más apropiado. Pregunta a alguien que de verdad entienda, y no compres el primer cepillo que te suelten en cualquier tienda. Hay cepillos que no sirven para nada con ningún perro, y cepillos para perros con pelo largo, para los de pelo corto, para los de pelo espeso, cardas, guantes... miles.

Los perros de pelo largo y espeso, tipo Shi-tzu o Yorkshire Terrier, necesitan un cepillado y peinado casi diarios. Y cortes de pelo frecuentes, porque son como nosotros, nunca les deja de crecer el pelo. Los perros de pelo rizado como caniches y perros de agua tienen un pelo que no se cae y también crece todo el rato, como los Schnauzer. Dan menos alergia que otros perros, pero también necesitan cortes de pelo.
kingcoat

Los perros de pelo espeso, que tienen dos capas, tipo Pastor alemán, Labrador, Husky... necesitan cepillados frecuentes, sobre todo en la época de muda. Para eliminar el pelo lanoso, lo mejor es una carda tipo "kingcoat" o "furminator". También funciona muy bien una rasqueta en "U". A éste tipo de perros no se les puede cortar el pelo, porque no les vuelve a crecer bien hasta la siguiente muda. Además, en verano echan el pelo de debajo, el lanoso, y se quedan fresquitos pero con la protección del pelo de verano.

furminator
Los perros de pelo corto y los terrier de pelo duro necesitan menos cuidados, pero también hay que hacerles caso. Cepillarles por lo menos una vez por semana, y acostumbrarles a mirarles entre los deditos, por si se les quedan cardillos. A algunos terrier, como a los westies, ariedales, foxterrier, o a los Schnauzer, se les hace un corte de pelo especial, el trimming o stripping, que consiste en arrancar el pelo lanoso y la muda, dejándolo más cortito con una cuchilla especial. Se hace para los perros de exposición, sobre todo.

Con todos, comienza poco a poco, por las zonas que al perro menos le molestan: del cuello hacia la cola, cabeza, patas y rabo lo último. Según se deja hacer, premia con comida. Premia mogollón. Media ración de su comida diaria por cepillado, si es de pelo espeso o largo.

Si tu perro tiene pelo largo entre los dedos, o le sale de dentro de las orejas, pide que te enseñen a recortarlo para que no le de problemas.

Si tienes dudas, pregunta a un peluquero canino (en las clínicas veterinarias suelen tener peluquería, en algunas tiendas de animales también). Los peluqueros suelen estar encantados de ayudar a los dueños a encontrar el mejor cepillo, y no les suele importar enseñar cómo cepillar o cuidar del pelo de tu perro. Saben que cuanto mejor cuida el dueño de su perro, más fácil será su trabajo...

Las uñas:


Dependiendo de lo que ande tu perro, y las superficies que pise, desgastará sus uñas de manera diferente. A algunos perros nunca hay que cortarles las uñas, otros lo necesitan casi todos los meses. Sobre todo hay que vigilar la uña del primer dedo, que no toca el suelo, y a algunos perros llega a clavárseles en la carne.

Para cortar las uñas, necesitas un cortauñas especial para perros, y un poco de cuidado. Dentro de la uña hay una venita, y si la cortas, duele mucho, y sangra bastante. Si sangra, presiona un algodón con agua oxigenada contra la uña. También venden palitos o polvos hemostáticos especiales para este uso, pero normalmente no hacen falta.

Y como siempre: premia, premia, premia. Coge pata, premia. Sujeta pata, premia. Acerca cortauñas, premia. Corta, premia. Suelta, premia. Repite.

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Los dientes:

La higiene oral también es muy importante. Para ello, lo mejor es el cachorro coma pienso, y que le dé de vez en cuando cosas para morder (huesos prensados, pan duro… nunca huesos "de verdad"). Pero lo mejor es acostumbrarlo a limpiarle los dientes.

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Hay pastas dentales especiales para ellos, con sabor a pollo o hígado, porque las nuestras pueden ser tóxicas si las tragan. También se venden unos líquidos que se echan en el agua de bebida. Es muy importante mantener limpia la boca, entre otras cosas porque el sarro predispone a las enfermedades cardíacas. Si tu perro ya tiene sarro, un veterinario tendrá que hacerle una limpieza de boca con un aparato de ultrasonidos, como se nos hace a nosotros.


¿Cómo de limpito está tu perro?

Vale, a lo mejor esto es pasarse un poco...
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Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

domingo, 3 de marzo de 2013

Perrito nuevo (III): Enseñando su nombre y capturando comportamientos básicos


Todos los animales venimos "de serie" con dos tipos de comportamientos: los instintivos, y los que se aprenden. Los comportamientos instintivos, o innatos, son los que elegimos para enfrentarnos a las nuevas situaciones, por defecto. Si el comportamiento instintivo "funciona", seguiremos usándolo, mejorándolo y perfeccionándolo. Si no funciona, lo modificaremos en lo que haga falta, convirtiéndolo en un comportamiento aprendido.

Con esto quiero decir que todo comportamiento, innato o aprendido, puede ser modificado, aunque el instintivo siempre será más fuerte que el aprendido, y en los momentos de fuerte carga emocional, puede volver a resurgir en su forma original. Además, los comportamientos instintivos pueden ser modificados y aminorados, pero son casi imposibles de eliminar, hay que redirigirlos.

Los cachorros vienen "de serie" con un catálogo de comportamientos, algunos muy positivos para ellos y para nosotros, otros que hay que reconducir, y otros que conviene mantener bajo control. Por ejemplo, todos los cachorros investigan las cosas con la boca (claro, manos no tienen). Así que tendremos que redirigir ese comportamiento hacia objetos que no nos moleste que muerda: sus juguetes.  En las entradas anteriores ya vimos cómo redirigir este tipo de comportamientos hacia otros más positivos. Hoy nos centraremos en poner bajo nuestro control conductas que el cachorro ya sabe realizar.

Los perros (y todos los los animales, nosotros incluidos) aprenden todo más rápido mediante reforzamiento positivo, es decir, premiando las conductas que queremos que el perrito repita. Estos premios pueden ser juegos, mimos o comida, cualquier cosa que al perro le guste.

Para empezar a trabajar con un cachorro, lo mejor es empezar de forma informal, capturando las conductas que queramos que aprenda. Porque la mayoría de estas conductas son innatas, no hay que enseñarle al perro a realizarlas, sino sólo enseñarle que cuando nosotros decimos una palabra, significa que el perro debe asumir cierta postura corporal. Todos los perros del mundo saben sentarse. Lo que no saben es que cuando nosotros decimos "sienta", lo que significa es que queremos que pongan el culo en el suelo.

Todos los perros del mundo "saben" sentarse
Así que, de forma general, podemos enseñarle al perro a obedecer simplemente observándolo. Cuando el perro adopte una postura que queramos que aprenda (sentarse, en este ejemplo) nos pondremos delante de él para comprobar que nos está atendiendo, diremos la palabra elegida como orden ("sienta", por ejemplo), le diremos una palabra refuerzo ("bien") o usaremos el clicker y premiaremos.

Enseñar su nombre al cachorro

Como ejemplo, lo primero que vamos a enseñarle es su nombre. Es muy importante que el nombre de nuestro perro tenga una connotación positiva, y que para él signifique "mírame, atiéndeme". La mayoría de los perros lo aprenden sobre la marcha, intuitivamente, y parece que no hace falta "enseñarlo". Pero a mí me parece conveniente trabajarlo bien en positivo, dado que a los cachorros acabamos regañándolos muchas veces después de decir su nombre, y acaban dando por sentado que se llaman "Tobi-no", o que decir su nombre significa "corre y escóndete bajo el sofá que te la has cargado".

El esquema para enseñarle a un cachorro su nombre es igual al que ya he comentado. Esperaremos a que el perrito nos mire a la cara, diremos su  nombre claramente ("Tobi"), entonces decimos nuestra palabra refuerzo ("bien") y premiamos inmediatamente.

Esquema: 

Vemos al perro que nos mira.
Decimos su nombre claramente "Tobi"
Decimos "bien" con el tono más alegre del mundo (o hacemos click)
Premiamos rápidamente
Busca tu mirada, intenta hipnotizarte
¡lo ha pillado!

Una vez el perro comience a entender el asunto (en dos o tres días) verás que cada vez busca más tu mirada. Es el momento de repetir su nombre, y darle un premio gordo. Esto quiere decir que ha aprendido que mirarnos a los ojos y prestarnos atención es positivo, y que puede ser recompensado por ello.

Ahora es cuando de verdad ponemos la acción bajo control. Esperamos a que deje de mirarnos, y repetimos su nombre en voz un poco alta: "TOBI". Si el perro nos mira, decimos "bien" y premiamos.

Esquema:

Decimos su nombre claramente "Tobi"
El perro nos mira o se acerca
Decimos "bien" (o hacemos click)
Premiamos rápidamente

Una vez lo ha pillado, repetiremos este esquema el mayor número de veces posible, para que al perro se le quede su nombre asociado con la atención y el premio grabado a fuego.

Con estos dos esquemas podemos poner bajo control de una palabra cualquier comportamiento que queramos. Funciona estupendo para enseñar al perro conductas normales, que ya realice el perro por propia iniciativa. Tienen que ser frecuentes, porque así las repetirá lo suficientemente a menudo como para que podamos premiarle por repetirlas varias veces al día. Por ejemplo: mirarnos a los ojos, sentarse, tumbarse, hacer pis o caca, ponerse de pie, venir...

Además, podemos enseñarle todas estas cosas "a la vez", sin tener una sesión formal de adiestramiento. Lo divertido y eficaz de este sistema es que podemos elegir dos o tres conductas, y nombrarlas y premiarlas cada vez que el cachorro las realice. Así tenemos "sesiones" de adiestramiento muy cortas pero muy frecuentes, que es como los cachorros (que se distraen con muchísima facilidad) aprenden mejor. Y al cabo de una semana, obedecerá dos o tres señales nuevas, sin haberse ni enterado de que estaba "en clase".

Aprenderemos a realizar una sesión de adiestramiento "formal" otro día, para cuando el cachorro lleve ya con nosotros una temporadita (como un mes o así), ya se sepa su nombre y su lugar en casa, y queramos enseñarle conductas más específicas.

Los premios:

Lo más cómodo, más rápido y más comprensible para el perro son los premios de comida. Éstos deben ser muy pequeños (como del tamaño de una bola de pienso), para que no se harte de ellos, y luego se coma bien su pienso, que es lo que le da la alimentación equilibrada. Yo para empezar a enseñar los comportamientos más básicos, en casa, recomiendo colocar la ración diaria de pienso del cachorro en un vaso, y premiar de ahí. Así controlamos la cantidad de comida del cachorro, y lo que sobre se lo podemos poner en la ración de la noche.
Pienso de gato: pequeño, blando, equilibrado y sabroso
Para comportamientos más difíciles, o para premiar en la calle, conviene elegir premios más sabrosos, y a poder ser blanditgos. Lo del sabor dependerá de lo que le guste a su perro: bolitas de pienso de gato, galletas pequeñas para perros, premios blandos para perro, trocitos de queso o salchicha… Lo que al cachorro le guste más. Pero los limitaremos a unos pocos trocitos, y siempre para conductas nuevas o fuera de casa.


Y como en las entradas anteriores, me repito. De lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 22 de febrero de 2013

Perrito nuevo (II): estableciendo contacto, jugando, creando vínculos


En la primera entrada de esta serie, hablamos del momento de traer un perro a casa, qué hacer con él, y cómo comenzar a estableces unas reglas y un vínculo emocional. Hoy ahondaremos en el vínculo físico, el contacto, y seguiremos con el vínculo emocional mediante el juego.

El vínculo físico: 

Para los perros, como para nosotros, el vínculo que se establece mediante el contacto físico es muy importante. Pero la forma de tocarse y mimarse que tienen los perros, es muy distinta a la que tenemos nosotros. Hay varias cosas que tenemos que tener en cuenta, a la hora de acariciar y manejar a nuestro perro.

Todos los perros deben dejarse tocar por todas partes.

Esto parece una tontería, pero es muy importante. Algunos perros son más sensibles con algunas partes de su cuerpo: las orejas, la boca, las patas delanteras, los dedos... tienen cosquillas, o simplemente no les gusta el contacto. Pero hay que pensar que en algún momento puede clavarse algo entre los dedos, tener otitis... y entonces habrá que tocárselas. O vendrá un niño pequeño a casa, y decidirá descubrir qué es lo que pasa si se tira del rabo del perrito...

Si no se le enseña ahora a dejarse tocar, puede que de adulto ya no lo permita. Ahora de cachorro podemos hacerlo un juego, tirarle suavemente de las orejas, tocarlas por dentro, abrirle los ojos y la boca y masajear todo el cuerpo del perro, incluyendo rabo, patas y almohadillas. Si alguna zona le pone incómodo, hay que ir más despacito, y si el perro se va tranquilizando, premiar con comida. Así hasta que se deje tocar por todas partes, estando tranquilo, sin revolverse, intentar jugar o intentar morder. Cuanto más se haga (convendría hacerlo una vez al día, por lo menos) cada vez le gustará más este juego, algunos incluso llegan a dormirse...

En cambio, los mimos y caricias "de gratis" y de larga duración (tipo quedarse media hora acariciando al perro tumbados en el sofá) deben dejarse cortas. Es mejor que aprovechemos para acariciarle en los momentos en los que el perro se esté portando bien, para que lo valore como un premio, y no como un derecho. Cuando le acariciemos, estaremos poquito rato. Los perros no pasan largos ratos acariciándose (no tienen manos...) y no entienden bien este comportamiento. Podemos hacerle caricias un minutito o así, y luego simplemente quedarnos a su lado, en contacto, disfrutando de la mutua compañía. Pero sin "atusarse".

Tampoco conviene coger al cachorro mucho en brazos. Primero, porque los perros no son gatos, y necesitan tener las cuatro patas en el suelo para conocer bien el mundo (y con la nariz bien pegada al suelo, a ser posible). Y segundo porque la altura está en relación directa con el estatus. Cuanto más alto, más vales. El cachorro se lo cree, y los otros perros se enfadan. Se puede coger en brazos al cachorro un poquito para hacerle un mimo, apartarle de una situación peligrosa... pero el resto del tiempo, el cachorro al suelo.

Jugando con nuestro perro:

Juega con tu cachorro todo lo que puedas. Estarás fortaleciendo el vínculo emocional con él (que ahora mismo no te conoce de nada...), y puedes aprovechar para irle enseñando cosas. Lo más importante que le vamos a enseñar jugando es: a no morder, a aprender autocontrol y a no ser pesado.

Controlar la mordida:

La gran mayoría de los cachorros muerden jugando, por no decir todos. No suelen morder fuerte, pero con esos dientecillos como alfileres... hacen bastante daño. Y esto probablemente tenga su función. Los cachorros deben aprender a controlar la intensidad de su mordida. Porque ahora mismo no tienen mucha fuerza en la mandíbula, pero dentro de unos meses, serán capaces de morder bien fuerte, y hacer mucho daño. Así que ahora es el momento de que aprendan a morder flojito, sin hacer daño.

Los cachorros nos hacen daño jugando porque vienen de jugar con sus hermanos. Los otros cachorros tienen pelo, y una capa de piel más gruesa que la nuestra, así que el cachorro tiene aprendida la intensidad "morder a otro perro", pero no la de "morder a una persona". Hay que enseñarle que con las personas hay que tener mucho más cuidado que con otros perros, y morder todavía más flojo.

Para eso, lo mejor es jugar con nuestro perro. Mucho. Con las manos. Y cuando nos muerda, exagerar. Mucho. En cuanto muerda un poquitín fuerte, chillar como si te hubiera arrancado la mano ¡¡¡AAAYYY!!! y retirar la mano. Volvemos a jugar. Si lo repite, volvemos a gritar ¡¡¡AAAYYY!!! pero ahora interrumpiremos el juego, nos levantaremos e ignoraremos al cachorro durante unos segundos. Que le de tiempo a pensar. Entonces le llamaremos, y jugaremos otra vez. Y repetiremos la operación. Y la repetiremos, y la repetiremos...
Y la repetiremos...

Hasta que lo aprenda. Para aprender, hay que practicar, y practicar, y practicar... Pero al cabo de un par de semanas tendremos un cachorro que sólo nos rozará las manos cuando juegue. Y esto es muy importante, porque si algún día nos muerde (porque le hemos hecho daño por sorpresa, o por lo que sea) un perro que controla su mordida nos golpeará para avisarnos, y ya está. Un perro que no la controla... nos comerá vivos.

Autocontrol y botón de parada:

A los perros les encanta jugar. De cachorros, no pararían hasta caer agotados. Entonces dormirían, comerían, y ¡a jugar otra vez hasta reventar! Y con sus hermanos, eso es lo que hacían... Pero en casa, no podemos estar todo el rato jugando con nuestro perro. Además, los perros jóvenes muchas veces se emocionan, se hiperexcitan, y les cuesta mucho relajarse. Y en estado de excitación, puede haber accidentes, porque no controlan su fuerza. Así que es importante que, mientras son pequeños y manejables, les enseñemos a controlar su fuerza, y a parar.

¿Cómo lo hacemos? Pues igual que lo hicimos con la intensidad de la mordida. En cuanto veamos que el perro se acelera demasiado, paramos. Y si queremos terminar de jugar, pues igual, paramos. Decimos algo tipo "Se acabó", "Vale", o lo que sea, nos levantamos, y  nos vamos. Nos damos la vuelta, no miramos al perro, le ignoramos. Nunca, nunca, le empujaremos con las manos. Para un perro, este gesto significa "quiero seguir jugando", y se acelerará más. Sólo le daremos la espalda, mantendremos los brazos pegados al cuerpo, y seguiremos con nuestra vida. Si el perro se pone muy plasta, nos iremos de la habitación cerrando la puerta detrás de nosotros, y no volveremos hasta que el perro no se haya tranquilizado.

Si estamos jugando con un juguete, haremos lo mismo. Podemos aprovechar para enseñar la orden "suelta", simplemente diciendo la palabra cada vez que el cachorro suelte el juguete de motu propio. Así irá interiorizando la palabra. Para premiar, podemos darle un trocito de comida, devolverle el juguete, o lanzarlo lejos para que lo persiga y lo traiga. Cuando queramos acabar el juego, podemos retirar el juguete y cambiárselo por otro de "masticar", para que se quede tranquilo un rato, o decirle algo tipo "para tí", y dejárselo (se irá con él más contento...).

Los juguetes:

Todo cachorro debería tener algunos juguetes. Hay que comprobar que éstos sean de buena calidad, que no se rompan fácilmente, que no sean tóxicos y que sean atractivos. No deben caberle enteros en la boca, porque se los podría tragar.

Los mejores para cuando el perro se queda sólo son los juguetes “interactivos”, es decir, que responden al juego del perro: juguetes que hacen ruido cuando se muerden, huesos prensados para masticar y comer, juguetes rellenables con pienso o comida, tipo “kong®”, o huesos con saborizante, tipo “nylabone®”.

Para cuando jugamos con el cachorro, se pueden usar pelotas, frisbees y cuerdas o mordedores para tirar. Lo mejor es que no se le tiren piedras, que se puede tragar, o romperse los dientes con ellas. Tampoco conviene darle calcetines, zapatos o trapos viejos, puesto que el cachorro no va a distinguir lo nuevo de lo usado, y aprenderá a morder todo lo que tenga a su alcance.

Es mejor dar los juguetes un rato para jugar, y luego retirarlos, no dejarlos por el suelo todo el rato. Si lo hacemos así, en seguida pierden interés.

Viene bien tener tres tipos distintos: los de "jugar juntos", que sólo se sacan cuando vayamos a estar jugando con el perro, y luego se guarden. Los de "dejar solo", de tipo interactivo, que se rellenan y se dejan cuando el perro se va a quedar solo, o cuando queremos que nos deje un ratito en paz. Y los de "dejar en el suelo para que juegues tú solito", que conviene que sean uno o dos, e irlos rotando para que no se vuelvan viejos en seguida.

¡¡A JUGAAARRRR!!!




Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 12 de febrero de 2013

Perrito nuevo (I): los primeros días en casa, estableciendo vínculos



Te has comprado un perrito, o te lo han regalado, o lo has adoptado. Le has comprado una cuna, unos platitos muy monos, unos juguetes, lo dejas en el suelo y... ¿ahora qué?

Lo primero es preparar para el cachorro un “sitio seguro” y confortable.

Un rincón del salón, del dormitorio o de la cocina, donde tenga su cuna, sus juguetes... donde pueda meterse para jugar, dormir, o simplemente estar tranquilo. Para los primeros días, lo mejor es preparar un rincón separado del resto de la habitación por puertas de bebés, un enrejado, o una jaula grande. Que no tenga nada peligroso para el cachorro (cables, enchufes, cosas que se pueden caer o que son peligrosas si se muerden). Allí dejaremos, en un rincón, la cuna del cachorro, su comedero, el agua y sus juguetes. Al otro extremo pondremos una bandeja para gatos con arena, o papel de periódico (más sobre cómo enseñarle a ser limpio más adelante).


Hay que decidir con el resto de la familia los horarios de comida, paseos y juego. Al principio debería
comer unas tres veces al día, cuanto más estricto sea con los horarios, mejor. El agua debe tenerla siempre puesta, aunque se la puedes retirar por las noches. También hay que decidir qué es lo que el cachorro va a poder hacer, y qué es lo que no (dormir en el dormitorio, subirse a los sofás...) y mantener siempre las reglas iguales, para no marear al perro. Para más sobre dormir con tu perro, pincha aquí. Para un cachorro, lo mejor es dormir en una habitación acompañado, pero en su cuna (atado con una correa cortita para que no se vaya de paseo nocturno y se haga pis por ahí) o metidito en una caja. Así llorará mucho menos, y si se pone muy nervioso podemos llevarle a otro lugar a hacer pis, o acariciarlo para que se tranquilice.


Estableciendo un buen vínculo:

Hoy vamos a explicar cómo comenzar la relación con nuestro cachorro con buen pie. Tenemos que tener en cuenta, que el cachorro (o perro adulto) que llega a nuestra casa, es sociable, pero no nos conoce de nada. No tiene un vínculo afectivo con nosotros, en definitiva "no nos quiere". Los cachorros piden atención y mimos desde el primer día (hay que preocuparse si no lo hacen...) pero eso no quiere decir que nos tengan afecto, es que los cachorros son así. Ahora tenemos que ganarnos su confianza, amor y lealtad, para que en el futuro confíen en nosotros y deseen seguirnos.

Lo más importante: no regañar nunca al cachorro.

Los cachorros se meten en todo tipo de líos, en sus ganas de jugar y conocer el mundo. Si comenzamos nuestra relación con el perro regañándolo, pegándolo o metiéndole miedo, nunca conseguiremos tener una relación equilibrada con él. Siempre desconfiará un poco de nosotros, y el problema surgirá en la adolescencia: no le gustará el contacto físico, no se dejará agarrar, se asustará o no se fiará de las personas...

Hay que EVITAR las situaciones en las que tendríamos que regañar al perro. Los cachorros se meten por todas partes, se suben a todos los sitios que pueden, muerden cosas para saber si saben bien... está en su naturaleza, es su forma de reconocer los nuevos objetos, de aprender cosas nuevas y de investigar. Pero que sea un comportamiento normal no quiere decir que no pueda ser desagradable para nosotros ni peligroso para el perrito.

Nosotros somos el animal con el cerebro más grande de la casa, usémoslo para PREVENIR lo que sabemos que va a ocurrir: hay que poner los objetos tentadores (zapatillas, calcetines, mandos, teléfonos móviles, juguetes de los niños...) fuera del alcance del cachorro (en alto). El cubo de basura, lo pondremos fuera de su alcance, lo guardaremos en un armario, o pondremos peso encima, para que no lo pueda abrir. Las patas de las mesas y los cables, podemos protegerlos untándolos de aceite de limón (en herbolarios lo venden, es de uso alimentario).

Cuando el cachorro esté suelto por la casa, lo mantendremos VIGILADO en todo momento. Para que ésto sea más fácil, y el cachorro no se escape en un momento de distracción, podemos hacer dos cosas. O cerrar la puerta de la habitación para que esté con nosotros y no se vaya, o nos lo atamos a la cintura con una correita ligera. Prefiero esta segunda opción, porque: así comienza a aprender a andar con correa, establecemos un vínculo fuerte con él al "obligarlo" a estar con nosotros todo el rato, el cachorro aprende los ritmos de la casa, y es imposible que se meta en líos.

Y así nosotros también estaremos "obligados" a hacerle caso al cachorro, el rato que estemos en casa (que puede no ser mucho). No hace falta que lo lleve siempre la misma persona, os podéis turnar entre todos para que el perro establezca vínculo con cada uno, y todos se responsabilicen en algún momento de él. Tampoco  hay que estar haciéndole caso todo el rato, aunque esté unido a nosotros. Si nos sentamos a trabajar o a ver la tele, tiene que comprender que es un rato de estar descansando a nuestro lado. Tenemos que seguir con nuestras rutinas diarias, sólo que ahora lo haremos acompañados. Podemos aprovechar los momentos de tranquilidad para irle enseñando a sentarse, tumbarse, y estarse quieto.

Premia todo lo que puedas:

Métete la mitad de la ración diaria del cachorro en el bolsillo. Así puedes premiar cada vez que veas al perro haciendo algo que te gusta. ¿Está tumbadito tan tranquilo? Premio. ¿Está mordiendo uno de sus juguetes, en vez del cojín de la abuela? Premio. ¿Le has llevado a su sitio y ha hecho pis? Premio. ¿Te levantas, echas a andar y te sigue? Premio. ¿Se te han acabado los premios? Pues ¡a jugar! Y así todo el rato que estemos con el perro. Cuantas más cosas premiemos, con comida, juego o caricias, más nos querrá nuestro perro, más vínculo afectivo tendremos con él. Y más rápido aprenderá a hacer las cosas bien, en vez de hacerlas mal.

Si en algún momento no podemos vigilarle, le dejaremos en el "sitio seguro" del que hablábamos en el anterior post. Pero hay que intentar evitar esto lo máximo posible. Los perros son animales sociales, y no les gusta quedarse solos. Probablemente ya pase suficientes horas solo, cuando la familia está en el colegio o trabajando, para tener que quedarse solo también cuando estamos en casa.


Las correcciones:

Como ya hemos dicho, si queremos evitar que el cachorro haga algo, lo mejor es evitar que pueda hacerlo. Pero seamos realistas, mantener a un inquieto cachorro vigilado el 100% del tiempo es imposible, en algún momento escapará la vigilancia y... seguro que se meten en un lío. Si ya es demasiado tarde para prevenir, lo mejor es interrumpir su acción en el momento en que está empezando: cuando el perro pone una pata encima del sofá, o se acerca demasiado a un cable de la luz... (no cuando está dormido encima, o lleva cinco minutos mascando la silla). En ese momento, lo mejor es hacer un ruido no muy fuerte (una palmada, un chistido) para atraer su atención, y cogerle en brazos, todo esto unido a un “NO”, “MAL” o cualquier otra palabra, dicha en voz grave y cortante, pero sin gritar.

Queremos interrumpir el comportamiento, no asustar al cachorro.

Una vez ha parado lo que estaba haciendo, hay que darle algo enseguida con lo que sí pueda jugar, uno de sus juguetes, por ejemplo. Entonces le premiaremos por jugar con su juguete, en vez del zapato nuevo.

El castigo nunca debe ser físico, tiene que ser inmediato y siempre debe ser lo más rápido y por sorpresa posible. Y siempre debe de ir seguido de una conducta aceptable que podamos premiar.

Repito: interrumpir, redirigir, premiar. En ese orden, y muy rápido.

Si nos encontramos un mueble mordisqueado, un pis en el salón o el papel higiénico por toda la casa, pero el perro no está cometiendo el acto en ese momento, no haremos nada. Guardaremos al cachorro en otra habitación hasta que hayamos limpiado el desastre, para que no nos vea arreglar los desperfectos.

Pero NO LE REÑIREMOS NI LE CASTIGAREMOS. Tenga en cuenta que en el momento en el que el cachorro termina la acción ya no puede relacionar causa-efecto y no sabrá por qué le regañamos, y el castigo será inútil. Lo único que conseguiríamos sería que nuestro cachorro nos cogiera miedo, y eso estropearía nuestro vínculo con él.

Y recuerda este "mantra":

Cuanto más se premien las buenas conductas, menos se tendrán que corregir las malas.

Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.

Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 24 de mayo de 2012

Hoy toca cole


"Hoy toca cole" es lo que Pollito dice todas las mañanas. Pero hoy es de verdad. Hoy toca ir al cole. Al de mayores. Al que Pollito va a ir el año que viene.

La guarde se lleva hoy a los niños de excursión, casi 2km andando hasta el cole, pasan allí el día, conociendo el sitio, las clases, las profes... y luego vuelta. Con un par, se llevan a unos 20 niños dos profes (digo yo que alguna más irá...) cruzando todo el pueblo.

Espero que le guste... ya no hay vuelta atrás...

Ayer nos dieron la buena noticia. Después de mucho quebradero de cabeza, y mucho lío, ¡nos han dado el cole que queríamos!


Que parecía fácil, que era el del pueblo, que en teoría nos tocaba ése, pero... en realidad no. Nuestro pueblo no es un pueblo "de verdad". Es una pedanía. Somos varios pueblines, adscritos a otro pueblín. Para complicar más las cosas, hay un mini-cole-infantil en cada mini-pueblo. Pero la dirección es única, el colegio en realidad es el mismo, solo que cada clase está en un edificio distinto.

Así que todo Madrid tiene circunscripción única y puedes pedir el cole que quieras... menos en éste. Porque claro, en realidad los varios coles son "el mismo" cole, a ojos de la Comunidad. Pero claro, en la práctica no es así. Vale que la dirección será la misma, con el mismo presupuesto, los mismos materiales, los mismos proyectos, pero... El sitio es distinto, uno está a pie de carretera (el que "nos toca", por lugar geográfico), y el otro está a pie de campo. Los edificios son distintos, y lo más importante, la subdirección/profesorado es diferente. Y nos gusta más uno que otro. Y claro, el que nos gusta más es el que "no nos tocaba". Preguntamos en el centro, y nos dijeron que es competencia de la dirección asignar a los niños por clases (y edificios, en este caso), pero que no nos podían asegurar nada, porque dependería del número de alumnos por pueblo/clase. Que si en nuestro pueblo había más niños, pues que les vendría fenomenal cambiar a nuestra niña de clase, para igualar. Pero si no... pues ajo y agua.

Pero ayer salieron las listas, y ¡nos ha tocado el que queríamos!

Se ve que había más niños en nuestro pueblo que en los demás, y han puesto a Pollito en la clase con menos niños, para igualar. 21-22 niños por clase, hay en "nuestros pueblos". Y todavía no llegan al máximo. No sé la pobre profe cómo va a lidiar con tantos enanos, pero bueno.

Clases amplias y luminosas
Una de las cosas que más  nos gustan de este cole es el comienzo de curso. Hacen una adaptación de una semana, los niños van el primer día una hora, con cuatro niños más. Van añadiendo cinco niños + 1 hora de clase al día, rotando a los niños, hasta que el viernes van todos los niños, todas las horas. Así la profe puede conocerlos a todos, los niños van conociéndose de cinco en cinco, y no se encuentran todos juntos de golpe, todos llorando. Dan muchísima importancia a estos primeros días, a las diferencias en desarrollo y en emotividad de los niños... nos encanta.

Qué frustración, qué nervios... lo de elegir colegio es una odisea. Si no estudiaste allí ¿cómo sabes que en realidad es bueno? Las notas altas ¿son porque sólo les enseñan para pasar los exámenes o es porque enseñan bien? ¿Tratarán bien a los niños? ¿Serán demasiado "blandos" y al final no aprenderá nada?

¿Y si nos equivocamos? ¿Estaremos destrozándole el futuro a Pollito?


Patio enooorme y pegadito al campo

Hemos visto varios coles, públicos, privados y concertados. Después de descartar los religiosos (que por nuestra zona no son sólo "religiosos", es que son casi de secta), los carísimos, los parece-concertado-pero-es-igual-de-caro-que-el-privado, y los que por su espíritu educativo no encajaba con el nuestro, nos quedamos...


... con el público de al lado de casa. Laico, cerca, barato, tienen cocina propia, trabajan por rincones y por proyectos, respetan el desarrollo de cada niño, no usan fichas... y es bilingüe (por lo visto uno de los mejores). Es como si nos hubiera tocado la lotería. Espero que no se carguen la educación pública, de verdad, porque si en el resto de la Comunidad pasa lo mismo que en nuestra zona... son la única esperanza para una buena educación (a no ser que tengas muuuucho dinerito, claro).



Así que sí, espero que a Pollito hoy le guste su nuevo cole. Más le vale, con lo que nos ha costado decidirnos...


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

lunes, 9 de abril de 2012

Estudio de peligrosidad ¿tratar o no tratar al perro agresivo?


Una de las cosas que ya hago casi inconscientemente cuando empiezo una consulta con un paciente nuevo, es determinar el grado de peligro que presenta el perro (vale, o gato).

Desde que entro por la puerta, observo sus reacciones, la forma de saludar, su lenguaje corporal... y casi igual de importante, el de sus dueños. Después me estudio su cuestionario (que rellenan los propietarios) para ver cómo reacciona en su día a día, en situaciones que no voy a ser capaz de ver por mí misma en la consulta. Con todos estos datos, intento establecer un diagnóstico del problema, pero sobre todo intento hacer una predicción. Bueno, dos.

Este perro ¿Va a morder? (o a volver a morder...)
Y si muerde ¿cuáles serán las consecuencias?

Como digo, es algo que yo ya hago de forma casi inconsciente, sobre todo con los perros que en principio no presentan problemas de agresividad. Con los perros con una historia de agresividad, o los que no tienen todavía historia, pero presentan indicios de que pueden empezar a escribirla, hago un estudio más detallado.

Para ello, hay que fijarse en varios factores, del perro y de sus dueños:

Del perro:

No, no es lo mismo
El tamaño: más que la raza, el tamaño puede ser el punto que marca la diferencia entre un perro peligroso o no tanto. No sólo hay que fijarse en el tamaño "total" del perro, sino en el tamaño de mandíbula, y la fortaleza de ésta. No es lo mismo un teckel de 10 kg que un caniche, por ejemplo. Aunque pesen lo mismo, la boca del teckel tiene una capacidad de mordida mucho mayor. Obviamente, si el perro pasa de los 25kg, da igual la mandíbula que tenga, cuando mayor sea el perro, peores serán las consecuencias de un mordisco. No sólo por el mordisco en sí, sino que cuanto más grande el perro, más alto morderá, y cuanto más alta la herida, normalmente más grave es.

El carácter del perro: Esto lo valoro teniendo en cuenta la raza del perro, y el carácter descrito por los dueños, junto con lo que veo yo en la consulta. Hay que valorar la tenacidad del perro, si responde rápidamente a ligeras amenazas... Sobre todo, la tolerancia a la frustración y el grado de reactividad al contacto físico. Cuanta menos paciencia tenga el perro y menos le guste el contacto físico, mayor probabilidad de que vuelva a morder.

No a todos los perros les gusta el contacto físico
La impulsividad: es el tiempo que tarda el perro desde que se le presenta el estímulo hasta que reacciona agresivamente, y la intensidad de ésta reacción. Hay perros que tardan diez segundos desde que te enfrentas a ellos y te muerden (miran fijamente, gruñen, enseñan los dientes, muerden al aire... y si persistes al final muerden). En cambio, otro perro en la misma situación puede morder sin hacer todo ese recorrido de amenazas. En este caso se habla de que la agresión se ha "instrumentalizado", porque el perro normalmente ha aprendido a saltarse todas las amenazas (porque no le han funcionado en el pasado) y pasa directamente a la acción. Estos perros son los más peligrosos, porque su control es más difícil, ya que no hay tiempo de reacción para el que recibe el ataque.

El tipo de agresividad: si el perro muestra una agresividad defensiva, porque tiene miedo de determinadas situaciones, y su respuesta es morder. O por el contrario, es un perro seguro de sí mismo que amenaza o ataca como forma de controlar su medio ambiente. También hay que tener en cuenta el tipo de mordisco, si es uno o múltiple, si sólo roza, si hace morados, si rompe la piel... y la historia, cuántas veces ha mordido y en cuanto tiempo.


El número de desencadenantes: si el perro se muestra agresivo sólo en situaciones muy concretas, tipo "es que al cartero no lo puede ver" o "podemos hacerle de todo menos mirarle las orejas". O al contrario, al preguntar te encuentras con una lista interminable tipo "no, si es muy bueno, sólo que si le tocas las patas, le bajas del sofá, intentas bañarle, o ponerle la correa, pues intenta morder. Y ya ha mordido a tres vecinos, pero es que le miraron mal" ... Estos casos son más difíciles de tratar ...

De los dueños:

Edad, estado de salud y número: cuantos menos propietarios, más jóvenes y de mejor salud, más tratable será el perro. Los dueños jóvenes pueden reaccionar más rápido y quitarse del peligro, y las heridas, si las llega a haber, cicatrizan mejor y más rápido. Si hay gente enferma en casa, o anciana, las consecuencias de un ataque pueden ser mucho más graves. Cuantos más dueños, más difícil es cumplir con los objetivos de las terapias, con las reglas de conducta en casa, y más complicado es el tratamiento. También hay que tener en cuenta el tamaño o fuerza del perro en comparación con la del dueño o dueños.

Muy buen perro hay que ser para aguantar esto
Niños: Suele ser lo que más determina la peligrosidad del perro. La mayor parte de las agresiones con peores consecuencias se producen a los niños que conviven con el perro. Para mí, muchas veces significan la diferencia entre el "podemos intentarlo" y el "no creo que se pueda tolerar el riesgo". Yo los divido en dos tramos de edad. Aproximadamente, menores o mayores de 7 años. Con los mayores, se les puede implicar en la terapia, y más o menos educar, para que el riesgo sea menor. Digo más o menos. Con los más pequeños... o el caso se ve fácil y claro, o no se puede uno arriesgar. Los niños tan pequeñitos no pueden aprender a tratar al perro de forma especial, gritan, manotean, se agarran del pelo... una pesadilla para un perro con problemas.

Disposición: lo que el propietario está dispuesto a hacer por el perro. Seguir unas normas, una educación, la terapia, si es necesario dar medicación dársela... Hay dueños que llegarían al fin del mundo por su perro, pero otros no tienen tiempo, o capacidad o ganas, y esto hay que tenerlo en cuenta.

Capacidad de control: si el dueño puede controlar al perro en situaciones problemáticas. Si el perro sólo es agresivo con determinadas visitas, y ese ratito puede estar tranquilo en el jardín, o en una habitación, pues es una agresividad controlable. Si el dueño puede ponerle un bozal, a usar un collar de cabezada o está dispuesto a no soltarlo de la correa porque el perro ya ha mordido a otros perros.
Collar de cabezada, o halti
Todas estas cosas son las que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un plan de tratamiento para cada perro. O de decidir que no hay plan de tratamiento, que el riesgo es excesivo. No existen fórmulas matemáticas, sólo el sentido común, poner en la balanza los factores y decidir. A veces es muy fácil, a veces es dificilísimo. A veces el dueño tiene las ideas muy claras, y sólo quiere una segunda opinión que corrobore la que él ya tiene.

Pero a veces los dueños no se dan cuenta del peligro que tienen conviviendo con ellos, en su propia casa. Entonces les explico esta lista, y les cuento qué características de su perro, de su casa, de su familia, son las que me preocupan más. Los farolillos rojos. Porque yo, acaba la sesión, y me voy a mi casa. El riesgo de vivir con un perro agresivo es algo a lo que yo no me voy a enfrentar. La decisión final siempre tiene que tomarla la familia, que es la que se arriesga.

Porque los perros muerden.
Y la agresividad se controla, pero no se cura.


Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 24 de febrero de 2012

Un niño me ha pegado


El viernes pasado el Pollito vino a casa con una abejita pintada en la mano. ¿Y eso? le pregunté. ¿Por qué te lo han pintado? (Cuando hacen algo bien en la guarde les pintan, pero hoy no se lo había comido todo...)

"Ángel m'a pegado"

??

¿Y te ha hecho daño? ¡Tíiii! (Carita de pena penísima)
¿Y has llorado mucho? ¡Tíiiii! (Carita a punto de romperse)
Pero ¿Luego te ha dado un besito? tí (pequeñito)
¿Y te ha pedido perdón? tí (más pequeñito)
¿Y Karime te ha pintado una abeja para que te pongas contenta? ¡Tíii! Ya más contenta.

Y ahí se quedó. Nos lo contó un par de veces más, pero ya sin susto, y nosotros le dijimos que el  niño no era malo, y que le había dado un beso, y pareció que se le pasaba.

Todo el fin de semana, Pollito ha estado tristona. Comiendo poco, lloriqueando por todo, durmiendo mal (bueno, fataaaal). Si le preguntabas, te decía que le dolía la tripa, o se llevaba la mano a la oreja.

El lunes, al médico. La pediatra la miró por todas partes, y la encontró muy bien. Un oído un poco rojito, y un montón de dientes a medio salir. Si la veis mal, ibuprofeno infantil. Esta niña, como es así, todo sonrisas, jijí, jajá con la médico, como siempre. Así que nunca nos toman en serio...

Pero cuando intentamos salir del centro de salud... ¡BUAAAA!
Que si cole no, no quero cole, a casa a cama, a cama cris, cama domí....
Y yo flipando, claro. Con lo que le gusta a esta niña ir al cole, ¡y lo poco que le gusta dormir!
En fin, que pataleando, me la llevé a la guarde. Con el corazón roto, eso sí. Se lo conté a las profes, para que le miraran la temperatura, y la hicieran más mimos de lo habitual. Estuvo triste, de la mano de la profe, comió mal...

Así estuvo lunes y martes, cada vez más rara, pero sin fiebre, ni nada para justificarlo. Si le preguntabas, seguía diciendo que le dolía la tripa. Masajitos, mimos, más mimos... nada.

El miércoles por la mañana, fue de órdago. Nos lavamos los dientes, y no me dejó coger el cepillo. Una pataleta pero de las de verdad, tirada por el suelo, llorando a todo llorar, que "¡cepillo no, cepillo no!". Yo alucinando en colores. ¿Pero ésto de donde viene?

La cogí en brazos, la achuché, y no la solté hasta que se calmó un poquito (con ella funciona esto del placaje). Entonces la miré y le pregunté que qué le pasaba en realidad, que qué quería.

"Cole no" ¿Por qué cole no? Si te encanta ir al cole, a pintar, con las profes, con los niños...
"¡¡Niños no!! Ángel me pega"

Ostras....

Conseguí convencerla para ir al cole a hablar con las profes, para contárselo y que la "protegieran". Las profes se preocuparon mucho, y se pasaron todo el día fomentando el juego entre los dos niños, para que Pollito viera que se podía jugar, que no pasaba nada, que no la pegaba más...

Pobrecilla, cuatro días con dolor de tripa, con susto, y nosotros sin pisparnos de nada. Qué duro es ser bebé, oye. Sobre todo cuando eres el más pequeño de la clase, y con diferencia, que nació en Diciembre, prematura y es hija de su madre (que mide metro y medio).


Pero bueno, a partir de ahí, parece que está más contenta, ya quiere ir al cole, con los niños y todo. Ufff....

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 12 de enero de 2012

Perrito bolso


Este es Titín (según le rebautizó el Pollito nada más llegar). Titín ha vivido con nosotros tres días, para ser evaluado (y en lo posible tratado) antes de volver a su casa. Antes lo hacía bastante, eso de tener perros en residencia, tanto para tratamiento como sólo de "hotel". Ahora que la niña es más grande, me vuelvo a atrever.

Titín es el perrito de la hija de un amigo. Esta chica es modelo y actriz, y decidió que quería un perrito hace unos meses. Su padre le dijo que él no quería perros en casa, que él no tenía tiempo de hacerse cargo de un perrito. Al mes apareció Titín, como regalo de cumpleaños, y se quedó.


Su dueña le adora. Duerme con él, se lo lleva a todas partes si puede... claro, si puede. Porque es modelo, y actriz. Y viaja. Y sale. ¿Y Titín? Se queda encerrado en su habitación. Durante horas,  a veces hasta días. Porque el padre de su dueña no sabe cuándo su hija se va, ni cuándo vuelve. Y él no puede (ni quiere) amoldar sus horarios, su vida, al ritmo de las necesidades del perrito.
Y su dueña tampoco lo hace.

Y Titín nunca sabe cuándo va a volver su dueña a casa. Ni si le va a dar de comer, ni si le va a sacar a pasear. Hace sus necesidades en el cuarto, donde le place. Y llora. Y llora. Y llora. El padre, desesperado, me lo ha traído a casa, a ver si les puedo ayudar.
A los tres.


Titín tiene siete meses, y un gran problema de ansiedad. Sobre todo tiene ansiedad por separación. Una ansiedad que no es suya, es impuesta caprichosamente. Un perro no habla, y no puede saber cuándo va a volver su dueño. Sólo lo sabe por sus hechos. Si todos los días su dueño sale, y vuelve a la misma hora, al cabo de unos días el perro se acostumbra, asimila el horario, y se tranquiliza.
Mi dueño siempre vuelve.

Pero ¿y si no vuelve?

Imagínate recién enamorado, después de pasar tres días de lujo con tu pareja, todo amor y abrazos. Entonces la pareja se va, y te deja encerrado en el piso, con el baño cerrado, la nevera vacía y nada que hacer. Pasan las horas. Y los días. Tienes hambre, ganas de ir al baño. Te sientes solo y abandonado. Después de hacerte pasar por el infierno, vuelve. Te abraza, te besa, no te deja solo ni un momento. Te lleva de marcha a la ciudad, te presenta a todos sus amigos. Vuelve el amor. A la semana te vuelve a dejar encerrado. Y así una y otra vez. Montaña rusa emocional. Hay que darse cuenta de que nuestros perros dependen de nosotros. Son nuestros prisioneros, y nosotros somos sus carceleros. Tenemos la llave de la puerta, de la comida, del afecto. Podemos convertir su vida en un paraíso, pero también en un infierno de inseguridades.
Y así vive Titín.


En mi casa, ha tardado dos días en integrarse al ritmo de la vida. Los primeros días no podía dormir (no dormía si no era en brazos). Antes de quedarse dormido, se muerde un muslo hasta hacerse llorar a sí mismo (una conducta obsesivo compulsiva fruto de la ansiedad). Al segundo día encontró apoyo en Marco, y con él pudo descansar.


Aprendió a estarse quieto, porque no sabía. Durante el día, no podía parar. Corría, lloraba, temblaba, saltaba, se ponía de pie. No sabía relacionarse con la gente si no estaba en brazos.

Le hemos enseñado a jugar en el suelo. Con los perros, con la niña. El pollito le daba de comer y lo paseaba por casa, contenta de por fin tener un perrito de su tamaño (Titín= chiquitín). Hemos empezado con la educación para la limpieza, muy difícil en un perro ya de siete meses, que nunca ha tenido la oportunidad de aprender.

Pero, sobre todo, le enseñamos a quedarse quieto, tranquilo, en su colchón. A relajarse. A dormir.


Así le he devuelto a sus dueños. Bueno, al padre de la dueña, porque la dueña no me quiso ver. Titín pasó la mañana sesteando a nuestros pies. Su dueño no se lo podía creer.

Pobre Titín. Es un fashion victim. Literalmente.