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viernes, 22 de febrero de 2013

Perrito nuevo (II): estableciendo contacto, jugando, creando vínculos


En la primera entrada de esta serie, hablamos del momento de traer un perro a casa, qué hacer con él, y cómo comenzar a estableces unas reglas y un vínculo emocional. Hoy ahondaremos en el vínculo físico, el contacto, y seguiremos con el vínculo emocional mediante el juego.

El vínculo físico: 

Para los perros, como para nosotros, el vínculo que se establece mediante el contacto físico es muy importante. Pero la forma de tocarse y mimarse que tienen los perros, es muy distinta a la que tenemos nosotros. Hay varias cosas que tenemos que tener en cuenta, a la hora de acariciar y manejar a nuestro perro.

Todos los perros deben dejarse tocar por todas partes.

Esto parece una tontería, pero es muy importante. Algunos perros son más sensibles con algunas partes de su cuerpo: las orejas, la boca, las patas delanteras, los dedos... tienen cosquillas, o simplemente no les gusta el contacto. Pero hay que pensar que en algún momento puede clavarse algo entre los dedos, tener otitis... y entonces habrá que tocárselas. O vendrá un niño pequeño a casa, y decidirá descubrir qué es lo que pasa si se tira del rabo del perrito...

Si no se le enseña ahora a dejarse tocar, puede que de adulto ya no lo permita. Ahora de cachorro podemos hacerlo un juego, tirarle suavemente de las orejas, tocarlas por dentro, abrirle los ojos y la boca y masajear todo el cuerpo del perro, incluyendo rabo, patas y almohadillas. Si alguna zona le pone incómodo, hay que ir más despacito, y si el perro se va tranquilizando, premiar con comida. Así hasta que se deje tocar por todas partes, estando tranquilo, sin revolverse, intentar jugar o intentar morder. Cuanto más se haga (convendría hacerlo una vez al día, por lo menos) cada vez le gustará más este juego, algunos incluso llegan a dormirse...

En cambio, los mimos y caricias "de gratis" y de larga duración (tipo quedarse media hora acariciando al perro tumbados en el sofá) deben dejarse cortas. Es mejor que aprovechemos para acariciarle en los momentos en los que el perro se esté portando bien, para que lo valore como un premio, y no como un derecho. Cuando le acariciemos, estaremos poquito rato. Los perros no pasan largos ratos acariciándose (no tienen manos...) y no entienden bien este comportamiento. Podemos hacerle caricias un minutito o así, y luego simplemente quedarnos a su lado, en contacto, disfrutando de la mutua compañía. Pero sin "atusarse".

Tampoco conviene coger al cachorro mucho en brazos. Primero, porque los perros no son gatos, y necesitan tener las cuatro patas en el suelo para conocer bien el mundo (y con la nariz bien pegada al suelo, a ser posible). Y segundo porque la altura está en relación directa con el estatus. Cuanto más alto, más vales. El cachorro se lo cree, y los otros perros se enfadan. Se puede coger en brazos al cachorro un poquito para hacerle un mimo, apartarle de una situación peligrosa... pero el resto del tiempo, el cachorro al suelo.

Jugando con nuestro perro:

Juega con tu cachorro todo lo que puedas. Estarás fortaleciendo el vínculo emocional con él (que ahora mismo no te conoce de nada...), y puedes aprovechar para irle enseñando cosas. Lo más importante que le vamos a enseñar jugando es: a no morder, a aprender autocontrol y a no ser pesado.

Controlar la mordida:

La gran mayoría de los cachorros muerden jugando, por no decir todos. No suelen morder fuerte, pero con esos dientecillos como alfileres... hacen bastante daño. Y esto probablemente tenga su función. Los cachorros deben aprender a controlar la intensidad de su mordida. Porque ahora mismo no tienen mucha fuerza en la mandíbula, pero dentro de unos meses, serán capaces de morder bien fuerte, y hacer mucho daño. Así que ahora es el momento de que aprendan a morder flojito, sin hacer daño.

Los cachorros nos hacen daño jugando porque vienen de jugar con sus hermanos. Los otros cachorros tienen pelo, y una capa de piel más gruesa que la nuestra, así que el cachorro tiene aprendida la intensidad "morder a otro perro", pero no la de "morder a una persona". Hay que enseñarle que con las personas hay que tener mucho más cuidado que con otros perros, y morder todavía más flojo.

Para eso, lo mejor es jugar con nuestro perro. Mucho. Con las manos. Y cuando nos muerda, exagerar. Mucho. En cuanto muerda un poquitín fuerte, chillar como si te hubiera arrancado la mano ¡¡¡AAAYYY!!! y retirar la mano. Volvemos a jugar. Si lo repite, volvemos a gritar ¡¡¡AAAYYY!!! pero ahora interrumpiremos el juego, nos levantaremos e ignoraremos al cachorro durante unos segundos. Que le de tiempo a pensar. Entonces le llamaremos, y jugaremos otra vez. Y repetiremos la operación. Y la repetiremos, y la repetiremos...
Y la repetiremos...

Hasta que lo aprenda. Para aprender, hay que practicar, y practicar, y practicar... Pero al cabo de un par de semanas tendremos un cachorro que sólo nos rozará las manos cuando juegue. Y esto es muy importante, porque si algún día nos muerde (porque le hemos hecho daño por sorpresa, o por lo que sea) un perro que controla su mordida nos golpeará para avisarnos, y ya está. Un perro que no la controla... nos comerá vivos.

Autocontrol y botón de parada:

A los perros les encanta jugar. De cachorros, no pararían hasta caer agotados. Entonces dormirían, comerían, y ¡a jugar otra vez hasta reventar! Y con sus hermanos, eso es lo que hacían... Pero en casa, no podemos estar todo el rato jugando con nuestro perro. Además, los perros jóvenes muchas veces se emocionan, se hiperexcitan, y les cuesta mucho relajarse. Y en estado de excitación, puede haber accidentes, porque no controlan su fuerza. Así que es importante que, mientras son pequeños y manejables, les enseñemos a controlar su fuerza, y a parar.

¿Cómo lo hacemos? Pues igual que lo hicimos con la intensidad de la mordida. En cuanto veamos que el perro se acelera demasiado, paramos. Y si queremos terminar de jugar, pues igual, paramos. Decimos algo tipo "Se acabó", "Vale", o lo que sea, nos levantamos, y  nos vamos. Nos damos la vuelta, no miramos al perro, le ignoramos. Nunca, nunca, le empujaremos con las manos. Para un perro, este gesto significa "quiero seguir jugando", y se acelerará más. Sólo le daremos la espalda, mantendremos los brazos pegados al cuerpo, y seguiremos con nuestra vida. Si el perro se pone muy plasta, nos iremos de la habitación cerrando la puerta detrás de nosotros, y no volveremos hasta que el perro no se haya tranquilizado.

Si estamos jugando con un juguete, haremos lo mismo. Podemos aprovechar para enseñar la orden "suelta", simplemente diciendo la palabra cada vez que el cachorro suelte el juguete de motu propio. Así irá interiorizando la palabra. Para premiar, podemos darle un trocito de comida, devolverle el juguete, o lanzarlo lejos para que lo persiga y lo traiga. Cuando queramos acabar el juego, podemos retirar el juguete y cambiárselo por otro de "masticar", para que se quede tranquilo un rato, o decirle algo tipo "para tí", y dejárselo (se irá con él más contento...).

Los juguetes:

Todo cachorro debería tener algunos juguetes. Hay que comprobar que éstos sean de buena calidad, que no se rompan fácilmente, que no sean tóxicos y que sean atractivos. No deben caberle enteros en la boca, porque se los podría tragar.

Los mejores para cuando el perro se queda sólo son los juguetes “interactivos”, es decir, que responden al juego del perro: juguetes que hacen ruido cuando se muerden, huesos prensados para masticar y comer, juguetes rellenables con pienso o comida, tipo “kong®”, o huesos con saborizante, tipo “nylabone®”.

Para cuando jugamos con el cachorro, se pueden usar pelotas, frisbees y cuerdas o mordedores para tirar. Lo mejor es que no se le tiren piedras, que se puede tragar, o romperse los dientes con ellas. Tampoco conviene darle calcetines, zapatos o trapos viejos, puesto que el cachorro no va a distinguir lo nuevo de lo usado, y aprenderá a morder todo lo que tenga a su alcance.

Es mejor dar los juguetes un rato para jugar, y luego retirarlos, no dejarlos por el suelo todo el rato. Si lo hacemos así, en seguida pierden interés.

Viene bien tener tres tipos distintos: los de "jugar juntos", que sólo se sacan cuando vayamos a estar jugando con el perro, y luego se guarden. Los de "dejar solo", de tipo interactivo, que se rellenan y se dejan cuando el perro se va a quedar solo, o cuando queremos que nos deje un ratito en paz. Y los de "dejar en el suelo para que juegues tú solito", que conviene que sean uno o dos, e irlos rotando para que no se vuelvan viejos en seguida.

¡¡A JUGAAARRRR!!!




Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.


Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

martes, 12 de febrero de 2013

Perrito nuevo (I): los primeros días en casa, estableciendo vínculos



Te has comprado un perrito, o te lo han regalado, o lo has adoptado. Le has comprado una cuna, unos platitos muy monos, unos juguetes, lo dejas en el suelo y... ¿ahora qué?

Lo primero es preparar para el cachorro un “sitio seguro” y confortable.

Un rincón del salón, del dormitorio o de la cocina, donde tenga su cuna, sus juguetes... donde pueda meterse para jugar, dormir, o simplemente estar tranquilo. Para los primeros días, lo mejor es preparar un rincón separado del resto de la habitación por puertas de bebés, un enrejado, o una jaula grande. Que no tenga nada peligroso para el cachorro (cables, enchufes, cosas que se pueden caer o que son peligrosas si se muerden). Allí dejaremos, en un rincón, la cuna del cachorro, su comedero, el agua y sus juguetes. Al otro extremo pondremos una bandeja para gatos con arena, o papel de periódico (más sobre cómo enseñarle a ser limpio más adelante).


Hay que decidir con el resto de la familia los horarios de comida, paseos y juego. Al principio debería
comer unas tres veces al día, cuanto más estricto sea con los horarios, mejor. El agua debe tenerla siempre puesta, aunque se la puedes retirar por las noches. También hay que decidir qué es lo que el cachorro va a poder hacer, y qué es lo que no (dormir en el dormitorio, subirse a los sofás...) y mantener siempre las reglas iguales, para no marear al perro. Para más sobre dormir con tu perro, pincha aquí. Para un cachorro, lo mejor es dormir en una habitación acompañado, pero en su cuna (atado con una correa cortita para que no se vaya de paseo nocturno y se haga pis por ahí) o metidito en una caja. Así llorará mucho menos, y si se pone muy nervioso podemos llevarle a otro lugar a hacer pis, o acariciarlo para que se tranquilice.


Estableciendo un buen vínculo:

Hoy vamos a explicar cómo comenzar la relación con nuestro cachorro con buen pie. Tenemos que tener en cuenta, que el cachorro (o perro adulto) que llega a nuestra casa, es sociable, pero no nos conoce de nada. No tiene un vínculo afectivo con nosotros, en definitiva "no nos quiere". Los cachorros piden atención y mimos desde el primer día (hay que preocuparse si no lo hacen...) pero eso no quiere decir que nos tengan afecto, es que los cachorros son así. Ahora tenemos que ganarnos su confianza, amor y lealtad, para que en el futuro confíen en nosotros y deseen seguirnos.

Lo más importante: no regañar nunca al cachorro.

Los cachorros se meten en todo tipo de líos, en sus ganas de jugar y conocer el mundo. Si comenzamos nuestra relación con el perro regañándolo, pegándolo o metiéndole miedo, nunca conseguiremos tener una relación equilibrada con él. Siempre desconfiará un poco de nosotros, y el problema surgirá en la adolescencia: no le gustará el contacto físico, no se dejará agarrar, se asustará o no se fiará de las personas...

Hay que EVITAR las situaciones en las que tendríamos que regañar al perro. Los cachorros se meten por todas partes, se suben a todos los sitios que pueden, muerden cosas para saber si saben bien... está en su naturaleza, es su forma de reconocer los nuevos objetos, de aprender cosas nuevas y de investigar. Pero que sea un comportamiento normal no quiere decir que no pueda ser desagradable para nosotros ni peligroso para el perrito.

Nosotros somos el animal con el cerebro más grande de la casa, usémoslo para PREVENIR lo que sabemos que va a ocurrir: hay que poner los objetos tentadores (zapatillas, calcetines, mandos, teléfonos móviles, juguetes de los niños...) fuera del alcance del cachorro (en alto). El cubo de basura, lo pondremos fuera de su alcance, lo guardaremos en un armario, o pondremos peso encima, para que no lo pueda abrir. Las patas de las mesas y los cables, podemos protegerlos untándolos de aceite de limón (en herbolarios lo venden, es de uso alimentario).

Cuando el cachorro esté suelto por la casa, lo mantendremos VIGILADO en todo momento. Para que ésto sea más fácil, y el cachorro no se escape en un momento de distracción, podemos hacer dos cosas. O cerrar la puerta de la habitación para que esté con nosotros y no se vaya, o nos lo atamos a la cintura con una correita ligera. Prefiero esta segunda opción, porque: así comienza a aprender a andar con correa, establecemos un vínculo fuerte con él al "obligarlo" a estar con nosotros todo el rato, el cachorro aprende los ritmos de la casa, y es imposible que se meta en líos.

Y así nosotros también estaremos "obligados" a hacerle caso al cachorro, el rato que estemos en casa (que puede no ser mucho). No hace falta que lo lleve siempre la misma persona, os podéis turnar entre todos para que el perro establezca vínculo con cada uno, y todos se responsabilicen en algún momento de él. Tampoco  hay que estar haciéndole caso todo el rato, aunque esté unido a nosotros. Si nos sentamos a trabajar o a ver la tele, tiene que comprender que es un rato de estar descansando a nuestro lado. Tenemos que seguir con nuestras rutinas diarias, sólo que ahora lo haremos acompañados. Podemos aprovechar los momentos de tranquilidad para irle enseñando a sentarse, tumbarse, y estarse quieto.

Premia todo lo que puedas:

Métete la mitad de la ración diaria del cachorro en el bolsillo. Así puedes premiar cada vez que veas al perro haciendo algo que te gusta. ¿Está tumbadito tan tranquilo? Premio. ¿Está mordiendo uno de sus juguetes, en vez del cojín de la abuela? Premio. ¿Le has llevado a su sitio y ha hecho pis? Premio. ¿Te levantas, echas a andar y te sigue? Premio. ¿Se te han acabado los premios? Pues ¡a jugar! Y así todo el rato que estemos con el perro. Cuantas más cosas premiemos, con comida, juego o caricias, más nos querrá nuestro perro, más vínculo afectivo tendremos con él. Y más rápido aprenderá a hacer las cosas bien, en vez de hacerlas mal.

Si en algún momento no podemos vigilarle, le dejaremos en el "sitio seguro" del que hablábamos en el anterior post. Pero hay que intentar evitar esto lo máximo posible. Los perros son animales sociales, y no les gusta quedarse solos. Probablemente ya pase suficientes horas solo, cuando la familia está en el colegio o trabajando, para tener que quedarse solo también cuando estamos en casa.


Las correcciones:

Como ya hemos dicho, si queremos evitar que el cachorro haga algo, lo mejor es evitar que pueda hacerlo. Pero seamos realistas, mantener a un inquieto cachorro vigilado el 100% del tiempo es imposible, en algún momento escapará la vigilancia y... seguro que se meten en un lío. Si ya es demasiado tarde para prevenir, lo mejor es interrumpir su acción en el momento en que está empezando: cuando el perro pone una pata encima del sofá, o se acerca demasiado a un cable de la luz... (no cuando está dormido encima, o lleva cinco minutos mascando la silla). En ese momento, lo mejor es hacer un ruido no muy fuerte (una palmada, un chistido) para atraer su atención, y cogerle en brazos, todo esto unido a un “NO”, “MAL” o cualquier otra palabra, dicha en voz grave y cortante, pero sin gritar.

Queremos interrumpir el comportamiento, no asustar al cachorro.

Una vez ha parado lo que estaba haciendo, hay que darle algo enseguida con lo que sí pueda jugar, uno de sus juguetes, por ejemplo. Entonces le premiaremos por jugar con su juguete, en vez del zapato nuevo.

El castigo nunca debe ser físico, tiene que ser inmediato y siempre debe ser lo más rápido y por sorpresa posible. Y siempre debe de ir seguido de una conducta aceptable que podamos premiar.

Repito: interrumpir, redirigir, premiar. En ese orden, y muy rápido.

Si nos encontramos un mueble mordisqueado, un pis en el salón o el papel higiénico por toda la casa, pero el perro no está cometiendo el acto en ese momento, no haremos nada. Guardaremos al cachorro en otra habitación hasta que hayamos limpiado el desastre, para que no nos vea arreglar los desperfectos.

Pero NO LE REÑIREMOS NI LE CASTIGAREMOS. Tenga en cuenta que en el momento en el que el cachorro termina la acción ya no puede relacionar causa-efecto y no sabrá por qué le regañamos, y el castigo será inútil. Lo único que conseguiríamos sería que nuestro cachorro nos cogiera miedo, y eso estropearía nuestro vínculo con él.

Y recuerda este "mantra":

Cuanto más se premien las buenas conductas, menos se tendrán que corregir las malas.

Y por último, de lo más, más importante que se puede enseñar a un perro, es a que se acostumbre a su nuevo medio ambiente, a las cosas, personas y animales que habitan en  él: la SOCIALIZACIÓN.

Todas las imágenes sacadas de www.muttscomics.com

Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ansiedad por separación (II): Diagnóstico y tratamiento

¿Volverá?


Como ya vimos en la entrada anterior, la ansiedad por separación aparece cuando un perro sufre un ataque de ansiedad cuando se queda solo en casa. También vimos que los síntomas más frecuentes eran la destructividad, el hacerse pis o caca, las vocalizaciones o el autolamido.

Pero todas estas cosas los perros las pueden hacer por múltiples razones. Por ejemplo:

Destrozar muebles: los perros pueden hacerlo debido a la ansiedad, o por puro aburrimiento. ¿Cómo lo distinguimos? El aburrimiento tiende a ir dirigido sobre objetos pequeños (zapatos, juguetes, patas de sillas) en vez de sobre objetos grandes (sofás) o superficies. La destructividad de un perro aburrido suele ser menor que la de un perro ansioso. Suelen realizarlo cachorros o perros jóvenes (la ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad), muy activos también cuando están sus dueños en casa.

Pues no, no había nada ahí dentro...
Orinar o defecar: Aquí debemos distinguir entre una falta de aprendizaje, el marcaje, o la ansiedad. El perro que no ha aprendido dónde debe hacer sus cosas, las hace en casa estando el dueño presente o no. Muchos las hacen también por la noche, mientras el dueño duerme, o en una habitación en donde no le ven. Los perros que marcan lo hacen sobre superficies verticales, levantando la pata. La orina suele ser un charco pequeño, no  grande, y las heces suelen estar bien formadas.

Vocalizaciones: Hay que distinguir entre el perro que ladra de forma territorial, cuando pasa alguien por la puerta, y los que lo hacen por ansiedad. Si es por territorialidad, suelen ser ladridos esporádicos, que coinciden con movimientos alrededor de la casa. El tono y la frecuencia suelen ser distintos, y no suelen aullar ni gemir.


Autolamido: En los perros que se lamen, hay que descartar problemas de alergia, y otros tipos de ansiedad. Hay que tener en cuenta que los perros pueden lamerse porque tienen alergia y ansiedad por separación y otras ansiedades, pueden ir todos juntos...

La ansiedad por separación suele aparecer en torno al año de edad, o tras un cambio brusco de rutinas: mudanzas, divorcios, cambios de horarios de trabajo... Los síntomas aparecen sólo cuando los dueños no están presentes, aunque cuando están en casa pueden aparecer otros distintos. Cuando el dueño está con el perro suele notar que el perro le vigila y le sigue a todas partes, que reclama atención, y que en la calle tiende a no alejarse mucho.

En caso de duda, yo siempre aconsejo grabar al perro cuando nos vamos de casa. Suele bastar con grabar media hora o una hora, porque el pico máximo de manifestaciones suele darse al irse el dueño de casa, y poco antes de su hora de volver.

Una vez establecido que el perro tiene ansiedad por separación, comenzamos el tratamiento.

Hay que aprender a relajarse
- Reestructuramos el vínculo: Estos perros suelen tener problemas de dependencia excesiva de su dueño. Esto puede ser por problemas en la infancia (separación precoz de su madre, por ejemplo) o de abandono (los perros recogidos de albergue son muy propensos) o por dependencia fuerte durante la adolescencia del perro, si ha estado hospitalizado o recluído en casa. Para reestructurar el vínculo, limitamos y organizamos los "mimos" y el contacto físico y  en cambio fomentamos la atención durante otros periodos. Aumentamos las sesiones de juego y adiestramiento, y mantenemos el contacto físico como sesiones de masaje y relajación algo regulados.

- Establecemos rutinas: Programamos el horario, establecemos momentos separados para el paseo, la comida, la atención, el juego y el contacto físico. Al seguir unas rutinas el perro puede predecir lo que viene después, lo controla, y rebajamos sus niveles de ansiedad.

- Entradas y salidas de casa: Las mantendremos en "tono bajo". Nada de despedirse del perro, abrazarlo, besarlo... Hay que dejarle sus juguetes, mandarlo a su cama, y salir. Como mucho, podemos decirle "adiós" bajito. Y las entradas igual. Saluda a tu perro con unas palmaditas, dile "hola" y sigue a lo tuyo. Nada de fomentar los saltos y las carreras por el pasillo, de abrazarlo y besarlo como si nos hubiéramos ido un mes. Un mimo corto y bajito, y a otra cosa mariposa. Tampoco conviene ignorar al perro cuando volvamos. Es totalmente antinatural, los perros se saludan entre ellos cuando han estado un tiempo separados. Si lo ignoramos totalmente, se sentirá perdido y abandonado, y la ansiedad empeorará. Podemos saludar, pero corto, un saludo corto.

Así mejor no...
- Aumentamos los juegos y la obediencia: Un perro cansado es más difícil que esté ansioso. Para eso, aumentamos los ratos de juego, tanto físico como mental. Traer una pelota, juegos de olfato o ir a correr con el dueño, fomentan un vínculo positivo y cansan tanto cuerpo como mente. Las sesiones de adiestramiento en positivo refuerzan la unión con el perro sin fomentar la dependencia, rebajan la ansiedad y ayudan a cansar al perro mentalmente.

- Desensibilizamos las ausencias: Realizamos un adiestramiento específico para que el perro aprenda a quedarse solo tranquilo y feliz. Hacemos ejercicios de relajación que ayudan al perro a asociar los momentos de tranquilidad en "su sitio" con sensaciones de bienestar y no con ansiedad.

- Medicación: Siempre valoramos si incluimos medicación en el tratamiento, o si no hace falta. Valoramos las horas que debe el perro quedarse solo, y la gravedad de la ansiedad. Dependiendo de todo ésto, se eligen tratamientos a base de hierbas o fármacos que ayuden al perro a tolerar las ausencias mientras el resto del tratamiento surte efecto. Este tratamiento puede ser sólo en los momentos de ausencia (como cuando usamos benzodiacepinas) o prolongarse durante unos meses para ayudar al perro a rebajar sus niveles de ansiedad durante todo el día, si su comportamiento se ve afectado no sólo durante los periodos de ausencia (solemos usar entonces antidepresivos tricíclicos o ISRS). Por cierto, la medicación no cura, sólo aminora los síntomas mientras funciona la terapia de comportamiento. Sólo con una pastilla el perro no se va a curar.

Puedes multiplicar por dos el problema... o no
- ¿Otra compañía?: Muchos dueños me preguntan si conviene adquirir otro perro, para que haga compañía al primero. Y yo siempre contesto que.... DEPENDE. Sólo hay que añadir otro perro si el dueño de verdad quiere otro perro. Dos perros significan el doble de gastos, de comida, de veterinario... viajar con un perro es menos complicado que con dos. Y las sesiones de juego con el dueño tienen que ser dobles, y el adiestramiento también. Además, los perros pueden no hacerse amigos, acabar llevándose mal, y el problema lo hemos multiplicado por dos, en vez de arreglarlo. Pero si el vínculo entre los dos perros se establece, pueden hacerse compañía, jugar juntos y la ansiedad mitigarse. O pueden divertirse entre los dos sacando el relleno del sofá nuevo... Hay que pensarlo muy detenidamente.

- Otras cosas: Hay otras cosas que podemos probar, que a veces funcionan, y a veces no.

  • Dejar la radio: si solemos estar en casa con la radio puesta, y la apagamos al marchar, podemos probar a dejarla encendida, en la emisora habitual. Además eso mitiga los ruidos de fuera. Si nunca escuchas la radio en casa, olvídate. 
  • Reducir el espacio: hay perros que se sienten más seguros en espacios pequeños que en los grandes. Si el perro es de los que duermen debajo de una mesa, se puede probar. Pero en ningún caso conviene encerrarlo en un espacio reducido (tipo transportín) si el perro no ha aprendido antes a permanecer en él. Lo único que haremos será aumentar su ansiedad, y provocar accidentes.
  • Regañar al perro al volver: NUNCA. El perro no destroza por vengarse, lo hace por ansiedad. Como cuando nosotros nos mordemos las uñas, no nos damos ni cuenta. Al regañarle, lo único que hacemos  es crearle miedo. El perro se volverá neurótico, pues querrá que volvamos pero le dará miedo al mismo tiempo, y eso genera todavía más ansiedad (y más destrozos, y más cacas...).
  • Encontrar a alguien que le saque o le haga compañía: algún vecino o pariente que vaya un rato a casa, y haga compañía un rato al perro. Aunque sea simplemente sentarse a ver la tele o a estudiar, gratis o por un módico precio. Si el perro tiene que estar muchas horas solo, merece la pena.

Lo bueno de la ansiedad por separación es que tiene muy buen pronóstico, y el 80% de los perros evoluciona favorablemente. Así, podremos volver a casa, y en vez de encontrarnos esto:


encontrarnos esto:



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

sábado, 20 de octubre de 2012

Amor, estrés y crecimiento

En brazos de papi

Me estoy leyendo un libro interesantísimo sobre el estrés, "¿Por qué las cebras no tienen úlcera?: la guía del estrés", de Robert M. Sapolsky (Why Zebras Don't Get Ulcers). Este libro trata sobre las causas del estrés, tanto agudo como crónico, y los efectos que puede tener sobre el organismo y la salud.


Hay un capítulo que me ha gustado especialmente, y es el que relaciona el crecimiento infantil con el estrés.

Hay muchos estudios que relacionan el estrés psicológico en la infancia con una falta de crecimiento, tanto de talla como de peso. Pero ¿qué es lo que más puede estresar a un niño o a un cachorro? (porque los estudios han sido realizados tanto en animales como en personas, con resultados muy similares).

Pues una de las causas de estrés con mayores efectos sobre el crecimiento, es la falta de contacto físico. Este contacto suele estudiarse con la madre, pero también puede ser sustituido por otro adulto que preste la misma atención que da una madre.


Tanto es así, que los niños o animales criados con todas sus necesidades cubiertas, excepto la del contacto físico, frecuentemente mueren, y los que no fallecen sufren fuertes traumas, tanto psicológicos como físicos. En un estudio a largo plazo, Michael Meaney estudió en ratones los efectos a lo largo de su vida que tenía el haber tenido una madre poco atenta (que chupaba y manipulaba poco a sus crías). Los resultados mostraron que estos ratones, ya de adultos, tenían unos niveles de corticoides (las hormonas del estrés) más altos que los ratones con madres más cariñosas. Ya vimos en otro post las consecuencias nefastas de la separación de una madre de sus crías. En estos casos el efecto no es tan dramático, pero sigue siendo obvio.

Existen algunos estudios parecidos en humanos, pocos debido a la dificultad para su realización, que demuestran el mismo efecto entre el estrés infantil y los niveles de corticoides elevados en la edad adulta. ¿Por qué son importantes esos niveles elevados? Porque pueden significar un menor desarrollo en el niño, mayores niveles de ansiedad y mayor riesgo de depresión, mayor tendencia a sufrir enfermedades autoinmunes, cardiovasculares, diabetes... un cuadro completo, vamos.


Existe un estudio que me ha parecido alucinante. Fue realizado en un orfanato alemán después de la Segunda Guerra Mundial. Se compararon dos orfanatos, los dos públicos y con presupuestos parecidos. Los niños tenían una alimentación similar, visitas médicas similares, un confort similar... La única diferencia fue la encargada del orfanato. En uno de los casos, la mujer que cuidaba de los niños (Fraulein Grun) era una persona cariñosa, atenta, que cantaba, jugaba, abrazaba y besaba a los niños. En el segundo caso, la mujer encargada de los niños (Fraulein Schwartz) los ignoraba, criticaba e insultaba. Los niños del primer orfanato crecieron mucho más que los del segundo. Al cabo de unos meses, Fraulein Schwartz sustituyó a Fraulein Grun en el primer orfanato (para su desgracia...). Los niños de este orfanato casi paralizaron su crecimiento, mientras que los niños del segundo, liberados de ella, crecieron de una forma espectacular.

Pero ¿cuál es el factor más importante? ¿El olor de la madre, la leche, las canciones? Pues resulta que es el contacto físico. Existen experimentos tanto en ratones como en niños que lo demuestran. En niños hay un experimento que se realizó en una maternidad, en una UCI infantil, en la cual los bebés estaban en una incubadora, y sólo se les tocaba lo mínimo imprescindible. El equipo de investigadores comenzó a entrar en la sala de neonatos, y les tocaban y masajeaban durante quince minutos al día. Los niños que tuvieron este contacto crecieron hasta un 50% más que los niños no tocados.


Pero ¿de dónde salió la moda esa de que tocar/abrazar/mimar a los niños era perjudicial?

En mi familia existe un dicho: "no cojas tanto al gato que se achica". Como hemos visto, ésto no sólo no es verdad, sino que la realidad es todo lo contrario, todos los animales necesitamos contacto físico para crecer sanos. ¿Quién fue el que nos convenció de todo lo contrario?

Abrazado a una, comiendo de la otra
A principios del siglo XX, el Dr. Luther Holt de la Universidad de Columbia era el "gurú" de la educación infantil. Él predicaba que la atención excesiva, el coger al niño en brazos cuando llora, el contacto físico, era perjudicial para los niños. Creaba niños dependientes, maleducados y llorones. En esa época, esa era la teoría que se llevaba. A partir de los años 50, algunos científicos se pusieron a "demostrarlo". El que más estudios sobre el tema realizó fue Harry Harlow, que utilizó monos Rhesus para demostrar que no hacía falta una madre para crecer sano.
Colocó a los monitos bebés en jaulas, en una esquina se encontraba una madre hecha de alambre, pero con un biberón de leche, y en la otra había una mamá mono de peluche. Los monitos pasaban el día agarrados al peluche, y sólo se acercaban a la otra "madre" para comer rápidamente, antes de volver a agarrarse al peluche. Los monos que tenían estas dos madres sufrieron ligeros problemas psicológicos, pero los que no tuvieron a la madre de peluche, se volvieron completamente locos.


Así que la próxima vez que tu niño llore, cógelo. Si te apetece abrazarlo, abrázalo. Portéalo. Achúchalo, mímalo, cuéntale cuentos y canciones. Hazle cosquillas y pedorretas. No sólo vais a ser más felices los dos. Su crecimiento será mayor y su salud de adulto te lo agradecerá.

Y no es que te lo diga yo, como madre. Ni un gurú de hace cien años con una teoría "porque yo lo valgo" (una de esas no basadas en estudios, sino en "lo que yo creo cierto porque sí"). Lo dicen más de cien años de estudios científicos.

El amor protege del estrés y fomenta el crecimiento. Es un hecho científico.

Bibliografía:


¿Por qué las cebras no tienen úlcera?: La guía del estrésAlianza Ensayo. Robert M. Sapolsky. 
Alianza Editorial, 2008



Teresa Marías www.psicologiaveterinaria.es

viernes, 20 de enero de 2012

Amor de perro

¿Me quiere mi perro?
Tenía yo una preciosa entrada preparada ayer, sobre lo bien que dormía mi niña. Y lo gafé. Primero Blogger maldito se comió mis deberes, y se tragó la entrada entera. Luego mi perra empezó con diarrea y hemos tenido que sacarla esta noche cuatro veces a la calle. Y la niña se despertó a las 6:30 de la mañana, llorando, y no se ha vuelto a dormir. Así que ya os contaré cómo hemos conseguido que "duerma del tirón" otro día, que hoy no he dormido nada. ;)

Así que os cuento otra cosa que he estado preparando esta semana, más sesuda. Porque, todos nos enternecemos cuando nuestro perro nos mira con carita adorable, nos pone la cabeza en las rodillas... pero ¿es verdad? ¿tienen los perros la capacidad de amar a otros perros? ¿y a los humanos?

¿Me quiere mi perro?

En Etología, llamamos "apego" al afecto, al amor. Y comportamentalmente, ¿qué es el amor?
Pues es esa atracción de larga duración hacia un sujeto en particular, que se manifiesta con unos comportamientos específicos de afecto dirigidos hacia o realizados en presencia de ese sujeto. Además, el individuo intenta mantener proximidad hacia su sujeto de apego durante un periodo de tiempo prolongado, y si se separan, realiza comportamientos para reencontrarse con él. Vamos, que sentimos afecto por sujetos individuales, y lo demostramos intentando permanecer a su lado el mayor tiempo posible, realizando conductas afectivas hacia el sujeto de nuestro amor (mimos, caricias, atención), y comportándonos de una forma que permita el reencuentro lo más rápido posible si nos separamos (llamándole, corriendo hacia él). Además, realizamos conductas de reencuentro (saludo) específicas y más intensas con nuestro sujeto de apego que hacia cualquier otro individuo.

10 Things I Love Tuesday, La Vie Boston
 Que los dueños muestran conductas de afecto hacia sus perros está demostrado, y además sólo nos hace falta preguntar. Pero, los perros ¿sienten de verdad afecto? ¿cómo podemos saberlo?

Existe un test diseñado específicamente para estudiar el apego en los niños, que se conoce como el Test de Ainsworth. Se coloca a un niño, junto a su cuidador principal (madre o padre, vamos) en una habitación desconocida para el niño. Al cabo de un rato, cuando el niño se ha adaptado a la situación, el cuidador se va, dejando al niño solo.  Esto provoca ansiedad en los niños, que se manifiesta como comportamientos de búsqueda de reencuentro. Estudiando estos comportamientos que realiza el niño al irse su madre, si llora, si la busca, si se dirige hacia la puerta, si juega con otra persona menos conocida... se puede determinar el grado de unión que tiene el niño con su cuidador.

En perros se han llevado a cabo estos tests, con resultados comportamentales muy similares a los recogidos en las pruebas con niños. Los perros dejados solos vocalizan, se dirigen hacia la puerta por donde marchó su dueño, buscan una salida, y aumentan su actividad locomotora. Al regreso del dueño, realizan comportamientos de saludo efusivos y buscan el contacto físico. Creo que esta búsqueda de contacto físico al llegar a casa es una de las razones principales por las que los humanos tenemos perros.


Fisiológicamente, la separación del objeto de apego, en los niños, produce una elevación del cortisol en la sangre, y un aumento de ritmo cardíaco (signos físicos de ansiedad). Esto mismo ocurre en los perros.  Tanto es así, que una patología de ansiedad común en niños, como es la Ansiedad por Separación, es también muy común en los perros, sobre todo en animales recogidos en albergues. La Ansiedad por Separación da para un post ella solita, así que no voy a entrar en más detalles hoy.


Los niveles de estrés por encontrarse solo en un lugar poco familiar pueden ser rebajados por la presencia y las caricias de un humano familiar, pero no por un perro familiar (por eso, introducir un perro nuevo para que haga compañía al primero no es siempre una buena idea). Además, las caricias producen efectos relajantes (emisión de betaendorfinas, oxitocina y prolactina, disminución del ritmo cardíaco) tanto en el perro que las recibe como en el humano que las da.

Así que sí, ¡tu perro te quiere!

Artículo basado (más bien libremente) en:

Topál, J., Miklósi, Á., Gácsi, M., Dóka, A., Pongrácz, P., Kubinyi, E., Virányi, Z., Csányi, V., Brockmann, H. J., Roper, T. J., Naguib, M., Wynne-Edwards, K. E., Mitani, J. C. & Leigh, W. S. 2009. Chapter 3 The Dog as a Model for Understanding Human Social Behavior. In: Advances in the Study of Behavior, pp. 71-116. Academic Press.